martes, 17 de febrero de 2009

Abaratar los despidos genera empleo... en China.


Miguel Ángel Fernández Ordóñez en una imagen extraída de www.elmundo.es. El señor dijo que para solucionar la crisis había que abaratar el despido y se quedó tan ancho. Ya saben que despido es el que hay que abaratar ¿No?

En los últimos días escuchamos voces que piden el abaratamiento del despido como solución… para el paro. Bueno, no vayan a pensarse que la cosa es tan absurda, por lo menos desde el punto de vista de una economía neoliberal mal calculada. El razonamiento de estas voces se basa en la nula voluntad de contratar a unos nuevos empleado si estos van a resultar caros de despedir. Visto así podría parecer más lógico y, ciertamente, hace veinte años pudiera haber sido verdad, pero desde que en época de Felipe González se modificaron las asignaciones de servicios mínimos en caso de huelga, los derechos de los trabajadores ha ido rápidamente a la baja e, incluso, se han producido dos abaratamientos del precio de los despidos que no se han recuperado en los tiempos de bonanza. Como esa bajada no es suficiente ahora, quiere decir que esta crisis no se soluciona así. Por otro lado, la falta de dinero líquido, por la retención que están creando los bancos, imposibilita la generación de pequeñas empresas que son las únicas que podrían generar nuevo empleo.

En vista de la actual realidad, en que el mercado de intercambio empresa-trabajador está descaradamente decantado del lado de la empresa, la única solución para superar la crisis sería “encarecer el despido”. Es más, habida cuenta que en los últimos años los despidos y recontrataciones ha hecho perder nivel adquisitivo a los empleados (por no hablar de las desventajosas modificaciones del cálculo del IPC), se debería pensar en una subida de los salarios más bajos, sobre todo en los empleos especializados. Con estas medidas se inyectaría el necesario dinero en las bases de consumo, a la par que se generaría una suficiente seguridad para aumentar el consumo.

Cuando el señor Aznar llegó al poder, hacía muy pocos meses que se había superado una crisis. Las medidas que impuso Solchaga de sacrificio (como siempre) para la clase trabajadora, no fueron eliminadas en los ocho años de poder del PP, en los cinco siguientes del PSOE se ha hecho muy poco por reencaminar esa injusticia y ahora, cuando vuelve la crisis, los que no viven en eterno sacrificio vuelven a pedir sacrificio a los mismos… Creo que debería cesárseles de sus cargos inmediatamente porque no están capacitados para ejercerlos.

Nuestro país, además, tiene un problema adicional en el sistema inmobiliario. Un problema sin solución porque el sector ha volado por encima de su techo durante demasiados años y ahora tienen que devaluarse sus propiedades, el suelo y hasta los materiales que se sirven a la construcción que, de últimas, se fabricaban sin miramientos en sus costes de producción porque estaban vendidos de antemano. Y es que los inmuebles habían llegado a sobrevalorarse hasta un 250%. Todos los que tienen propiedades extras entre las manos no tienen nada. Pero, sinceramente, se merecen esa perdida por especular con bienes de primera necesidad y teóricamente garantizado por la constitución. Y, permítanme que siga siendo de mal agüero, la burbuja inmobiliaria aún no ha reventado, así que tápense los oídos.

Los demás sectores sí tienen remedio si no se les deja estar. Llegó el momento de dejar a un lado las estúpidas medidas neoliberales e inspeccionar las cuentas de las grandes compañías para conocer de primera mano por donde se han escapado los beneficios. Hay que intervenir en los bancos, para que recuperen su vertiente de préstamos y más baratos, sin dudar en la nacionalización sin compensaciones de cualquier entidad que no responda correctamente a las necesidades del país. Y, sobre todo, para viabilizar las empresas y organizaciones, despedir, sin indemnización a todos los ejecutivos y consejeros que no aporten un beneficios tangible. Respecto a los altos cargos ya va siendo hora que se aprieten los cinturones. Hace falta una legislación que imponga sueldos máximos a todos los dirigentes no propietarios, así como la supresión de los blindajes para cargos.

Es posible que todos esos ejecutivos y consejeros consuman como varios trabajadores, pero acostumbran a hacerlo en artículos de lujo y en viajes a lejanos países, por lo que su valor como consumistas locales es sólo ligeramente superior al de un empleado de base, su productividad en la empresa tampoco es importante (sobre todo en aquellos que fueron cargos políticos y hoy se les paga un sueldo de empresa privada por los servicios prestados en el pasado), por eso es una carga inasumible en tiempos de crisis. Hay que recordar que es mejor pagar bien a un obrero que lleva detrás toda una familia de consumidores y futuros reactivadores de nuestra economía.

Si el problema es la circulación de dinero, la única vía lógica de acción, es proteger los empleos que aún sobreviven y cambiar los empleos de lujo por empleos de base. Pronto el consumo de esos empleados moverá pequeños negocios, estos a pequeñas empresas y estas a otras mayores hasta poner en marcha toda la economía. En cambio, si se pretende dejar que l gran empresa despida a los trabajadores que le quedan, bajará la producción y aún bajará más el consumo lo que bloqueara a las empresas medias que sirven a las grandes e impedirá la creación de pequeños negocios y la pequeña empresa se ahogará sin remedio. Así la crisis se alargaría.

Señor Solbes, señor Zapatero. No escuchen voces neoliberales si quieren salvar la economía. El Estado debe endeudarse durante dos años, pero tengan cabeza actuando sobre los verdaderos resortes rémora de nuestra economía.

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