domingo, 15 de agosto de 2010

Toros, correbous, turismo y terrorismo.


Catalunya ha dichos "no"… a los toros.
…A las corridas de toros. Sin embargo, la plaza Monumental de Barcelona no cerrará definitivamente en estas lides hasta el 2012. Y eso sí los recursos de los pro-taurinos no prosperan.
Mientras esto ocurre, en muchos pueblos catalanes transcurren eventos festivos donde los astados también son protagonistas. Son los "correbous", prácticas habituales y con mayar o menor tradición, típicas de las fiestas mayores, donde, en demasiadas ocasiones, hay un obvio sufrimiento del animal. No es de extrañar, pues, que algunos de los grupos de defensa animal que propugnan la iniciativa de prohibición de las corridas de toros, intenten ahora una regulación de todas estas fiestas populares.
En todo este tema, sin embargo, hay mucha hipocresía y mucho engaño. Por un lado los taurinos acusan un agravio comparativo al tolerar estos correbous y no las corridas, llegando a hablar de "fanatismos nacionalistas". Por otro lado, los defensores de estas otras fiestas intentan remarcar que ellos no sacrifican a los animales. Sin embargo, está claro que muchas de estas actividades conllevan un padecimiento animal inadmisible e incluso un peligro físico para estos que, en ocasiones, pueden acabar con lesiones, más o menos graves. E incluso con la muerte, más o menos accidental, del bicho.
Por eso es necesaria una regulación de todas esas actividades, permitiendo aquellas lúdico festivas donde el animal no parece fácil que sufra lesiones. Serían, pues, descartables aquellas otras, como la de poner fuego en la punta de los cuernos y donde el toro aterrorizado puede sufrir lesiones oculares muy dolorosas y de extrema gravedad. Por otro lado se podrían permitir corridas de toros a la americana, donde el toro no es picado, banderilleado ni asesinado para el jolgorio de sádicos amantes de la sangre.
Está claro que ante el pequeño sadismo de algunos correbous y el baño de sangre de la fiesta nacional, hay algo más que una sutil diferencia, pero todo se ha de andar si queremos una sociedad mentalmente sana.
No podemos pasar por alto el grado de insensibilización que implica la adaptación a estos espectáculos. Recordemos que los grupos terroristas recurren a prácticas similares para lograr similares grados de insensibilización a sus nuevos miembros. Recordemos que cada vez es más difícil encontrar trabajo en los mataderos y que, en los últimos años, siguen prácticas bastante más incruentas. Así no es de extrañar que muchos miembros de ETA sean verdaderos entendidos en el "arte de la tauromaquia". Lo que ya resulta una inapropiada rareza es que, algunos jueces que después deben sentenciar sobre lo que algunas naciones de este Estado han elegido como su definición, se regocijen a sol y sombra a la vista de todos.
El arte del picador, el arte del banderillero, el arte del matador… todo bajo la vista de un avanzado estudioso de la histórica fiesta nacional. Pero en las gradas, la mayoría de espectadores se limita a jalear el brutal baño de sangre en un duelo casi singular entre toro y torero. Y la mayoría ya ha tomado partido por el que más posibilidades tiene pues están deseosos de ver en negro trozo de carne varado en la arena de la plaza, húmeda y oscura. Todo tras un heroico espadazo a un toro jadeante por la sangre perdida.
Muchos toreros son corneados y llevados raudamente a la enfermería ¿Quién cura al toro de sus heridas?
Creeré en los toros cuando vea a un astado salir por la puerta grande sosteniendo las dos orejas y la nariz del torero. Y, de paso, también la cabeza de alguno de los sádicos de la grada.
Entre tanto sólo me acercaré a las plazas taurinas en día de corrida, para ver en sus puertas los cuerpos desnudos de algunas apetitosas manifestantes. Y es que cada uno tiene sus morbos. Lástima de esa pintura roja con que se cubren y recuerda asquerosamente a la sangre.

Adaptación de imagen extraída de http://picses.eu/domain/ouiouioui.wordpress.com/
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