viernes, 31 de octubre de 2008

El amanecer de un nuevo año

El amanecer de un nuevo año.

2007 fue un año de trabajo frenético e ilusiones que en algún momento se reflejaron en el blog. Sobre todo cuando hacia el mes de abril nos reunimos once escritores para iniciar el proyecto de un libro: “11”. Pero no vamos a adelantarnos tanto porque el mes de Enero fue uno de los más provechosos en la historia del blog, cuatro relatos breves y un artículo sobre el “mobbing” laboral extraído del Ministerio del Trabajo y Asuntos Sociales.

Como pienso que realmente valen la pena, traspasaré a este blog lo citados relatos.

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El goleador

Mi padre me lo decía siempre. “No confíes en lo que tus dos piernas, por si solas, puedan hacer por ti; asegura tu vida con una buena carrera universitaria”. De hecho, empecé a estudiar ciencias económicas, pero cuando, con diecinueve primaveras, la Unión Deportiva me hizo mi primer contrato profesional, perdí el interés por los estudios. A partir de aquel instante mi carrera futbolística fue a más, con más de veinte goles por temporada.

Hace dos temporadas, me fichó mi actual equipo de primera división. Con mis inmejorables estadísticas y mi notable técnica, parecía que me comería el mundo, pero llevo siete partidos sin marcar y el público me está silbando, piden mi cambio al entrenador.

¡Ostras!... Luismi se ha escapado por la banda y voy a buscar un buen desmarque… ¿Por qué no me pasa ahora?... Otro regate, aprovecharé para hacer la diagonal al revés… ¡No!... me la ha pasado al espacio por mi espalda y se la lleva el defensa…

Ahora el público me grita. No creo que el mister tarde mucho en hacerles caso y me sustituya. Después de esto me dejará en el banquillo toda la temporada. Se acabó mi carrera futbolística.

¡Cielos!... sus centrocampistas andan lentos y le han dejado un balón muy largo a su líbero, voy a ver si llego antes que él… Voy a lograrlo, pero… se tira hacia mí con las dos piernas por delante y no puedo esquivarlo…

--¡Ay!

Me he comido la hierba. Espero que no me haya roto nada. Sólo me falta una lesión ahora.

Ya está Manu, el masajista, conmigo y me anima. No es nada, me dice. Se reanuda el partido conmigo fuera. Me limpian las marcas, que han dejado en mi piel, los tacos del defensa, y pido volver a entrar en el campo.

Faltan quince minutos para acabar el partido, vamos cero a cero y el mister no me ha sustituido, también parece que el público, desde la tarascada anterior, no se ha vuelto a meter conmigo.

Creo que, cuando termine el partido, llamaré a la universidad para volver a matricularme. Siempre se está a tiempo para volver a estudiar, tal vez haya perdido un poco de práctica, pero con buena voluntad…

¡Caramba!... Ramiro ha robado el balón en línea media… a correr… ¿Qué hace?... me lo pasa por en medio de los dos centrales… ¡Allá voy! Noto las botas de ambos defensas sobre mis piernas, pero aguanto el balón porque aún no he entrado en el área. El portero sale y está a punto de echárseme encima. Me ha comido el espacio que necesito para levantarle, el esférico, por encima, así que con el margen menguante que me queda golpeo ligeramente con el exterior del pie. Sobrepaso al portero… da en el poste y… ¡¡¡Gol!!!

Todos me abrazan y el público corea mi nombre. Creo que dejaré lo de llamar a la universidad para otro día.

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La Santa Madre Banca.

19 enero

La santa madre banca

Hoy la banca es la dueña de tu vida... bueno... y de la mía. Hoy la gente ya no se casa, hace hipotecas que son más contundentes. En los juzgados te casabas hasta que el divorcio os separaba, en la iglesia se alargaba hasta la muerte, pero con las hipotecas a 50 y 100 años llegan las uniones por generaciones, es decir que quedáis unidos hasta que tus tataranietos pagan el último plazo de tu “pisito” de 30 metros.

Tu vida, desde que naces, está marcada por el banquero de turno. Hoy las parejas ya no deciden su vida en una consulta de planificación familiar, lo hacen, si tienen alcurnia suficiente, en el despacho del director de su agencia bancaria. Si la alcurnia es menor ya sirve el subdirector y los de clase baja directamente en ventanilla.

Las bodas de hoy no tienen grandes banquetes, pero no están exentas del boato que daba la iglesia.

Señoras y señores.

Nos hemos reunido en mi oficina para unir a esta pareja en una cómoda hipoteca a setecientos años.

Inmaculada García Prieto quieres firmar esta hipoteca junto a tu pareja y sobre la línea de puntos.

Jacinto Ubiña Cantalejo quieres firmar a continuación.

El seguro y las primas también, ¡por favor!

Si alguno de los avalistas aquí presentes tiene algo que objetar, que objete ahora y si no que firme en el recuadro anterior.

Ahora, si las han traído, pueden ponerse, los hipotecarios, las argollas con piedras en el cuello.

...

Por el poder que me confiere la banca española, yo os declaro hipotecario e hipotecaria...

Inmaculada y Jacinto tuvieron suerte y un día les tocó la lotería, pudieron pagar lo que les restaba de hipoteca y el piso fue suyo, pero eran demasiado viejos y debían recluirse en un asilo pues no podían valerse por sí mismos. El banco, pensando sólo en ellos, les hizo una hipoteca inversa con la que pagar la manutención de sus últimos días, mientras el piso pasaba nuevamente a poder de la entidad bancaria.

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¡Pikachu! ¡Te elijo a ti!

Cuando estoy algo agotado del mundo, cuando no puedo más con mi alma, me oculto en ese último reducto espiritual dónde entrar en comunión con mi esencia y la esencia del mundo. Ese lugar es mi gran orgullo: mi biblioteca (el “mi” es más bien el nuestro, pero para el caso ya está bien). Mi biblioteca es el lugar perfecto para dejar que las horas duerman. Allí reposan los libros de mi vida, los cuentos de mi infancia, las novelas que me hicieron soñar y todo un mar de libros técnicos que, en más de una ocasión, me han sacado de un apuro. Tampoco podía ubicarlo en otro lugar, pero, sin duda, aquel era el mejor para instalar mi primer ordenador. Hoy ya son tres en red y conectados por banda ancha a Internet. De cualquier manera, no son ellos la estrella, pues yo sigo disfrutando con el tacto del papel en las yemas de mis dedos.

Es la biblioteca de mi casa su centro neurálgico. Los libros son sus células de vida que reposan, en ocasiones mal apilados, en las estanterías. Miles de papelitos marcan puntos entre las páginas. Son el reducto de consultas antiguas, de buenas ideas que esperan recuperar su camino. Muchas novelas también lucen esas banderolas y es que pocas veces las leo de un tirón. Por lo general, todos los libros se empiezan y se leen poco a poco, en función del humor de su lector. Caótica costumbre que me permite tener empezados más de veinte libros. Este, casi vicio, hace tiempo, me impedía acabar los libros que empezaba, pero hoy los termino a la velocidad en que realmente leo. En noviembre solo acabé un libro, tres en diciembre, pero en semana santa acabé siete. Algunos libros han llevado empezados varios años. Un libro es un proyecto a largo plazo, tanto en la lectura como en la escritura. De esta forma puedes perder detalles en el pasado, pero la combinación con otros textos, otras lecturas, pueden enriquecer los matices en el futuro. La anarquía también exige su tributo y, en ocasiones, me veo obligado a abandonar algunas lecturas, como algunos escritos, que no pueden superar el listón de lo esperado… ¿tiempo perdido?... más tiempo hubiera podido perder de proseguir con aquello que no me satisface y nada me aporta.

Mi biblioteca es un lugar de culto. En ella pasamos las horas toda la familia. En el suelo viven desparramados los juguetes de mi hijo. En las mesas, el sobremesa antiguo se debate entre las manos de mi esposa y en el nuevo, la imagen de una red privada me entrega un extraño cursillo. Y entre tanto, los libros entran y salen de las estanterías acompañados de nuestras manos, pero con una vida propia.

Sólo encuentro a faltar, una luz tenue y un sillón de orejas donde reposar, con un tomo entre mis manos. Pero no hay sitio para tanto y el funcional fluorescente del techo cumple a la perfección con la tarea encomendada.

--Papá, ¿si hubiera otro big-bang desaparecería el Universo?

--El big-bang fue el origen…

--¡Papá!… no te he preguntado eso.

--¿Dónde se supone que sería ese otro big-bang?

--En el Universo.

--¿No crees que si el big-bang ya fue el origen del Universo no podía existir este antes?

--Pero pudo existir otro y comérselo el big-bang.

--No tenemos constancia… residuos… de ese otro Universo.

--¿Tú no me hablas siempre del Universo muelle?

--Sí, pero ese Universo no es eliminado por el big-bang, sino por el big-crash. El colapso de un Universo previo en un súper-agujero negro que es, a su vez, el origen del huevo cósmico.

--Y eso cómo lo demuestras.

--De momento no se puede. Hoy por hoy sólo conocemos la historia del Universo desde una millonésima de segundo después de la gran explosión. Lo que existía antes, el balón, la pelota, el huevo cósmico, es una teoría sin evidencias suficientes y, por tanto, todo lo que se imagine antes es posible mientras encaje con el después.

--Así, si hubiera otro big-bang… ¿destruiría el Universo?

Afortunadamente, esta no es una conversación habitual. Mi hijo prefiere monologar y su tema favorito que es Super Mario. Por suerte, en estos momentos, está leyendo la enciclopedia de los Pokemon, me veo venir una andanada de preguntas, menos mal que este tema si lo domino…

--¡Pikachu! ¡Te elijo a ti!

Y es que en mi biblioteca… en nuestra biblioteca, caben todos los Universos, los reales y los de fantasía. Es el lugar de nuestra casa dónde mora nuestro espíritu y nuestra alegría.

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ZOOFILIA EN TRES TIEMPOS.

Zoofilia en el ascensor

Entras en el vestíbulo de la escalera y el vecino del cuarto, junto a su perro, te espera con la puerta del ascensor abierta.
¿Será cosa de amabilidad?
--¿Sube?
--¡No gracias! En la actualidad no practico la zoofilia.
Y es que todos los perros hacen lo mismo. Nada más verse en el pequeño habitáculo de la cabina a meter su hocico húmedo en la entrepierna del extraño..
Nunca sabes si quiere arrancarte de un bocado tus partes nobles o hacerte una mamada. En cualquier caso no me apetece y tampoco siento deseos de que me toquetee ahí con su hocico.
Cuanto nos quejaríamos de una acción así realizada por otro humano. Lo consideraríamos una agresión sexual, pero nadie denuncia al perro, ni al dueño por esa humillación, ni tan siquiera cuando le vemos sonreír solapadamente (al dueño, no al perro, aunque a veces cueste diferenciarlos). No serán verdaderos pervertidos esos vecinos que te invitan a compartir esos instantes de intimidad en el ascensor con su can.
En cualquier caso digo: ¡NO!. No practicaré la zoofilia en un ascensor ni dejaré que su perro viole mis zonas íntimas.

Respuesta de su vecino del cuarto

¡Hola!
Soy su vecino del cuarto y, antes de que diga nada, sepa que mi perro tiene todas las vacunas. Incluso está vacunado contra la gripe aviar. Y, sinceramente, yo soy el primero que no quiere que mi Chuchy vaya chupando cosas extrañas por ahí.
Sepan todos que mi perro está entrenado para vivir con humanos verdaderamente humanos como lo somos sus dueños y que si reacciona así en el ascensor es, o bien porque usted no se cambia de ropa interior ni los domingos o porque habrá estado haciendo cochinadas por ahí.
Ya va siendo hora de que pongamos un poco de limite a esos que llamamos humanos y luego tienen más parecido con los padres de los jamones.
Y ojito con criticar los excrementos de mi perro, que después de todo, con los impuestos que llegamos a pagar, ya va siendo hora de que los pipicanes estén limpios.
Atentamente el dueño del guapísimo y reguapísimo Chuchy y también vecino del cuarto.

El retorno del vecino del cuarto

Ayer entré en mi escalera y me encontré a mi vecino del cuarto dialogando con su Chuchy. El dueño le hablaba de política ficción (todo es ficción lo que dice ese hombre) y el perrazo sentado, meneaba la cola y sacaba la lengua.
Cuando pase junto ellos el perro ladró y el dueño gruñó… o tal vez fuera al revés. No lo sé y tampoco me paré para averiguarlo, tiré escaleras arriba no fuera que me acompañarán en el ascensor. Yo llegaba cansado del trabajo y no tenía ganas de relaciones sexuales.
Al llegar a casa, y pretender hacerme la cena, descubrí varios bistecs apestando mi nevera, los tiré a la basura, pero enseguida me di cuenta de que eso apestaría toda la casa, así que vacié todas las papeleras de la casa en el cubo principal, cerré la bolsa de basura y bajé a tirarla.
Al salir por el vestíbulo, el Chuchy estaba de pie hablando de la Pantoja y el dueño sentado, moviendo la cola y sacando la lengua. De nuevo el perro gruñó o ladró o… bueno oí un gruñido y un ladrido y los dos movieron la boca.
Cuando volví ya estaban en los preliminares. Subí corriendo las escaleras, no estaba para tríos. Entré en casa y atranqué la puerta.
Y ahora no me atrevo a salir de casa.

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Bueno espero que sea de vuestro agrado y que tengáis bastante para todo el fin de semana.

Un abrazo de… Teletubbi…

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