martes, 5 de abril de 2011

Sobre el bien y el mal.


“Lo único necesario para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada”.
                                                                       Edmund Burke

Estas palabras en boca de un liberal-conservador inglés y crítico de la Revolución francesa pueden contener un malicioso significado. La cosa se vuelve más extraña cuando Burke se manifiesta partidario de la ataraxia, disciplina por la que se debe intentar extraer todo sentimiento a los razonamientos para hacerlos mejores. No parece, pues, esa frase, una expresión sincera de un conservador “vulcaniano”.
No obstante, al leer sus comentarios políticos, vemos que fue partidario de liberar las colonias en la segunda mitad del siglo XVIII. Pero se opone a los principios de la Revolución francesa por desembarazarse de la tradición jurisprudencial y propiciar el caos en su nueva reformulación. Hacia el final de su carrera política se enemistó, por sus ideas, con teóricos de la democracia como el ya norteamericanizado Thomas Paine, que fue el principal ideólogo de la Declaración de Independencia estadounidense.

Con la imagen ya muy alejada en el tiempo del que pudo ser en realidad Edmund Burke, sorprende la gran cantidad de veces que últimamente se cita esta frase. Uno toma conciencia de que el mal y los hombres buenos tienen que ser muy diferentes en concepto, según quien haga la cita, y seguramente difieren mucho más de la imagen mental de su autor.

Una vez puestos en antecedentes sobre la expresión, vamos a omitir su origen y vamos a centrarnos en su uso actual. Imaginemos esas palabras en las bocas de personas muy diferentes, pero no las reales, sino aquellas que llegan a nuestra comprensión a través de los medios.
Si la frase fuera enunciada por Bin Laden seguramente sería una llamada a la guerra santa contra los infieles de occidente. Por otro lado en la boca de Bush hubiese sido un tirón de orejas a todos aquellos que no le apoyaron en su cruzada. Por su parte en Julian Assange constituiría a un tiempo una justificación de su obra como la solicitud a que muchos otros se presten a filtrar contenidos ocultos.
En definitiva, el bien y el mal dependen de cada uno, no son valores tan absolutos como muchos pretenden hacernos creer. El mal es todo aquello que se opone a mis creencias e intereses y los hombres buenos todos aquellos que espero se pongan de mi lado. Que significado tan vulgar e interesado, pero dispuesto en una cita tan gloriosa tiene una fuerza increíble.

Lo curioso de estas frases tan emotivas (algo muy poco relacionado con la ataraxia) es que su análisis más profundo siempre nos lleva a pensar qué son realmente el bien y el mal. Y si tenemos la mente lo suficientemente abierta, llegamos a la conclusión de que, salvo en cuatro o cinco puntos muy concretos, no se ha establecido una convención sobre lo que está bien o mal de forma universal y, por ello, entre tanto concepto y ambigüedad muchos han filtrado sus mensajes dogmáticos y se han apropiado de enormes parcelas de poder que no les pertenecen.
Para quién aún tenga dudas solo ha de analizar las diferentes ideas de bueno y malo que existen para el trabajo infantil, la igualdad de sexos, el aborto, la pena de muerte, la inmersión en dogmatismos religiosos de los niños, las sectas, el satanismo, la libertad sexual, el matrimonio, las revoluciones, las ideologías políticas, los nacionalismos, el espionaje, el capitalismo, el liberalismo, las religiones, la posesión de armas, las drogas, la educación, la inmigración ilegal, las energías alternativas...
Cada uno de estos temas abre un abanico de opiniones hasta alcanzar niveles tan extremos como para ser capaces de ver grandes males en las ideas opuestas y al tiempo expresarse como en la cita de Burke. Seguramente los más moderados podrían dar la imagen de esos hombres buenos que no piensan mover ni un dedo en ninguna dirección... o no.
Otro día hablaremos de las razones que puedan tener las personas que no mueven un dedo en ninguna dirección y veremos que no todos son esos “hombres buenos”. Hoy lo importante es fijar que el concepto de bien y mal no son más que un prejuicio que nos aleja de aquellos que no constituyen nuestro entorno más inmediato, es decir, de los que han aprendido los mismos conceptos capaces de generar los mismos prejuicios, o similares.

Imagen tomada de www.guardian.co.uk
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