miércoles, 26 de noviembre de 2008

La oscuridad al final del túnel.



Llegamos al final de “La última frontera”, hoy acabamos con la trayectoria de un blog nacido para la novedad y no para la polémica. En sus poco más de dos años sólo ha recibido unas 3000 visitas. No obstante, abandono ahora su estela sin revelar algunos secretos, la mayoría se pueden descubrir aún entre sus páginas electrónicas, pero otros, tal vez los más suculentos, viajaron al cielo de los fotones cuando fue necesario.


No fue este, como ya dije en algún momento, el mejor de los blogs, ni siquiera el mejor de cuantos me pertenecieron, sin embargo quedan en él muchos momentos de gran cariño.


Quizá, en algún momento no muy lejano, “La última frontera” vuelva a extenderse más allá de los temas electrónicos en su eterno viaje hacia donde ningún hombre ha imaginado jamás. Sin ir más lejos, las próximas navidades publicaré aquí, en “El Mago pragmático”, entre otros cuentos navideños, dos que adornaron este blog.


Y como dirían las jotas, ”ahí va la despedida”… y para ello el último artículo:



Crisis


¿Crisis?... ¡Ja!


Para mí la crisis empezó antes del año 2000, cuando quise buscar un nuevo piso donde meter mi aumentada familia y mi prominente barriga cervecera y descubrí que los especuladores habían elevado la barrera de precios más allá de mis posibilidades. Desde entonces he visto seguir elevándose los ladrillos a niveles estratosféricos y seguirles el petróleo, los cereales y, finalmente hasta el último elemento susceptible de ser adquirido por mi nómina menguante.


Dice un proverbio ruso que “las disputas de los amos se ven en las espaldas de los siervos” y esta es la crisis de los amos que dejará en el paro a muchos ciudadanos. Hay empresas donde los beneficios de sus ejecutivos suman cantidades muy superiores a las de los trabajadores (los que en último término producen), sin embargo, cuando llega una “crisis” se resuelve despidiendo a empleados de base o reduciéndoles el salario, según ellos… para racionalizar la productividad. Pero lo cierto es que el producto no se puede abaratar, sigue lastrado por el salario de esos ejecutivos onerosos que no producen más que miseria, lo único que baja es la producción global. Una producción que aún se vende menos porque el posible cliente espera precios más bajos que no obtiene.


Yo tengo una solución que nos liberaría de la parte más obscura de la crisis y que evitaría crisis futuras: la supresión de los ejecutivos. Las grandes empresas tienen una junta ejecutiva con ejecutivos de primer nivel que la dirigen. Se reúnen con frecuencia en una sala y son de seis a treinta miembros, pero sólo tres o cuatro tienen algo que decir, los demás son un voto dentro de un grupo de poder y un salario que alguien ha dado como compromiso por un voto… las políticas de los amos. Después existe otro grupo de ejecutivos de segundo y tercer nivel (según el salario)con funciones mal definidas… economistas, juristas, asesores de imagen, funambulistas, pipas, kikos, cacahuetes… fuertes salarios, eternos informes que inundan los correos de la empresa con paja humeante para marear la perdiz de las compras, las ventas y las relaciones sindicales. Por último existe un último tipo de ejecutivo, el llamado satélite, individuos que jamás pisarán la empresa, pero que han pertenecido a algún grupo de poder dentro del sistema político y a los que cada año se les suelta un carro de millones. Todos son prescindibles si, después de todo, sólo tres o cuatro individuos cortan el bacalao. ¿Entonces por qué se pagan salarios tan enormes a un grupo que se convierte en un lastre? Deben suprimirse, es más, los productos de toda empresa que se haya librado de ellos deberían llevar una etiqueta que dijera “free ejecutives”, “libre de ejecutivos” o algo similar, igual que aquellas latas de atún donde nos afirman que protegen a los delfines o aquellos alimentos que no contienen gluten. Puedo garantizar que esos productos se venderían mucho mejor.


Crisis, en términos generales, significa cambio y, más específicamente, un cambio brusco o traumático. Cuando a la palabra “crisis” le añadimos el término “económica” tenemos algo oscuro y terrorífico que arrastrara a todos los individuos a la ruina. Pero hay una verdad que nos omiten y es que “crisis” también significa oportunidad. Si las épocas de bonanza son el coto de pesca de los especuladores que maniobran entre los intersticios de la legalidad, no dudando atravesar los límites de la misma cuando se creen a salvo, hasta arrastrar las economías a puntos de no retorno… de crisis; cuando las crisis estallan hay otro tipo de pescadores, con redes más poderosas, con más oro, que aprovechan los caladeros abandonados y donde pueden seleccionar sus presas con calma. La crisis económica también es una oportunidad de enriquecimiento para otro tipo de especuladores tan insanos como los que las provocaron. Sobre todo porque muchos de estos nuevos reyes del cotarro coinciden con los primeros y usan el dinero que ganaron provocando la actual situación para seguir enriqueciéndose en lugar de ayudar a achicar el daño que ellos mismos provocaron. Porque, sí señores, ellos poseen los medios para acabar con el problema que generaron, pero ese no es su problema, para ellos sólo existe un problema: seguir llenando sus arcas.


Como decía, para mí esta crisis no existe, yo estoy en crisis desde hace mucho, desde que no tengo libertad para elegir mi casa, mi comida… mis sueños... desde siempre. Y todo porque unos juegan con mi dinero y el futuro de mis hijos a un juego al que nadie gana. Pobres imbéciles, son ricos y creen tenerlo todo, pero quieren más y saben que son los culpables de las desgracias del mundo, de las muertes, las hambrunas, las guerras, el terrorismo… Y se engañan pensando que nada va con ellos. Ahogan pueblos, países, ecosistemas, sociedades… para ellos sólo es dinero y una imagen fugaz en un sórdido noticiario. De hecho tienen una coartada en miles de políticos que, las más de las veces, aprietan el gatillo por ellos. Pero en el fondo dicen disfrutar de sus oscuras vidas, pero la verdad es que un eco de culpa les estropea los mejores momentos de su vida y son conscientes de que ellos, o sus hijos, o sus nietos… tarde o temprano el daño que hicieron les alcanzará. La revolución que llevará a la guillotina sus cabezas o las de sus herederos parecen lejanas, pero las revoluciones no perdonan y, cuanto más control tienen los opresores, cuanto más tiempo dura la opresión, más fuerza revolucionaría hay que liberar y más difícil es sobrevivir a la debacle.


Estoy en crisis, pero cuando la bolsa suba, cuando los bancos presten, cuando los gobernantes sonrían, yo seguiré estando en crisis. Cuando todo vaya bien veremos las mismas cañas haciendo lucir sus gusanos frente a nuestros ojos.



El próximo día empezaremos con la historia de otro blog, otras tintas, otras ideas… pero una misma persona… su seguro servidor: yo mismo (S.S.S.Y.M).


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