sábado, 11 de junio de 2011

Los antidisturbios no están preparados para enfrentarse a masas pacíficas.



Los antidisturbios no están preparados para enfrentarse a masas pacíficas.

Ya hace años que era un secreto a voces, pero con la llegada del movimiento 15M se ha hecho evidente: las tácticas de las policías antidisturbios no están capacitadas para enfrentarse a una masa pacífica. Cuando las manifestaciones antiglobalización de Barcelona vimos como los episodios de violencia eran generados por policías infiltrados que pudieron ser reconocidos en la red, a continuación eran seguidos por los sospechosos habituales (personas que aparecen reventando todo tipo de manifestaciones) y finalmente aparecían algunos individuos que perdían el control y se añadían a los desmanes. Estos últimos justificaban a la policía para repartir hostias a manta. Y es que las técnicas de control de manifestaciones (esas que no se publican en ningún manual) dicen que siempre habrá 1 de cada 1000 que se dejará arrastrar por la violencia y justificará las acciones policiales.
¿Pero que sucedería en el caso de que los manifestantes no respondiera a la violencia, o si estas fueran lo suficientemente aisladas como para que la policía no lograra filmarlas para justificar una de sus cargas?
El movimiento 15M ha logrado eso y, por tanto, ha evidenciado la incapacidad de los antidisturbios para enfrentarse a movimientos pacifistas. Y lo que es peor, ha demostrado que estos individuos armados con porras, balas de goma y, según cuentan, armas anti disturbios totalmente ilegales; son unos cobardes. Cuando los manifestantes ensangrentados, les persiguen con las manos en alto o esgrimiendo una flor frente a sus agresores en repliegue, actúan con extrema violencia intentando romper la líneas que les rodean. Después rodean a los grupos que no pueden huir y estos se sientan en el suelo para mostrar su pacifismo, pero estas policías inadaptadas los levantan a golpes del suelo.
Como si no fuese suficiente prueba, la mayoría de los antidisturbios sufre lesiones en los dedos y los brazos de tanto repartir hostias bajo un estado de histeria. Solo hace falta ver en las imágenes las posturas bélicas de los números en todas esas acciones. Francamente recuerdan (con la diferencia del armamento usado) al ejército inglés enfrentándose a las manifestaciones pacíficas que llevaron a la independencia de la India.
Años de pequeñas indignaciones con “revientamanifestaciones” de por medio, han acostumbrado al uso de tácticas paramilitares para el control de masas, pero cuando los manifestantes ni siquiera responden a las provocaciones policiales, todo se complica. Hemos escuchado a los números y sindicatos inventándose agresiones inexistentes más allá de los fantasmas que nublan de temores su entendimiento. Hemos escuchado a los responsables políticos que dieron las órdenes sin saber lo que realmente hacían. Y hemos escuchado a los gobiernos y líderes políticos agarrándose a sus cargos sin llegar a reconocer la verdad de lo que está pasando en este país y, en menor medida, en todos los países del mundo.
El colmo de todo este sinsentido lo representa el PP a quien este movimiento le aterra más que a nadie pues ellos son los que más tienen que ocultar a la mirada pública. Aunque aquí todos los que se han repartido el pastel guardan esqueletos en los armarios.

En el próximo artículo explicaremos cómo es posible que no sea verdad esa expresión de que todo pueblo tiene el gobierno que se merece.

3 comentarios:

Ll dijo...

"Qui va enganyar en Felip Puig?": La policia no es dolenta, es que l'han dibuixada així.

Vicente Salinas dijo...

Las policías españolas han aprendido sus técnicas antidisturbios de la policía israelí y de la británica del Ulster, de ahí sus tendencias de violencia.

Vicente Salinas dijo...

Por si fuera poco, no solo no son capaces de controlar un grupo no violento, sino que consideran amenazante cuando el grupo principal se bifurca. Esas técnicas contemplan tener infiltrados y en caso de duda incitar a los más susceptibles de la manifestación a cometer actos reprobables. Si no se logra ellos mismos los cometen y se logra la excusa de la actuación violenta de los antidisturbios que terminan por romper una formación difusa de la masa pacífica.