sábado, 25 de abril de 2009

TRES TIPOS CON CLASE (VI)

 Imagen tomada de www.reyesmagos.com

Capítulo 6.

 

Papá Noel era insaciable a la hora de llenar su estómago, sin embargo, dado que no se encontraba en su ambiente, se moderó un poquito y tardó más de tres horas en acabar con las existencias de comida de aquel local.

La espera fue larga y la última media hora, sin posibilidad de ejercitar sus mandíbulas, aún lo fue más. Finalmente volvió Gaspar acompañado del enorme nubio que tenía por compañero. Afortunadamente no había ira en sus ojos, tampoco arrepentimiento. Lo cierto es que Baltasar debía estar todavía bajo los efectos de la fuerte medicación que le habían dado, porque tampoco se reflejaba la pena que había llevado a su anterior brote de ira.

Antes de sentarse, Gaspar miró en derredor, comprendiendo por los muchos signos indicativos tanto como por la expresión del camarero, que no quedaba ni una miga de pan para comer.

--¡Cielos, Santa! Con lo orondo que estás, pagar la tela de terciopelo para hacerte un nuevo traje resulta francamente caro, pero es una minucia frente al precio a pagar por mitigar tu gula.

--Gasto mucha energía.

Gaspar, casi entre carcajadas miro a su barriga y dijo:

--Ya se nota, ya.

Mientras daba como pago un fajo de billetes al camarero, se dirigió a sus dos acompañantes:

--Creo que tendremos que ir a cenar a otro lugar.

Baltasar levantó la mirada y hablo casi en tono de súplica:

--¿Y Melchor?

Santa cogió con delicadeza su mano derecha y Gaspar le abrazó, pero la mirada del nubio se perdía en un inexistente horizonte.

Cuando el momento de tensión paso, ya de camino a otro lugar donde tomar algo, Gaspar hizo una apreciación a Papá Noel:

--¿Cómo puedes ser santo y a un tiempo ser un ejemplo tan notorio de ese pecado capital que es la gula?

--Creo que cada uno de nosotros representa uno de esos pecados –contestó Santa como si hiciera una aportación científica--.

--¿Sí? –Dudó Gaspar--.

--Tú representas la lujuria. Es reconocido tu ir y venir por ciertos barrios de ciertas ciudades a lo largo de la historia. Cuando me contabas la historia has obviado a Davina y Drunila. Las supuestas criadas que, mientras tus tres compañeros pasaban la noche en vela buscando en los cielos, tú te las beneficiabas.

--¿Cómo…?

--Y Baltasar la ira –corto raudo Santa antes de que Gaspar preguntara nada inquietante--. Hasta su llanto resulta una amenaza si no se le infla de valium.

--¿Y Melchor? –Preguntó Gaspar con un cierto deje de molestia en la voz--.

--La pereza, aunque yo le hubiera llamado, más bien, la indolencia. Si mucho no me equivoco, su actual situación se debe a la dejadez total que se ha autoinfligido ante la situación. Se ha negado a luchar por lo que creía suyo y se ha ido anulando poco a poco hasta quedarse en nada.

--¡Qué bien! – Habló Baltasar aún aturdido por los fármacos—Quienes tienen que ser un valor para los niños resulta que no son más que el paradigma de los peores vicios y pecados de la humanidad.

--“Son” no, “somos”, Baltasar, “somos” – puntualizó Papá Noel--.

 

 

 

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