sábado, 26 de agosto de 2017

Fanatismo moderado



El ser humano tiene una extraña tendencia a creerse siempre con la razón aunque no sepa de lo que está hablando y, lo que es peor, creer que lo sabe todo aunque no tenga ni idea de nada.

Una de las peores cosas que se está viviendo estos días es la de confundir, el radicalismo, el extremismo, el fanatismo, las posturas alejadas y las posturas encontradas. Si a esto unimos que es falsa la idea de que se puede no tomar partido, ya puede imaginar la problemática que vivimos.

Vamos a definir algunos términos para entenderlos.

Los términos más afines son los de radicalismo y extremismo, su diferenciación es sutil y dependerá del contexto. La RAE, que es la fuente más usada en estos casos, nos da muchas alternativas para “radical”, pero solo dos líneas de significados nos puede ser útiles, la de fidelidad a una base o raíz, y la de extremo, tajante e intransigente (el término intransigente es el que nos acercaría al fanatismo). Hay que hacer ver que la RAE no habla nunca de las necesidades sobre lo radical. Esa vía de escape nos la da indirectamente cuando miramos las acepciones de radicalismo:

1. Cualidad de radical.

2. Doctrina que propugna la reforma total del orden político, científico, moral y religioso.

3. Modo extremado de tratar los asuntos.



Vemos que el radicalismo también puede hacer referencia a otra cosa: el cambio radical, también conocido coloquialmente como el giro de 180 grados.

El extremismo, según la RAE, es más simple, solo es la tendencia a adoptar ideas extremas y especifica que está muy orientado a la política. La simplicidad está en el hecho de que no hay más acepciones, porque la calificación de qué es una idea extrema puede ser algo muy ambiguo y arbitrario. Pero de lo que sí debemos ser conscientes, es de la notable diferencia existente entre radicalismo y extremismo.

Finalmente fanatismo es algo que todos entendemos porque es un término muy desgastado al ser usado como insulto fácil cada vez que somos incapaces de convencer a otra persona de los argumentos que a nosotros nos son necesarios. Un fanático es una persona apasionada y tenaz, pero de forma desmedida, en la defensa de creencias u opiniones, especialmente en los campos religiosos y políticos. Aquí la RAE queda algo anticuada porque nuestros mayores fanáticos se enredan el ámbito deportivo. Me preocupa cómo podemos valorar cuándo alguien es tenaz o apasionado de forma desmedida. A veces puede ser obvio, otras sutil y otras, dada nuestra ubicación ideológica muy alejada, nuestra valoración tendenciosamente falseada. Y es que la arbitrariedad en las definiciones genera ambigüedades tan enormes que aseguran más el error que el acierto.

Y aquí es cuando llegamos a aquello de las posturas alejadas y las posturas encontradas. Porque cuando estamos en una postura muy alejada de otra persona y tenemos que llegar a acuerdos sobre algo, alcanzamos el punto de disputa sin concesiones, apareciendo las posturas encontradas. Si para ambos bandos cada punto es esencial, indudablemente ambos se verán, el uno al otro como radicales y fanáticos. En cambio solo puede ser extremista aquel que ofrece una visión total de cambio.

Pero ahora llega el punto que buscábamos desde el inicio: el punto de neutralidad ¿Qué sería eso?

Para la mayoría, el punto de neutralidad sería un lugar equidistante entre ambas posturas de una discusión y que permitiera a alguien situado en este punto ejercer de árbitro al poder evitar tomar partido ¿Alguien pilla la complejidad de esto?

Para empezar, alguien que de verdad estuviera ubicado en ese punto, se identificaría por poder ver a ambas partes libres de todo fanatismo. Tendría que visualizar ambas posturas con claridad y ser capaz de ayudarlas a converger en un punto central. Bueno, esto último ya sería la labor de un árbitro. Desgraciadamente, no solo no existe ese punto central, sino que a menudo constituye una tercera postura radical, que se autodenomina moderada, y que puede defenderse con la misma desmesura (o más incluso), acusando al resto de las partes de fanatismo. No tengan duda de que esta nueva postura es el fanatismo moderado.

Solo decir que el fanatismo moderado, a veces se confunde con el “cuñadismo”, sobre el que no entraremos a hablar hoy.

Una de las ventajas, y al mismo tiempo desventaja, del fanatismo moderado, es que, por pretender estar en una posición equidistante, ya es suficiente prueba de valor. Pero lo que no tiene en cuenta es que, en primer lugar en cuestión de ideas no existe la equidistancia; en segundo lugar, la mayoría de las veces la postura moderada es impostada y en sus miembros oculta una mayor tendencia a uno u otro lado de las posturas previas, por lo general hacia el lado del fuerte; en tercer lugar, o como corolario del segundo, muchos abrazan la moderación porque se avergüenzan de que les llamen fanáticos, sin darse cuenta de todo lo que hemos contado de este término. Podríamos seguir, pero creo que hemos determinado lo más esencial de la idea.

Al final, la moderación es una falacia y la neutralidad total un imposible. La verdadera moderación solo puede ser aquella que trata primero a ambas partes por separado e intenta eliminar sus partes más hirientes para quedarse con aquello que no supone afrenta por sí mismo. La neutralidad, en cambio, es aquella que, en cada momento, combate a la fuerza que goza de mayor superioridad y se mantiene al margen solo cuando existe una cierta igualdad.

Otro error al hablar de moderación es pensar que el moderado es aquel cuyas ideas son equidistantes a ambas partes. Un moderado puede ser perfectamente un extremista de uno u otro bando, solo que nunca usará su ideario para dañar, sino que procurará hacerse entender sin ensañamiento. El problema estriba en que cuando se tienen unas ideas muy diferentes, es muy difícil reconocer la moderación en el otro lado. Ahí deberían ayudarnos esos otros “moderados” de la neutralidad. Pero, como ya hemos dicho, la neutralidad es un imposible, así que encontrar a alguien que reconozca la verdadera moderación es una falacia. Así, cuando un tema suscita una disparidad, en sus posibles posturas, lo bastante grande, la moderación es imposible de reconocer, incluso, entre los sospechosos tránsfugas que buscan puntos intermedios. De este modo, todos son fanáticos para todos, incluso los más moderados que solo pueden ser reconocidos en su propio bando. Y los peores son aquellos que pretenden denominarse neutrales y a los que, haciendo gala de la mayor de las contradicciones, denominaremos “fanáticos moderados”.


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