martes, 26 de octubre de 2010

Introducción al estudio de las corrientes marinas y su influencia en el voto de Catalunya


Saber quién es quién en la política de este país es más difícil de lo que parece. Porque no sólo no es algo totalmente absoluto e inamovible, sino que además de una zona a otra del Estado es diferente. Así pues dejaremos esa tarea imposible a los analistas políticos. Yo por mi parte voy a hablar de lo que conozco mejor. Aunque tampoco eso es absoluto, sino tan relativo y voluble como es la opinión pública. En este caso la opinión pública de Catalunya en los temas políticos.

De unos años a esta parte, el Partido Popular ha intentado captar votos a nivel nacional, haciéndose pasar por la única barrera existente contra el separatismo de vascos y catalanes. Pero mientras hacía esto incitaba a las masas contra esos dos pueblos, inventándose unas realidades inexistentes y promoviendo medidas como el boicot a los productos catalanes o la identificación de todos los vascos con el terrorismo, que como inmediata consecuencia separaba a esos dos pueblos del resto de España. Vamos, ejercía algo parecido a lo que llamamos como mobbing en el terreno laboral o maltrato psicológico en el ámbito de la violencia de género. Puede que alguno considere estas comparaciones como algo exagerado, pero las marcas dejadas en Catalunya dicen exactamente que no sólo no es una exageración sino que además puede resultar que ambas figuras se queden cortas. Sin ir más lejos, en el ámbito económico, las empresas catalanas, que antes vendían la mitad de sus productos al resto de España, en estos momentos ha dirigido sus esfuerzos fuera del Estado. Sin embargo, como Catalunya sigue dedicando el mismo esfuerzo (o más) solidario, ya hay voces, que desde la burguesía demandan la reducción o eliminación de esas cuotas. Después de todo ahora le tocaría substituir a Catalunya las demás regiones, y en especial Madrid que nunca ha arrimado el hombro (a pesar de que todas las empresas nacionales pagan allí sus impuestos aunque usan los recursos del resto del país).

Hasta hace unos años la mayoría de catalanes daban por bien empleadas las ayudas solidarias, pensando que se invertirían en la creación de infraestructuras por todo el Estado. Sin embargo, cuando este dinero se utilizaba para dar unas mejoras sociales a los individuos de las otras regiones y que el presupuesto catalán no se podía permitir en su territorio, se hacía patente un agravio comparativo, porque quería decir que habíamos pasado de ser solidarios a ser los que financiábamos el bienestar ajeno a costa del propio. Hay ejemplos y cifras inapelables en este punto. Pero si aclaramos que eso se hizo más evidente a partir del año 2000 y eso hizo que en determinadas regiones la gran mayoría de individuos no dudaría en votar al PP antes que cualquier otra opción, ya tienen todas las piezas del puzle.

Estas son las principales razones para que en Catalunya miren con mala cara a quien afirme votar al PP. Hay más, pero estas las que se llevan ahora. Bueno, si alguien necesita más para cabrearse es que debe ser más paciente que el santo Job.

Así pues, con estas premisas, en Catalunya hay tres grupos de votantes para el PP: los que no se han integrado y creen seguir siendo habitantes de aquellos otros lugares de España donde el PP ha vendido tan bien su odio contra los catalanes, los vividores que esperan sacar algo de su afinidad con este partido (muchos más de los que la gente se cree) y los franquistas que ven en este partido de “izquierdas” la posibilidad del voto útil.

Los no integrados en Catalunya, en ocasiones, si han captado algo de la conciencia social que repele a los valores de los populares, y según sea su grado de conciencia, sus votos irán a Ciutadans (C’s), PSC-PSOE o, en casos ya de extrema concienciación, a “Iniciativa per Catalunya els Verds” (ICV).

En Catalunya, la gran masa está formada por los llamados catalanistas que, a su vez se dividen en tres grupos (según la opinión del individuo sobre sí mismo): no nacionalistas, nacionalistas e independentistas. Los primeros votan mayoritariamente a PSC-PSOE con contadas excepciones que derivan a ICV o a CiU (según se consideren más a la izquierda o más a la derecha). Los nacionalistas son mayoritariamente de CiU, aunque también pueden oscilar hacia PSC-PSOE, ERC o incluso, ocasionalmente a ICV. Finalmente los independentistas, hasta ahora, han sido el grueso de votantes de ERC, pero con la salida de Carretero (más exaltado) y la llegada de Laporta (más a la derecha), se puede ver recortada esta fuente de votos, lo que obligará a ERC a convertirse más en un partido de izquierdas catalanas que en independentista. De este modo Carretero robará votos exclusivamente a ERC, pero Laporta le quitará más a CiU y, aunque sorprenda, C’s, por lo menos en el caso de aquellos votantes que buscan un partido que se oponga a los demás. Sobre todo pensando en el nombre que tiene Laporta y lo decepcionante que ha resultado ser finalmente C’s. Por su parte, la nueva imagen que se verá obligada a tener ERC, terminará por cobrarle votos a CiU, PSC-PSOE y, sobre todo, a ICV.

Pero Catalunya, como la mayoría de lugares, está formada por una gran masa de indecisos que, en general, se pueden decantar por casi cualquier partido. Ciudadanos que no se consideran ni nacionalistas, ni no nacionalistas, ni de derechas, ni de izquierdas… Para estos votantes la irrupción de nuevos partidos siempre es una oportunidad para saltarse la abstención, porque, estos votantes potenciales, dado el alto nivel de desafección por la política y sus profesionales, siempre tienden al abstencionismo. Lograr que estos individuos voten por una tendencia u otra depende de los incentivos, por lo que es más fácil hacerlos votar contra algo que a favor de nada. De hecho, muchos de ellos hoy votarían a favor de la independencia porque son conscientes de que no es posible, pero que en el momento en que esta sea posible su inercia les podría llevar hacia el voto negativo.

Hace muchos años que un conocido político dijo que en este país la gente no vota a nadie sino contra alguien, y puedo afirmar que Catalunya no es una excepción. Tal vez esa es la razón de que en España existan tantos votantes para un partido que aún mantiene tantas reminiscencias del franquismo y, en cambio, en Catalunya sólo haga el ridículo. Bueno… esa razón y otras muchas que ya contaremos, porque ese no era el tema de hoy.

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