viernes, 22 de abril de 2011

Islandia o el día que falló el capitalismo a medida.


Islandia o el día que falló el capitalismo a medida.

Llevamos mucho tiempo sospechando que existe un gobierno mundial en la sombra. Los paranoicos creen que existe un Gran Hermano que observa cuanto hacemos y vigila que el funcionamiento del mundo no se separe demasiado de sus expectativas. Tal vez no estén demasiado equivocados, pero puedo asegurarles que no todo sale como ellos esperan.
Hubo una vez un país donde el Gran Hermano capitalista quiso hacer un experimento para diseñar su sociedad perfecta. Seguramente ya había probado muchas otras fórmulas en otros muchos países, pero todas fracasaron; al menos en parte. Pero Islandia parecía que, con una especie de matriarcado, había encontrado la fórmula perfecta. Durante años las adolescentes se quedaban embarazadas y tenían bebes que criaban los abuelos maternos. Entre tanto la madre seguía sus estudios orientados a entrar en el mercado de trabajo de la mejor forma posible, pero sin alejar sus expectativas de recuperar la maternidad lo antes posible. En ese tiempo de dedicación las parejas cambiaban y un buen día formaban familias donde los hijos volvían.
Hay quien pensara que esas estructuras familiares eran anómalas. Pero para un sistema capitalista era perfecto. Los individuos femeninos dominaban por su aptitud para la maternidad y esta se ejercía mientras aún no formaba parte del mercado laboral. Cuando llegaban a este mercado estaban perfectamente preparados, pero además tenían un incentivo en forma de hijos, que los hacían lo suficientemente dóciles para los empresarios. Los abuelos se podían permitir cubrir las necesidades de los primeros años de esos bebes porque, a su vez, eran muy jóvenes. Los varones aceptaban parejas con hijos y creaban en torno a ellos esa familia que, a su vez, necesitaba de más hijos para afianzarse.
El verdadero defecto de ese sistema estaba en que era necesario un gran nivel adquisitivo para mantenerse. La reducción del mismo o un encarecimiento inmobiliario podía llevarlo al traste. Y eso es lo que sucedió. El mundo entero confiaba en un sistema bancario como el islandés y este no supo protegerse de los productos financieros tóxicos provenientes de EE.UU.. El problema había sido que muchos ahorradores de la City quisieron invertir en un sistema financiero seguro. El problema es que los productos financieros de la isla eran limitados y tuvo que recurrir a paquetes externos sin pensar en el origen de estos. Las finanzas de Islandia se volvieron tóxicas, pero el exceso de volumen también generó un encarecimiento de los recursos financieros del país… incluidos los inmobiliarios. Cuando estalló la crisis la banca rota estaba asegurada.
Pero aquí llegó otro de los contratiempos con los que no contaba el Gran Hermano. La sociedad islandesa, con su forma de construirse también había permitido que, si bien la cultura media de los islandeses no era muy superior a la de otros países, si que era más uniforme y, por tanto, los individuos que la constituyen son menos manipulables. Así que cuando llegó el momento que en otros países supuso retirar el pan a sus ciudadanos para salvar sus bancos, los islandeses se plantaron. Forzaron a gobierno y jueces para que auditaran a sus entidades financieras y enviaran a prisión a los directivos ineptos que habían propiciado aquella situación. Pero, por su parte, la City sigue exigiendo que le devuelvan los activos invertidos. El resto de países se ha puesto de rodillas ante la City y ha tragado, pero los ciudadanos islandeses han dicho no. ¿Por qué tenemos que pagar las malas inversiones de otros después de perder las nuestras? Y tienen razón, pero como el resto del mundo no ha tenido narices de plantarle cara a la City, esta sigue presionando a Islandia.
El Gran hermano, periódicamente, permite que los especuladores generen una espiral de beneficio ficticio que infla los precios de todo en una burbuja que, al reventar, empobrece a las clases medias y bajas, y derriba a los nuevos ricos que no se han afianzado correctamente al sistema. Los miembros de ese sistema centrado en la City no se ven perjudicados, solo se daña a la clase media que seguramente ha ido vendiendo parte de sus derechos por una vida mejor y, cuando ya cree que lo ha logrado, estas crisis les dejan en la miseria y sin poder recuperar los derechos perdidos.
¿Qué o quién es la City?
La City es la herramienta financiera principal del Gran Hermano. Se denomina así porque la mayoría de sus ramificaciones se muestran desde la ciudad de Londres (la City).
El Gran Hermano pretende controlar los recursos naturales y financieros del mundo y para ello controla, mediante los bancos y las multinacionales, a los países más importantes del mundo. Todos estamos supuestamente a su sombra, pero también ellos se equivocan.
El Gran Hermano promociona guerras, revoluciones, medidas políticas y económicas, pero, ante todo, genera movimientos sociales con el pensamiento de que es lo mejor para ellos y tiene que ser lo mejor para todos. Ante una idea general no dudan en sacrificar a peones y, si es necesario, pueblos enteros.
El escritor y periodista Daniel Estulín identificó, creo que con bastante acierto, a este Gran Hermano con el llamado Club Bildelberg. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que, si bien lo forman las personas más poderosas del mundo, sus intereses y pensamientos no siempre son coincidentes. Por estas grietas, que nosotros desde el suelo difícilmente podemos adivinar, se les pueden escapar muchas cosas de su perfecto control. Si somos capaz de hacer palanca en esas gritas podremos desarmar el Estado mundial del Gran Hermano.
¿Cómo y dónde introducir la palanca?
Esta crisis económica mundial significa el fracaso del actual sistema financiero. Pero ante todo tenemos que tener claro que lo que ha fallado es el capitalismo actual. Sin la amenaza del comunismo, el capitalismo ha dejado de dar una parte a los trabajadores. Los directivos de grandes empresas, para su máximo beneficio personal, han decidido cargarse el estado del bienestar que necesita de mucho dinero para mantenerse y sigue el camino de convertir en sus esclavos a toda la sociedad. La crisis ha demostrado que, una vez han asignado a sus directivos el dinero que se dedicaba a trabajadores, inversores y, sobre todo, al resto de la sociedad, esta se contra hasta hacer quebrar los sistemas financieros.
Tenemos que tener muy claro que las empresas deben limitar el número de sus directivos y los ingresos que adquieren y, aunque parezca no tener nada que ver, se debe sancionar con penas de cárcel el uso de cuentas en paraísos financieros. Estos paraísos financieros permiten a la City esconder la mayoría de las acciones que el Gran Hermano va ejercer sobre nosotros.
Y dicho todo esto ya hemos dado el objetivo que debe tener toda revolución que se quiera ejercer para hacernos libres. El próximo día hablaremos de los medios que el Gran hermano utiliza para atenazar nuestros movimientos y evitar que nos sublevemos cuando, según él, no debemos hacerlo. Aunque, no sé porque, pero me parece que ya los intuís… ¿No?

Imagen bandera extraída de www.33ff.com
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