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miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Es usted nacionalista?

El nacionalismo es una palabra que se utiliza muy a la ligera y que cada cual le da el significado que le viene en gana. También eso mismo pasa con otras palabras que terminan identificando tendencias políticas o económicas. Sin duda muchas de estas palabras se han rodeado de numerosos sinónimos que, a su vez, empezaron por designar una sola cosa y acabaron cubriendo demasiados significados. En este grupo tendríamos separatismo, socialismo, nazismo, fascismo, comunismo, keynesianismo… Por eso si hablamos de economía o de política nos es imposible hacer una definición en una sola palabra. De todas formas ya hablaremos otro día de todas esas palabras que hoy lo haremos del nacionalismo.

Para empezar con esta palabra hay que decir que nadie puede decir categóricamente que no lo es. Cuando alguien ataca los nacionalismos en realidad solo está atacando a aquellos otros nacionalismos a los que él no pertenece. Cuando uno dice simplemente que no es nacionalista solo está reconociendo que es un hipócrita y no lo sabe.

En España es habitual que cuando uno habla de nacionalismos se refiere al catalanismo y al nacionalismo vasco, pero lo cierto es que existen otros nacionalismos como el gallego, el andaluz, el canario y el castellano. Por otra parte aún existen otros nacionalismos más difusos, pero, a un tiempo, más extremistas: el españolismo castellanizante, el neofranquismo y el españolismo católico. Estos tres últimos son diferentes grados de lo que los nacionalistas anteriores denominan fascismo o “fachendismo” (que no es bien bien lo mismo aunque algunos así lo crean; no es lo mismo llamar a alguien facha que fascista). Lo normal es que cualquier ciudadano de este país simpatice con alguna de estas tendencias, pero es igualmente normal no reconocerlo e inventar nuevas categorías para poder autodeterminarse erróneamente como “no nacionalistas”.

Les voy a contar un secreto, entre mi grupo de amigos hay nacionalistas de todo tipo e incluso independentistas (vascos y catalanes) y hasta un neofranquista, pero ninguno de ellos se muestra intolerante, porque todos ellos se reconocen como son y eso les permite moderar sus ímpetus irracionales. Por eso es más confiable una persona que se reconoce moderadamente nacionalista (sea del tipo que sea), que los que afirman no serlo y, lo que es peor, están contra los nacionalismos. El ser humano es nacionalista, siempre. Primero lo es de sí mismo, después de su familia, de su edificio, de su manzana de casas, de su barrio, de su ciudad, de su provincia, de su comunidad autónoma, de su Estado, de su asociación de países, de su continente… e incluso el día que colonicemos nuevos planetas tendremos que vivir con los nacionalismos planetarios.

Cuando uno analiza cualquier ideología puede discrepar en un par de cosas, pero salvo aquellas que incitan al odio, la violencia o la discriminación, todas son en teoría muy bonitas y, a la hora de la práctica, muy utópicas. Y que conste que no estoy hablando solo de los nacionalismos. Si uno lee Mein Kampf, más allá de la apología del odio, está lleno de figuras idílicas y bellas. Tanto es así que si en lugar de Hitler el que hubiese llevado a la práctica aquella ideología hubiese sido San Francisco de Asís, el resultado hubiese sido muy diferente y seguro que hoy no hablaríamos del terror del nazismo. Lo que sucede es que, por lo general, los líderes suelen ser los individuos más agresivos y que, a la hora de llevar a cabo los procedimientos, acostumbran a no detenerse ante nada. Así ante cualquier traba moral, en lugar de pararse a pensar y modificar las teorías para no crear un daño irreparable, tiran todo recto dando por hecho que los principios ideológicos son los primero, sin pararse a pensar en las personas.

Pero desde ese punto de vista no solo fue malo el nazismo o el fascismo, también lo es cualquier tipo de nacionalismo y de no nacionalismo. Sin pararse a evitar los daños a terceros, es malo el cristianismo, el budismo, el comunismo, el liberalismo, el capitalismo, el socialismo, el ateísmo, el barcelonismo, el madridismo y cualquier otro ismo que se nos pueda ocurrir. Siempre que pongamos a las personas por delante de las ideas podemos hacer encajar hasta la más ruin de las teorías.

Sin embargo, para comprender todo esto tendremos que definir correctamente nacionalismo y para ello, me temo que también tendremos que definir, con igual o mayor corrección, el término “nación”.

Veamos que decía la edición de 1992 del diccionario de la RAE en sus tres acepciones del término “nacionalismo”:

1. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.

2. Doctrina que exalta en todos los órdenes la personalidad nacional completa, o lo que reputan como tal sus partidarios.

3. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a constituirse en estado autónomo.

Como podemos darnos cuenta de las tres definiciones el término ha experimentado una evolución de la que sus “partidarios y detractores” no parecen haberse dado cuenta. De hecho la primera definición es realmente idílica y hasta lógica. La segunda definición ya posee unos oscuros nubarrones en las palabras “doctrina” y “reputan” (de reputación), pero en esencia su significado no varía demasiado del anterior. Finalmente la tercera definición es deliberadamente diferente a las anteriores y se marca con las palabras iniciales “aspiración” y “tendencia” que denotan una total condescendencia a la hora de tratar a los objetos de tal definición. Parece muy importante, para los que establecieron esta definición, que no se confunda con las dos anteriores, y en especial con la primera. Y, sin embargo, para el objeto de ella, hay muy poca diferencia precisamente con la primera. Más allá del tratamiento despectivo que le dan, claro. Y es que uno pensaría que a la hora de hacer una obra de consulta lingüística, como es un diccionario, estaríamos exentos de dogmatismos y publicidad ideológica, pero ya vemos que no es así. Con todo, la tercera acepción tiene un error implícito y es que si hay un deseo o aspiración de constituir un estado autónomo, es decir, de independizarse, estamos hablando de independentismo y no de nacionalismo. La tercera acepción, pues, está deliberadamente equivocada ya que nacionalismo e independentismo pueden coincidir puntualmente, pero en ningún caso son sinónimos. Está claro que al definir esta acepción, los que lo fabricaron, fueron algo tendenciosos. Desgraciadamente estas actitudes dentro de ámbitos supuestamente serios son muy habituales, lo que hace que la opinión pública adquiera posicionamientos enconados que le enfrentan a los nacionalismos inversos al que profesan. De ahí a tachar de “fachas”, “nazis” o “etarras” a todos los que piensan diferente solo hay un paso: el del fanatismo radical. Curioso que entre estos fanáticos radicales podremos distinguir a personalidades supuestamente muy serias.

Sé que alguno tachará este texto de una defensa a ultranza del nacionalismo. Y puede que tenga razón, pero sin duda él será una persona a quien le vendría bien pensar un poco en las razones y un poco menos en la finalidad. Realmente usted es de los que cree que todos los castellano parlantes están contra los vascos y los catalanes, o tal vez sea de los que se creen a pie juntillas las palabras del señor Arenas cuando dice que n Catalunya se persigue al castellano. Yo sé que si usted se reconoce nacionalista, del tipo que sea, no se creerá esas pantomimas de aprovechados que no pretenden un bien colectivo sino únicamente un bien particular. Eso sí, dejando al paso de sus palabras una oleada de resentimientos a dos bandas que no puede favorecer a nadie honrado.

Estoy cansado de todos esos fanáticos que dicen estar contra el nacionalismo, así, en genérico. Esas son las personas que debemos evitar, las personas que apoyan a ese poder que un día le robaron a todos los pueblos del mundo.

Antes de acabar voy a dar una definición de “nación” con la que todos podremos comulgar en algún tipo de nacionalismo:

“Conjunto de marcadas particularidades que definen a un grupo de personas, sin ser estas superiores ni inferiores al resto en función de ellas”.

Imagen extraída del Fotolog propiedad de “ausaes_mi_vida” (http://www.fotolog.com/ausaes_mi_vida/64436497).

viernes, 15 de octubre de 2010

No es lo mismo nacionalismo que independentismo.


No es lo mismo nacionalismo que independentismo. A más de uno le sorprenderá esta afirmación y algún otro estará tentado de decir aquello de que posiblemente no sea lo mismo, pero está muy próximo. Y yo puedo decir que no. Entre independentismo y nacionalismo hay un enorme abismo. No es que no existan nacionalistas que son a la vez independentistas, pero es obvio que también hay muchos nacionalistas que no son independentistas. Lo que se quiere negar con demasiada intencionalidad es que además hay independentistas que no son nacionalistas.

Después de lo dicho, cualquiera que hubiese leído mis artículos anteriores me echaría en cara que siempre insisto que, en nuestro país (por España), todos somos nacionalistas de un tipo u otro. Y tendría razón, pero es que para entender esto hay que definir qué se entiende por nacionalismo.

Está claro que con las maniáticas descargas del peperato criticando a los nacionalismos no se puede aceptar otra definición que la fina y segura donde ellos mismos son más papistas que el Papa… es decir, más nacionalistas que nadie. Pero si hablamos de nacionalismos destructivos, racistas, de sometimiento a lo diferente… ¡Alto! Por aquí tampoco vamos bien porque el PP sigue siendo el más nacionalista de todos.

La razón de todo esto es que, hablando de Catalunya (que es lo que realmente conozco), los nacionalistas más extremos no son precisamente los que buscan la independencia, sino los que pretenden la supremacía de una forma u otra de cultura. Y sí, existen nacionalistas muy extremos de lo catalán y la mayoría son independentistas, pero entre los nacionalistas castellanistas acostumbran a estar los del más irracional aún. No digo que sean más (en Catalunya, claro), pero que son más aberrantes es seguro. Sólo tenemos que ver las últimas ventosidades de la presidenta del PP catalán, especialmente en el tema de la inmigración.

De los nacionalistas catalanes los hay de todos los tipos, pero, a pesar de lo desprestigiada que está la palabreja, hay independentistas que la aceptan como etiqueta sin serlo realmente. La mejor forma de reconocerlos es que no aceptan ninguno de los alineamientos populistas típicos de los nacionalismos (también son habituales en partidos de extrema izquierda y, sobre todo, de extrema derecha).

Hace ya más de un siglo que Joan Maragall nos mostró las líneas de pensamiento que llevan hoy a ese independentismo no nacionalista, primero (según orden lógico que no cronológico) está su “Himne Ibèric” con el que canta las excelencias de todos los pueblos que habitan esta piel de toro. Habla de todos ellos con una admiración, un cariño y un respeto que nadie dudaría de su españolidad, eso sí, en la lengua de Llull. En segundo lugar tenemos el poema que los ultraderechistas han convertido en paradigmático: “Oda a Espanya”. Este poema es un llanto por el desprecio (en ocasiones hasta maltrato) y la falta de respeto con que la España, que habla desde Madrid, se dirige al pueblo catalán. En contra de lo que algunos puedan haber dicho, Maragall se muestra extremamente respetuoso y no utiliza ninguna figura que pueda ridiculizar a España, aún así es duro y muestra, sin tapujos, parte de la cruel realidad. Una realidad que es igual para todos los pueblos de este Estado plurinacional, con una diferencia que resulta esencial: el idioma.

Escolta, Espanya, - la veu d'un fill
que et parla en llengua - no castellana:
parlo en la llengua - que m'ha donat
la terra aspra:
en 'questa llengua - pocs t'han parlat;
en l'altra, massa.

“Escucha España, la voz de un hijo que te habla en lengua no castellana: hablo en la lengua que me ha dado la tierra áspera. En esta lengua pocos te han hablado, en la otra demasiados”.

Esta es la primera estrofa en que explica de forma breve porque dedica una oda a España en catalán. Demasiadas voces castellanas que, tal vez, no dejan escuchar a otras. Por supuesto el no está criticando al castellano, sino el hecho de que no se valore a nada que no sea en esa lengua. Para muchos, aún hoy, catalán, vasco gallego, bable, aranés… no son lenguas españolas. Tal vez la razón sea que un día aceptamos llamar “español” a una lengua que sólo era castellano. Detrás de una lengua hay todo un pueblo y cuando se desprecia a esta se está despreciando a todos los individuos. En tiempos pasados, cuando los individuos no tenían ninguna importancia, cuando los genocidios se podían realizar sin que nadie hiciera nada por evitarlos, cuando el mundo era la herencia de la barbarie, se podía entender ese desprecio a otros pueblos dentro de un mismo país, hoy es un crimen que, en España, por habitual, parece lógico. Cuando el Sr. Arenas, la Sra. Aguirre o Alicia en el país de sus pesadillas, gritan que se está persiguiendo a los castellanohablantes en Catalunya, cuando ni siquiera se puede alcanzar la igualdad de ambas lenguas, siguen, con su mentira, promocionando ese maltrato hacia todos los catalanes. No hace falta citar anécdotas (que son más que eso) de la animadversión generada contra los ciudadanos de Catalunya.

Durante todo el poema se habla de males que afectan a todos los españoles y termina pidiéndole a Espanya que se salve de su ruina. El amor a Espanya que se mostrará después en el “Himne Ibèric” está ya aquí presente, pero termina con un verso que, por su aparente significado, horroriza a la cabaña castellanista.

On ets, Espanya? – no et veig enlloc.
No sents la meva veu atronadora?
No entens aquesta llengua – que et parla entre perills?
Has desaprès d’entendre an els teus fills?
Adéu, Espanya!

“¿Dónde estás, España? No te veo por ninguna parte ¿No escuchas mi voz atronadora? No entiendes esta lengua que te habla entre peligros? ¿Has desaprendido la capacidad de entender a tus hijos? ¡Adiós España!”

Maragall acaba buscando a España para que se salve, pero España parece no oírle, pero sabe que no es así, simplemente no quiere escucharle porque le habla en catalán. España no quiere escuchar a los catalanes, de hecho no quiere escuchar nada que no sea castellano. Así termina ignorando a muchos de sus hijos. Hijos que, con lágrimas en los ojos terminan diciendo: “Adéu Espanya!”

Catalunya se ha llenado de nuevos independentistas que posiblemente no votarían un partido independentista (o, tal vez, sí), pero que no dudarán en pedir el “Adéu Espanya!”. Personas cansadas de esa castellanización insultante y de esos insultos castellanizantes. No son nacionalistas, de hecho la lengua materna de la mayoría es el castellano, pero ya no pueden más.

En Catalunya los políticos no han descubierto este filón, pero es que no creo que exista un solo político en España que sepa lo que piensan los ciudadanos, se limitan a decirles lo que deben pensar y a aprovecharse de sus problemas antes que buscarles una solución. Como el PP en Badalona.

Imagen tomada de www.revistadeletras.net

martes, 21 de abril de 2009

Cómo hacer un blog de éxito (III)… o no.


Imagen tomada de www.peripecias.com

Cómo hacer un blog de éxito (III)… o no.

Entre “joder, jodor, jodiendo” he encontrado un blog del que nada o casi nada he entendido. Sólo sé que su autor votó a Rosa Díez y se queja, de forma muy difícil de entender, del PP, del PNV y sin venir muy bien a cuento, por lo menos en un primer momento, de ERC.

¡Que grande eres Rosa que te escribo en verso y te sale en prosa!

Supongo que hasta aquí nada habréis entendido. Si es así he alcanzado mi objetivo inicial: hacer un resumen de un artículo en un blog que he leído y del que no he sacado mucha información. Supongo que el autor en cuestión debía tener algún problema mental y esa es la razón de que no de su dirección, pues lo último que deseo es hacer escarnio de nadie. Sin embargo, después de la paciente desencriptación parcial (dudo que pueda realizársele la total), he llegado a la conclusión de que, basándome en ese espacio, puedo realizar un artículo que trate varios temas a la vez. De un lado seguir con aquello de “Cómo hacer un blog de éxito” y por otro dejar claro (o liar mas ovillo) el tema de las lenguas de nuestro país. Este último es un tema tan peliagudo como para decir que cuanto más claro cree tenerlo alguien es que menos claro lo tiene. Y es que primero tendríamos que desembarazarnos de todos los intereses privados y públicos que hay alrededor de este tema y no es nada fácil (tal vez, incluso, sea imposible).

¿Las lenguas?... Pues sí. Y de la primera lengua que hay que hablar es de la castellana (me niego a llamarle española, ya que desde mi punto de vista también lo son el euskera, el bable, el gallego, el aranés, el aragonés y el catalán). Según llega a decir literalmente el autor de aquella bitácora, en una agrupación de palabras inteligibles, “el castellano no necesita protegerse”. Pues perdónenme que disienta, pero visto ese blog y otros en código SMS y similares, tengo profundas dudas. Ahora no me voy a hacer uno de esos oscuros defensores de la ortografía a ultranza, pero un poquito de orden y cuidado por las palabras es necesario. Posiblemente no necesitemos financiar los doblajes cinematográficos ni promocionar el uso de esta sobre las demás lenguas. Su uso no está amenazado, lo que sí lo está es su calidad. Uno podría pensar que es parte del proceso evolutivo de toda lengua aceptar argots y otras deformaciones, pero la triste realidad es que el abandono radical de las reglas lingüísticas lleva al idioma a niveles en que se dificulta gravemente la comunicación. Y es que, ante todo, un idioma, una lengua, es una herramienta de comunicación y de entendimiento entre las personas. Si deterioramos la gramática hasta el abstrusismo más absoluto, si degradamos la ortografía hasta la creación de nuevas palabras no intuitivas, habremos hecho incomprensibles nuestros mensajes para todo aquellos que no puedan compartir nuestro nuevo código: la mayoría de individuos que utilizan ese mismo idioma.

No voy a entrar en los temas abiertamente políticos del blog ejemplo, pero sí en el problema que su creador tenía con sólo dos de las lenguas de nuestro estado: el catalán y el vasco. Me atrevo a creer que no veía razones para su protección (tal atrevimiento es muy osado porque entre palabras malsonantes y otras que en castellano no tienen ningún significado, y todas en gritonas mayúsculas, extraer algo de lo que realmente decía era muy difícil), ponía verdes al PP catalán y ERC, así como al PNV, creo que porque atacaban al castellano (allí le llamaban español, termino que, como ya dije, no voy a admitir). Supongo que, realmente querría decir que suponía, algo así como una agresión a los castellanohablantes. En primer lugar, hay que dejar claro que la señora Rosa Díez (de quien el autor canta alabanzas), como vasca, tiene el derecho y obligación de aprobar o reprobar las políticas lingüísticas de su región o comunidad, pero no así de llevar ese debate fuera del entorno al que pertenece, como tampoco se les puede dar vela en ese entierro a andaluces, catalanes, argentinos, magrebíes, tejanos, ciudadanos del vaticano… ¿Qué leches sabrá ninguno de ellos de lo que es, lo que significa o lo que necesita la lengua vasca? Y lo que vale para los vascos también vale para los demás.

Siempre, en estos casos acabamos en lo mismo: criticando la política lingüística de Catalunya. Y ahí si me duele. Personalmente no entiendo por qué el señor Arenas tiene que decir frío o caliente de esa política lingüística. Que lo diga el señor Albert Boadella vale; claro que cuando se va a buscar su foro en Madrid ya está violando la lógica y la decencia.

Imagínense por un momento los castellanohablantes de áreas castellanohablantes que mañana la lengua oficial de España es el catalán y pasamos a denominarla español. Alguien en Burgos quiere defender el castellano para que no desaparezca y declara una inmersión lingüística. Entonces un señor burgalés, en contra de la lógica, dice que se persigue el español, que ahora es el catalán, en Castilla. Como los castellanos se lo toman a pitorreo porque no tiene ninguna lógica, se va a Barcelona a poner verde a todos los castellanos y, encima, esos españoles catalanes, le dan bola y empiezan a decir que los castellanos son unos separatistas… ¡Espectacular!

Pues ahora den una vuelta más de tuerca e imaginen al líder del PP en Baleares poniendo verdes a los castellanos porque allí nadie puede elegir el español como lengua para estudiar.

Pues esas son las perversiones que tenemos que sufrir. Y si alguien no me cree sólo a de ver en que lengua escribo porque, en su día, no pude aprender a escribir en catalán con fluidez. Es verdad que cuando escucho a Boadella me enfado, pero no por nacionalismo o por afán de minusvalorar a los castellanos, son porque ese señor pervierte la verdad y se presta a la opinión de los que no tienen “ni puta idea” (con perdón) de lo que pasa en Catalunya.

Y después de esta arenga que a más de uno con pocas ganas de pensar le parecerá nacionalista, separatista y todas las “istas” que se le ocurran. Volvamos al tema principal del artículo: ¿Cómo se hace un blog de éxito?

¿Saben una cosa?… Ese blog donde sólo se entienden algunas frases sueltas, donde los insultos, palabrotas y malas formas se dan cita, es uno de los más visitados que he visto. ¿El secreto? Es muy fácil. El autor o autora fue visitado en sus inicios por algunas personas que se dedicaron a ponerle verde por todo lo que he dicho y muchas cosas más y respondió a ello buscando a sus detractores, blog por blog, insultándoles y amenazándoles. Algunos de estos otros autores de blog’s siguieron haciendo comentarios sobre el susodicho y, entre tanto, el blog ya se había convertido en uno de los más visitados. El éxito, en estos casos es una espiral creciente, pero salvo para obtener dinero por publicidad, no vale la pena. Es un éxito vacío y que no recomiendo.

De todas formas, para los que busquen el éxito rápido sin pensar en las consecuencias, mi consejo es fumarse un par de porros antes escribir cada artículo e ir provocando a “María Santísima” por toda la red. Ya, de paso, si vas a seguir este camino, un buen título para tu blog será: “El Troll de las Galaxias”.

En fin… ¡Buenas noches!

Se apaga la luz.