sábado, 26 de abril de 2014

España: bullyng a escala nacional.


Imagen extraída de www.eldescodificador.com


La sociedad tiende a comportarse como los niños en un colegio. De alguna manera, el comportamiento social e individual de los chavales de un instituto, puede imaginarse como un universo en miniatura donde se reproducen los mismos fenómenos que después podremos ver en la sociedad a gran escala.
En este aspecto, la cinematografía americana nos ha dado muchas imágenes que podemos usar, pero creo que si lo tratamos a grandes rasgos, incluso podemos prescindir de ellas.
Imaginemos a una chica que, tras las vacaciones de verano, aparece en el colegio vestida de gótica en una clase donde las demás chicas se dividen en tres tipos: las chonis, las guais y las empollonas. Los dos primeros grupos mantendrán una gran cohesión y, a pesar de las posibles diferencias personales, cerrarán filas respecto a sus individuos. Las empollonas no tendrán cohesión de grupo, sin embargo se relacionarán entre ellas con normalidad. Nuestra novedosa gótica, de entrada, no podrá pertenecer a ninguno de los grupos, sus relaciones serán superficiales, aunque de entrada, si no genera ningún tipo de sentimiento a un individuó importante de los otros grupos, su vida en la clase será normal dentro de su relativo aislamiento. Los problemas para ella empezarían el día que un miembro de los dos grupos coherentes le tenga miedo, envidia o… simplemente necesite una excusa para hacer olvidar algo malo que ella misma a hecho. A partir de ese momento, nuestra desventurada gótica sufrirá bullyng por parte de ese grupo coherente primero y, poco tiempo después, del otro.
Vamos a trasladar este caso de laboratorio, al universo de la sociedad española. El Instituto será la España de finales de los años 80 y comienzo de los 90, cuando la desaparición de UCD abre la puerta a la reconversión de AP en el PP y convertir a estos partidos y sus votantes en las chonis del instituto, por su lado las guais podrían ser el entorno del PSOE. El PSOE, que por entonces parecía controlarlo todo, no necesitaba cambiar nada, ahora bien, las chonis, el PP, tenía que cambiarlo todo.
Por aquel entonces ETA aún gozaba de mucha fuerza, así que desde el entorno del PP, que veían a los vascos votando a una serie de partidos propios, el país vasco entero era una amenaza. Así que extendieron aquella brutal mentira generalizadora de que todos los vascos eran unos etarras (¿Ya no se acuerdan?). Sí, todos los ciudadanos vascos se convirtieron en nuestra gótica afectada por el bullyng nacional generado por la choni del PP. El problema es que cuando estas ideas de agresiva discriminación se lanzan y se amplifican con miedo, cuajan entre todos los niveles de la ignorancia humana… y hay que aceptar que esta, como la imbecilidad, no tiene límites.
Así creció el PP desde comienzo de los 90, más o menos cuando pasó a manos de José María Aznar, con la bendición de Manuel Fraga Iribarne.
Pero está claro que atacar a la pobre gótica, no era suficiente para lograr controlarlo todo, hacía falta otra víctima propiciatoria. Por eso pusieron el ojo en una empollona que hablaba raro y, aunque acostumbraba a hacerle los deberes a la jefa de las chonis, era el momento de arrojarla al ojo del huracán.
En 1996, las huestes de Aznar gritaban: “¡Pujol, enano, habla castellano!”. Después Aznar necesitó al enano para gobernar y, durante cuatro años, parecía que las chonis no maltrataban tanto a la empollona y tampoco a la gótica, porque las necesitaba. Pero cuando en el 2000 el PP obtuvo la mayoría absoluta, empezó el mayor sinsentido de la historia de España. Aunque lo peor de ese sinsentido, es que el PP logró la colaboración de la gran mayoría de los habitantes de España para ejercer sus furibundos ataques contra Catalunya y el País Vasco. Eso es el equivalente del bullyng escolar, solo que a una escala muchísimo mayor.
Normalmente el ejercicio del bullyng goza del desconocimiento del agresor que se cree con derecho a ejercerlo y lo ve como totalmente justificado. Tanto es así que si se le muestra el mismo ejemplo al revés, con el agresor como víctima, siempre sale el “no es lo mismo”… claro que no, ahí te duele a ti.
Por ejemplo, Catalunya ha sido atacada, entre otras cosas (en el bullyng se termina por justificar cualquier cosa contra la víctima, aunque se empieza por una sola) por su lengua. Son continuadas las mentiras y los ataques al catalán, intentando forzar la exclusividad del castellano. Si a un individuo de los agresores se le pone la posibilidad de que fuera al revés y se le obligara a él hacerlo todo en catalán, busca cualquier excusa para decir ese no es lo mismo… y saben una cosa: NO LO SERÍA. Eso es el bullyng.
Por supuesto, el bullyng caló incluso en las filas del otro gran partido nacional, el PSOE. Así que los 7 años de socialismo que siguieron a Aznar y debieron reducir ese problema, solo sirvieron para frenarlo un poco y, cuando en 2012 Rajoy devolvió a las chonis al poder, el ataque contra aquella empollona que hablaba raro, se volvió insoportable.
Esto no es un colegio, así que no puede ser bullyng. No hablamos de niños, sino de grupos de ciudadanos… y el efecto es demoledor.
Recuerdo las imágenes en YouTube de uno de esos niños afectados por el bullyng agredido por un grupo de sus “autojustificados” compañeros. Al principio, en posición fetal para protegerse de los golpes, pero cuando aparece un profesor para rescatarlo y sacarlo de allí, con la cara ensangrentada los mira a todos… y al pasar frente al cabecilla le suelta una patada en los bajos fondos.
Esas imágenes las había publicado un compañero de otra clase para denunciar que el instituto había expulsado a ese chaval por darle la patada al otro y no había hecho nada con los diversos casos de bullyng que se daban en ese centro.
Cuando salen a los medios de comunicación mala gente, como Federico Jiménez Losantos, instando a suspender la “autonomía” de Catalunya, o a enviar al ejército contra los catalanes, no veo otra cosa que bullyng de la peor clase. Pero cuando veo a Europa cerrando los ojos sobre lo que pasa aquí, veo a ese profesor que se limita a separar al chaval, pero cuando sus instintos no le dejan aguantar más y le atiza una patada, él si es expulsado.
Señores, no hablen más de soberanismo, no es más que una respuesta al bullyng continuado. Y les juro que para responder así no hace falta ser nacionalista.
Saben una cosa: ¡Me duele España!


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