lunes, 8 de octubre de 2007

Los últimos días de los maquis



“Marchaos. No os queremos mal, pero no podemos daros cobijo. El pueblo aún llora a veinte buenos hombres.”
“Se los llevaron temprano, recién levantados, dispuestos para trabajar la tierra. Hombres armados y guardias civiles llegaron diciendo que sabían que os habíamos dado asilo. Pusieron patas arriba las treinta casas y otros edificios, solo la iglesia respetaron, de donde no asomó el párroco, Don Camilo, ni por un instante”.
“Se los llevaron temprano y el naciente sol de verano, con un tono rojizo, ya nos anunciaba su muerte. Pero tuvimos suerte... en el pueblo de arriba sólo han dejado cinco viejas y dos niñas, porque, según ellos, os suministraban comida. Hasta la historia han matado tirando abajo la vieja ermita donde, al parecer, dormisteis un día”.
“Marchaos antes de que nadie os vea”.


Hace un año ya que vagamos por el monte sin descanso y, cada vez más, parecemos ánimas en pena. Ningún pueblo nos quiere y no hay descanso para nosotros acosados como a alimañas. Falangistas y guardias civiles nos disparan desde los cerros y los caminos están cerrados con soldados de remplazo que intentan no vernos, pero que si les descubren lo pagan caro.
Nuestra lucha pierde sentido, en los dos últimos meses hemos recibido tres intentos de emboscada y no hemos podido atacar ni una sola vez... y Evaristo ha muerto.
Evaristo no era nuestro jefe. Otros grupos de maquis si tienen jefe. Con Evaristo no necesitábamos jefe, porque todo el mundo aceptaba su sentido común y su conocimiento del monte. En el grupo todos teníamos opinión, pero cuando había dudas él las resolvía con inteligencia, pero al morir Evaristo han empezado las tensiones entre nosotros. Aún vamos a necesitar un jefe y, sin embargo, nadie tiene el prestigio suficiente.
Mi hermano y yo hemos tomado una decisión, no sé si los demás estarán de acuerdo... No sé si nos van a seguir, pero, aunque no sea así, nosotros vamos a pasar a Francia. Allí descansaremos. Llevar la lucha como la llevamos ahora no tiene sentido. Tal vez, nos quedemos allí.
Pero antes mi hermano tiene que hacer algo... dice que su Mausser le quiere dar un beso cálido a don Camilo.


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