sábado, 22 de mayo de 2010

Hoy enterramos a Pío Moa.


Como sucede con Albert Boadella, Moa también fue un importante activista contra el franquismo. Mientras el primero encontró su camino en los escenarios, el segundo, menos preparado para la cultura, no dudó en empuñar las armas en el grupo terrorista GRAPO. Y ambos, sin lugar a dudas, quedaron totalmente vacios cuando llegó la democracia. Pasaron de una relevancia mesiánica a individuos de a pie y con recuerdos ahora inocuos. Vendría a ser algo parecido a ese síndrome del nido vacío que sufren algunas madres cuando el último de sus vástagos sale de casa para enfrentarse a la vida. Boadella y Moa podían esperar homenajes por su lucha, pero eran tantos los que se habían opuesto al régimen, y algunos lo habían hecho tan bien a ojos de la multitud, que ellos ya no podían esperar su turno. Tal vez pensaron que “contra Franco se vivía mejor” y dieron la vuelta a sus ideales para seguir siendo el centro de atención.

De Boadella ya hemos hablado demasiadas veces y no vale la pena seguir. Además tiene un estatus cultural que no comparte con quien ahora tratamos.

Pio Moa escribe libros y artículos de “historia” sobre la Segunda República, la Guerra Civil y el Franquismo… y esto es lo sorprendente porque muchos ya sabemos lo difícil que es publicar un libro en nuestro país y a él se le abrieron las puertas de golpe cuando adquirió su faceta revisionista. Moa no es historiador ni especialista en documentos. Algunas biografías dicen que es periodista, sin embargo no constan sus estudios por ninguna parte, de todas formas eso da igual porque periodistas, como quien dice, das una patada en el suelo y salen diez mil, así que eso no justifica su facilidad para publicar. Tampoco se puede explicar mediante un verbo fácil o haber vivido la época citada desde un punto de vista lo bastante genérico, porque como ya vimos estuvo relacionado con corpúsculos comunistas tan cerrados que llegó a formar parte de un grupo terrorista. Sin embargo pudo acercarse a fuentes documentales tan selectas como la de la Fundación Francisco Franco, cerrada para eminentes historiadores como el mismísimo Javier Tuset. De hecho, ese fondo documental, sólo ha sido consultado por un historiador de renombre que no se halla bajo sospecha: Paul Preston.

Moa se permite escribir y publicar con ayuda de una figura en el campo de la historia que creció dentro del franquismo y trabajó, toda su vida, para engrandecer y justificar sus mitos: Ricardo de La Cierva. Ministro de Cultura con la UCD, nunca dejó de controlar ese mundo y le permitió abrir las puertas de las editoriales a todos cuantos fraternizaban con sus ideales. El mito de la España milenaria y el revisionismo histórico eran sus grandes pasiones, así que un converso de la extrema izquierda a la extrema derecha (los extremos se tocan) significaba un magnífico señuelo.

¿Qué Moa no tenía demasiados conocimientos históricos? Siempre se puede suplir con documentación. ¿Qué no tiene ni idea de cómo se trata la información documental?... “Pa eso estoy yo”. Por eso se dice que Pio Moa extrajo lo mejor de su obra de un recibo de la tintorería.

Aunque he leído muchos sobre historia no me puedo considerar precisamente un erudito, pero, aún así, tengo anécdotas a manta sobre el tema. Recuerdo que en los inicios sobre los foros de Internet (si habrá llovido) entré en uno en que se debatía sobre la revolución de Asturias (uno de los temas favoritos de don Pío). Un pobre chaval de aquella tierra intentaba explicar los hechos mediante las memorias de su abuelo (es la forma de historia más exacta por mucho que algunos pretendan lo contrario) y un grupo de fachas le imprecaban sin ton ni son. Pero como sus argumentos podían sostenerse, poco a poco, se fueron perdiendo y empezaron a preguntarle personas verdaderamente interesadas que permitían obviar a los moscones. Entonces apareció alguien armado con la bibliografía de este revisionista del que hoy hablamos. Desquiciantes alucinaciones apoyadas en fondos documentales difícilmente comprobables mancillaron nuevamente el relato de aquel joven. A diferencia de los imprecadores pululantes, aquel Nick documentaba, pero tenía unos pequeños errores temporales de los que decidí tirar como si fueran hilillos sueltos. Pronto me vi con dos PC’s, uno en el foro y otro buscando documentación en la red. También tenía varios libros abiertos por el suelo para localizar datos que me permitieran rebatir a aquel individuo.

Nunca estaré seguro de si, como me dijeron después, me había enfrentado a Pío Moa, lo que sí puedo afirmar es que aquel individuo sacó párrafos enteros de los libros de este y puedo aseverar que la información que aportan es bastante errónea y, en ocasiones tiene poca coherencia cronológica, pero no es visible si no se compara con otros sucesos del momento. Son pequeños detalles que, tal vez, estén apoyados en algún documento menor, pero hay que recordar que en la etapa de Generalísimo se manipularon y falsificaron muchísimos documentos, así que basarse en algunos de ellos puede ser un error fatal. La memoria de nuestros padres y abuelos, contrastada con la de los padres y abuelos de otros, suele ser una mejor fuente que la documental no contrastada… pero algunos no lo quieren entender porque para ellos contrastar es obviar (o incluso eliminar) aquellos documentos que no sustentan sus tesis.

De todas formas, al final, va a dar igual. Gracias a demasiados libros revisionistas ya no podemos fiarnos de la historia, pero siempre nos quedarán los sentimientos. Y si alguien se inventa un mundo nuevo deberá contar con los demás. Si Franco fue un santo, pero yo lo siento como un demonio, no tengo porqué comulgar en su iglesia y nadie tiene porqué obligarme a ello.

Que tengan cuidado los que fomentan Moas, Vidales y Losantos, que son ellos los que están exacerbando la llama del independentismo. Los “españauna” se van a quedar más solos que la ídem.

Dicho todo esto, podemos concluir que Pío Moa no hace revisionismo histórico real. Hace sólo revisionismo polémico, no muy diferente del que vemos en programas televisivos como “Sálvame” , “La Noria” y similares, sólo que usa para ello temas históricos que no le van a denunciar por ensuciar su honra. Eso no quiere decir que no trabaje para escribir todo lo que escribe, bien sé lo que cuesta hacerlo (a César Vidal no parece costarle tanto), pero dar el valor que se da a su obra en algunos medios es una falsedad intencionada. Por tanto, sólo si nos gustan las polémicas estériles debemos hacer caso de la obra de este autor. Si lo que queremos es acercarnos a la historia sin tapujos o a la cultura en general, debemos dejar a Pio Moa enterrado en la “I” de intrascendente.

“Polvo al polvo, tierra a la tierra y los libros de Pío Moa a la pasta para hacer papel reciclado”. Descanse en paz.

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