martes, 31 de agosto de 2010

¿Qué es ser franquista?

Está claro que un franquista de hoy no tiene nada que ver con un franquista de ayer. Es posible que la mayoría de las veces se utilice este término despectivamente con la única intención de descalificar a alguien. Después de todo el régimen franquista fue un régimen terrorista aunque no esté, oficialmente, definido de esa forma (otro gallo nos cantaría si lo fuera). A pesar de todo, los franquistas de verdad existen, lo que sucede es que, con el tiempo, algunos valores se han transformado, así que vamos a ver cuáles son sus características esenciales para distinguirlos.
La primera característica del franquismo y, precisamente en la que más han evolucionado los nuevos franquistas, es el “antiliberalismo”. Franco no quería, bajo ningún concepto, dejar cabos sueltos así que, en teoría, controlaba la economía como los demás temas. Por supuesto, algunos otros temas que debían ligarse al liberalismo tales como la separación de poderes, o la aceptación de que la soberanía nacional residía en el pueblo, eran inaceptables. Además, aquella máxima adoptada por el neoliberalismo del “laisser faire”, estaba substituida por otra similar de corrupción controlada. Franco permitía que su entorno entrara en los mercados con ventajas, fruto de la corrupción, pero de forma controlada, algo que les permitía un cierto enriquecimiento al tiempo que permitía al dictador un mayor control de esos individuos. En el caso Matesa alguno debió descontrolarse o querer aumentar su riqueza más allá de lo tolerado y se tiró de la manta para hacerlos volver al redil, finalmente pagó un cabeza de turco al que se financió una cómoda estada en presidio que poco tenía que ver con la de los numerosos presos políticos de la época.
Los franquistas de hoy si han adoptado el neoliberalismo (no confundir con verdadero liberalismo aunque ellos insistan en ello) porque el sistema económico franquista ya demostró su falta de eficacia total. Además, otro dictador similar como fue Pinochet, demostró que con la explotación del pueblo y aplicando un sistema neoliberal, se podía reflotar la economía del país. Es por eso que los nuevos franquistas, en términos económicos son, más bien, “pinochetistas”. Puede contemplarse esta ideología en “Libertad Digital” y la red de liberales punto com.
Otra de las máximas franquistas es el “totalitarismo”, pero, aunque parezca un término claro en base a los precedentes históricos como el de Fernando VII y otros reyes anteriores. A la hora de la verdad el régimen franquista sólo fue verdaderamente totalitario mientras pudo permanecer ajeno al resto del mundo, a partir de mediados de los años cincuenta suceden algunos cambios positivos. Ese aperturismo al capital extranjero relajó lo suficiente las instituciones como para llegar a los setenta con un atisbo de apertura del que renegaba Falange Española de las JONS. Claro que este único partido político permitido en la época del dictador fue el creador de la mayoría de instituciones mediante las que el propio Franco pretendía dominar todos los aspectos de la vida social del país. Un ejemplo simple e inocente lo constituyen los movimientos juveniles, como el de los “flechas”, al que la llegada de los “scauts” se contrapuso y le quitó números. Por si esto fuese poco, en lugares como Cataluña, estos escauts, denominados “escoltas”, pudieron estar ligados a clubs de montaña donde existía un movimiento político de oposición al franquismo que resurgía en las canciones populares que se podían cantar, en torno a un fuego, en la montaña, lejos de las autoridades. Como es lógico, esos sentimientos se pudieron extender a otros grupos menos politizados, pero que mantenían un cierto desapego a los flechas (los scauts de Falange).
El “Antiparlamentarismo” es la característica por la que mejor se define a un franquista. Desgraciadamente el hecho de ser antiparlamentarista no es exclusivo del franquismo, la tentación es grande para demasiados. A nivel de gobierno hay una medida que define totalmente esa tendencia: los decretos ley. Cuando un gobierno saca adelante una reforma legislativa por el procedimiento de decreto ley omite la necesaria etapa parlamentaria. Hay que citar al expresidente Aznar como un aventajado usuario de este tipo de medidas, pero dado su pasado (y su presente), nadie en su sano juicio puede negar que don José María es el perfecto ejemplo de un franquista moderno. Pero para Franco el antiparlamentarismo tenía un sentido mayor que el de la practicidad ya que, según algunos historiadores, el dictador creía realmente que los partidos políticos habían causado la decadencia de España. Así Franco inventa la “democracia orgánica” donde se permite votar el acceso a algunos cargos menores, como concejales de barrio. También en base a esta idea intenta autojustificarse en un referéndum sin garantías y ganado de antemano.
El anticomunismo es un sello, una marca que usa de principio a fin el régimen de Franco. Su enemigo original fue el Frente Popular y, años después, durante la Guerra Fría, uso ese anticomunismo para erigirse en el "centinela de occidente". Bajo esas premisas el gobierno norteamericano terminó negociando con el dictador y, de paso, nos puso unas cuantas bases militares. Como el comunismo de hoy es un corpúsculo manso y desorganizado, los franquistas de hoy han dirigido sus ojos contra los nacionalismos vasco y catalán. Los franquistas de hoy dicen ser antinacionalistas, pero sus diatribas son aún más nacionalistas, de un nacionalismo español castellanizante que apesta, pero que no reconocen.
Como explica la wikipedia, otra de las características del franquismo es su “nacional-catolicismo”. El régimen estuvo estrechamente ligado a la Iglesia, ya que esta le dio excusas y herramientas para perpetuarse. Por ejemplo, la censura fue una de esas eficaces herramientas donde la iglesia puso las normas y en ocasiones los oficiantes, pues todos los censores eran insignes católicos y, en ocasiones, hasta sacerdotes. Bajo el nacional-catolicismo también se instruyó a las nuevas generaciones mediante el control en las escuelas. Hoy aún es posible encontrar dentro de la más rancia élite de la iglesia, a muchos franquistas de conveniencia de los que no vamos a dar nombres porque todo el mundo los conoce.
No hay dictadura que no pretenda el control absoluto y, por tanto, la centralización es una medida obligada. No es difícil asociar eso a la substitución del anticomunismo por el antinacionalismo cuando este pretende separar parte del poder central. La dictadura llegó a prohibir el catalán, el vasco y el gallego (sobre todo en la primera etapa), también arrambló con todos los símbolos que no se identificaran con la España Una. Sin embargo, también Franco hizo una excepción con Navarra. Esta excepción nos obligaría a hacer un análisis el franquismo diferenciado en esas tierras y, por tanto, hoy podríamos encontrar en Navarra a franquistas con características diferentes a los del resto del país.
El centralismo, si bien es una característica franquista de las más importantes, también lo podemos ver hoy en día muy introducido en partidos como el PP, Ciutadans o el partido de Rosa Díez, como quiera que se llame. Pero además, muchos elementos importantes ligados al PSOE son también centralistas a la antigua usanza: Bono, Múgica, Guerra…
Se ha hablado del “tradicionalismo” como parte integrante del franquismo, sin embargo yo discrepo. Franco uso y abusó de la tradición por pura necesidad. Con tanta represión necesitaba símbolos de cohesión para fundamentar la sociedad mansa que pretendía. Unos símbolos surgidos de la historia política y popular reales o inventados, pero que fundamentaran un nacionalismo no ajeno a su persona. Así convirtieron a los Reyes Católicos, por su carácter unificador y católico en un símbolo que manipularon a su antojo. No dudando en cambiar los libros de historia si convenía. Había que inventar un sentimiento de orgullo y fundamentarlo en el pasado podía ser una garantía. Junto a la historia, el folklore fue uno de sus máximos aliados. También los Toros, en la categoría de Fiesta Nacional e incluso lo intentó con nuevos entretenimientos de masas haciéndose aficionado del Real Madrid. Pero no asociemos a este club, que se benefició de aquella época, con el franquismo, porque franquistas los hay de todos los clubs, hasta alguno del Barça.
En cualquier caso el franquismo llenó de símbolos la sociedad española, aún es posible encontrar en alguna fachada alguna placa de “protección oficial” con las flechas de Isabel la Católica o… de Falange. Por eso cuando el gobierno Aznar puso aquel banderón en la plaza de Colón de Madrid, ya no hubo ninguna duda de con quién nos las habíamos de tener...
Franco era un militar que había tomado el poder por las armas y por estas pasó a todos cuantos pudieron oponérsele en un principio, así que hablar de militarismo es una obviedad. De todas formas, la representación de las fuerzas armadas en la sociedad durante toda la dictadura fue una constante.
Limitación de partidos políticos. Franco sólo permitió a Falange, partido del que se convirtió en su líder único y que fue la base constitutiva del Movimiento. Siempre dentro de Falange, se toleró al tradicionalismo carlista, más por lo primero que por lo segundo. Si hoy algunos pretenden una abusiva tendencia al bipartidismo, Franco se inventó el monopartidismo.
Los seis años de República, lejos de ser inútiles, como más de un franquista ha pretendido defender, fueron de un dinamismo estructural increíble. No sólo eso, crearon unas fórmulas inmejorables para el buen funcionamiento del país y la estructuración del mismo. También, por primera vez, se atacaron problemas que antes ni siquiera había analizado nadie. Por eso cuestiones como la sequía pertinaz de algunas zonas de España, obligó a los franquistas a rescatar un proyecto republicano: “el plan hidrológico nacional”. No fue el único, hubo otros. De hecho, con la bajísima capacidad económica del país, cada vez que se intentaban copiar las estructuras de la España de Primo de Rivera, los resultados eran desastrosos. Al llegar al tema de los trabajadores Franco se encontró con la disyuntiva de eliminar toda estructuras asociativas obreras sin más, con el peligro de que apareciera un asociacionismo sin control, o permitir las estructuras sindicales republicanas, pero desligándolas de las politizaciones. Ante el temor de no haber podido erradicar totalmente al anarquismo y ante la presión de los empresarios ligados al régimen que exigían su parte, se inventó el sindicato vertical. Este sindicato era tanto para obreros como para patronos y debería servir para vigilar el asociacionismo obrero y como herramienta para imponer las normas que a los patronos les interesaba. Con el tiempo también esta estructura sufrió transformaciones y muchos futuros sindicalistas de la democracia, logrando notables triunfos en el control de las estructuras patronales que sólo pretendían abusar de los trabajadores.
“Control de los medios de comunicación”. Posiblemente aquí no debería hacer falta comentar nada, pero hoy en día muchos dudamos de que esta época haya terminado. Si Franco tenía un montón de medios de comunicación propios, los franquistas actuales aún cuentan con más medios. Si en la época de Franco los medios de comunicación que no pertenecían al régimen debían pasar por el filtro de la censura, hoy hemos visto como algunos jueces, en sentencias sorprendentes, han atacado a periodistas que sólo pretendían aplicar la tan cacareada libertad de prensa… ahora no sé muy bien que pensar.
Influencia en las familias: el totalitarismo, el tradicionalismo y, sobre todo, el nacional-catolicismo, así lo exigían. De todas formas, cuando veo esas casposas manifestaciones “a favor de la familia” o contra el aborto, no puedo dejar de recordar las manifestaciones de apoyo al dictador que se celebraban en la plaza de Oriente. Jamás entenderé la razón de que los miembros de una secta o religión, o lo que quiera que sean, pretendan hacer comulgar a los demás con sus peculiares ruedas de molino ¿Tendrá el franquismo la culpa o es innato al fundamentalismo religioso?
Y si el régimen es totalitario y contranatura, para garantizar su adhesión, como un imán hipnótico, necesita de una simbología. Dentro de esa simbología Franco, como antes hicieran Hitler y Mussolini, institucionalizó el culto líder. Para ello la iglesia católica colaboró activamente (recordemos la entrada del dictador en las catedrales bajo palio). También la proyección de símbolos arquitectónicos faraónicos como el Valle de los Caídos.
Y, por último, otra de las cosas que ha cambiado en el nuevo franquismo, es el “antisemitismo”. Sin embargo, este antisemitismo no era real. De hecho España fue una de las rutas de escape de judíos de la Europa nazi. Si bien es cierto que a alguno se detuvo y entregó a los alemanes, fue para mantener su apoyo, ya que por lo general se les dejo escapar. De hecho hacia el final de la guerra, más de un nazi, haciéndose pasar por judío, emprendió su ruta de escape a través de nuestro país a sabiendas de esa indolencia policial. Con el tiempo, cuando se creó el servicio secreto español, se recurrió al Mossad para su adiestramiento, a pesar de que no era reconocido el estado de Israel.
El verdadero odio de Franco era contra la masonería, pero era algo personal, ya que no se le permitió, en su juventud, ingresar en una logia por su marcado antihumanismo. Franco era además una persona muy poco culta que asociaba la masonería con el judaísmo por inexplicables asociaciones de ideas, de ahí aquella expresión del régimen de las “hordas judeomasónicas”.
Con Franco vivo era fácil identificar que era o no franquista, pero con él muerto, el franquismo ha tomado diversas formas y caminos, y, por si fuera poco, todos los que estuvimos educados bajo aquel régimen adoptamos algunas de las características que se nos pretendían imponer. Pasarán muchos años antes de que se pueda erradicar esa lacra de nuestra sociedad, pero aún contamos con muchas cosas en contra: como la Constitución del 78, promulgada bajo la tutela del Movimiento o las estructuras judiciales basadas en aquel régimen. Así mismo, sólo declarando oficialmente en el Parlamento como “terrorista” el régimen franquista, aboliendo todas sus sentencias políticas y aplicando la ley de partidos a todo aquellos que no abjuren de su posesión infernal, podremos superar aquella oscuridad que se cierne sobre toda nuestra sociedad.
Entre tanto siempre encontraremos franquistas que se hacen pasar por perfectos liberales que van a salvar el mundo y que se muestran como ejemplos de tolerancia cuando realmente sólo hace que insultar a aquellos que no comulgan con sus deformadas creencias.
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