sábado, 10 de octubre de 2020






 

Fascismo, Nazismo, facha, franquismo...

 

 

 

La ultraderecha, la derecha, la prensa asociada y, cada vez más, los ámbitos de la política, están cambiando nuestro lenguaje y el significado de las palabras hasta el punto de que ya no sabemos muy bien de lo que hablan, pero aún así, no podemos permitir que confundan determinadas realidades. Desgraciadamente, si uno no es cuidadoso y se atreve a informarse adecuadamente, es susceptible de caer en las trampas y engaños perversos de esta gentuza sedienta de poder.

En el número uno de las manipulaciones siempre está esa obsesión por poner rabo y cuernos a la izquierda. Y sabemos que les funciona muy bien. Pero cuando se les acaba la dinamita para los pollos cruzan a la otra orilla de la manipulación y nos tratan de vender que el fascismo y el nazismo son fórmulas de la izquierda y, aunque no es verdad, para quien no sea capaz de informarse, ellos les podrán vender su teoría alternativa que, por otra parte, muchos de ellos han asumido hasta creérsela. Sí, de verdad, algunos se la creen. Tendrían que ver la cara de uno de estos individuos cuando, con documentos históricos, les demuestras cual es la realidad. Por supuesto, su primera respuesta es la negación y algunos huyen ante la posibilidad de ver desmoronarse todas sus creencias. Es como hacer un exorcismo, no falta ni las vueltas a la cabeza, la levitación hasta el techo o el vómito verde…

Bromas aparte, vamos a intentar explicar qué es en esencia cada una de estas cosas y su origen.

 

 

 

EL FASCISMO

Empezaremos con el fascismo que, en contra de lo que muchos piensan, es el más complejo. Curiosamente la complejidad de su definición choca con la de su uso más habitual que implica “dar soluciones” sencillas a problemas complejos.

El fascismo nació en el periodo de entre guerras como intento de respuestas a muchos temas que habían quedado pendientes. No es tan extraño, de hecho fueron muchas teorías, ideas y acciones las que circularon en aquellos años por toda Europa, pero no todas encontrarían un camino para sobrevivir y, sobretodo, un terreno fértil sobre el que arraigar.

Para conocer la idea inicial sobre la que se construyó el fascismo tenemos que seguir la evolución de un personaje esencial: Benito Mussolini.

Hijo de un trabajador socialista y una maestra de profundas creencias católicas, era el mayor de tres hermanos y su padre puso grandes esperanzas en él como demuestra que le pusiera el nombre de Benito en honor al presidente reformista mejicano Benito Juárez. Corría el 1883 y el norte de Italia aún estaba influenciado por la etapa de unificación del país, el recuerdo de Napoleón III y su relación con México. Aprendió la profesión de herrero de su padre y, fruto de su estrecha relación, absorbió las ideas personalizadas de su padre sobre el socialismo y creció su intención de hacer un mundo ideal, pero sin conocer las verdaderas filosofías del poder. Con todo conoció parte de las teorías del humanismo a través de su padre idealizando figuras como el nacionalista Mazzini y el autoritario Garibaldi, pero también el anarquismo de Bakunin y Carlo Cafiero.

Pero el tema religioso era un conflicto con el que había aprendido a negociar a través de las diferencias y acuerdos de sus padres. Él mismo fue bautizado mucho tiempo después de nacer, en lugar de serlo enseguida como era costumbre en Italia. También terminó estudiando en una escuela salesiana como acuerdo con su madre. Sin embargo, fue expulsado por su más que mala actitud y que incluía actos tan graves como lanzamiento de piedras a la congregación después de misa, clavar un cuchillo en la mano de otro compañero o el lanzamiento de un tintero a un profesor. Hoy sería obvió que algo no marchaba bien dentro de la cabeza del joven Benito y sería puesto bajo la mirada de un psiquiatra (como sí pasaría con otro personaje histórico como Hitler, al que atendió el mismísimo Sigmund Freud pero con igual mala suerte).

Con todo, fuera de la escuela religiosa, Mussolini reemprendió sus estudios con muy buenas notas, llegando a calificarse como maestro de escuela elemental en 1901.

En 1902, con 19 años, Mussolini creía en el nacionalismo republicano y tuvo la oportunidad de pronunciar un discurso cantando las virtudes de este sistema. Pero en seguida emigra a Suiza para evitar el servicio militar (esto sería un paralelismo muy curioso con Abascal, el actual líder de VOX, militarista de postureo), pero no logra un empleo fijo. Hoy en día esto no sería tan extraño, pero entonces no era así y, aquel que no mantenía un trabajo mucho tiempo, era un bulto sospechoso. Sin embargo, a nivel intelectual no es un tiempo estéril pues estudia a Nietzsche (cosa que le hubiéramos agradecido que se ahorrara), la vertiente sociológica del economista Vilfredo Pareto y la sindicalista de George Sorel. Sin duda alimentaba la semilla de la revolución, aunque aún no tenía claro en qué dirección. Otras figuras son citadas por Mussolini en aquellos tiempos, como Charles Péguy o Herbert Lagardelle. Uno pensaría que estaba pasando por una fase sindicalista, pero viendo los precedentes y, sobre todo, lo que vino después, estaba tomando contacto con el control ideológico de las masas y su uso para el ejercicio del poder desde dentro y desde fuera. De hecho sabemos que lo que más impresionó al joven Mussolini fue el neo-maquiavelismo. Sin duda  el narcisismo ya estaba presente aunque aún no tuviese los medios para manifestarse. Le gustaba escucharse en discursos a los trabajadores y formó parte activa del movimiento socialista italiano en Suiza, escribiendo en todos los medios a su disposición.

En 1903 lo detiene la policía en Berna por defender una huelga general violenta y pasa dos semanas entre rejas para ser deportado después. Pero tal como es deportado se vuelve a colar en Suiza y en 1904 es pillado en Lausanne por falsificar su documentación. Estando entre la espada y la pared acepta la amnistía a su condena por deserción a la que había estado condenado in absentia y, a cambio, es alistado como supuesto voluntario al Resgio Esercito, donde pasa algo más de año y medio. Tras este periodo vuelve a ejercer de maestro de escuela. Pero en 1908 retoma sus actividades de “sindicalista de élite”, primero en el Tirol italiano, entonces bajo el control del Imperio Austro-Húngaro del emperador Francisco José; y después en Milán en 1910.

En 1911 Mussolini ya es un socialista de renombre a nivel nacional. Ese año participa en una auténtica revuelta contra la guerra de Libia, lo que le llevaría a prisión durante cinco meses (tuvo suerte, si eso lo hubiera hecho en nuestro país y en nuestros días, aún estaría esperando para salir de prisión). Otra cosa que sería extraña en nuestros días es que se le denominara periodista por el simple hecho de estar muy presente en los medios. Muchas biografías hablan de Mussolini en estos años como de un periodista político, pero no era esa su profesión, aunque utilizaba la prensa tal y como la usa hoy la derecha para vendernos toda su mierda, su ideario, su psicología. En ese aspecto Mussolini fue un visionario, aunque no se lo planteara. En aquellos momentos vendía algo parecido a la ideología socialista revolucionaria, pero esto cambiaría con el tiempo.

Al salir de prisión forma parte del grupo de presión a que expulsa a Ivanoe Bonomi y Leonida Bissolati del Partido Socialista por apoyar las tesis gubernamentales respecto a la guerra de Libia. Como premio el partido le nombra editor de su diario: “Avanti!”. Bajo su impulso el diario pasa de los 2.000 a los 10.000 ejemplares.

Pasan los años y parece encontrarse a gusto con las tesis socialistas mientras le permiten ser el rebelde, pero ya muestra algunas tendencias que delatan que en su interior algo no funciona, como su oposición intolerante con el igualitarismo, básico en todo humanismo ético y también en el socialismo. Su intransigencia también se camufla bajo el ateísmo nietzschiano. También usa las ideas del filósofo para crear su “socialismo heterodoxo” que promociona el elitismo. En realidad en aquellos momentos ya anda muy lejos del verdadero socialismo. Lo cierto es que todo lo que hace del socialismo una teoría bondadosa de la izquierda, es justo a lo que él ya ha renunciado. Sobre 1913 el análisis de sus textos ya demuestra que ha renunciado incluso al marxismo.

Con el estallido de la Primera Guerra Mundial todos los partidos socialistas de todos los países toman partido y apoyan los principios nacionalistas de sus respectivos países, sin embargo, sorprendentemente, Mussolini tarda en posicionarse, aunque aparentemente empieza por apoyar la inercia de su partido con artículos a favor del intervencionismo, aunque excesivamente tibios para lo que acostumbra a ser su temperamento. Sin embargo centra su objetivo en derrocar a las monarquías centroeuropeas. Finalmente se entusiasma con esa idea y se enfrenta a otros socialistas de carácter más puro y pacifista. Curiosamente, mientras el entra de lleno en el belicismo, el Partido Socialista Italiano empieza a estar más decantado del lado del pacifismo. De este modo empieza a utilizar sus púlpitos para atacar al propio Partido Socialista. Finalmente es expulsado del partido. Pero eso para él supone liberarse de unas cadenas ideológicas que lo cambiarán todo en su vida.

En plena Guerra Mundial lo primero que suprime Mussolini de su “nuevo pensamiento” es la lucha de clases y pasa a unirse a los nacionalismos más radicales. Pronto obtiene apoyo financiero para crear el diario intervencionista “Il Popolo d’Italia” y el “Fasci Rivoluzionari d’Azione Internazionalista. Y solo estamos en el primer año de guerra (1914).

Mussolini ya ha creado el movimiento fascista, su ideario no son más que panfletos nacionalistas, intervencionistas e influidos por el ideario más desquiciado de Nietzche, pero ya se permite obtener grandes ingresos por aportaciones, especialmente de la empresa armamentística Ansaldo. Y es que su fuerza en los medios y su reconocido pasado socialista, le es muy útil para convencer a despistados hacia el ideario ultranacionalista que ahora vende. Como es normal, tampoco hace ascos a aportaciones monetarias de otros países. De hecho, el partido socialista francés le donó importantes cantidades creyendo que financiaba a socialistas disidentes intervencionistas. Poco se imaginaban que estaban engrasando la maquinaria de un monstruo muy diferente.

Poco a poco el fascismo va quedando definido mientras utiliza su conocimiento del Partido Socialista para hundirlo. Es el momento en que aprovecha para aliarse con líderes políticos de derechas que desde el socialismo hubieran estado vetados. Pero ocurre lo que él no esperaba: es reclutado y enviado al frente donde pronto es herido por la explosión de una granada. Rápidamente es ascendido a cabo. Su aventura en el frente dura nueve meses ampliamente exagerados en los diarios que hará publicar a su regreso. En ese tiempo fue herido en dos ocasiones y padeció unas fuertes fiebres por consumo de agua contaminada. Finalmente se licencia en agosto de 1917 desde el hospital.

Con toda esta historia hemos dejado su intrascendente vida personal en que tuvo dos hijos con dos mujeres y se caso con la madre de la primera el mismo año que nacía el segundo (2015).

Acabada la guerra para él, ha llegado el momento de sacar fuera todo lo que llevaba dentro fraguándose durante décadas. Para ello se deja pagar por el MI5 británico para intervenir en la política italiana (el gran nacionalista al servicio de su majestad… Jorge V de Inglaterra), 100 libras esterlinas semanales.

En 1919, con las ideas ya más claras, al menos en lo que se refiere a sus rencores, funda el Fascio. El símbolo es esa hacha romana del mismo nombre que también aparece en el escudo de la Guardia Civil española por obra y gracia de Miguel Primo de Rivera, unos años después.

En la fundación de esta asociación, más que partido, había 50 personas y, según Mussolini, nacía con 200 miembros. Lo cierto es que esos primeros 200 miembros se garantizaron unos beneficios económicos y sociales para los siguientes años, lo que da una idea del poder de lo que acababa de nacer.

El nuevo “fascismo” negaba la existencia de clases sociales y, en teoría se oponían a cualquier discriminación por cuestiones de clase, pero como ya hemos visto de su principio fundacional, a lo único que se enfrentaban era a la lucha de clases que representaba a la izquierda. Mientras ellos vendían su bonito dibujo de una Italia sin clases sociales, se instauraban como los nuevos Brahmanes del la Patria. Y ya no era una visión exclusiva de Mussolini porque desde el inicio había permitido que su ideología estuviese corrompida ¿Qué podía salir mal?

El fascismo se describía como un movimiento sin clases sociales y simultáneamente revolucionarios y tradicionalistas, ni de izquierdas ni de derechas… ¿Les suena de algo? También se autodenominaban “La tercera Vía”. Pero lo cierto es que todo esto sedujo a muchos italianos, especialmente los empobrecidos por la reciente guerra, y el movimiento creció casi exponencialmente en los dos primeros años. Finalmente el partido pasó a tener su nombre definitivo que le abría las puertas al poder: Partido Nacional Fascista. Supongo que en aquella época no estilaban los nombres engañosos que incluyeran las palabras demócrata, libertad o popular, como es costumbre hoy entre los ultraderechistas.

Que figuras como Filippo Tommaso Marinetti, con grandes capacidades para convencer al populacho se posicionaran en los púlpitos del partido, aún generó una inercia triunfal mayor. Que en un discurso de aquellos tiempos, el propio Mussolini dijera:

“Somos, a pesar de todo, defensores de las libertades de la gente que ama la libertad para todo, incluso los opositores (…) Haremos lo posible para impedir la censura y preservar la libertad de pensamiento y de palabra, las cuales constituyen uno de los más altos hitos y expresiones de la civilización humana”.

¿Creía realmente lo que dijo Mussolini? ¿Era consciente que las bases de lo que estaba creando entraban en contradicción con su discurso? En cualquier caso, ya fuese por ignorancia o como engaño, eso le diferencia de los fascistas modernos incapaces de evitar pedir la ilegalización de partidos que no piensan como ellos.

Pero todas estas preguntas tienen una respuesta rápida en abril de 1919 cuando varios miembros del partido atacan la sede del diario socialista Avanti! De la que el propio Mussolini había sido editor años atrás.

Mossolini quiso mantenerse al margen, pero la idea de usar hombres armados para hacer intimidaciones mafiosas a la oposición ya era una idea que había pasado por su cabeza y manifestado en petit comité. Pronto sería obvio que si se había mantenido al margen de tal acción era porque no se sentía preparado. Con la excusa de la existencia de una amenaza roja,  se hace con gran cantidad de material bélico y recluta un ejército que terminará con la fundación de los Camisas negras (squadristi) en 1923. A partir de aquel momento lanzará la excusa de restaurar el orden en Italia con mano dura para actuar libremente. El problema es que comunistas y anarquistas harán lo propio y el desorden aumentará en lugar de disminuir, pero lo peor es que el propio gobierno del país tomará partido por los camisas negras por temor a una revolución comunista como la que había tenido lugar en Rusia. Pero estamos adelantando sucesos.

Estamos en 1919 y con Mussolini intentando desgastar al gobierno ante la opinión pública, a fin de facilitar un futuro golpe de estado o una victoria electoral, lo que llegue antes.

Ese mismo 1919 Mussolini se presenta por primera vez a unas elecciones en Milán con un resultado decepcionante, al tiempo que es detenido por posesión de armas y explosivos, sin embargo su amistad con un senador liberal le sirve para librarse haciendo uso del proselitismo contra el que afirma ir.

La derrota electoral le ofrece la posibilidad de entender que el electorado conservador lo ve con recelo y el progresista que no aporta nada realmente nuevo. Así que toma conciencia de que el fascismo no tiene espacio en la izquierda y debe encontrar su espacio en la derecha.

Tras una conflictiva escisión del Partido Socialista, en 1921, nace el PCI. Meses después los fascistas se presentan a unas elecciones en amplia coalición y Mussolini logra un escaño. Empieza una nueva etapa y logra la inmunidad parlamentaria con la que eludir el proceso por tenencia ilícita de armas y explosivos. Por si fuese poco estas elecciones se ven envueltas en un gran clima de violencia, con un centenar de muertos y con la imposibilidad de que muchos electores de zonas tradicionalmente de izquierdas pudieran acceder a su derecho de voto.

El nuevo Mussolini, ya metido en el establishment, invita a socialistas y populares a un pacto para acabar con la violencia escuadrista que se firma a finales de verano, pero que no llega ni al otoño porque Mussolini no ha invitado a los actores más importantes: los comunistas y los anarquistas. No ha sido un olvido porque la violencia es parte de la fuerza del fascismo, pero poder culpar a los demás siempre ayuda.

En 1922 sube un gobierno liberal y los fascistas aumentan la violencia en las calles. Y en agosto partidos y sindicatos de izquierdas llaman a la huelga general para forzar al gobierno a parar la violencia de los camisas negras. Sin embargo, es el comienzo de un brote de violencia aún mayor. Se convierte en la oportunidad que Mussolini buscaba pera crear la Revolución Fascista. El 24 de octubre Mussolini pasa revista a 40.000 camisas negras reunidos en Nápoles bajo la afirmación del derecho del fascismo a gobernar Italia. Y entre el 27 y el 31 de octubre lanza la “Marcha sobre Roma” en la que se llega a afirmar que participaron cerca de 300.000 personas. Curiosamente, ante el temor a una confrontación con el ejército, Mussolini se quedó a resguardo en Milán. Solo viaja a Roma cuando la marcha ya ha culminado.

El Rey Víctor Manuel III se da cuenta de que está rodeado de funcionarios afines al fascismo y también gran parte de los más importantes empresarios, así que, en lugar de proclamar el estado de sitio, perdona lo que es claramente un acto de rebelión y ofrece a Mussolini formar un gobierno, pero de coalición manteniendo el sistema parlamentario.

Así que, solo 300.000 fascistas, unos cuantos funcionarios, unos empresarios avarientos y la debilidad de ser una monarquía, castigó a Italia con el triunfo del fascismo sin haber logrado esa victoria en las urnas.

Unos días después de tomar la dirección del país se atribuyó plenos poderes con la complicidad del resto de partidos de la derecha. Por eso se dice que derecha y democracia no mezclan bien. Y poco después los camisas negras son incluidos en las Fuerzas Armadas.

En 1924 hay nuevas elecciones donde la coalición Alianza Nacional donde se suman los fascistas, arrasa con el 64%, pero donde las amenazas y la violencia del fascismo ha imposibilitado la libertad de voto.

Aquel mismo verano Grecia tantea a Italia por un conflicto territorial y Mussolini embiste a la brava dejando, además de patente su fortaleza, que la Sociedad de Naciones no sirve de gran cosa en este tipo de conflictos internacionales.

Ahora, sin límites, poco a poco el fascismo va controlando todas las actividades del país, aunque siempre dejando margen a los grandes industriales que en su día apoyaron al fascismo. Se hace fuerte en el poder y se atreve a establecer relaciones diplomáticas que, en principio, favorecen a Italia.

Entre tanto, Mussolini es consciente del valor que los medios de comunicación tienen como medios de propaganda y ya no solo pretende controlarlas sindicalmente, también se atreve a innovar realizando discursos políticos utilizando la radio.

Mientras todo esto sucede, los fascistas cometen todo tipo de abusos personales, con o sin conocimiento de Mussolini, el líder socialista Giacomo Matteotti lo denuncia ante la cámara de los diputados y es detenido (¿se acuerda de aquel discurso de Mussolini hablando de las libertades?), parece que ya no existe eso de la inmunidad parlamentaria de la que tanto rendimiento sacó Mussolini. El caso es que el 10 de junio de 1924 Matteotti es secuestrado y asesinado por los escuadrones fascistas. Fue un gran escándalo, pero al final inútil de cara a formar un movimiento antifascista. Mussolini nunca fue acusado de idear la acción y se condenó a seis años de cárcel a tres cabezas de turco, cuando había se sabía que había más culpables, para tapar todo el asunto. La otra respuesta del fascismo es inventarse un intento de golpe de estado contra el fascismo a fin de desviar a la opinión pública y bloquear posibles declaraciones en contra. Todo esto mientras seguían los abusos y la violencia fascista.

Dicen que aquel fue el periodo más corrupto de la era Mussolini, pero era parte del plan para establecer una dictadura completa.

A comienzos de 1925, tras atribuirse el Duce la capacidad de promulgar leyes personalmente, el control de los medios llega al punto de empezar a secuestrar periódicos. Desaparece el derecho a la información. Y, entre tanto un grupo de abogados perfila el que tiene que ser el marco jurídico de la próxima dictadura.

Pero el fascismo no puede hacer siempre infeliz al pueblo, debe hacer concesiones a la plebe. La nueva legalidad establece obligación para las empresas a ofrecer servicios sanitarios a empleados, crean nuevas normas higiénicas, se limita el trabajo de mujeres y niños y se crea una normativa para el control de sustancias nocivas. Crea programas de reconstrucción nacional, obligando a replantar campos abandonados y desecando áreas empantanadas para aumentar las cosechas. De hecho Mussolini tiene como objetivo la autosuficiencia del país, pero, al final nunca se conseguiría. De hecho, su afán por conseguir más trigo terminó por hacer que otros cultivos más viables se perdieran. Al final el plan llamado la “batalla del trigo” en lugar de levantar al país, lo endeudó mucho más.

Si perdió la batalla de la producción, si que ganó la batalla sanitaria erradicando la malaria y consiguiendo grandes avances en la lucha contra la tuberculosis, viruela, pelagra y la rabia.

En junio Mussolini invita a “los camisas negras” a abandonar la violencia, especialmente tras la reforma de la policía, pero esto solo funciona a medias. Entre tanto en Sicilia las relaciones entre el fascismo y la mafia son de amor y odio, socios y enemigos según el caso, el momento y las personas. La cuestión es que pronto se ve que las mafias escapan al control del fascismo.

En las navidades de 1925 se aprueba una ley que permite despedir a todo funcionario que no jure fidelidad al Estado y otra que declara ilegales todos los diarios que no tuvieran un responsable reconocido por una persona directamente puesta por Mussolini.

A partir de este instante Mussolini ya tiene el control absoluto del país. Nadie puede arrebatarle el poder, pero sobre todo, es el principal responsable de la infelicidad del pueblo italiano que solo hace que aumentar hasta el momento de su muerte, en plena guerra mundial tras ser capturado por los partisanos. Y es que los acuerdos con Adolf Hitler y la impunidad en cómo se movieron las tropas del III Reich por Italia, no ayudó mucho a la popularidad del Duce.

Así que con todo esto ya nadie te puede decir que Mussolini fuese de izquierdas y, mucho menos, que fascismo y socialismo tenga alguna relación más allá que la de opuestos.

Filosóficamente el fascismo nada tiene que ver con las corrientes humanistas que dieron forma al fascismo, más bien están ancladas en las costumbres del Antiguo Régimen aunque lavadas con un ideario nacido en los pensamientos de Nietzsche. La idea de acabar con las clases sociales no es nueva, pero si hubiese tenido una verdadera intención de aplicarla sí hubiese sido un logro. Desgraciadamente la realidad era el típico “quítate tú para ponerme yo” y eso dejando en su sitio a los grandes industriales que en realidad financiaron un movimiento que les era muy favorable.

Cuando en 1923 Alfonso XIII puso a Miguel Primo de Rivera como su Mussolini español, no tuvo en cuenta la realidad italiana, solo lo que había hablado con Víctor Manuel III. Destruyó una democracia corrupta por un inútil que partía con los mismos rencores que el Duce, pero, ni siquiera, tenía un proyecto elaborado de lo qué quería hacer ¿Qué podía salir mal? Con todo, yo no me atrevería a llamar ni fascista a este primer Primo de Rivera, apenas era un dictadorzuelo más. Su sobrino aglutinó los peores conceptos de Mussolini y, aprovechando el reaccionarismo de toda la derecha tradicionalista, monárquicos, conservadores, eclesiásticos, terratenientes… e incluso los emergentes neoliberales, se unió a ellos en un movimiento espiral que acabaría con el golpe militar de julio de 1936. José Antonio fue mucho menos “exquisito” aún con sus socios, pero lo cierto es que tampoco se quedó con él porque un militarcillo espabilado lo controló todo y le dejó morir a la primera oportunidad. No hay honor entre ladrones.

Puede que el idealismo del Duce nos dé una errónea idea de lo que fue y de lo que es el fascismo, pero gracias a José Antonio y los que vinieron después, podemos darle una ubicación ideológica y filosófica mucho más exacta.

El fascismo en ningún momento tuvo una orientación humanista de ningún tipo. Ni siquiera en el periodo más idealista de Mussolini. Benito no duda en mentir y hablar de libertades que, a la primera ocasión elimina de un plumazo. Su ansia de poder pasa por delante de cualquiera de los principios que hubiese declarado con anterioridad y, al final, queda en un “todo para el pueblo, pero sin el pueblo y detrás de mí”. En realidad el fascismo es el súmmum de la hipocresía para utilizar a las masas para obtener un objetivo que no es el declarado. El pueblo y el hombre no son más que herramientas para un fin y este fin es el de poder controlarlos mejor. En sus acciones el fascismo se convirtió en la amenaza, pero, tal y como hacen las mafias, el fascismo ofrece una solución por un precio. Desgraciadamente la solución no es nunca la acordada.

Mussolini era ateo y odiaba a la iglesia, pero nunca duda en dejarse apoyar por el poderío de esta. Le importa más el poder que sus principios. En el fascismo español muchos sacerdotes son directamente fascistas.

Ideológicamente el fascismo no es una corriente humanista, está, pues, más ligada a las filosofías del Antiguo Régimen donde la figura de un rey o emperador lucía por encima de todas. De hecho el Duce, en Italia se convierte en esa figura, dejando a un lado la figura del rey. En los casos españoles Miguel Primo de Rivera no logra obtener esa posición de honor y sigue siendo Alfonso XIII la figura destacada. Quien sí logrará esa posición de “padre de la patria”, no es José Antonio, sino su usurpador: Francisco Franco. Igual que hizo el Duce, Franco huirá de títulos como el de Presidente y mantendrá denominaciones más de ámbito militar y casi tribales como “Generalísimo” o “Caudillo”. Mientras el resto de dictaduras intentan camuflarse dentro de las nuevas filosofías de poder relacionadas con el humanismo, el franquismo en un vestigio de siglos anteriores que se resiste a la modernidad, pero que define a la perfección lo que es el fascismo a nivel político.

Es cierto que a menudo se trivializa el término fascista, pero en esencia un fascista puede ser tanto cualquier persona autoritaria que emula una empatía que no tiene con una finalidad egoísta, como aquel que hace uso de las amenazas y la violencia para obtener cualquier objetivo.  Es curioso como las filosofías protocatólicas de nuestro país se han empeñado en pintar con rabo y cuernos al comunismo, que a final de cuentas ha sido la exagerada némesis del fascismo, y han acogido a este, más parecido a la personificación moral del demonio, como su aliado. Desde mi punto de vista personal, creo que, a pesar de la eterna guerra existente entre estas ideologías, el fascismo es algo más y mucho peor, y que cualquier corrupción de cualquier otra ideología puede hacernos caer en el fascismo.

Si bien el humanismo empezó a desarrollarse en el Renacimiento y empezó a impregnar con sus ideas a las sociedades protestantes, no es hasta los dos últimos siglos cuando aparecen filosofías políticas que tienen en cuenta sus principios esenciales (humanitarismo). El fascismo, sin embargo, no es una de estas filosofías políticas, de hecho la corrupción de cualquier filosofía política que nos lleva al fascismo, es la pérdida del humanismo, de la pérdida de empatía por los pueblos y las personas. Los nacionalismos ligados al fascismo son siempre nocivos, porque no tienen la idea de nación relacionada con personas y culturas, sino con rígidas normas y tradiciones inquebrantables. El fascismo es la más moderna de las fórmulas del pasado.

 

 

 

 

EL NAZISMO

Algunos esperarían aquí una explicación tan larga y redomada como la dada al fascismo, pero eso sería innecesario. Lo cierto es que el nazismo podría resumirse en niño perturbado pierde a padre, crece mal y va a una guerra sin final de la que su país se retira, los ganadores imponen unas condiciones draconianas y el niño ya mayor se autoimpone la tarea de salvar a su “patria” de esas condiciones, pero para ello debe inventarse un plan. Bien, así podríamos resumir al Hitler de antes de inventarse el nazismo, paro alguien podría decir que hubiéramos podido ahorrarnos todo la biografía de Mussolini y haber hecho algo parecido. Lo cierto es que es verdad, pero necesitaba dejar claro que, aunque Mussolini había sido una figura del Partido Socialista de Italia, y que supuestamente tenía que haber asimilado la cultura humanista del socialismo, este se limitó a conocer a fondo sus herramientas revolucionarias, perfeccionarlas y utilizarlas para sus fines que eran todo lo contrario de lo que significaba el socialismo. En cambio de Hitler lo que nos interesa es conocer cómo juntó las piezas, que mayoritariamente eran ajenas a él, para crear el nacionalsocialismo. Desde mi punto de vista, la figura de Mussolini era evitable si las cosas se hubieran hecho de otra manera en Italia, se aprovechó de la situación y fue haciéndose sitio poco a poco hasta alcanzar su objetivo de satisfacer sus ansias de poder; pero ese no es el caso de Hitler, el problema era la situación de Alemania. Un país tan poderoso subyugado a los poderes de otras potencias era en sí mismo una bomba con un botón que apretar, y si no hubiese nacido Hitler otro hubiera apretado el botón. Cierto que hubiera podido ser tras una revolución comunista, un mesías religioso o un papagayo tartamudo, pero no hay que ignorar que las fuerzas tectónicas ya estaban allí y solo hacía falta encontrar una fisura para que el magma fluyera hasta la superficie. Hitler solo creo la forma de esa fisura y eso es lo único que podía haber sido muy diferente.

Ya sé que para algunos autores nazismo y fascismo son lo mismo o, en el mejor de los casos, se trata al nazismo como una variante extremista del fascismo, pero lo cierto es que, aunque tanto sus objetivos como sus medios son similares, nazismo y fascismo, ideológicamente hablando, son muy diferentes. Mientras para el fascismo la empatía hacia el pueblo es una mentira con la finalidad de obtener y mantener el poder, el nazismo se centra en una parte racial del pueblo y a él dedica totalitaristamente todos sus recursos y los recursos de los que no forman parte de esa etnia “superior”. En el fascismo se rinde culto al líder, pero en el nazismo también se hace a su etnia. El nazismo es un nuevo humanismo limitado a una sola etnia en lo que se denomina humanismo evolutivo.

NOTA: El nazismo ensalzaba a la raza aria como la perfección de la humanidad y para ello citaban la teoría de la evolución de Darwin sin un profundo conocimiento de la misma. De hecho, hoy sabemos que las diferencias genéticas entre blancos negros o asiáticos no nos permiten hablar de razas diferentes, a lo sumo, y con bastante poca rigurosidad, de etnias.

Antes de seguir explicando la diferencia entre nazismo y fascismo, creo que tendríamos que aclarar qué es el humanismo.

Como ya hemos dicho, el humanismo aparece con el Renacimiento como movimiento intelectual, filosófico y cultural, y es, sin duda, una nueva concepción del universo que va calando poco a poco en la sociedad, pero reconstruyéndose con el tiempo. No podemos esperar que aquel humanismo renacentista que se oponía a la visión teocéntrica medieval, sea el mismo que en nuestros días. De hecho, a mediados del siglo XIX, el humanismo marxista dio lugar a nuevas formas de entender el humanismo, en lo que denominaremos el humanismo político. Si el capitalismo mercantilista había convertido a los trabajadores en una mercancía, los nuevos humanismos debían rescatarle de su carácter numerario igual que el Renacimiento los rescató de ser meros siervos prescindibles de Dios y, por tanto, mercancías de la iglesia.

En las relaciones de poder el Medievo ponía a los líderes bajo la luz de Dios para que hicieran cumplir la voluntad de este, con la llegada del renacimiento los reyes podían mantener su designación divina, pero el poder ya no provenía de este. El poderío militar y civil obtienen más importancia y, conforme avanza el tiempo, muchos, al acaparar un gran poder, intentan emular a los dioses, tomando distancia con el pueblo, como harán los Borbón desde Luís XIII, también conocido como el Rey Sol.

Las ideas modernas chocan con esta visión del poder y por eso, a lo largo del tiempo, los pueblos se atreverán a levantar revoluciones contra “los malos reyes”: Cromwell en la Inglaterra del siglo XVII, la Revolución Francesa a finales del XVIII… Y aún podríamos incluir la Revolución Rusa en pleno siglo XX. Todo eso sin contar las continuas pequeñas sublevaciones que no triunfaron o terminaron en pactos con mayores o menores modificaciones del poder establecido, como la Guerra dels Segadors, en el siglo XVII o la Guerra de las Comunidades de Castilla, en el primer cuarto del siglo XVI.

Este nuevo concepto de pueblo capaz de enfrentarse a los reyes, es el que lleva a imponer constituciones donde se afirma que la soberanía le pertenece, también se instauran parlamentos donde se da cabida a las voces más populares donde antes solo los nobles y las clases más pudientes tenían voz o voto. El absolutismo se convierte en un anacronismo y solo es sostenible mientras el pueden mantenerse a los pueblos inermes. Así las monarquías, especialmente las de tipo borbónico, donde los monarcas se mantienen totalmente alejados de los deseos y voluntades del pueblo, rodeados de vasallos lameculos y constituyentes del conocido como Antiguo Régimen, tienden a ir consumiéndose poco a poco, o restando fuerza a los estados que les sostienen.

El nuevo humanismo entiende que la felicidad del pueblo es la verdadera fuerza de los estados, por eso regímenes como el fascista italiano, intentan inventarse esa felicidad, pero no funciona. Diferente es el caso del nazismo que se limita a ofrecer ese “pacto con la felicidad” a su etnia mayoritaria, usando el odio a las demás como herramienta de poder.

El nuevo humanismo político busca fórmulas para desarrollar la felicidad de los pueblos y, aunque parezca mentira, el nazismo se puede incluir en esta corriente a pesar de seguir poseyendo algunas de las peores lacras de épocas anteriores, aunque también nos muestra nuevas maldades nunca antes conocidas. Ellos lo llaman humanismo evolutivo, yo lo llamaría humanismo perverso. Supongo que no es muy diferente de la corrupción del liberalismo económico y que termina por degenerar en el nefasto neoliberalismo. Igualmente el nazismo es la forma corrupta del evolucionismo humanista.

Pero mientras el nazismo contempla erróneamente la felicidad de esa parte del pueblo que considera en exclusiva, en el fascismo solo cuenta la felicidad del líder y su oligarquía dominante, mientras vende un falso deseo de felicidad del pueblo al que se limita a engañar una y otra vez. Parece que los regímenes de la Italia fascista y la Alemania nazi utilizan los mismos elementos y estructuras similares para administrar los estados, pero hay concepto básico en el que difieren: “¿Quién es el pueblo?”.

Ahora podríamos hablar de cómo Hitler escribió “Mein Kampf” o cómo ascendió al poder, pero eso es intrascendente. Igual que lo es que denominara Partido Nacional Socialista de Alemania a su partido. El término socialista aquí no hace referencia al valor histórico de esa palabra, sino que es una referencia a la parte de la sociedad alemana que él considera como su pueblo. La prueba de esto son los partidos con los que pacta, siempre a la derecha del espectro político, si hubiese sido socialista de verdad ninguno de esos partidos hubiera aceptado pactar con Hitler (que se aplique el cuento el actual PSOE o PSC en la actualidad de nuestro país cada vez que pactan con Ciudadanos o el PP). Lo único que importa es que, aunque sigue existiendo un extraño culto a un líder, es mera deformación de la sincera idea de dirigir un pueblo (el ario) hacia una supuesta cumbre de la civilización. Así, mientras el fascismo engaña deliberadamente al pueblo, el nazismo se engaña a sí mismo.

 

 

 

 

EL FRANQUISMO

Si quisiéramos hablar de fascismo en España, hablaríamos de Falange española y de las J.O.N.S, de José Antonio Primo de Rivera y de muy poco más, Pero el franquismo fue y es otra cosa bastante diferente que, aunque se apoyó muchas veces en este partido único del franquismo, tenía unos orígenes mucho más amplios y remotos, y una finalidad muy diferente.

En el franquismo existe el culto a la figura de un líder que se hace llamar Caudillo o Generalísimo, también existe el engaño continuado al pueblo (incluso creó el Instituto Histórico Nacional para falsear la historia de España y que aún hoy, en muchos sitios es estudiada con muchas de las perversiones que introdujo), pero el franquismo se sobrepone al fascismo con el entendimiento que supone controlar la corrupción para usarla en su favor. Al final el franquismo, más que un régimen gubernamental, se instituyó como una mafia que, aun hoy, más de 45 años después de la muerte de Franco, todavía funciona.

A menudo hablamos de las mafias siciliana, napolitana, calabresa, china (triadas), japonesa (yakuza), rusa, albano-kosovar… De hecho, con mayor o menor incidencia, se habla de mafias de todas las nacionalidades, pero nunca se habla de la mafia española, y eso es porque el franquismo imbricó esta en las impunes estructuras del poder. Puede que con el devenir de los tiempos las estructuras de esta mafia limitan su violencia, pero, para nada, su efectividad y lo que es más importante, su capacidad de supervivencia.

Así pues, el franquismo en nuestros días no es un ideal político, como podrían serlo el fascismo o el nazismo, sino una fórmula de organización criminal que ha logrado controlar a un país desde la sombra y que, cada vez más a menudo, se atreve a salir a la luz sabiéndose totalmente impune. Lo que nunca reconocerán, es que, por su culpa, España es un país tercermundista, incapaz de obtener resultados de sus esfuerzos y en el que el pueblo jamás podrá ser feliz. Pero a ellos qué más les da…

Franco llegó al poder a través de un golpe de estado contra el régimen democrático de la Segunda República. Este golpe de estado, deliberadamente mal planteado, llevó a la guerra civil que Franco quería para tener tiempo de eliminar a toda la competencia y, de paso, exterminar lo que más tarde denominaría su particular doctor Menguele, el doctor Vallejo-Nájera: “el gen rojo”.

Durante la guerra ocurrieron muchas cosas, la mayoría calificables como crímenes de lesa humanidad, pero lo que realmente importaba es que había quebrado la voluntad de todo el pueblo y hecho desaparecer a todos aquellos que pretendían poner pegas a su liderazgo, fuesen del bando que fuesen. La eficacia de esta banda criminal es tan grande que, aún hoy, con las cifras en la mano, todavía venden con absoluta convicción, que sucesos tan puntuales o insignificantes como Paracuellos o las llamadas “Checas”, pueden justificar el genocidio planificado que el bando nacional extendió por toda España y del que aun sigue beneficiándose.

Tras la guerra, Franco “reinó” de forma absolutista durante 36 años (los de la guerra no cuentan) y murió en la cama de una enfermedad propia de su vejez, dejando un país moralmente asolado por su reinado y muy lejos de los parámetros de una supuesta normalidad para la época. Cumplió sus deseos personales mejor que Hitler o Mussolini, pero tuvo la complicidad de la hipocresía de una comunidad internacional que solo es capaz de intervenir cuando existe un incentivo económico. Pero el problema persiste y la comunidad internacional sigue anclada en las mismas ambigüedades. Claro que, después de años sin limpiar sus fronteras, la hipocresía también ha cuajado en sus tristes sociedades aburguesadas hasta la decadencia. Vivimos en una nueva era de capitalismo salvaje donde el neofranquismo se siente como pez en el agua. Pero ese capitalismo neoliberal solo beneficia a una élite, tan mafiosa como la del propio franquismo, pero no a las sociedades que, poco a poco, sucumben a todos sus defectos. Y es que tras la caída del muro de Berlín, el capitalismo ya creyó no necesitar de su cara amable (el llamado estado del bienestar) para mantener alejada a su némesis: el comunismo. Y es que el neoliberalismo más corrupto es difícil de diferenciar del franquismo de los últimos años. Conociendo cómo era esa España, podemos hacernos una imagen de hacia dónde va ese mundo que llamamos “occidental”. Lo que no me evita recordar que era el propio Franco el que denominaba a su régimen dictatorial como “el vigía de occidente”.

Pero no es casualidad que ni fascismo, ni nazismo lleven el nombre de sus creadores y el franquismo sí. El franquismo es una forma peculiar de fascismo, pero una peculiaridad que, en principio, se adaptaba a los intereses del individuo y, con posterioridad a su muerte, a la de la oligarquía dominante en sus últimos años de vida y que ha mantenido el poder en la sombra emulando ceder la soberanía a un pueblo ninguneado y al que se le fue robando su capacidad de lucha durante años… El exterminio del gen rojo. Extender la falsa democracia orgánica del dictador, en base a una Constitución manipulada por una jerarquía de jueces al servicio de ese poder mafioso en la sombra, no fue difícil. Lo verdaderamente difícil fue convencer durante décadas a una comunidad internacional que ya había condenado al dictador. Sin embargo, la llegada de este neoliberalismo ha supuesto una liberación para la mafia franquista que cree poder ir saliendo de sus agujeros para seguir sangrando al país con mayor comodidad. Pero como todo poder depende de los mitos, sigue existiendo un riesgo en los nacionalismos auténticos del crisol de pueblos que es España, también en los nuevos movimientos de liberación del siglo XXI, como son el feminismo, los movimientos LGTBI o, incluso, aquellos que reivindican los derechos de los más desfavorecidos. Todo tiene un límite, hasta las mafias más arraigadas en la podredumbre de un poder corrupto y que creen tenerlo controlado todo, deben, de vez en cuando, mirarse al espejo y ver como la caída de sus máscaras les descubre vulnerabilidades que ellos mismos ignoraban.

 

 

 

 

 

SER UN FACHA

Este término no tiene sentido fuera de España, porque un facha, ante todo, es muy español y mucho español en el peor sentido de ese adjetivo. Un facha es un español contra el pueblo de España. Un facha ama el suelo de España, pero odia a sus habitantes en la medida que tienen un concepto diferente al suyo.

Y no, un facha no es un franquista, ni un fascista y menos un nazi, aunque a veces el mismo se autodenomine así, se rape el pelo, se tatúe pollos franquistas o esvásticas nazis, salude con el brazo en alto o insulte, agreda o asesine, a personas de la supuesta izquierda, homosexuales o independentistas, a todos los que él denominará “rojos”.

Un facha tiene mucho de “cuñao”… De mal “cuñao”, claro. Porque el facha no se limita a creer en absurdos, el los impone o los lleva a cabo porque es un “odiador” nato y un idiota.

El facha no es un franquista, aunque trabaja para ellos. Porque el facha se cree todas las milongas que los franquistas le venden. El facha puede ser un niñato que se salta la ley aprovechando la capa de impunidad que le ofrece un sistema orientado a favorecer al franquismo; pero también es un facha aquel que vota al PP, Ciudadanos o VOX, o el que viviendo toda una vida en Catalunya se niega a aprender su lengua solo por joder, el que despotrica de Podemos creyendo las obvias mentiras que se cuentan cada día, el que critica los escraches a miembros del PP y sin embargo apoya la persecución a los niños de Pablo Iglesias, los que salen a tocar cacerolas contra el necesario cierre de Madrid por la pandemia, los que increpan a los pacíficos lazos amarillos, los que llaman etarra a cualquier vasco que no se ponga de rodillas a chupársela, los que alaban la caridad del dueño de Zara mientras callan su negativa a pagar impuestos o su explotación infantil, los que dan más credibilidad a un cirujano plástico vocero que a los epidemiólogos encargados, los que van a manifestaciones de SCC y luego pretenden ser ejemplo de algo, los que usan una bandera, en definitiva, para tapar sus vergüenzas y las de una élite, más económica que política, que ha corrompido hasta el tuétano las estructuras de este país.

Un facha, en definitiva, es todo aquel que se siente orgulloso de llevar, de forma ostensiblemente visible, un símbolo nacional que avergonzaría al más honesto, como la banderita española…

Así pues, ser facha no es ni una filosofía, ni una orientación política, ni una cultura… Ser facha es, en esencia, ser imbécil y muy español. Por eso el término facha pierde todo su sentido al atravesar la frontera del país, y cualquier facha que lo haga, pasa de facha, a simplemente imbécil, por el hecho de atravesar esa marca territorial.

 

lunes, 29 de abril de 2019

Análisis de los resultados Generales 2019


Estas elecciones han dado unos resultados muy previsibles con una excepción: el grado de la debacle del PP. Sinceramente, lo esperado era que quedara en torno a los 80 diputados. Y no solo desde fuera, también los rivales de Casado dentro del partido esperaban que el partido pudiera salvarse económicamente. Y es que ahora su subsistencia dependerá de que la Banca acepte que los populares se arrastren un poco más por el lodo y les laman la punta de los zapatos y lo crean rentable. El PP, parafraseando a Soraya Saenz de Santamaría, está en “liquidació”. Si la vicealbóndigaba esperaba el hundimiento del irracional Casado para recuperar el control del PP, ahora se encuentra con una situación económicamente irrecuperable y que, para salvarse, exigirá del compromiso de que el PP venda un poco más España a los cuatro poderosos que llevan desde el franquismo robándonos a todos.

La situación del PP es crítica más allá del Parlamento, porque, además, han perdido un senado que tenían controlado, a favor de los socialistas, pero que, además, ven como ERC se ha convertido en la tercera fuerza política de esta cámara. Y si el resultado es malo, el PP va a tener que aguantar hasta después de las elecciones municipales, europeas y autonómicas (para la mayoría de comunidades), porque no hay tiempo suficiente para convocar un congreso extraordinario y relevar la actual cúpula fracasada. Parece que el hundimiento del PP aún puede crecer en las próximas fechas. Que Casado hablara como el propio Abascal ha tenido un precio, pero violar el necesario cinturón sanitario con el fascismo que le permitió aceptar el apoyo de VOX en Andalucía, puede haber sido definitivo. Y es que los fascistas siempre preferirán un fascista profesional, como los de VOX, antes que un aficionado como Casado. Además, la derecha moderada que siempre supuso la gran mayoría del voto del PP, se ha ido perdiendo poco a poco mientras se obsesionaba en su cruzada contra los catalanes. No en vano es precisamente en esa comunidad donde los populares han recibido su derrota más dura.

Y sí, el PSOE ha ganado las elecciones, pero con solo 123 escaños. Y es la primera vez que el PSOE gana unas Generales sin ganar en Catalunya, donde, definitivamente, el independentismo, a pesar de no haber movilizado todo su voto, ya se ha instituido como la única alternativa posible. Negar que Catalunya ya vive en un estado propio, aunque el centralismo español no le permita hacerlo funcional, es engañarse miserablemente y engañar a toda España. Pero eso es lo que tienen los partidos españolistas y una prensa nacional que se ha dedicado a esconder las ruinas franquistas que aún impiden instituir una democracia de verdad.

El PSOE no tendrá bastante con pactar con Podemos, por lo que, lógicamente, no podrá formar gobierno hasta después de las elecciones municipales. Después deberá pensar si se pone de rodillas ante los fascistas de Ciudadanos. Porque un partido como C’s que ha nacido para extender el odio no aceptará ninguna otra forma de apoyo a Sánchez. Otra alternativa es pactar con Podemos y los independentistas, pero de eso Sánchez no piensa ni hablar, lo mínimo, hasta mediados de junio. Aunque hay otra alternativa que nadie ha tenido en cuenta, y es que los socios presupuestarios se unan de nuevo: PSOE + Podemos + Compromís + CC + PNV y, posiblemente un NA+ alejado de las tesis del PP de Casado, creo que así también se pueden sumar los votos necesarios para investir a Sánchez.

Claro que como Casado es ya un cadáver político, el PP para su supervivencia obligará a dimitir a todo el equipo de Casado y Aznar y eso nos llevaría a un nuevo PP a las órdenes del IBEX 35, así que tampoco extrañe que tras el Congreso Extraordinario, ese nuevo PP se abstenga en una sesión de investidura, para así arrebatar a Ciudadanos la iniciativa política. Esa sería la jugada más inteligente, porque Ciudadanos habría tocado techo en España y ya se encuentra a la baja en Catalunya. Si el PP quiere recuperar su esencia, debe protegerse de Ciudadanos y abandonar a VOX en la extrema derecha para que se desinfle de forma natural. Ahora es el momento de renunciar al franquismo y convertirse en el partido demócrata que nunca supo ser. Pero, personalmente, no creo en esta posibilidad, porque el PP siempre ha vivido de las ruinas del franquismo y la cabra tira al monte.

De lo que podemos estar seguros es que la imbecilidad del 155 no solo ha pasado factura a Catalunya, en España va a estar haciendo daño durante años, cosas de la tercera Ley de Newton.

domingo, 3 de febrero de 2019

Chamberlain y la Europa que nunca aprende


Arthur Neville Chamberlain, tenía mucho miedo a que se repitiera la tremenda sinrazón de la Primera Guerra Mundial, tal vez por ello no juzgó correctamente ni al fascismo, ni al nazismo que asolaban Europa. Precisamente, a pesar de la ingente cantidad de exiliados que llegaban de Alemania, su incomprensión de la amenaza nazi, le llevó de cabeza hacia aquello que tanto temía: otra gran guerra.
La historia culpa a Chamberlain de ser muy crédulo con un Hitler que se mostró como un gran anfitrión  en unas negociaciones donde el Reino Unido realizó unas concesiones que no eran de su incumbencia. Pero mientras el Primer Ministro británico regresó muy contento con los compromisos adquiridos por Hitler, este lo entendió como una prueba de debilidad. Sin embargo, esto no hubiese sido así si su predecesor, Stanley Baldwin, hubiese reaccionado cuando Alemania e Italia se incorporaron en la contienda de España. Claro, que el propio Chamberlain hubiera podido modificar ese error cuando llegó al cargo en 1937, especialmente teniendo constancia de los artículos sobre las Brigadas Internacionales que a diario aparecían en la prensa inglesa. Recordemos que Inglaterra (esto no es extensible a todo el Reino Unido) siempre se ha visto como el gran compensador de Europa, interviniendo como pesa para equilibrar la balanza de poderes y así evitar que ninguna nación europea lograra destacar sobre las demás. Sé que esto choca frontalmente con la filosofía del Brexit actual, pero creo que entonces no pensaba igual la sociedad inglesa, de lo contrario hubiese sido impensable firmar los tratados internacionales que al final llevaron a Gran Bretaña a los campos de batalla europeos.
Por si alguien lo cree, esperar de Francia algún tipo de acción que no ampliara su territorio, era algo impensable, por lo que, en ese aspecto, si los británicos no movían ficha, los líderes franceses no harían nada contra el fascismo y el nazismo más allá de sus fronteras. Por muy de izquierdas que fuesen los líderes franceses, Francia no lideraría una cruzada internacional contra el fascismo.
Al final, que Francia y Gran Bretaña no pararan al fascismo y al nazismo, en el tubo de ensayo de España, tuvo como consecuencia la mayor pérdida de vidas humanas en una guerra. Y esta vez sí fue sangre británica y francesa.
De aquel error el mundo no ha aprendido nada. La ultraderecha vuelve a conquistar cotas de popularidad en Europa que recuerdan al periodo de entre guerras. El fascismo y el nazismo nunca desaparecieron del todo, pero aprendieron el juego de la hipocresía y se enlazaron a los poderes más oscuros y corruptos de muchos estados. La hipocresía de los nuevos fascismos les ha permitido crecer dentro del corazón de las democracias, contaminando, incluso, muchas de las voces de la supuesta izquierda.
La corrupción, los grandes poderes económicos, la iglesia, los medios de comunicación… Un mensaje subliminal de odio, racismo e irracionalidad, ha contaminado nuestras sociedades. Incluso aquellos que salen a protestar por la llegada de las primeras consecuencias de esta ola, pueden estar contaminados de ella, sin embargo, es más preocupante su inserción entre el poder de los estados como Italia, España o, incluso, Francia.
Por todo esto tenemos que ser muy receptivos a los movimientos que se enfrentan a este gran paso atrás de la humanidad. Tenemos que apoyar la esencia de los movimientos de los “gilets jaunes”, “el Procés”, la nueva corriente feminista, movimiento LGTBI y cualquier lucha obrera por lejana que nos parezca (incluidos los taxis, por muchos fachas que les lideren). Porque tenemos que ser conscientes de que detrás de esta gran regresión de la humanidad están los beneficiados de siempre, los que explotaron África, los que asesinaron Palestina, los que crearon las dictaduras de Latinoamérica, los que facilitaron las matanzas del Yemen, los que destrozaron Chechenia, los que olvidaron a los kurdos, los que vieron armas de extinción masiva en Irak, los que distribuyeron el coltán que costó vidas de niños, los que trazaron fronteras en África con tiralíneas sin respetar sus idiosincrasias, los que permitieron Guantánamo, etcétera, etcétera, etcétera.
Por eso aquellos que tienen el poder deberían demostrarnos su compromiso con los pueblos y contra el fascismo, pero me temo que todos esos líderes nos han vuelto a demostrar su poca vergüenza rindiendo su pleitesía a la intromisión final contra Venezuela.
¿Quién coño ha votado a Guaidó?

sábado, 12 de enero de 2019

Pan y Circo


Cuando Juvenal en el 140 a.C. acuñó la expresión “pan y circo” criticaba el nacimiento del “Populismo”. Por un lado se plañía por la pérdida de interés del pueblo por la política y por el otro por la aparición de una serie de políticos sin escrúpulos que, a través de promesas de beneficio personal (pan) y de espectáculos públicos (circo), lograban el consentimiento de aquellos que debieron interesarse por sus intenciones reales y los efectos reales de las políticas que podían aplicarse.

Cabe decir que, en los limitados tiempos de democracias en España, especialmente durante el siglo XIX y los inicios del XX, los intelectuales españoles readaptaron y actualizaron la frase como “pan y toros”. Con todo, a la caída de la dictadura de Primo de Rivera, con una tradición de reivindicaciones obreras (especialmente en Catalunya) y de reivindicaciones sufragistas femeninas, el pueblo de aquel momento estaba más vivo y cercano al conocimiento de lo que significaba la verdadera política para sus vidas.

La Guerra Civil primero y la represión franquista después, combatieron contra ese espíritu político de los ciudadanos y que es lo único que les separaba de su esclavitud. Entre razias, asesinatos sumarísimos, exiliados políticos y represiones varias, el general Franco se atrevió a decir aquella frase que lo explicaba todo en su máxima y superlativa hipocresía: “…hagan como yo y no se metan en política”.

La Constitución de 1978, es la mayor de las mentiras que se han escrito y firmado en este país, pero nacía bajo un esperanzador pacto tácito de ir modernizando el texto hacia las mayores cuotas de humanismo liberal que concebían las imaginativas mentes de los Padres de la Constitución. Con todo, para los más progresistas quedaba claro que el texto, a pesar de la buena voluntad y la fe en el pactismo, debía renovarse y, a no más tardar diez años, debía llegarse a un nuevo proceso constituyente del que emergería la Constitución que un país moderno necesitaba. Todo eso murió tras el 23 de febrero de 1981 cuando Juan Carlos I reunió a las fuerzas políticas, salvo las catalanas y vascas, a una conferencia en la que hoy sabemos que el monarca, bajo la amenaza militar, llamó a frenar los valores liberales y sociales de la constitución. El verdadero golpe de Estado había triunfado.

¿Pero cómo pensaba sostenerse esa dictadura en la sombra sin que se descubrieran los hilos que en su día tejió el propio Franco, sin que se vieran los nudos del “atado y bien atado”? Muy fácil: “Pan y Circo”. El pan se llamaba OTAN y Mercado Común, pero para ello también deberían hacerse enormes esfuerzos en una reestructuración industrial que llevó al cierre de empresas como “Altos Hornos del Mediterráneo”,  grandes fuentes de empleo, pero que eran totalmente insostenibles estratégica y logísticamente, en un país de industrialización moderna. También tuvieron que sancionarse las más obvias prácticas empresariales de tipo franquista que frenaban el avance económico a través de la competencia desleal, por este principio se cargó con el máximo exponente de estas prácticas: José María Ruíz-Mateos. El teatro de este peculiar personaje ayudó mucho a crear un mito de justicia que estaba muy lejos de ser real. Seguramente esto era un gran motor para el propio personaje que veía como otros empresarios más afortunados seguían con sus prácticas corruptas ligadas al agujero negro de Madrid y que, lejos de sufrir su castigo, eran marcados como modelo a seguir.

Se acabaron los monopolios y se regalaron las joyas del INI a los mismos que sostenían los nudos del franquismo dentro de la carcasa de supuesta democracia. Entre tanto, los partidos que aceptaron el pacto, se endeudaban con una banca que veía crecer su valor dentro de esa estructura oculta de poder. Y con el dinero prestado, el clientelismo y la corrupción, acababan con la última esperanza de regenerar el país.

Pero como cuando uno cree su poder asegurado no se conforma con ello y lo quiere ejercer con más beneficios, llevaron a Aznar hasta la presidencia del gobierno y empezaron a asomar las seberas costuras con que habían fajado a la democracia.

Después de la victoria del PP en el año 2000, la promesa del “Pan” no bastaba, así que el circo del fútbol y la TV eran insuficientes. Pero la “democracia”, a raíz del pacto del 23F, había introducido dos factores más en su circo: ETA y los catalanes. Y ahora el PP los explotaría hasta el límite. Posiblemente la pobre capacidad intelectual de un presidente endiosado, le impedían reconocer que ETA había ido perdiendo el apoyo del mundo abertzale desde el atentado de Hipercor en 1987 y la banda llevaba años intentado una salida honrosa. Fue una legislatura infernal para los pueblos catalán y vasco, con insultos casi diarios hacia ellos, pero mientras el personalista Jordi Pujol intentaba negar la evidencia, posiblemente porque su verdadero problema lo tenía en casa, con una familia metida en todo tipo de asuntos turbios y él colaborando intensamente con la Casa Real y otros elementos de las costuras del Estado, el presidente vasco Ibarretxe impulsó su Plan para un referéndum de independencia.

“No se meta usted en política”. Me imagino que la frase seguía resonando en los cerebros de los españoles que sobrevivieron al franquismo, pero aceptaron los mensajes que desde el populismo del PSOE y, sobre todo, del PP, les vendían diciendo que los vascos son ETA y ETA asesina, o la culpa de sus problemas económicos es de los catalanes que odian el castellano, que ellos vendían y aún venden, como el único español…

Cuando en 2004 el atentado del 11M nos golpeó en el corazón de Madrid, durante unos meses pudimos comprobar la falta de empatía y las mentiras de las verdaderas estructuras del país. Unos meses es que los humanistas de todo el Estado nos sentimos más unidos que nunca y derrotamos al endiosado Aznar, que aunque no se presentaba a las elecciones, era la verdadera figura que, desde hacía años, era la única figura ideológica distinguible.

Al débil presidente socialista Zapatero le faltó el valor para romper muchos de los nudos, que ya se antojan gordianos, con los que el franquismo sigue estrangulando la democracia. Así, entre tontería y tontería, llegamos a 2010 en que se consuman todas las traiciones contra el pueblo catalán y este, en una declaración publicada por todos los medios de prensa, lanza lo que sería las bases del Procés: “Por la Dignidad de Catalunya”.

Va a empezar un periodo en que todos los partidos democráticos de Catalunya, incluido el PSC, van a exigir un referéndum de autodeterminación y, muy pronto, entenderemos por qué FAES y Aznar apadrinaron el nacimiento del partido Ciudadanos (C’s) en Catalunya. Un partido que tanteará entre el ideario más rancio, antidemocrático, inculto y falto de empatía, que pueda encontrar. Ciudadanos está lleno de personas rencorosas que no aceptan la realidad y culpan a quienes les rodean de sus propios problemas personales. Buscan los residuos de la España profunda dentro de una región que siempre ha luchado por la modernidad. Estos individuos serán la base con la que una prensa, ya bajo las manos de la banca, y por tanto las costuras del estado, reescribirán una realidad que permita odiar a los catalanes sin remordimientos.

Pero si los catalanes nos hemos convertido en el circo para España, también nos hemos convertido en un pueblo fuera de control porque ese circo, para nosotros es política pura y dura. Ya no existe un catalán (aquel que vive, trabaja y quiere a Catalunya) que no esté vendido y que no se dé cuenta de que solo hay salida en la independencia. Otra cosa son las formas y los temores. El pan ya no basta a los catalanes, el circo no nos interesa porque somos sus actores, por eso España carga las tintas en un arma típicamente colonial: el miedo. Pero mientras el pan y el circo te adormecen y atontan, el miedo, por sí solo, únicamente puede funcionar durante un tiempo limitado… Y no sé si eso las costuras del Estado lo han tenido en cuenta.

Pero, mientras hablamos de catalanes y vascos, qué pasa con las izquierdas democráticas de España… Pues que les escuchamos decir cosas como que el independentismo ha despertado al fascismo en España ¿Queda claro que el Pan y Circo adormece y atonta? Pero no a las costuras del Estado. Esperemos que Podemos, IU y demás terminen de desperezarse algún día y no se dejen engañar por las etiquetas de “nacionalistas” con que la prensa española ha cargado a las revoluciones de las naciones del crisol español contra el fascismo.

Afortunadamente no solo la revolución de las nacionalidades ha plantado cara al fascismo, también existe la revolución de las mujeres: el feminismo. Y es que el fascismo también está anclado en las más casposas estructuras patriarcales y ha forzado a las mujeres a denunciarlo. Estamos hartos de verlas definidas como feminazis, pero denigraciones tan brutales solo pueden indicar que están metiendo el dedo en la llaga. Junto al movimiento feminista también vemos una lucha de fondo del movimiento LGTBI que desde los años 80 han estado ganando parcelas de igualdad dentro de esta democracia tutelada. Nadie se ha fijado mucho en este movimiento porque le han creído una lucha exclusivamente de derechos cuando en realidad es una lucha por los principios del humanismo liberal más fundamentales y que, por tanto, entra en lucha frontal contra el prehumanismo fascista de las costuras del Estado.

Quien está bajo mínimos nunca debe conformarse con migas de Pan y aquel que tiembla sobre la cuerda floja del Circo, nunca deberá adormecerse por él porque caería irremediablemente a la nada.

Queridos españoles de la España profunda, votantes del fascismo, la hipocresía o el adormecimiento, clientes de la prensa de la omisión y la mentira; esperamos que os satisfaga el Pan y que disfrutéis del espectáculo desde la grada, pero recordad que nada es eterno… Ni siquiera Roma.

miércoles, 27 de junio de 2018

Medio nuevo, tonto nuevo


En 1999 Internet era algo muy nuevo en nuestro país, pero no tanto en otros. Por cuestiones que no revelaré, durante unos días obtuve unas conexiones ultra-rápidas (para la época) y varios PC’s conectados. Una cosa muy lejos de alcance de cualquiera.

Por aquel entonces Federico Jiménez Losantos se asoció con una serie de individuos clave, que se autodenominaban liberales, y crearon una red de web’s con esa supuesta ideología y entre las que destacaba “Libertad Digital”.

Todas esas web’s eran distinguibles por utilizar las palabras “Liberal” o “Digital” en sus nombres, pero también porque en sus portales había enlaces de unas a otras.

Si había algo que distinguía a las web’s de la época y que lograba atraer el máximo de tráfico era los foros. De hecho el conocidísimo “Forocoches” también es de esa época, aunque no se parece en nada a lo que era. Por aquel entonces los tontos del país eran solo eso tontos que hacían gracia y que muy poco tenían que ver con los catetos neonazis y totalmente desinhibidos que hoy dominan, con total impunidad, ese espacio.

A diferencia de Forocoches, Libertad Digital ya apuntaba maneras por aquel entonces, supongo que producto de la personalidad del propio Federico. De entre todos los foros , el más sorprendente era el de Historia, por el que, de tanto, recurría a supuestos expertos para que la editorial pudiera imponer su visión particular y, a menudo, manipulada de la historia.

Pues bien, un día de 1999, encontrándome en tan ventajosa situación, accedí a ese foro y me encontré con una de sus trampas más alucinantes. El tema era la revolución de Asturias y la víctima un chaval que tenía muchísima información de primara mano y al que la jauría neofascista adicta a la web estaba desprestigiando con mentiras indemostrables.

A base de consultar información sobre la marcha a través de varios PC’s, empecé a lanzar enlaces y documentación que, no solo validaban la información que aquel chaval, nieto de uno de los mineros que participaron en aquella revolución, sino que además destrozaban el prestigio de cada uno de los miembros de aquella jauría que, uno a uno fueron desapareciendo de la web.

En un momento en que el tema parecía a punto de quedar zanjado, apareció un siniestro personaje que, como pude comprobar a través de los medios a mi alcance, salía a la palestra muy de tarde en tarde para reencauzar los foros históricos perdidos. Debo reconocer que necesité algo de ayuda, porque no soy precisamente un erudito en temas históricos, pero si algo sé es acudir a quien sí sabe y también localizar la documentación adecuada. Si afirmo que en aquellos inicios de Internet en España yo era de los pocos que tenía un dominio de excelencia en la búsqueda de información, tampoco engañaría a nadie.

El nuevo elemento contaba, supuestamente, con mucha información, pero debo decir que su fondo documental era muy limitado y su procedencia, sin duda, eran la Real Academia de la Historia, el fondo documental manipulado del Instituto Histórico Nacional de la época franquista (posiblemente a través de la Fundación Francisco Franco, aunque esto lo averigüé años más tarde a través de un libro de Paul Preston) y el fondo bibliográfico de Pío Moa. Pronto se hicieron patentes sus contradicciones pretendiendo criminalizar a los obreros asturianos, pero negando las pretensiones genocidas del ejército español. De hecho, en un momento dado, cuando ya se le hizo insostenible el reconocimiento del mal comportamiento de los militares, trató de pasar la responsabilidad a un gobierno de la República que, como todos sabemos, tardaron dos días en conocer la mayor parte de los hechos.

En aquellos momentos este personaje, que alguien me dijo podría ser el propio Pío Moa, tardaba más de 30 minutos en contestar a cada una de mis intervenciones por una media de 5 minutos de cada una de las mías… Y entonces sucedió: la web me bloqueó el acceso.

Nunca más volví a entrar en aquellos foros, pero me permití dar publicidad de aquella actitud en la red y creo que soy en parte responsable de que bien pronto todos supieran quienes eran estos “Liberales” y, en especial la propia “Libertad Digital”.

Por lo que me contaron poco tiempo después los foros de Libertad Digital fueron restringidos y murieron en su propia endogamia. Imagino que pudieron lavar  los cerebros de sus seguidores con mayor eficacia, pero sus posibilidades de captar a nuevas víctimas se desplomaron.

Con esto lo que pretendo dejar claro es que no hay que confiarse en esa extendida idea de que los fascistas son más tontos, porque también cuentan con más dinero y tiempo para dedicar en exclusividad, ya que siempre existe gentuza para la que, sin tener una verdadera ideología, les beneficia económicamente apoyar a estos descerebrados y, por eso, siempre que aparezca un nuevo medio, por complicado que sea, se llenará de estos mercenarios a los que habrá que ir marcando y expulsando poco a poco para acabar con las manipulaciones.

Si alguien tiene dudas sobre el poderío económico de estas posturas y la capacidad para contaminarlo todo, solo hay que darse una vuelta por la prensa española y su nulo valor informativo.

miércoles, 6 de junio de 2018

España o es plurinacional o no será


España será plurinacional o no será. Y, hoy por hoy, sus gentes no están preparadas para asumirlo. Porque desde el centralismo jamás se podrá construir una democracia, ni desde la homogeneización y mucho menos desde la negación de la realidad. Así que cada vez que un facha grita “España una”, le está asestando una puñalada por la espalda a “su propia” España.

Valle Inclán, Unamuno, Pío Baroja y hasta Antonio Machado, comprendieron que España debía entenderse como algo más amplio o que, tarde o temprano perecería. Que tanto la exclusivista visión de una España castellana, como la denominación de “español” únicamente a la lengua castellana, hacían de España un lugar donde no cabían la mitad de los españoles.

La España una, castiza y cuartelaría, jamás tendrá un sentido democrático, y su imposición siempre pondrá en marcha todos los procesos de independencia de la España periférica que, irremediablemente, se sentirán como territorios invadidos o meras colonias. Cuanto más se alargue esta situación, más fuertes y necesarias serán las fuerzas centrífugas y menos democrática se mostrara una España que se habrá convertido en mera represora.

Son tontos los que, como el señor Muñoz Molina, se creen que el ultranacionalismo es el que trae los aires de independencia. El ultranacionalismo, señores, es aquel que niega una o miles de realidades que oprimen a unos ciudadanos para que otros, como él, mantengan una comodidad intelectual poco meditada y nada empática.

España debe ser multicultural y plurinacional para que pueda existir la democracia, porque las ideas unificadoras solo son una mordaza para una importante parte de su ciudadanos ¿Tan tontos son como para no darse cuenta de la dictadura insufrible que representa la España unificada?

Del mismo modo, la denominación exclusivista de español al castellano, ya fue una negación de la españolidad de la mitad de la población de España. Poco importa los años que llevemos con estas mentiras a medias, porque no se puede edificar una democracia basándose en ideales exclusivistas como este y mucho menos llamando racistas a aquellos que se rebelan contra ellos, porque, como se puede ver, se está invirtiendo la realidad y con ello matando las pocas posibilidades de solucionar el problema.

No sé si España, a estas alturas tiene salvación, pero estoy seguro que si tiene alguna posibilidad no es siguiendo el equivocado camino del PP o la decidida beligerancia nativa de Ciudadanos en pro de un castellanismo supremo. El PSOE debe meditar y suprimir de sus filas a individuos, como el actual ministro de asuntos exteriores, que tienen una visión tan centralista, aun habiendo nacido tan lejos de ese mismo centro.

Sinceramente, yo no creo que España tenga muchas posibilidades, personalmente no daría ya ni un duro por ella. Lo mejor que le podría pasar es que Catalunya se independizara para que pudieran empezar a ver la realidad de lo que es, lo que fue y lo que puede ser. Aunque sin un cambio radical de mentalidad, España solo será una entelequia represiva hasta su disolución final.

martes, 8 de mayo de 2018

Reconquistemos el diccionario



Hace una década dediqué un artículo al tema del cambio de significado de las palabras para usos políticos. Era esta una tendencia antigua y que, a mi modo de entender, amenazaba gravemente a nuestra sociedad. Poco tiempo después, llegó la sentencia del Tribunal Constitucional “contra” el Estatut de Catalunya (el “contra” lo pongo entre comillas para que se vea que no me he equivocado de preposición) y pude percatarme de algo aterrador: la manipulación de las palabras podía haber llegado a la justicia.

Es curioso ver como cuando cuentas un chiste complicado la mayoría de gente parece desconectar y es incapaz de hallar las sutiles implicaciones que despiertan la hilaridad. Uno podría pensar que ante esta falta de dimensión de ideas, la mayor parte de la gente sería incapaz de dejarse llevar por la inercia que reinterpreta la realidad y hasta las palabras escritas, pero la realidad es que, esta misma gente simple, han sido los primeros en aceptar los nuevos diccionarios escritos en el aire por el neoliberalismo y el neoconservadurismo. Pero, lo que es peor, han creído en las reinterpretaciones hechas de la ley.

Supongo que, si hemos sido abducidos por una nueva ley universal que tergiversa la palabra escrita y redefine el significado de palabras que eran muy claras hasta hace poco, tendrán que existir unos agentes muy poderosos que graven en nuestros cerebros esos cambios. Pero, por otra parte, cómo existimos personas que somos conscientes de ese cambio. La respuesta es muy simple a todo. Porque todos intuimos ese cambio, pero solo necesitamos obtener conciencia de él cuando nos daña directamente. Por otro lado, el origen de nuestro engaño procede del único agente que tiene tanto poder: los medios de comunicación.

Creo que respecto al origen, no hace falta decir mucho más. Pero, sin embargo, respecto a los ámbitos jurídicos, la cosa debería de ser más complicada ¿Dónde se encuentra aquí la trampa?

Bien, todos sabemos que en la justicia española hay dos corrientes ideológicas principales: conservadores y progresistas. Uno pensaría por sus nombres que los conservadores serían incapaces de cambiar el significado de las palabras para cambiar el mundo. Sin embargo, debemos entender que lo que realmente llamamos conservadores, en realidad, son gente de derechas y tradicionalistas, y a poco que indaguemos en el pasado de nuestro país, tenemos que coincidir que la honestidad nunca ha sido el fuerte de esta “secta” (este término ya lo he explicado en otras ocasiones y prometo volver a él en el futuro). Así pues, los penalistas, fiscales, jueces, etcétera, del ámbito conservador, necesitan que la legislación vigente ampare sus deseos y nada tan fácil como reinterpretarlo todo, sin necesidad de cambiar la ley. Por desgracia, dentro de la justicia española, jueces y fiscales conservadores han ido copando todos los puestos de poder y modificando el significado real de todas nuestras leyes.

Puede que para esa gran minoría de conservadores esto les parezca bueno, pero en realidad han hecho una caricatura de toda la estructura legal de la ley que, por si no lo saben, es uno de los grandes pilares sobre los que se sustenta el mito de un estado, llevando a España a un estado de decadencia que puede ser definitivo para su destrucción definitiva. Porque un estado que ya no puede confiar en su sistema legal está dando saltos mortales sin red y, tarde o temprano, se estrellará.

Pocos casos han sido tan definitivos como la sentencia de “La Manada”, un grupo de post-adolescentes pasados de años que representan lo más repugnante de nuestra sociedad actual que destrozan de por vida a una chica recién llegada a la mayoría de edad, para alimentar su imbecilidad festiva. La ley es clara, puede que no todo lo concisa que debiera, pero todos sabemos que esa gran olvidada que es la filosofía de la ley, no daría lugar a dudas a unos jueces responsables, para poder dar una sentencia unánime de violación. No hace falta entrar más en el tema, pero todos sabemos que a los tres jueces les pudieron más sus prejuicios “conservadores” que sus juramentos en pro del cargo que ostentaban. Por desgracia todos sabemos que la sentencia de “La Manada” no es una excepción, sino la regla. No obstante pongo este ejemplo, y no otros, porque ha despertado, por fin, la indignación de un pueblo asqueándolo ante la indecencia del sistema legal español. Un sistema que fue avisado el pasado 8 de marzo de que en el tema de la mujer ya no iba a ser perdonado más veces, pero que ha insistido en esa deformación de la ley igual que sigue haciéndolo en otras. De hecho no voy a entrar en los temas relacionados con Catalunya, el YAk-42, la corrupción, etcétera, donde la deriva del sistema legal naufraga igual o más que en este, pero que, por partidismos, no han generado tanto asco como los dictámenes limitados sobre violaciones.

Según el ministro de justicia la solución está en cambiar la letra de la ley, pero todos sabemos que el problema no es ese, sino el de permitir que personas que no respetan la ley sean las que tengan que interpretarla y reinterpretarla. Claro que un ministro “conservador” cómo va a entender cuál es el problema si, parafraseando libremente a Bequer” el problema es también él.

Volviendo al tema de la manada como ejemplo, se ha acusado a los miembros de “la manada” de abuso y no de violación porque, según los jueces no hubo violencia ni intimidación, a pesar de que el guardia civil, experto en violencia de género, le robó el móvil para que no pudiera denunciar. Treinta años haciéndonos creer que la diferencia entre abuso y violación era la realización del acto sexual, y ahora salen con estas… Bueno, lo cierto es que alguien puso una coletilla en la identificación de abuso que se denomina “abuso carnal” que contempla la penetración y que debería ser utilizada con mucho cuidado como agravante del delito de abuso. Mediante este agravante las sentencias de abuso son comparables a las más bajas por agresión sexual, pero sirven para dar menor gravedad a un asunto. Tanto es así que el militar y el guardia civil de “La Manada” van a seguir cobrando el 75% de sus sueldos funcionariales mientras cumplen condena. Es decir, esta sentencia no puede cumplir las expectativas de una sociedad que evoluciona hacia el futuro frente a una justicia que involuciona reinterpretando la letra de la ley.

Aún ningún juez ha entendido que con la huelga del 8 de marzo la mitad de la ciudadanía les ha dicho que ya no habrá respeto para ellos si no cumplen con la letra de la ley sin reinterpretaciones patriarcales.

Agresión sexual es un atentado a la libertad sexual con violencia o intimidación. Y eran 5 tíos, hubo lesiones y le robaron el móvil para que no denunciara, así que la letra de la ley es clara e impide otra interpretación. Además el artículo 179 dice que si hay acceso carnal (que lo hubo) se agrava a violación sexual. Finalmente el artículo 180 nos da una lista de 5 enunciados que de darse dos implican un agravante adicional. De ellos vejación, más de dos violadores, vulnerabilidad (este debe ponerse siempre aunque los jueces tengan más margen de interpretación), beneficio de una posición de superioridad (hablamos de un especialista en delitos de violencia de género), uso de armas (no hizo falta). Como vemos, aún siendo generosos con los agresores, debe aplicarse este artículo, en especial al guardia civil por lo indicado. Las penas a contemplar serían de 12 a 15 años, siendo la máxima para el guardia civil por su conocimiento expreso de lo que debía hacer para irse de rositas.

Pero repito, este caso no es una excepción. Si lo fuera aún habría una esperanza. El verdadero problema es que la justicia está perdida porque esta es la regla general. Porque lo primero que le enseñan a un juez es a tener en cuenta el espíritu de la ley, y no existe otro espíritu que el de evolucionar con los tiempos y adaptarse a una sociedad que, en general, tiende al progreso moral. Desgraciadamente en España vivimos en un entorno de medios que pretenden mutar el significado de las palabras en pro de una involución que la sociedad no desea. Por eso tenemos que ser conscientes y no permitirlo. Lo de la manada es violación, el Yak-42 tuvo responsables que se fueron de rositas, los presupuestos incumplidos no puede contarse, robar es robar, un concurso de obras debe mantener su precio o sancionarse gravemente al incumplidor, las leyes no deben hacerse para proteger a los grandes capitales, la ley no debe interpretarse de forma diferente según las personas, las inversiones del estado deben ser equivalentes para todos sus ciudadanos, los impuestos deben pagarlos todos los ciudadanos proporcionalmente, el estado no debe pagar diferente a unas personas que a otras, la seguridad social debe ser universal y a nivel de pensiones también, no es admisible que el estado pague pensiones superiores a políticos, mandos militares y funcionarios de alto nivel o policiales. Todos esos detalles los hemos aceptado durante años y los habíamos tolerado mientras no quisieron hacer este asalto final de hoy en día que nos obliga a vivir siglos atrás de este XXI.

Tenemos una Constitución, la del 78, que no es excesivamente moderna, pero si ya partimos del modo en que PP, Ciudadanos y PSOE, se permiten reinterpretar el artículo 155 y saltarse otros artículos de la Constitución que lo limitan, sin guardar respeto a otras limitaciones escritas en el Código Penal. Es muy difícil entender nada.

Hay gente que recibe de buen grado todas estas manipulaciones y no podrás dialogar con ellos. Nuevamente lo he intentado recientemente y “he flipado”. Uno de estos personajes reproduce el primer punto del “Artículo 1” de la constitución y se queda tan ancho.

España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Con esto pretendía afirmar que el independentismo era golpismo ¿Se imaginan mi cara? ¿Cómo puedes dialogar con alguien que tiene la mente tan pervertida como para ver en este epígrafe una excusa para todas las ilegalidades de este estado decadente?

Si lo leéis libres de dogmas este punto que delimita la filosofía bajo la que debe interpretarse toda la letra de la constitución del 78, sentiréis la misma tristeza que yo.

“Estado social y democrático de Derecho”. Me quiere explicar alguien donde están los principios sociales y democráticos de derecho en la interpretación actual del 155 y, sobre todo, en la impunidad otorgada a los grupos de ultraderecha en Catalunya. Y encima dice que estos son valores superiores de su ordenamiento jurídico: libertad, justicia, igualdad y pluralismo político ¿Entonces que hacen los políticos catalanes en prisión y si juicio? Y, sobre todo, ¿cómo es posible que las justicias internacionales le estén diciendo a la española que apesta en las causas de rebelión contra los políticos catalanes?

Solo me limito a hacer preguntas, pero si estas no tienen una respuesta sin manipulaciones del lenguaje que apoye lo que está ocurriendo en este país, quiere decir que el Gobierno, los fiscales y los jueces, están violando la Constitución desde el artículo 1 de la misma que, por si no lo saben, repito que indica la filosofía bajo la que debe interpretarse todo su articulado posterior. Filosofía que debe cubrir las ambigüedades que puedan existir.

En fin, seguiremos tratando este tema, pero os invito a seguir mi consejo de siempre. Cada letra escrita, cada palabra, cada frase, deben analizarse sin puntos de vista ni prejuicios (ni buenos, ni malos, porque sobre la palabra escrita siempre suponen una perversión). Y, sobre todo, no permitamos ni un minuto más la tergiversación de la legalidad vigente, porque esta supone una violación mucho peor que aquella que se comete con verdadero conocimiento de causa.

Hay que tener en cuenta que el verdadero poder de un sistema legal está en la correcta interpretación y que la desobediencia de esta es solo una potestad de la ciudadanía como protesta por una desincronización entre la ley y una parte de la sociedad más evolucionada. Los jueces y fiscales nunca deberían reinterpretar la ley bajo el prisma propio, dado que eso supone un atentado contra la base del sistema judicial y que es uno de los pilares que a su vez sostienen el estado.

La desobediencia civil de la legalidad vigente nunca va contra el sistema judicial sino que lo hace contra los poderes legislativos y ejecutivos en demanda de una modificación del sistema legal que se adecue a los tiempos y ampare las partes más progresistas de la sociedad, anticipando problemas futuros. Pero cuando se escriben leyes que van contra la evolución de la sociedad, en realidad se está invitando a la desobediencia civil.

No se pide pues, que el sistema judicial modifique la interpretación de la ley, es más, se pide que no se permita la existencia de jueces como los del TSJ, TC y AN, que sí reinterpretan la ley y, encima, lo hacen bajo un prisma totalmente aberrante y desnortado de los que significan la moral y el progreso evolutivo de esta. Por si no hubiese suficiente mierda en este tema, estos fiscales y jueces están violando los principios garantistas que a un sistema legal de un estado democrático se le presuponen.

Por si a algún gobernante guarda en algún rincón de su alma algo de responsabilidad democrática, sería un buen momento para implementar responsabilidades civiles en la justicia y pensar en indemnizar por tan brutales aberraciones de la justicia española. Claro, que esto es difícil cuando este estado de aberración ha partido de una filosofía nacida a finales des años 80 en el seno de lo que hoy es el Partido Popular, pero que ha terminado metastatizando en el PSOE, Ciudadanos, los medios de comunicación, la justicia… Y dicen que ya está empezando a crear tumores en la RAE y hasta en Podemos.

Recuerda, no aceptes las interpretaciones de nadie, ni siquiera las mías. Lee hasta la letra pequeña, pero elimina primero tus prejuicios y atiende a los artículos que te explican la filosofía de aquello que vas a leer. Pero, antes que nada, recuerda que las palabras pueden tener muchos significados, busca aquellos que protejan al que sufre y ten empatía, porque cualquier otra cosa provocara víctimas, aunque no quieras.