sábado, 22 de noviembre de 2008

La Guardia Urbana no tiene problemas... de aparcamiento.





















Una de las utilidades de un blog es la de poder mostrar irregularidades, hacer una denuncia de aquellas cosas, que estando mal, no te aceptarían en un juzgado. Denunciar esas cosas buenas que no lo son de verdad.






Los que me habéis seguido en los últimos tiempos pensareis que tengo una fijación con el actual alcalde de Barcelona Sr. Hereu, y nada más lejos de la realidad, lo que sucede es que la ciudad va mucho peor desde que él es alcalde. Claro que el Sr. Hereu tampoco ha resultado ser muy respetuoso con las voluntades de los barceloneses, ni los ha tenido en cuenta en ningún momento a la hora de tomar decisiones, es más, en temas como el del AVE, incluso se ha permitido faltarles al respeto públicamente, pero bueno, todo eso en un juzgado sólo serviría para arrancar una carcajada a las personas que deberían darle curso y, ante las urnas electorales, es otro absurdo porque la ciudad cuenta con un número de votantes irracionalmente fijos al PSC que resulta imposible evitar su reelección.






Con estas premisas, si un insignificante insecto como yo se permite plantarle cara a tan alto personaje (esta sí que es ironía de la buena) sólo puede lograr arrancar alguna que otra burlesca carcajada. De cualquier forma, me planteado convertirme en incordiante mosca culera para quejarme de todas aquellas barbaridades y atropellos que el ilustre ayuntamiento de la ciudad Condal tiene a bien hacer disfrutar a sus ciudadanos y transeúntes.






Empezaremos con las prebendas otorgadas a determinados trabajadores municipales a costa de los pobres ciudadanos.






En la calle Marruecos, entre Bac de Roda y Espronceda, junto al nuevo parque de Pedro IV, existe un edificio de la Guardia Urbana que, aunque no parece muy grande, deben trabajar un centenar de personas ya que se han reservado una treintena de plazas de aparcamiento en ese tramo de calle. Por la mañana, en los días laborables, un número aún mayor de coches de esos empleados saturan esas y otras plazas del entorno, cosa reconocible por los distintivos que ponen tras el cristal delantero o porque los que observamos hemos anotado muchas veces sus matrículas.






La zona del reservado, que como ya dije es de unas treinta plazas, queda casi vacía por las tardes, noches y fines de semana, pero en esos días y horas sigue estando reservada y no dudan, los mismos guardias urbanos que allí trabajan, revisar las acreditaciones de los coches que allí aparcan, haciendo venir a la grúa municipal (rauda y veloz) cuando tal acreditación no se muestra. Sólo existe una excepción a esta norma y son los vehículos de suministros para las propias dependencia municipales (catering, vending, suministros informáticos y de oficina…) que pueden aparcar allí durante la carga y descarga, incluso en las tres plazas específicas para vehículos oficiales.






Si este ventajoso sistema para los empleados municipales estuviese en un barrio sin casi habitantes, donde la industria y el empleo hubiesen sido eliminadas y los nuevos pisos aún no hubiesen sido acabados o ocupados… se podría entender, en cierta manera, esta ventaja para ellos, dado que, en realidad, no perjudican a nadie. Pero resulta que, en los últimos meses se han reactivado varios pequeños talleres en la zona, se han llenado de nuevos habitantes las casas viejas de la zona, se ha abierto una escuela de automoción, un bufete de abogados, un edificio de oficinas y, en el edificio de telefónica que hay justo enfrente de esa sede municipal, se han ubicado tres centros nacionales de servicios de alta tecnología atendidos las 24h y donde han llegado cerca de 300 personas además de la que ya antes había. De estas 300 personas, un elevado porcentaje vive en pueblos fuera de Barcelona, desde Malgrat a Valls deben desplazarse cada día a su puesto de trabajo. Muchos de ellos llegan en tren a la estación del Clot, pero desde esta hasta allí no existe ningún medio de transporte adecuado y deben caminar, llueva, truene, haga frío o calor, durante unos veinte minutos. Puede parecer muy saludable, pero supone un gran hándicap en una ciudad supuestamente bien comunicada, sobre todo cuando ese tiempo perdido, de forma adicional, nadie lo paga al perjudicado. Como es lógico, de esas personas son muchas las que optan por los medios de transporte particulares, sin embargo, gracias al área reservada, es complicado aparcar, incluso en turnos nocturnos.






¿Es justo que en estas condiciones los empleados del señor Hereu mantengan estas prebendas?






La cosa aún es peor si vemos los innumerables anuncios con que el consistorio nos bombardea por la sostenibilidad y el uso de los transportes públicos, cosa que no parece ir con los empleados municipales que a sus merecidas ventajas funcionariales han añadido la de aparcamiento reservado donde otros se tienen que romper los cuernos.

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