Puedes pintar de azul
las olas rojas,
pero no sirve de nada
porque las olas no mienten
y terminan por arrojar
los abombados cadáveres
sobre las arenas de las playas.
No saben de diplomacia,
no saben de política,
no saben de palabras
y no mienten.
Las olas son olas
en el mar siempre.
No les puedes porfiar
negociar por tu vida.
El mar elige sus propios candidatos
para acompañarle para siempre.
Hombres con hambre
de agua y aventura.
El que con el mar se casa
lo hace hasta la muerte,
que marinos son maridos
de la espuma y el salitre
y los barcos que las agua surcan
sus anillos y grilletes.
--Hijo, con el mar no te cases
si amas el trigo
que las aguas saladas
envenenan los panes
y se llevan a tus hijos.
Y el marino que se enfada
y le contesta a su madre:
--No me hables mal del mar
que no sabes cómo sabe,
las olas son de nata
y sus senos dulces carnes.
Que el mar nos da la vida
aunque se cobre en lo que vale.
No me hables mal del mar
que el hacerlo es de cobardes.
--Vete al mar si quieres, hijo
que la sal está en tus venas,
pero dile a esa doncella
que me devuelva mi parte.
No queremos más olvido
sino un cuerpo al que llorarle.