sábado, 11 de abril de 2009

Ser hijo del mar.





Puedes pintar de azul

las olas rojas,

pero no sirve de nada

porque las olas no mienten

y terminan por arrojar

los abombados cadáveres

sobre las arenas de las playas.



No saben de diplomacia,

no saben de política,

no saben de palabras

y no mienten.

Las olas son olas

en el mar siempre.

No les puedes porfiar

negociar por tu vida.



El mar elige sus propios candidatos

para acompañarle para siempre.

Hombres con hambre

de agua y aventura.



El que con el mar se casa

lo hace hasta la muerte,

que marinos son maridos

de la espuma y el salitre

y los barcos que las agua surcan

sus anillos y grilletes.



--Hijo, con el mar no te cases

si amas el trigo

que las aguas saladas

envenenan los panes

y se llevan a tus hijos.



Y el marino que se enfada

y le contesta a su madre:



--No me hables mal del mar

que no sabes cómo sabe,

las olas son de nata

y sus senos dulces carnes.

Que el mar nos da la vida

aunque se cobre en lo que vale.

No me hables mal del mar

que el hacerlo es de cobardes.



--Vete al mar si quieres, hijo

que la sal está en tus venas,

pero dile a esa doncella

que me devuelva mi parte.

No queremos más olvido

sino un cuerpo al que llorarle.

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