viernes, 29 de abril de 2011

How is “el puto amo”?



How is “el puto amo”?

En los últimos días ha pasado un terremoto… (iba a decir que futbolístico, pero no encuentro la palabra correcta) por nuestro país. Desde que ya hace unas cuantas semanas sabíamos que en pocos días Barça y Madrid se verían las caras hasta cuatro veces en un lapso de tiempo muy breve, se había creado una enorme expectación, hasta cierto punto artificial. Lo cierto es que solo en muy contadas ocasiones los grandes duelos Barça-Madrid han ofrecido ese magnífico espectáculo futbolístico que se supone. Emocionantes, seguramente; apasionantes, sin duda; pero como espectáculo exclusivamente futbolístico, casi siempre decepcionantes. Pero han ocurrido varias cosas que han abierto esas expectativas. Por una parte en los últimos años el F.C. Barcelona ha culminado un proyecto futbolístico, después de muchos años de trabajo (según dicen), que ha admirado al mundo entero con un fútbol de una plasticidad admirable y que incluso se ha trasladado a la selección española con éxitos espectaculares y rotundos. Del otro lado había un entrenador herido en el orgullo por que ha visto como ese equipo admirable se ha atravesado, una y otra vez, en su exitosa, pero ramplona carrera, para robarle parte de su notoriedad. Pero las razones no acaban aquí. Todos sabemos lo que es un duelo entre estos dos equipos y que muchos quieren trasladarlo a un duelo entre las ciudades, entre Catalunya y España (sobre todo desde que en el año 1997 el gobierno del PP decidirá supeditar la política de infraestructuras al crecimiento de Madrid en lugar de procurar una ayuda al desarrollo económico del país, y que con la continuidad política en este aspecto del PSOE ha enconado las diferencias entre ambos puntos opuestos de la política económica). De aquí a que determinados medios de prensa, de aquí y de allí, le den una trascendencia que el match no debería tener, solo hay un paso y puedo asegurar que todos lo han dado.
Y eso que el llamado Derby, Clásico o el partido del año, de la década o del siglo, ya acarrea una enorme expectación por la envergadura de los equipos, el poderío  de sus plantillas y el tamaño de sus vitrinas. Pues, aunque parezca increíble, esta vez aún hay más. Parece ser que el Real Madrid volvió a recuperar, de una forma harto sospechosa, a un presidente que ya había tenido que salir del club por la puerta pequeña. Don Florentino se inventó aquel Madrid galáctico que tras despedir a Vicente Del Bosque y a Manolo Hierro, alcanzó la excelencia en piernas valiosas (también en estética futbolística individual), pero que fue una nulidad a la hora de obtener títulos. Aquel Madrid terminó económicamente hundido y, lo que es peor, con su cantera tocada. Después de años de titubeos, en que los blancos lograron varias ligas, pero ensombrecidos por un eterno rival que empezaba a mostrar sus dotes para hacer espectáculo futbolístico, se creó un fuerte grupo de opinión para intentar traer otra vez al rey del talonario. Ahora que Florentino está otra vez al frente no pueden tolerar que el Barça, a pesar de las enormes inversiones de los blancos, les humille una y otra vez. Así que en un esfuerzo desesperado y sin parangón, han dado carta blanca al entrenador más resultadista de la historia del futbol (bueno, esto, tal vez, sea una exageración, en la historia podemos hablar de algunos que lo han sido tanto o más como Helenio Herrera, Van Gaal, Arrigo Sacchi, Bilardo, Fabio Capello, Van Marwijk, Otto Rehhagel, Javier Clemente, Nereo Rocco…). Después del cinco a cero de la primera vuelta de la liga, Mourinho ya era consciente de que por méritos futbolísticos no podría superar a los blaugranas. Con todo, sus amplios conocimientos balompédicos le llevaron a idear un plan algo casi suicida, pero que podía darle la victoria en alguno de los encuentros y, de paso desgastar tanto al Barça que, si no lograba una amplia ventaja en Liga de Campeones, darle la puntilla en el último partido.
El gran plan pasaba por destruir la zona de creación del Barcelona para que no pudiera generar pases letales a sus delanteros. Para ello los dos laterales debían extremar su agresividad, pero a los dos centrocampistas de destrucción habituales en el juego del Madrid se añadía un defensa central que actuaría como tal, pero en la parte alta del centro del campo. Por supuesto, este jugador, que fue Pepe, debía ser de una agresividad extrema y cubrir, rápidamente, una zona muy extensa del campo. Entre tanto, el coatch luso esperaba de los tres medias puntas que actuarían como falsos delanteros (Di Maria, Özil y CR) que ayudaran a la hora de frenar las subidas del Barça. En cuanto a sus labores de ataque, cuando no se pudieran resolver rápidamente los ataques, deberían buscar faltas lo más próximas al área posible. Pepe, al jugar tan avanzado, debía recuperar muchos balones que deberían ofrecer a sus compañeros buenas oportunidades de contraataque. El resto del tiempo el Madrid se cerraría atrás al estilo italiano.
Hasta aquí un creativo planteamiento de Maurinho que, con suerte evitaría la goleada blaugrana, pero que tenía muchas posibilidades de que Pepe, Marcelo o Arbeloa no terminaran el partido por cuestiones disciplinarias. Supongo que, a pesar de las declaraciones realizadas por el técnico portugués, era un riesgo plenamente asumido por él. Sin embargo, para ahuyentar esta posibilidad y ampliar aquellas otras que pudieran darle la victoria, creó otras estrategias menos deportivas y específicas para cada partido. El Show de Mou, si bien en todos los casos tuvo la tangana como base filosófica, fue matizado, con una esmerada puesta en escena, a cada partido y a cada circunstancia. Mientras en el primer partido los tres “delanteros” y ocasionalmente Marcelo, tenían orden de buscar la falta y la tarjeta del rival, si era necesario dejándose caer. Además, para frenar aún más el juego, cada acción era seguida por una abrumadora protesta masiva al árbitro para presionarlo. La fórmula funcionó bastante bien hasta que el árbitro se dio cuenta de alguna de estas acciones por un lado (aunque lo de sancionar con tarjeta al cuentista no estuvo en sus intenciones, por lo que el público siguió calentándose como si las faltas fueran ciertas), por otra parte, a partir de un momento dado, el Barça decide sacar rápidamente las faltas que le pitan a favor, y eso imposibilita a los jugadores blancos rodear al árbitro por temor a una acción de gol. A partir de ese momento el Barça empieza a superar todos los impedimentos y a fabricar fútbol. En una de las jugadas Villa dribla al último defensa y este comete el error de hacerle una llave de judo. Penalti y expulsión y, lo que era peor para Mourinho, un jugador que no debía haber sido expulsado dentro de su plan. Sin embargo, igual que fue capaz de empezar a jugar a fútbol, tras el gol, el Barça se vuelve dubitativo. Además, el árbitro, tal vez “enternecido” por la inferioridad numérica del Madrid, vuelve a tolerar durezas que hubiera debido sancionar y perdona reiteradas acciones de tarjeta a todos los peones del Madrid. Conocedor de su debilidad, y para compensar, agrava  más la situación perdonando una tarjeta a Alves que hubiese podido significar su expulsión. En campo de los blancos nadie va a darse cuenta de lo tolerante que ha sido con su equipo, ni a reconocer que las decisiones del árbitro han perjudicado claramente a los visitantes. Esa es la razón de que el penalti en que perdona la tarjeta al blaugrana, una vez convertido en gol, suena a victoria para los locales, a pesar de que significa dar la espalda definitivamente al título de liga. Por su parte la afición blaugrana, a pesar de la superioridad de su equipo, se queda con una cierta sensación de derrota.
Este primer partido pudo no tener mayor trascendencia y en pocos días haber llevado las aguas a su cauce, pero ni la prensa de Madrid (que recordemos apoya realmente a Florentino y no a Maurinho, pero que, por ahora son lo mismo), ni el propio Mou lo pueden permitir. En pocos días tiene que llegar la final de la copa del rey.
Para el Barça el partido ha significado también algunas bajas que, posiblemente no puedan jugar en el siguiente duelo. Finalmente Adriano y Puyol terminan quedando fuera de la Copa.
Mou plantea el segundo duelo como el más cicatero de todos, pero aún así, gracias a que la defensa blaugrana aún tiene que acoplarse, las rápidas acciones de los tres medias puntas del Madrid generan serias dudas en los catalanes que dan una floja impresión durante la primera parte. Sin embargo, en la segunda, vuelve el fútbol y los blancos tienen que manifestar una dureza superior aún a la del primer partido. Esa dureza también supone un esfuerzo extra para sus jugadores. Özil termina siendo substituido por Adebayor. Ya había sido substituido en el partido anterior, pero las circunstancias no lo habían hecho importante. Más tarde Khedira también vería sus sobrecargas musculares transformadas en una lesión más seria.
El Madrid sobrevive al tiempo reglamentario, pero al llegar la prorroga parece que se abren más espacios en el centro del campo y, sorprendentemente permiten que los blancos enlacen varios contraataques que buscan a Cristiano y Adebayor. Es el delantero portugués el que con un magnífico cabezazo logra el tanto que, a la postre le dará la Copa al Madrid. Porque con un gol a favor los de Mourinho saben cómo tapar todos los huecos. Cuando faltan dos minutos el árbitro se atreve a hacer lo que no hizo en todo el partido: expulsar a Arbeloa, lo que sirve para terminar de agotar el tiempo en el asedio a la desesperada de la portería de Casillas. Como después dirá sin percatarse el propio portugués: Mourinho ha ganado.
Con el ambiente ultracalentado llega el tercer partido que, además, es el partido de ida de las semifinales de la Champions League. La prensa de Madrid no ha dudado en convertir el partido en zona de guerra y Mourinho, para no perder comba, se propasa verbalmente para provocar, cosa que logra con un menos moderado que de costumbre Guardiola. Tan tensa está la situación que, más que un partido de fútbol, parece que se va a producir una batalla campal.
Por si no hubiese suficiente con el panorama prebélico, el Barça ya arrastra las bajas físicas de Iniesta y Máxwell, el último de los tres laterales izquierdos del equipo.
Empieza el lance y las premisas, a pesar de las bajas de ambos (en el Madrid también es baja Carvalho por sanción), no parecen diferir demasiado de los anteriores encuentros. Sin embargo pronto se ve que, en esta ocasión los jugadores del Madrid no persiguen al árbitro por todo el campo. La presión parece quedar en manos del público, pero los jugadores del Madrid vuelven a la práctica descarada del primer partido de buscar las faltas en la zona de ataque para intentar jugadas a balón parado y tarjetas a los defensas del Barça. Y en principio parece que la cosa va bien, pero el Madrid no logra contraatacar, parece que los blaugranas han logrado frenar su velocidad. Por otro lado el Madrid se muestra tan violento como siempre, pero los jugadores del Barcelona tienen orden de no seguir las jugadas cuando se les golpee. Deben lograr que el árbitro vea la dureza del juego. Muchos de los jugadores azulgranas no tienen demasiada práctica en parar el juego y parece que hasta hagan cuento. Guardiola parece que, en un momento dado les dice que vayan al ataque porque esa parte no funciona.  Cuando se retiran a vestuarios a la media parte, toda la tensión se desata en una tangana donde Pinto es expulsado por agresión. Al volver al campo el juego se acelera, pero el Madrid sigue en el mismo escalón y el riesgo que corrió Pepe en todos los partidos sin manifestarse en tarjetas, se condensa en una brutal entrada que el árbitro elige zanjar en roja directa. Dentro del show de Mou es el momento de lanzarse a la yugular de los árbitros y él también es expulsado, lo que no le impide ser el centro de atención de los siguientes minutos de calentamiento bélico. Sin Pepe atenazando la zona de creación del Barça el partido es un baile aún a pesar de la violencia pseudotolerada de los blancos. Tras una agresión de Marcelo Pedro tiene que ser substituido, pero sale un Afelay que supera en velocidad al lateral brasileño y pone un impresionante centro que Messi transforma en gol. Poco después un enorme Messi realiza una de sus cabalgadas “derrumbadefensas” y marca un golazo. Punto y final… o debería. Pero ni el perverso entrenador portugués, ni la prensa y televisión de Madrid lo pueden permitir y montan un escándalo vergonzoso que parece que se estirará en el tiempo como un chicle.
Parece mentira que TeleMadrid sirviera las imágenes del partido y en su región pase una y otra vez una versión amputada de la realidad a su audiencia para convencerlos de una falsa realidad que les persigue. Gracias a unas estratagemas impropias del entorno de un club con el supuesto prestigio del Real Madrid, lo que fue un brillante triunfo a pesar de las circunstancias, se ha convertido en un insúltate “¿Por qué?”.
Por si todo esto no fuera suficiente y en un país que tiene muchas cosas importantes de las que hablar, se ha dado a estos encuentros una absurda proyección política.
Ahora queda el último de los cuatro partidos. Ya sabemos que, una vez más se van a sumar bajas en ambos equipos. El resultado es una incógnita, pero una cosa es segura, no será muy difícil ver más fútbol del que hemos visto hasta ahora. Porque de fútbol, hasta ahora, muy poquito.

Imagen tomada de http://docencia.izt.uam.mx
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