domingo, 25 de julio de 2010

¿Por qué no vuelan los coches?

Cuando era un niño, allá por los años 60 y 70 del siglo XX (juro que no soy más viejo), siempre decíamos que en el año 2000 los coches volarían. Las películas de ciencia ficción de la época trataban de mostrar ese futuro imaginado. Pero los niños de entonces y adultos de ese año se desilusionaron entre embotellamientos de tráfico en las entradas de las ciudades. Unos embudos totalmente pegados al suelo. Claro que algunos también éramos conscientes de las colas de aviones en espera de tomar tierra que había en la mayoría de aeropuertos. No sólo eso, en ocasiones no habían pasillos aéreos para todos esos aviones. Así, ya desde los años 80, se han ido acortando los tiempos de espera entre un aterrizaje y otro en una pista y reduciendo los márgenes existentes entre un pasillo aéreo y otro. Producto de este problema de espacio aéreo se produjo el accidente aéreo de Long Island, en el estado de New York y poco después de los atentados del 11-S. Un avión, accidentalmente, acabó en el rastro sin oxígeno de un aparato anterior y perdió los dos motores en plenas maniobras de acercamiento.

¿Cómo vamos a poner los coches en el cielo si los profesionales del cielo ya no tienen espacio?

Estamos en 2010 y mi coche no es capaz de levantarse del suelo. Ni siquiera cuando pongo un CD de “Barón Rojo” a toda mecha. Pero esta incapacidad no responde a un problema tecnológico, sino más bien a la suma de problemas de seguridad, conciencia cívica y economía.

Hace muchos años que las empresas punteras de automoción abandonaron los proyectos de crear un auto volador. Tecnológicamente es realmente sencillo, sin embargo costaría un esfuerzo económico que no se podría reponer económicamente ni con prestigio. Además, un coche volador, tendría un elevadísimo consumo precisamente cuando tratamos de lograr vehículos más ecológicos o que funcionen con energías renovables.

Recuerdo que en 1976 vi un reportaje sobre un fabricante norteamericano de coches voladores. Aquellos autos eran coches normales, pero que al llegar al garaje de casa su conductor le ponía dos alas, una cola y una hélice. También cambiaba el volante por otro tipo de mando. El garaje era realmente un hangar y si había entrado por una puerta delantera orientada a una calle, otra trasera le daba acceso a una pista de aterrizaje y despegue comunitaria.

Esto puede sorprender, pero en el centro de los EE.UU. existen muchas de estas urbanizaciones que rodean una pista para avionetas y este vehículo de coche convertible parecía ideal. Pero realmente no debía serlo porque hoy sólo hay avionetas normales despegando de esos aeródromos particulares. Además, todos los pilotos necesitan de una licencia y un aprendizaje y sus despegues, vuelos y aterrizajes están totalmente controlados desde tierra. Los planes de vuelo son totalmente necesarios, de lo contrario, la señal que produce cualquier vehículo que no posea plan de vuelo es tratado como un O.V.N.I. y genera una alerta a las autoridades aéreas de la zona.

Loa amigos de volar sin licencias terminan saltando en paracaídas, volando en ultraligeros o alas delta… y también han de seguir unas normas.

Pero lo del coche volador puede resultar una frustración aún mayor de lo que pensamos. Sobre todo cuando conocemos a individuos que se desplazan en su vehículo de cuatro ruedas a todas partes… hasta a buscar el periódico, como se dice vulgarmente. En este ámbito de cosas, lo más parecido a volar lo constituyen algunos tramos de las autopistas alemanas donde no existe límite de velocidad. Así, en el país germano, se han llegado a aceptar modificaciones de deportivos que superan en velocidad a los fórmula uno. Desgraciadamente un pequeño fallo de conducción y el vehículo puede terminar por separar alguna de sus ruedas del asfalto… sólo hay un resultado posible Pero la cosa aún puede ser peor cuando estos amantes del vuelo prosiguen su carrera más allá de las áreas permitidas y sin tener en cuenta al resto de usuarios de esa ruta. Ni que decir tiene que la policía de tráfico de ese país ha creado elementos supertecnológicos para sancionar a esos infractores tan… veloces.

Cuando los padres de la aviación se lanzaron a la carrera del primer aparato útil de vuelo alguien dijo una lapidaria frase para frenar esa carrera: “si Dios hubiera querido que el hombre volara le hubiese puesto alas”. Pero una frase desacertada no pudo parar esa evolución. Tampoco creo que esa frase hubiese podido para el deseo de volar en el coche familiar. De eso estuvieron apunto de convencerse los gendarmes de tráfico en las proximidades de París, cuando durante tres semanas seguidas, varios radares detectores de exceso de velocidad habían sacado una foto al aire con el mensaje: velocidad 900 kilómetros por hora. La policía francesa tuvo que mejorar sus equipos para que lanzaran la fotografía a tiempo de detectar al vehículo infractor que resultó ser un Mirage 2000 de las fuerzas aéreas francesas en vuelo rasante en el tramo de autopista. Dicen que se sancionó al piloto o pilotos autores de la gamberrada, pero su nombre o nombres no fueron desvelados. En cualquier caso creo que la idea de los coches voladores “planeó” en la imaginación de los que conocieron la noticia antes de la foto… Finish.

Imagen tomada de www.neoteo.com

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