sábado, 1 de noviembre de 2008

¿Escribir o llamar la atención?

Me gusta escribir, no soy suficientemente bueno, pero no me quedo sin practicar esa afición. Todo empezó allá por el 1984, cuando descubrí que el Gran Hermano estaba por todas partes y no era uno solo. En aquellos días no se hablaba de Echelon (o como quiera que se escriba realmente porque hasta el nombre llevan en secreto), pero la afición a mirarnos por el ojo de la cerradura ya existía. Cuanto tiempo y dinero malgastado en procurar que no seamos mejores que ellos y, entre tanto, el mundo se va al garete por falta de atención.
Pues fue tras ese descubrimiento, que no explicare como hice porque no lo recuerdo, cuando decidí ponerme a escribir en serio. Cómo, si no, divulgaría mis ideas, mis creencias, mis sospechas… si nadie me escuchaba. Pronto descubrí que daba igual si al final nadie me leía… y así era, porque sólo, de tanto en tanto, algún periódico publicaba una de mis cartas, habitualmente las peores. Necesitaba encontrar una forma de llamar la atención… probé la poesía, la ciencia ficción, el teatro… me cansé haciendo experimentos hasta que en 1988 un amigo publicista me enseñó alguno de sus secretos a cambio de algunos de los míos.
¡Qué poderosa es la publicidad y que poca cuenta nos damos de ello!
Hasta los dibujos que se hacen para ese fin logran captar suficientemente la atención para gravar el producto que venden en las mentes de… ¿sus víctimas?
Aprendí a jugar con las mil formas de llamar la atención: la sorpresa, el suspense, el sexo, el deseo, la ternura, la risa, la nostalgia y todo un montón de sentimientos que creemos muy humanos y, sin embargo, están albergados en la parte reptiliana de nuestro cerebro.
Hoy, con Internet, me he dado cuenta de que casi todo el mundo intuye ese secreto y hay demasiados que viven exclusivamente de él… de llamar la atención. Así que ha llegado el momento de retirar, a ese hecho, la etiqueta de tabú y empezar a ponerle las reglas de un arte para que nadie juegue con ventaja.
Y entre tanto… que será de la publicidad… bueno… yo más bien diría: ¿Quién le quita los cascabeles al gato?
Y entre tanto, ¿dónde quedó mi afán de denuncia?
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