domingo, 2 de mayo de 2010

El Tribunal Constitucional contra la modernidad de España.


Catalunya está a punto de ser eviccionada, del previamente castrado Estatut d’Autonomía, por el Tribunal Constitucional, en base a unos derechos de pernada franquistas, no escritos en la Constitución, pero que parecen seguir formando parte de su espíritu creado a imagen y semejanza del Movimiento.

En España los demócratas no mueven un dedo, todo y que la recusación nació de las entrañas más franquistas y antidemocráticas del Partido Popular, y de un “Defensor del Pueblo” (las comillas son de ironía, para que no se le pase a los menos avispados) que ya nos ha avergonzado en demasiadas ocasiones con su ignominiosa personalidad (además de ser otro de esos superlativos seres que no deja su cargo nunca). Creo que los catalanes, que mucho hablan ahora, tampoco lo harán. No porque sea un pueblo desprendido, que a pesar de su mala fama constituyen la teta que ha alimentado a este país durante décadas mientras otras regiones crecían a su sombra sin responsabilizarse de la solidaridad nacional, sino porque no les quedan fuerzas. Sus políticos han malgastado sus mejores frases en guerras fratricidas y la España Cañí (formada por el lado oscuro del PSOE, el PP –que últimamente sólo posee lados negros y grises-, Ciutadans, Falange Española, la Conferencia Episcopal, el partido de Rosa Díez -que nadie sabe cómo se llama- y algún que otro “despistao” que pasaba por allí), que lo sabe, va a aprovechar la circunstancia para desposeer a Catalunya de todos sus derechos (los de antes y los de ahora). Curioso y casual que mientras al Estatut se le amputan todos los miembros, otros estatutos (regionales ellos) con menos necesidades, han copiado los reglones torcidos de este y nadie ha amenazado con borrárselos. Tampoco los catalanes, esta vez, harán de chivatos de la clase, todo y que los mismos que se aprovechan han formado parte del complot contra ellos.

Y una vez Catalunya sea despojada de sus libertades, al antojo de unos miserables con inmerecida y caducada toga, ¿qué será lo siguiente?

Hace unos pocos años, en plena euforia del aznarismo más retrogrado, un importante militar en la reserva se atrevió a citar una frase del tullido mental general Astrain: “A los catalanes hay que bombardearlos cada 50 años”; y a lo que él añadió: “…y ya se van cumpliendo”. Dado el momento de euforia anticatalanista que se vivía, más allá de la repudia, en un rinconcito de las páginas centrales, de la prensa menos… “franquista”, no pasó nada. De lo del bombardeo, con la que está cayendo, no estoy tan seguro. Tal vez sean bombas que no matan de inmediato, pero que te desangran y llenan de bilis hasta la asfixia. Menos mal que el circo del Barça se ha inventado un fútbol capaz de sacarnos, 180 minutos por semana, de estos oscuros pensamientos.

Alguno pensará en la falta de seriedad que puede suponer mezclar el fútbol con la política, y tendrá razón. Pero pan y circo es lo único que el pueblo pide. Después hay una categoría de personas que piensan y también piden trabajo y educación… y por fin, cuando el hombre madura, pide poder de decisión. Pero la España castellana ha dejado que unas fuerzas invisibles se erijan en nuestros tutores y en Catalunya no queremos. Aquí queremos tener capacidad para que nuestra opinión se sienta, nuestra lengua se hable (el catalán) y, sobre todo, que nuestros salarios alcancen a final de mes con un techo sobre nuestras cabezas.

¿De verdad pedimos tanto?

Entonces a qué viene ese afán por robarnos ese poco de aire llamado Estatut. ¿Tanto duele que llamemos “Nació” a Catalunya y Estado a España? ¿Alguien cree que por amputar unas letras de un papel va a cambiar ese sentimiento?

Si de verdad se lo cree es que es tonto o escucha a Jiménez Losantos, es decir, es muy tonto. Que el problema de ese señor no es lo que dice, que a veces lo ata muy bien, sino lo que calla, y para eso, sus seguidores, no tienen oídos suficientes. Y si no, que explique que hacía él realmente en el PSUC, pero la verdad, no lo que larga siempre. Y que les cuente quién era para él Rodolfo Martín Villa.

Pueden ver que en España, por vergonzoso que parezca, vale más la palabra de individuos como este, que toda una nación. Vale más la toga heredada del franquismo, que los votos en las urnas. Y vale más la palabra de un político corrupto que cien años de solidaridad a cuestas.

En los próximos días, el TC va a despojar a la nación de Catalunya de algo que se ha ganado por derecho… ¿Y tú que harás?

La imagen está sacada de Flickr, pero la he dejado que no la reconoce ni la madre que la parió.

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