Sánchez convoca elecciones para el 29 de noviembre y
confieso que me ha pillado ligeramente por sorpresa, pero está claro que el presidente ha meditado
muy bien el momento. Siempre pensé que esperaría hasta que el suflé de Ceuta
hubiera bajado y, todo y que ha bajado mucho, la ultraderecha sigue montando el
pollo en la ciudad africana.
La idea era que la invasión de fascistas en la
ciudad autónoma era también una carga para el PP (no para VOX). Una carga que
se manifestaría como desafección hacia los populares en cuanto el problema
estuviese solucionado. Especialmente desde que se hicieron evidentes las
mentiras y manipulaciones del señor Vivas. Unas manipulaciones que fueron la
base de los editoriales de la prensa mercenaria.
Pero, mientras PP-VOX cargaban las tintas con el
tema de una Ciudad que ellos mismos habían ignorado hasta el punto de no saber cuántas
molestias han generado en el lugar con la irrupción de su odio, prejuicios y
falta de cultura; nacían unas protestas de un tema viejo y tema del que la
derecha tiene mucha culpa: la vivienda y los fondos buitre. Un tema cuyas
repercusiones la derecha no ha sabido evaluar y que ha soliviantado tanto a los
jóvenes que ha roto totalmente la influencia de los voceros fachas y ha
descolocado a las hordas de violentos fascistas como Núcleo Nacional que, por
primera vez, se han visto frenados por una policía en pleno ojo del huracán por
su connivencia con la derecha.
Ceuta ha perdido interés salvo para reconocer
irregularidades del fascismo patrio y empieza a pasar factura al PP. Claro que
VOX, votada por personas acríticas que seguirían votándoles aunque Abascal
fuese condenado por toda la corrupción que arrastra, apenas notará cambios con
este cambio. Diferente es el tema de la vivienda que algunos expertos creen que
sí le afectará, aunque poco.
Todos conocemos cuál fue la gota que fue elegida
para desbordar el vaso del drama de la vivienda cuya pelea ha dirigido el
sindicato de inquilinos. Fue una señora de 87 años, natural votante del PP, con
una discapacidad superior al 50% y a la que un fondo buitre expulsó de su casa.
Mari Carmen ha sido una bandera que ha representado a todas esas familias a las
que los fondos buitre, desde hace 20 años, han expulsado de sus hogares, pero
especialmente desde que Rajoy creó un inhumano estado de alarma para cargar
contra la precariedad. No obstante, las leyes que abrieron la veda de este
desastre, son anteriores. Habría que culpar a Felipe González, Miguel Boyer y
José María Aznar. Ellos lo hicieron posible, pero Rajoy fue el ejecutor.
Sea como fuere, con Mari Carmen como bandera, la
ciudadanía dijo basta en el momento oportuno y salió a las calles e inició
acampadas en las plazas. Es una revolución pacífica a la que el PP ha atacado
con su marrullera torpeza habitual y en la que la prensa mercenaria ha logrado
exponerse, igual que algunos personajes y habituales “opinadores” de baratillo
que, sin saberlo, se han puesto la etiqueta de neoliberales y han perdido
credibilidad. Especialmente cuando el gobierno quiso mostrar sensibilidad con
el problema y llevar a cabo dos decretos de salvaguarda.
Sánchez, más que la totalidad de su gobierno,
siempre ha sido consciente del delicado equilibrio que le sostiene en la Moncloa.
Dos de sus socios (PNV y Junts) son partidos de derecha. Dos partidos que le
han sostenido debido al desequilibrio de un PP, que lleva desde el segundo
gobierno de Aznar, en una continuada deriva hacia la ultraderecha y la
violación de los principios democráticos. En esta última parte con el apoyo de una
gran mayoría de jueces que no han dudado en traspasar todas las rayas rojas,
llegando, incluso, a violar la separación de poderes cada vez que les vino en gana.
En principio cabría pensar que Sánchez había
separado en dos decretos la ley de vivienda, a la espera de que sus socios de
derechas dieran validez, por lo menos, a uno de los dos. Pero Junts, en lo que
personalmente considero un error, se descolgó. Y es que a Junts no le
interesaba el adelanto de elecciones con Aliança Catalana comiéndoles terreno.
Ahora, con la idea de revertir el “NO” a las leyes
para la vivienda, Sánchez espera movilizar el voto de izquierdas mientras que
al PP, por primera vez, le pueden pasar factura los escándalos. El peligro es
que en el próximo parlamento la ultraderechista Aliança Catalana podría
substituir a Junts, porque dudo mucho que el efecto Puigdemont les aporte los
votos que creen. Aliança Catalana se
abstendría en una votación por hacer presidente a Feijóo, pero, sin duda,
votaría a favor de la mayoría de sus propuestas económicas. Por otro lado,
Sánchez jamás podrá negociar con los de Silvia Orriols. Así que la única
alternativa es una clara mayoría de la izquierda en el parlamento, todo lo
demás, conocido el nivel intelectual de las personas de que hablamos, sería una
hecatombe para el país. Pero ya se sabe que, a río revuelto… Así que los,
Amancio Ortega, Florentino Pérez y demás capos de la desigualdad, ya se están
frotando las manos.