lunes, 10 de mayo de 2010

Bote... bote... BVOTE... Diagonal el que no vote.


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¡Ya he votado!
Si es usted residente y censado en la ciudad Condal y además es mayor de 16 años, también puede votar cómo quiere que sea la futura avenida Diagonal. Para los que los que hace mucho que no pisan por la más cosmopolita de las ciudades del Mediterráneo, es la calle más grande de la ciudad y que por eso el dictador Franco le hizo poner su nombre, pero, para su frustración, ninguno de los autóctonos llegó a denominarla así, hasta el punto de que en Correos aceptaban la denominación popular de “Diagonal”.
El alcalde Hereu, en su afán por hacer ver que ha realizado algo por la ciudadanía antes de acabar su mandato, quiere renovar a tan emblemática calle. Él propone dos opciones a elegir (como los bolis BIC): bulevar y rambla. En sus dos opciones se encastra el tranvía y se embuten carriles bici, reduciendo y complicando el uso para el tráfico de cuatro ruedas. Claro, que también existe otra opción que, si las anteriores son denominadas “A” y “B”, tendría que denominarse “C”. Pues “NO”, a esta opción, que no es del gusto del alcalde, es denominada “ninguna de las otras”, porque, según te explican, consiste en no hacer nada… “con lo mucho que lo necesita esta avenida”. Resulta que esta opción “C” omitida es la opción a la que les ha obligado la oposición. Así que cuando alguien del ayuntamiento sale a hablarnos de este referéndum, no duda en decir que lo de no hacer nada (opción “ninguna de las otras”) es comulgar con las tesis de CiU.
Como todo esto me huele a manipulación, y a mí no me manipula ni Dios, he votado “C”, es decir, “ninguna de las anteriores”.
Ahora se pensaran que he votado lo que he votado por simple rebeldía, pero, aunque razones para rebelarme no me faltan, mi razón ha sido más meditada.
Cuando Idelfonso Cerdà ideó el Eixample, su mente estaba pensando totalmente en el futuro. El hablaba de fórmulas para gestionar el tráfico mientras sus detractores insistían en que sólo había cuatro carros, pero él insistía en que el futuro crearía embotellamientos de vehículos. Pensando en ese futuro, las calles de Barcelona tienen una excepcional forma para distribuir ese tráfico, y, aún así existen atascos, aunque menos que en otras ciudades de igual tamaño y volumen circulatorio. Cerdà, en su afán por pensar las mejores escapatorias para la circulación ideó dos grandes avenidas perpendiculares al mar (a las que se les hizo perder efectividad con incordiantes rotondas), una larguísima avenida central paralela a la línea de mar y dos en diagonal, una larga, la que nos ocupa, y una corta, la Meridiana. Estas diagonales eran básicas en la idea de Cerdà porque permitían descongestionar el tráfico de las áreas más sensibles, permitiendo una conexión ultrarrápida de un lado al otro de la ciudad. En fin, que la Diagonal es un eje esencial para el tráfico rodado y su oclusión, tal y como pretenden los proyectos del alcalde, sería un desastre para toda la urbe.
Si la lógica no es suficiente, si tampoco lo es el espíritu manipulador del referéndum, también cuento con mi rebeldía… ¿Por qué iba a apoyar el proyecto de alguien que ha ignorado a la ciudadanía en la introducción del AVE por el centro de la ciudad? Tampoco estuvieron bien algunas de las acciones llevadas a cabo con el proyecto de la línea 9. Pero lo peor de todo ha sido que cada vez que ha contado con oposición popular, el señor Hereu ha cargado sin compasión contra “sus ciudadanos”, faltándoles al respeto y llamándoles insolidarios sin siquiera escucharlos. Con políticos de esta calaña uno siempre duda de quién está al servicio de quién, si el alcalde al servicio de los ciudadanos o estos al del primero.
Vayan a votar y voten “C”… y después me lo cuentan.

Busque usted mismo la Diagonal con el Maps de Google.
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