jueves, 23 de marzo de 2017

Un votante del PP

Imagen extraída de las redes sociales. 

El otro día me enzarcé con un votante tradicional del PP que enarbolaba la acostumbrada mentira cavernaria de que Catalunya no quería negociar.
-Muy bien, José María, desde 1978 intentando que los diferentes gobiernos nos escucharan y solo obteníamos la migajas. Las bases para cualquier negociación estaban ahí. Cuando en 2004 un presidente de gobierno pretendió escuchar nuestras más que razonables peticiones, nos salió con la idea de que le presentáramos un nuevo Estatut y que, si los catalanes lo aprobaban, el daría validez a cualquier Estatut presentado por el Parlament catalán y refrendado por su pueblo ¿Recordamos cómo acabó aquello?
-Con un nuevo Estatut constitucional.
-No, con una burla del PSOE y un uso abusivo del poder judicial, por falta de neutralidad del Tribunal Constitucional, que correspondía a la falta de principios del PP, amputando el designio democrático. Para ello el TC no dudó en usar las leyes orgánicas, en lugar de la propia Constitución, como argumento para cercenar un marco legal que debería tener el grado de ampliación de la Carta Magna y sin percatarse, siquiera, del agravio comparativo que se hacía respecto a otros Estatutos autonómicos, en puntos similares.
En aquellos momentos, José María, que es un buen amigo mío, ya estaba pensando que me salía de nueva mi vena radical, pero se equivocaba. El ataque al PP de sus amores (es broma, él aún cree que vota al menos malo) ya es una costumbre cuando nos descuidamos y nuestra conversación deriva por temas políticos, Chema tampoco se queda corto, pero el otro día estaba más comedido que de costumbre.
-Vice, esta conversación ya la hemos tenido muchas veces y ni tú me convences, ni yo a ti.
-Bueno, lo segundo lo entiendo, pero lo primero estoy seguro que solo puede deberse a que no soy lo bastante bueno argumentando, porque el tema se defiende solo.
Al comienzo he dicho que me enzarcé con un votante tradicional del PP, pero como estaréis viendo, José María y yo somos lo bastante amigos como para poder hacer unas risas de esto. Sin embargo, el tema es lo bastante serio para ambos como para no ceder.
-Mira, Vice, lo que es seguro es que el Gobierno ha extendido la mano para dialogar a la Generalitat y Puigdemont no quiere.
-Me temo que quien quiere diálogo no puede decir “te ofrezco diálogo, pero de este tema, que es de tu interés, no hablaremos, sólo de los temas que a mí me importan”.
-¡Hombre!... Rajoy no puede hablar de un Referéndum que no aprueba la Constitución.
-Claro, ni del Referendum, ni de la financiación, ni de las infraestructuras, ni del corredor del Mediterráneo, ni de las transferencias, ni de la Operación Cataluña, ni del bloqueo jurídico, ni del bloqueo financiero, ni del bloqueo sanitario, ni del impago de las asistencias sociales, ni educación, ni cultura, ni de las autopistas… ¿Sigó?
-¿Cuándo ha dicho Rajoy que no se puede hablar de esos temas?
-¿Te recuerdo cómo hemos llegado a la idea de que el Procés es la única salida?
-¿Vas a volver a sacar lo de la Gürtel? –Chema dijo esto con un poquito de sorna.
-No sé. –Dije con algo de irritación-. Es que aún no sé si me vas a salir con Jordi Pujol u hoy toca relacionarme con Paracuellos.
No reproduciré lo que siguió en esta ocasión porque Chema y yo, como ya he dicho, somos amigos, pero seguro que vosotros ya habéis reconocido la trama irracional. Y es que en nuestro país aún hay muchos votantes que, como hemos dicho, votan al PP para evitar que venga algo peor. Nunca reconocerán que los Populares son los herederos de un régimen terrorista como lo fue el de Franco. De hecho es precisamente el hecho de haber estado siempre lamiendo el poder, lo que ha evitado hacer la lógica declaración oficial de anular los procesos franquistas y declarar terrorismo de Estado a esa triste etapa de nuestra reciente historia. Desde fuera de nuestro país extraña que el franquismo no tenga esa catalogación que si tienen en sus países. Y aquí hemos olvidado que, desde la muerte de Adolf Hitler, Franco nunca se atrevió de salir más allá de las fronteras de España.
Lo que sí puedo decir es que en esta ocasión, mi amigo Chema eligió a Jordi Pujol. El tema Paracuellos es para llenarse de razones cuando hablamos de España. Si estamos en España solo son buenos aquellos que murieron en Paracuellos, ni los crímenes de Badajoz, ni los de Málaga, ni los niños de Lleida o los bombardeos de Barcelona. He llegado a oír que el propio Pablo Iglesias había disparado contra varios prisioneros, aunque hubiese nacido 40 años después de la guerra. Ninguno de los miles de muertos asesinatos impulsados por el parsimonioso avance del bando nacional, para asegurarse, como decía Franco, de que se limpiaba la sangre, eran buenas personas. Si Franco los mataba, aunque no estuviese presente, es que eran los asesinos de Paracuellos… incluso antes de Paracuellos.
En fin, esta vez hablábamos de Catalunya y tocaba, según el modus operandi del PP tradicional, decir que todos los soberanistas son Jordi Pujol. Aunque Pujol en 30 años de President no hubiese dado ni una sola concesión al independentismo, hay que encontrar la fórmula de sentirse mejor de los que aún no han mostrado una sola evidencia de corrupción. Aunque es cierto que CiU tiene mucho que contarnos sobre ese tema (igual que el PP o el PSC-PSOE, no alucinemos tampoco), los verdaderos independentistas, desde 2012, que es cuando entraron en el juego, les han obligado a un duro compromiso contra la corrupción. Desgraciadamente, el peso del pasado y una Operación Catalunya destinada a poner una lupa sobre lo que pasa aquí con los sospechosos de independentismo, o susceptibles de tratárseles como tales, y al tiempo suprimir recursos que investiguen la descomunal oleada de casos hispánicos.

Estas son las conversaciones que acostumbramos a tener con los votantes del PP. En el caso de José María lo  que me sorprende mucho es que, en otros temas, hasta parece inteligente. Y no, no es mala persona. De hecho Chemita es uno de esos amigos en los que sabes que puedes confiar porque nunca te va a dar una mala respuesta… salvo en política. Lo quiero mucho, pero me da mucha rabia que tenga amputada una parte tan importante de su ser como para no ser capaz de entender que, a menudo, hay que probar cosas nuevas y aprenderlas a conocer, porque el malo conocido es demasiado malo para dejarnos vivir.

sábado, 18 de febrero de 2017

Populismo

Imagen tomada de http://233grados.lainformacion.com/blog/2014/03/las-portadas-del-11-m-diez-a%C3%B1os-despu%C3%A9s.html Artículo recomendado.

Llevamos muchos años preocupándonos con eso del populismo y usando esa palabra para justificar las decisiones que la gente toma cuando ejerce el voto. Intentamos justificar, con el populismo, la decepción que nos produce la humanidad. Cuanto más grandes son los problemas del Mundo, más tenemos que escuchar la palabra populismo. Sin embargo, no sabemos muy bien qué es el populismo, y ello es debido a que nos aferramos a la definición del diccionario y aceptamos lo que en los medios nos cuentan aquellos que dicen lo que más nos interesa. Y es que hemos comprado todo tipo de populismos y ya no sabemos ver la realidad más allá de estos.
Afortunadamente, hoy he escuchado una nueva definición de populismo que me puede ayudar a diferenciar cuando hay solo una forma pueril de alcanzar el poder, a través del desconcierto y la falta de empatía de la gente, y cuando se está tratando de solucionar los problemas del Mundo, uno a uno.
Esa definición dice que populismo es pretender resolver problemas complejos con soluciones sencillas. Es decir, se pone el foco en una sola cosa y se obvia lo demás.

Visto así, nos damos cuenta que el populismo es la base de la mayor parte de ideologías de extrema derecha como el nazismo y el fascismo. Que nadie pierda de vista como hacia 1990 el embrión del PP empezó a ganar votos afirmando que todos los problemas del país eran por culpa de los vascos y los catalanes; que los vascos eran unos terroristas y los catalanes eran unos insolidarios. De este modo, en solo 6 años, con la connivencia del PSOE, el PP llegó al poder. Desde entonces sus políticas sencillas no han parado de generar problemas complejos, pero siempre tienen en la chistera otra solución sencilla, que no soluciona nada, que lo agrava todo, pero que sigue convenciendo a los tontos de siempre para permitirles mantener sus manos en nuestras carteras.

sábado, 7 de enero de 2017

Trabajo suicida

El presidente de Dentsu, Tadashi Ishii, junto a otros dos altos cargos de la empresa, piden perdón públicamente por el suicido de una de sus trabajadoras por exceso de trabajo. AP   
Imagen y texto de la misma tomados de eldiario.es



Hace unos días The Guardian publicaba una noticia que me hacía pensar:
Uno pensaría, de entrada, que la dimisión de su presidente es lo mínimo que se podía esperar, especialmente si lee el comienzo de la noticia, pero luego, pensando más, uno se hace cruces de cómo se llega, racionalmente hablando, a esa situación. Y, sin embargo, la situación no es tan anodina, ni siquiera fuera del Japón. Precisamente recuerdo el escándalo de los suicidios laborales de Francia, acaecidos poco antes del inicio de esta crisis, que lleva acompañándonos una década ya. En aquella oleada de suicidios, que no fue solo uno, nadie dimitió. Ni siquiera, en apariencia, se tomaron las debidas medidas para cortar la tendencia. Eso sí, hicieron lo posible para que la prensa dejara de hacerse eco de aquellas muertes, aduciendo que las noticias de suicidios animaban a otros suicidas potenciales a seguir el mismo camino. Me pregunto qué entenderían ellos por suicidas potenciales.
A través del escándalo de Francia y recordando a los cientos de otras víctimas que optaron por el suicidio en todo el Mundo, incluido nuestro país; uno se da cuenta de que llegar al suicidio por sobrecarga de trabajo no es tan extraño. En Japón ha dimitido el Presidente de una Gran Compañía, pero en el nuestro jamás ha dimitido nadie por ello. Es más, dudo que, tras un suicidio, se lleve a cabo una investigación laboral que destape los entresijos del avariento sistema laboral establecido por el empresariado español. Es más, dudo que se investiguen correctamente, ni siquiera los accidentes laborales. Al final siempre está el fallo humano, el no recurrir a las medidas de seguridad establecidas, etcétera, pero nadie dirá que el trabajador, agotado mentalmente o extenuado físicamente, olvidó uno de los pasos necesarios para su seguridad. Y, lo que es peor, cuando uno suprime una medida de seguridad más de una vez, sin que suceda nada malo, tiende a saltarse ese paso que implica malgastar un tiempo precioso y no remunerado.
Los sueldos demasiado bajos ya son un fallo de seguridad, pero eso nadie te lo cuenta. Las empresas intentan deshacerse de aquellos empleados que siguen los pasos debidos porque son demasiado caros o tienden a pagar por objetivos en lugar de por horas. Que esto sea admitido es un terrible error, máxime cuando en caso de accidente se libera a la empresa de toda responsabilidad ante el fallo humano. Está claro que anteponer la tarea a su proceso es una decisión empresarial y, por tanto, al reducir lo pagado es la empresa la máxima responsable de los males que de ello se deriven.
Por otro lado, volviendo al tema de los suicidios, no es el exceso de trabajo la única razón laboral de esta lacra mayor de lo que muchos pudieran pensar. Un lenguaje empresarial demasiado eufemístico y plagado de frases “motivadoras”, a menudo encubre un maltrato psicológico a sus empleados, una sobrepresión o un trato desigual, que impulsan situaciones de mobbing, mal clima laboral o competencias nocivas. Y todo ello son razones más que obvias que pueden llevar, en un momento dado, a un trabajador a una situación psicológica de riesgo. Si eso añadimos el actual miedo a perder el puesto de trabajo, estamos sobre un volcán del que estoy seguro que todos conocemos más de una erupción.
Pero tranquilos, señores, que aquí los presidentes de nuestras empresas están totalmente a salvo y nadie los va a obligar a dimitir por unos cuantos trabajadores muertos ni ninguna otra pequeñez de esas.