martes, 20 de mayo de 2008

El psicoanálisis: Una mentira incomoda (PQ11)


En estos momentos se tendría que publicar el PQ10, pero se corresponde con una obra de ocho capítulos que no está acabada debido a la mala aceptación que tuvo el cuarto. No obstante existe, aunque no se han publicado nunca, hasta el séptimo.

Por esta razón hoy publicamos PQ11 que, por su parte, resultó un artículo controvertido dado que se hizo en un foro donde existían algunos individuos partidarios del psicoanálisis hasta niveles de fanatismo. Hay en él algunos errores no intencionados y otros que si lo son y, por tanto, hacen que el texto sea algo tendencioso, sin embargo, desde el punto de vista de un ejercicio de pensamiento, creo que puede ser una buena ayuda para mis lectores.

El psicoanálisis: Una mentira incomoda (PQ11)

Dentro de la series PQ introduzco un antiguo relato que realicé como ejercicio en los cursos para ejercer de profesor en técnicas de desarrollo personal. Sólo es un trabajo marginal que, junto a otros, me sirvió para exponer las razones que habían inhabilitado estas técnicas, otros compañeros realizaron algunos trabajos mucho mejores que este lo que me obliga a pedir disculpas sobre su calidad, obviamente mejorable, sin embargo, a nivel técnico, obtuvo la máxima puntuación. En la actualidad sabemos mucho más sobre el cerebro y la mente que cuando nació el psicoanálisis, pero al saber más también han aparecido más preguntas y nuestro conocimiento a evolucionado socráticamente: cuanto más sabemos mayor consciencia adquirimos de nuestra ignorancia. Este hecho no ha quitado valor al psicoanálisis, como cabría esperar, pero si lo ha relegado a la marginalidad. Hoy, junto a otras técnicas más individuales, y por tanto más prácticas, el psicoanálisis ha abandonado su faceta terapéutica para entrar de lleno en las técnicas de desarrollo personal. Sin embargo, la necesidad continuada del psicoanalista junto a la persona a tratar la convierten en una técnica poco práctica, de este modo ha perdido terreno frente a teorías más modernas y pragmáticas como la de el P.A.N. o la del PNL, que es quizá menos científica pero más adaptable a la medida de la persona que la ha de usar en su desarrollo personal.

Freud es el padre de esta doctrina desde que la dio a conocer en 1890. La base conceptual en que se sustentan sus orígenes es la misma que la hipnosis, desgraciadamente la hipnosis no podía lograrse en todos los casos pero demostró su valor en una serie de pruebas clínicas llevadas a cabo por el neurólogo francés Jean Martin Charcot, maestro del propio Freud. De este modo, el psicoanálisis supuso una terapia alternativa bastante útil en aquellos cuadros clínicos que, por aquel entonces, se denominaban "histéricos". La hipnosis fue una técnica que se extendió con rapidez, pero Freud no logró dominarla nunca, sin embargo, su afán de resultados le llevó a experimentar otras formulas para alcanzar el subconsciente del individuo tal y como hacía la llamada técnica del sueño despierto. Durante años trabajó con diferentes tipos de drogas que llegó a experimentar, incluso, en su propio cuerpo y también creó toda una serie de teorías para interpretar los sueños. Sin embargo, sus trabajos más famosos, trataron sobre la interpretación de la sexualidad oculta o negada y el super yo.
El psicoanalista permite a su “paciente” hablar libremente y procurandole la máxima comodidad de este. Las asociaciones libres de ideas son la base de un dialogo donde el terapeuta sólo interviene ocasionalmente para facilitar la fluidez verbal del paciente. Especialmente interesante para Freud era que el paciente hablara sobre sus sueños y sobre su infancia, ya que en los primeros se expresaba el subconsciente del enfermo mediante claves que el psiquiatra debía interpretar (así nació su obra “La interpretación de los sueños”) y en la segunda, según él, se hallaban las principales causas de todo trauma.
Freud, en su momento, escandalizó a la sociedad vienesa con sus teorías totalmente volcadas en el ámbito sexual. De hecho, algunos de sus biógrafos, comentan que esta vertiente era intencionada, podía tratarse de una forma de llamar la atención más comercialmente que realmente útil, otros afirman que el propio Sigmund tenía muchos traumas de tipo sexual que le impelían a llamar la atención ese ámbito. Un poco fuera del tema también hablan de una posible adicción a varias drogas psicotrópicas con fines lúdicos, pero parece más que demostrado que su posible adicción venía debida a sus trabajos en la búsqueda de una sustancia que pudiera sustituir a la hipnosis (disciplina en la que era un verdadero desastre a pesar de haber contado con el mejor profesor). En cualquier caso, aquellos eran otros tiempos.
Cuando Freud murió en 1939 con 83 años, el psicoanálisis empezaba a ser aceptado en los países no germánicos. No así en los países del Eje donde tanto Hitler como Mussolini consideraron sus enseñanzas como peligrosas y llegaron a quemar todos los ejemplares de sus libros. Aquel trance, lejos de hundir las teorías del psicoanálisis, hizo de estas algo mucho más atractivo. Si alguien como Hitler lo prohibía debía ser algo bueno, al menos ese era el nuevo punto de vista que adquirían las opiniones públicas de los países libres. El impulso siguió después de la guerra. Curiosamente, las técnicas hipnóticas, más evolucionadas y eficaces, pero mucho más complicadas y necesitadas de un tipo de profesionales muy concretos y preparados, empezaban a ser dejadas a un lado.
Mientras el psicoanálisis depende mucho de la intuición y subjetividad del terapeuta, la hipnosis es mucho más directa. Mientras el psicoanálisis se limita a las llamada afecciones del tipo histérico (parálisis histérica) y neurótico (neurosis obsesiva, paranoia simple, fobias…), la hipnosis tiene un espectro más amplio y, con el tiempo, se le han encontrado nuevas aplicaciones.
La gran fama que adquirió el psicoanálisis también tiene otros culpables. Brillantes alumnos de esas técnicas que ampliaron, perfeccionaron y también crearon escuelas diferenciales con la de Sigmund Freud: Wilhelm Reich, Melanie Klein, Wilfred Bion, Jacques Lacan, Otto Rank, Alfred Addler , Carl Jung (estos últimos crearon sus propias teorías paralelas)…
Con los años fueron apareciendo nuevas teorías y nuevas escuelas de psicoanálisis, pero en los años cincuenta, los detractores del psicoanálisis, gracias a una serie de trabajos clínicos demostraron la baja eficacia de estas técnicas. En un principio los partidarios negaron esas estadísticas, pero nuevos trabajos confirmaron la evidencia, a partir de ese momento la defensa consistió en demostrar que el psicoanálisis como la hipnosis, necesita de buenos especialistas. Bien pronto empezaba su declive, sin embargo, la adicción de las estrellas de cine a terapeutas que se limitaran a escucharles y la propia industria cinematográfica, salvaron la difícil y merecida situación.
De este modo el psicoanálisis mantuvo un cierto prestigio hasta la década de los ochenta del pasado siglo cuando una nueva serie de estudios volvieron a poner en evidencia el psicoanálisis. La cuestión era más seria ahora dada la aparición de un gran número de técnicas específicas y de gran eficacia como las conductuales, géstalticas, cognitivas, etcétera y alternadas con tratamientos farmacológicos que potencian su efectividad.
Sin duda el psicoanálisis significo una innovación maravillosa en los tiempos en que las terapias de agua fría, electroshock y lobotomías eran una práctica habitual, pero en cuanto la seriedad y humanidad de la nueva psiquiatría llegó a la situación actual, el psicoanálisis resulta un evidente anacronismo. Con la muerte de Jacques Lacan en 1981 desapareció el último gran defensor del psicoanálisis como ciencia, con todo, todavía sigue existiendo la Asociación Psicoanalítica Internacional (A.P.I.) fundada en 1910 bajo los auspicios del propio Freud y con la presidencia inicial de un C.G. Jung que aún no había disentido de la línea original del primero. Precisamente fue esta organización la que, en 1999, presentó un elaborado estudio sobre la eficacia del psicoanálisis, pero aceptando las limitaciones sobre la edad de los pacientes, la duración de la terapia y en cuestiones menores casi siempre relacionadas con el ámbito laboral. El estudio no sólo aceptaba esas limitaciones, además, intrínsecamente, reconocía el final para estas terapias al negarse la comparación con otras más acordes con los tiempos actuales. El estudio finalizaba reconociendo que al psicoanálisis le faltaba un mayor trabajo empírico.
De todas formas, el psicoanálisis no ha muerto ya que han aparecido nuevas corrientes tendentes al uso de este para la ampliación del autoconocimiento, pero relegando al olvido sus aspiraciones como terapia de curación. De este modo, el psicoanálisis se ha ido alejando de su carácter de ciencia de la salud al que algún día aspiró. Sin embargo, a pesar del apoyo popular del que gozó durante gran parte del siglo veinte, no le ayudó nunca a pasar la prueba del algodón. Primero fue el filósofo Karl Popper quien demostró su carácter de pseudociencia en comparación con teorías menos aceptadas y aparentemente más veleidosas y después su heredero teórico, Adolf Grünbaum el que aplicó la lógica lineal a las teorías psicoanalíticas para demostrar su falsedad (no A no implica B si existen C y D posibles).
Hoy la A.P.I. sigue viva a pesar de contar con más detractores que estudiosos afines. Su supervivencia, a pesar de ello, no está en juego en un mundo donde las “artes adivinatorias”, la parapsicología y otras pseudociencias encuentran un buen caldo de cultivo.
En cuanto a España, la Sociedad Española de Psicoanálisis (S.E.P.) se funda en 1959, en un momento dulce para estas técnicas y cuando el régimen franquista hacía tiempo que había dejado de verlas con malos ojos.
En la actualidad el S.E.P. forma a sus propios psicoanalistas sin entrar en ningún sistema de regulación de estudios. Si Sigmund Freud fue un eminente neurólogo de su época, en la actualidad los psicoanalistas no gozan, por si mismos, de ninguna titulación académica aceptada, a no ser que ellos, individualmente, la obtuvieran fuera del ámbito del psicoanálisis por sus propios medios. Por si el caos y el desprestigio de estas prácticas no fueran suficientes, desde 1981 también existe la Sociedad Psicoanalítica de Madrid, con estatutos y poderes similares a la española pero al margen de esta y ambas están representadas en la A.P.I., cosa que no ocurre con la asociación española de psicoanálisis del campo lacaniano.
Hoy los libros de Freud salen a la venta en los kioskos, un ejemplar cada lunes. Libros que nos acercan al saber de finales del siglo diecinueve y comienzos del veinte aportándonos abundantes conocimientos, como también pueden hacerlo las obras de Albert Einstein. En ambos casos su valor histórico es indiscutible, pero mientras las obras del físico siguen sin tener grandes fisuras producto del paso del tiempo y la evolución de nuestros conocimientos, la obra del neurólogo ha perdido toda la consistencia que le sirvió para arrinconar las terapias inhumanas de la antigüedad.

Imagen tomada de la web: www.biografiasyvidas.com

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