lunes, 24 de noviembre de 2008

El último verano veloz y sincero.



Imagen tomada de http://ahaztuak1936-1977.blogspot.com/2007/09/ha-muerto-villalonga-uno-de-los.html



Sobre el mes de Julio dos artículos muy diferentes y que no voy a reproducir. El primero hablaba de las cabezas pensantes del Banco Central Europeo (BCE), en concreto los cinco consejeros de élite, con Jaen-Claude Trichet a la cabeza. Bajo el título “¿Quién teme a la crisis feroz?” también traté de explicar el daño que las políticas del BCE, en aquellos momentos, podían hacer en la economía de la “eurozona”. Me centré en explicar que al no bajar los intereses en aquellos momentos cerraría el flujo de activos a la Europa Mediterránea y más pobre, sin duda con la idea de mantener ese líquido en Francia y Alemania… ¿para qué? Pero al no bajar los intereses se precipitaba la crisis y no se frenaba la inflación que dependía totalmente de los precios del petróleo y la especulación en los mercados de cereales, totalmente ajenos al precio del dinero. Los peores presagios se cumplieron y ahora queda claro que el BCE, con la idea de beneficiar a Francia y Alemania, es uno de los grandes responsables.


En otro ámbito de cosas estuvo el otro artículo que, a la postre, fue mucho más polémico. En “La última frontera”, el artículo “Nudismo o naturismo” sólo tuvo un polemista, pero algunas replicas, en otros medios, generaron un debate no totalmente deseado. En cualquier caso no lo voy a reproducir aquí como tampoco su… “polémica”.


En agosto, con las vacaciones, tan solo un artículo sobre la muerte del sector inmobiliario sacado a colación sobre un evento sobre el tema que recorrió MSN.


En septiembre, antes de acabar el verano, la manipulación de la historia fue uno de los dos artículos del mes y que, por el vigente valor de su temática, reproduciré a continuación.



La historia no debe ser una larga noche sin sol.


La historia es un ente vivo y complicado, más de lo que desearíamos ya que los conceptos políticos que de ella derivan afectan a nuestros días. Eso nos impide renunciar a nuestro pasado, pero, a un tiempo, poder renunciar a él nos ahorraría muchísimos problemas.


El peor de los delitos de la historia es que no existe una sola. Cuando miramos la historia antigua, que nos viene dada por una serie de documentos que tendrían que tomarse como hechos y por una serie de libros que nos la cuentan desde el punto de vista de aquel autor, ya tenemos, según el analista actual, un montón de diferentes interpretaciones. Pero la cosa es peor cuando hablamos de historia reciente, de historia contemporánea, porque tenemos a nuestro alrededor muchas personas que la han vivido y sufrido y cada una lo ha hecho desde un lugar social y geográficamente diferente con lo que su punto de observación da visiones diferentes. Por último, sea historia antigua o moderna, existen gran cantidad de historiadores o pseudohistoriadores que manipulan hechos y cambian la realidad con la desagradable intención de influir en el presente. De hecho, durante el franquismo, bajo los auspicios del propio caudillo, nació un grupo de historiadores que reinventaron el pasado para crear una “historietografía” oficial. Entre los ilustres nombres de este complot para engañarnos en tiempos venideros estaba el que luego fue ministro de cultura democrático con la UCD de Adolfo Suarez, Ricardo De La Cierva. La escuela del señor De La Cierva ha llegado a nuestros días con muchos elementos que tienen acceso a las editoriales, para poder publicar su basura, con una facilidad de pasmo. El ejemplo más claro es el de Pío Moa, un exterrorista del Grapo adoptado por asociaciones fascistas con una imaginación tan calenturienta para reinventar los hechos y reinterpretar lo que no tiene más interpretaciones para hacerlo encajar con la historia de De La Cierva. Hay más, pero por lo general se limitan a ofrecer, una y otra vez, su punto de vista particular, sobre un hecho puntual. En otro ámbito esta César Vidal, que aún no siendo del todo riguroso y barriendo con la misma escoba, tiene bastantes relatos salvables, aunque no sabremos nunca si son de su propia mano o de la de algún negro ya que su nivel de producción escrita choca de lleno con el raudo fluir del tiempo.


En el otro lado también existen historiadores y pseudohistoriadores capaces de manipular la realidad, sin embargo, no es necesario tenerlos en cuenta porque jamás podrán sobrepasar el filtro de las editoriales, de hecho, bastantes problemas tienen ya los que pretenden desenterrar la realidad de entre la basura de tinta arrojada por De La Cierva y su camarilla.


Por lo general, cuando historiadores como Javier Tussell intentaban realizar su trabajo, los historietografistas del franquismo hacían lo posible por desvirtuar cuanto salía de su pluma, todo y que casi siempre estaba tan bien sustentado que los ataques recibidos terminaban por calificarse a sí mismos. Tal vez sea esa la razón de que a la hora de hablar historia contemporánea española terminamos por tener más fe en lo escrito por autores extranjeros que por los autóctonos. Cabe destacar, no obstante, dos nombres: Paul Preston que tuvo acceso a toda la documentación que atesoran los franquistas, aprendiendo del mismísimo Ricardo De La Cierva, y Pierre Vilar, que fue corresponsal de la prensa francesa en nuestro país durante bastantes años.


Sin embargo, lejos de libros y documentos, la historia contemporánea destaca por esos cachitos de vida que nos han contado nuestros padres y abuelos y, también, por lo que nos ha tocado vivir. Qué historia más incontestable puede existir que la nuestra. Por lo vivido, por lo sufrido y por las esperanzas perdidas, nadie nos puede negar el derecho a levantar el dedo acusador contra el General Franco. La democracia aprobó una ley de perdón, pero no de olvido, porque el pueblo que olvida su pasado está sentenciado a repetirlo. Y no queremos más guerras de hermanos contra hermanos donde la frase de Hobbes se convierte en una realidad cotidiana: “El hombre es un lobo para el hombre”. Donde no existen hombres buenos porque todos son cadáveres o supervivientes, pero cuando la guerra acabó…


Franco venció, pero lejos de iniciar un proceso de reconstrucción, España vivió una primera década de terror donde los fusilamientos sumarísimos y los ocultos en una playa o en una cuneta, hicieron desaparecer a miles de inocentes. Franco extendió un genocidio sumarísimo por todo el territorio nacional, donde la iglesia tuvo mucho que ver, que duró hasta varios años después de acabada la guerra. No fue hasta que necesito de la ayuda económica de EE.UU. que el dictador aflojó el pie de la garganta de España. Aún así eso se hizo muy lentamente y tan larga fue su sombra que, para muchos, el terror no acabó hasta aquel 24 de Febrero de 1981 cuando el coronel Tejero depuso sus armas después de asaltar el Parlamento durante el día anterior.


¿Qué nos quiere contar ahora el señor Fraga y algún que otro de su camarilla?


Franco fue vencedor… pero también fue un terrorista y los que le ayudaron también lo fueron, no es de extrañar que un ex-Grapo haya sido tan bien acogido en su seno, por una ley se les perdonó sus delitos, sin embargo luchan contra la memoria nacional… ¿A qué temen?


Hoy tenemos otro grupo terrorista, ETA, que mata de forma tan irracional como todos los terrorismos. Nos dicen que no se ha de negociar, que no se ha de perdonar… ¿Tienen miedo de que recordemos que el terrorismo franquista mató a más españoles?


Ellos fueron perdonados, pero de que les sirve si a su vez no saben perdonar, si a su vez no nos dejan salvar a nuestra patria mediante el recuerdo.


Insisten en que la memoria histórica divide, pero varios pueblos de esta España plurinacional piensan en la independencia porque lo único que los une a España, que es el sufrimiento conjunto bajo el yugo del franquismo, es una materia para el olvido y, encima, no podemos negociar con los locos de hoy. Tal vez no hicimos bien en perdonar a los locos de ayer.


Yo digo que no. La historia no debe ser una larga noche sin sol. Ya va siendo hora de que nos enteremos de quienes somos en realidad, de que aprendamos a perdonar y a ser justos con nosotros mismos, de lo contrario seguiremos ese eterno castigo de un águila que se come las entrañas de nuestro pueblo por toda la eternidad, dando gloria a los villanos y escondiendo a los héroes de cada día, dando de comer a los vagos y robando a los que construyen nuestras vidas.


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