miércoles, 9 de abril de 2014

El Procés soberanista y el desfase en la negociación del duelo España-Catalunya



Durante el discurso de uno de los diputados que apoyaban la consulta soberanista, el presidente Mariano Rajoy tuvo la desconsideración de dejar su móvil encendido y recibió una llamada. Este tipo de desconsideraciones son una muestra de que el Gobierno no tiene realmente una voluntad dialogante, de hecho es una muestra que pertenecería a la fase del duelo caracterizada por la ira. El PP se toma como algo personal el Procés, precisamente cuando este hace ya mucho tiempo que ha superado esa fase. Los problemas con los tiempos, sin embargo, han sido una constante en Mariano Rajoy.

El “Procés” soberanista es el fin de una relación, de un matrimonio que obviamente no ha funcionado. Todo está acabado y no hay arreglo. Pero, como también suceden en las relaciones de pareja, llega un tiempo de duelo que va desacompasado entre quien ha tomado conocimiento de que ya no puede soportar más esa situación, y quien, hasta el momento le iba muy bien y, probablemente no desee partir peras porque es incapaz de tener la suficiente empatía hacia quien hasta ahora fue su pareja.
Obviamente no todas las rupturas entre parejas son así, pero, por desgracia, sí lo son la mayoría; y el matrimonio Catalunya-España no es menos.
Para los soberanistas (los de ahora, que en su mayoría no coinciden con los de siempre, por mucho que “algunos” medios de prensa se empeñen en decir los contrario), a pesar de todo lo que había sucedido durante los gobiernos de Aznar, la conciencia de que algo no iba bien explotó cuando, a pesar de que Zapatero había afirmado que aprobaría aquel Estatut que le presentara el Parlament de Catalunya, la comisión del Parlamento de Madrid empezó a meter la tijera. Para muchos aquel Estatut amputado ya no era digno, pero aún negaban que la relación con España estuviera rota. La negación prosiguió mientras el PP llevaba al TC (Tribunal Constitucional) varios de los puntos del Estatut. Pero esta fase acabó de golpe cuando el TC se pronunció (erróneamente según el punto de vista mayoritario).
Para muchos el Procés da comienzo aquí, pero lo cierto es que aquí lo que empezó fue la segunda fase de ese duelo: la ira.
Entre tanto, mientras Catalunya iba quemando las fases de su divorcio, España seguía ignorando deliberadamente cubrir esas  necesidades que, de hacerlo, hubiesen podido evitar el fatal desenlace.
Durante el 2010 y 2011, a la par que se empezaban a crear en toda España los movimientos que desembocarían en el 15M, se ponía nombre al Procés Soberanista y saltaba a los medios de comunicación la ANC. Podemos decir que las bases de la sociedad catalana creaban estructuras propias que les representaran en una eventual negociación de la que no creían capaces, aún, a sus políticos. Para quien no quiso verla, la fase de negociación, pasó desapercibida, pero lo cierto es que pocas veces en la historia, los deseos de un pueblo, tradicionalmente mal representado por sus políticos, fue capaz de moldearlos detrás de un ideal. Lo cierto es que al principio todos buscaron su lugar, su punto de negociación y, la mayoría, aceptaron lo que el pueblo les pedía.
En el verano de 2012, el pueblo catalán ya había decidido su camino y la inigualable manifestación de aquel 11 de Septiembre así lo manifestaba. Sin embargo, sus políticos seguían envueltos en la fase de negociación. De hecho, el mismo president Mas se encontraba intentando negociar un pacto fiscal con Madrid que le permitiera diluir algo aquel ímpetu. Pero el desfase de CiU con Catalunya y, sobre todo, las negativas de Rajoy, hicieron imposible cualquier otra alternativa.
Por primera vez, no obstante, España entraba en el duelo ante el inminente divorcio. Una de sus posturas negacionistas más rídiculas, hizo que la Delegación del gobierno dijera que solo 50.000 personas habían acudido a la manifestación, frente a los 1,5 millones de la organización, en una apreciación sorprendentemente modesta, ya que una imagen de satélite divulgada días después, acercaba la cifra a los 3 millones de manifestantes.
En un país de entre 7 y 9 millones, era una cifra astronómica. De hecho ya lo era sin relacionar con el número de habitantes.
Mientras la fase de negociación ha ido dando paso gradual a la de depresión entre los catalanes, España se ha mantenido en la negociación, y solo algunos energúmenos afásicos se han mostrado en la ira.
El 8 de Abril de 2014, en el Parlamento español ha tenido lugar una muestra del desfase que lleva el tema en uno y otro bando. Llegaron allí los catalanes, no con una negociación abierta hasta el absurdo frente al prometido no, sino en plana fase de aceptación y mostrando una mano extendida al resto de España. Pero ni PP, ni PSOE y mucho menos UPyD que vive de poses, entendieron la, posiblemente, última oportunidad que allí se les brindaba.
España sigue a caballo entre la negación y la ira... con un PSOE que llega muy tarde y se empeña en negociar lo que ya no está en su mano.
Puede que Rajoy, a pesar de su patente ineptitud e ignorancia, empiece a vislumbrar la realidad que se avecina, pues llego a hablar de modificar la Constitución, aun no estando dispuesto a hacerlo. Posiblemente un atisbo de que pronto caerán en la fase de negociación. Una negociación que, hasta ahora han dicho de boquilla, pero sin ofrecer nada como es preceptivo (Mas sí lo hizo en 2012, aunque ya era tarde para los catalanes).
El día 9 de Abril de 2014, los últimos catalanes han llegado a la fase de aceptación del duelo. La depresión ha quedado atrás. Una depresión de la que no se ha salido con buenas palabras por parte de España. Pero una cosa está clara: la decisión está tomada, aunque España aún tenga fases por quemar en este divorcio.
Puede que sea verdad eso de que Catalunya sea excluida del planeta Tierra, pero eso a los catalanes ya no les importa porque el Procés ha sido muy duro y se ha convertido en un sueño de esperanza eso de vivir entre las estrellas.
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