domingo, 18 de junio de 2023

¿El algoritmo de Twitter busca bronca?

 

Generalmente esta red ha sido conocida como la red de “hátering”, queriendo decir que la gente se acercaba a ella para descargar toda su bilis. Pero, en realidad, es algo que siempre ha resultado muy adictivo.

Personalmente llevo muchos años en esa red social, en un principio con mi nombre personal, pero desde hace unos cuatro o cinco años, con mi pseudónimo más reconocido. Y es que en esta red no se puede tener opiniones propias sin recibir ataques personales de gente que siente un placer, más propio de una adicción, metiéndose groseramente donde no les llaman.

Al principio esta red me atrajo por el ingenio de algunos tuiteros, capaces de reflejar la realidad con humor, ironía e ingenio. Los primeros tiempos fueron muy tranquilos, solo algún pequeño malentendido, el choque con algún famosillo intentando defender lo indefendible y unos cuantos personajillos incapaces de aceptar que la realidad puede tener muchos puntos de vista; pero, sinceramente, nada que justificase la mala fama de esta red.

Fue hace unos 7 o 8 años que entraron, al menos en nuestro país, un montón de nuevas cuentas que, lejos de tener la intención de seguir con el status quo, llegaron para hacer campañas ideológicas i todo se torció. Poco a poco el ingenio se cambió por comentarios agrios y sin gracia, el humor por inquina y la ironía por la palabrota, el insulto y la amenaza.

Puede que algunos os digan que eso siempre fue así, pero no es verdad, porque lo cierto es que en los hilos más salvajes siempre había implicados decenas de estos nuevos llegados. Además esto tuvo muchas consecuencias: la desaparición de muchas cuentas comerciales, el abuso de tuiteros con varias cuentas y, sobre todo, el escándalo de los bots.

Desde entonces todo ha ido a peor…

Fútbol, religión y política, eran los temas que debían evitarse en las relaciones sociales personales y, precisamente, esos mismos temas se adueñaron de Twitter ¿Qué podía salir mal? Nada si no se cruzaban las tendencias. Y, a pesar de lo que estoy contando, durante años esos cruces siempre se produjeron porque los tuiteros así lo buscaron. Y así fue hasta la llegada de Elon Musk.

El problema llega ahora en que el algoritmo impuesto por el millonario nos hace ver tuits de personas a las que no seguimos y llevan un mensaje incendiario de una ideología totalmente opuesta. Lo lógico sería bloquear al creador de cada uno de esos mensajes (generalmente con muchos retuits y seguidores), ¿pero quién puede evitar darle la justa respuesta a uno de vez en cuando, lo que, sin duda lleva a un agrio diálogo adornado con los más floridos insultos en todos los idiomas?

¿Pero este tipo de interacciones no llevaría a que la mayoría de los mejores tuiteros abandonaran esta red? Pues sí y no. Porque lo que es seguro es que todos hemos buscado alternativas. La mayoría de empresas han encontrado un lugar mejor para que sus CM trabajen la imagen de marca, ese lugar es Instagram; pero las noticias y la divulgación política aún tienen en Twitter su mejor herramienta. Ni facebook, ni Madtodon y mucho menos Tik Tok o Telegram, Twitter sigue siendo el referente, pero hay que asumir los riegos.

En el momento en que alguien pueda lanzar al mercado una red con características optimas para substituir a Twitter, este defecto del “hátering” matará la red de Musk. Entonces qué gana Twitter con un algoritmo que estimula la bronca.

Google lleva dos años diciendo que prepara una competencia para Twitter, pero lo cierto es que en todo ese tiempo no hemos visto nada y, lo cierto es que, con esa esperanza, muchos de los tuiteros han aplazado su salida de esta red.

Por otro lado, este aumento de crispación ha logrado dos cosas excelentes para el ideario capitalista de Musk: por un lado un aumento de tráfico y, por otro el propio aumento de crispación que vuelve a la gente más temperamental y menos racional, que es lo que, a final de cuentas intentan hacer todos los medios de comunicación con el fin de orientar nuestras crispaciones hacia las ideologías que pretenden vendernos.

Por si esto no fuese suficiente, una sociedad crispada también es una compradora compulsiva.

¿Se entienden mejor los fines de este algoritmo?

Musk ha hecho que, en lugar de un socio o usuario de su red, nos hayamos convertido en consumidores de su producto, ratas de laboratorio y víctimas de sus políticas e ideología.

El algoritmo busca bronca porque la bronca da dinero.

domingo, 7 de mayo de 2023

Aquellos aterradores vídeos tan dulces

 

¿Os paseáis de tanto en tanto, sin rumbo fijo, por Tiktok o YouTube? Si la respuesta es afirmativa seguro que os habéis encontrado con algún vídeo alarmista sobre algo cotidiano. Personalmente he encontrado uno contra el aspartamo en YouTube y otro contra el ciclamato de sodio en Tiktok (aunque lo he visto a través de Facebook).

Estas dos sustancias son lo que se llaman endulzantes no calóricos, utilizados especialmente para endulzar productos dietéticos y light.

Ya os adelanto aquí que ninguna de estas sustancias es peor que la propia azúcar, el colesterol, el alcohol u otras sustancias que podemos tomar a diario.

Los problemas con estas dos sustancias viene de muy lejos y la duda sobre ellos la generaron en EE.UU. precisamente los fabricantes de sacarina que veían peligrar su negocio a cuenta de otros endulzantes con un sabor algo más aceptable.

Con el aspartamo se publicaron dos supuestos estudios en los años 80 donde se afirmaban que era una sustancia cancerígena. Tan fuerte era por aquel entonces el lobby de la sacarina, que sin aceptarse una revisión de los protocolos de aquellos supuestos estudios (véase la incidencia sobre la palabra supuestos) logro que el gobierno federal suspendiera la licencia para el uso del aspartamo en determinados productos. No fue prohibido, pero quedó pendiente de revisión y la mayoría de empresas de los sectores alimentarios prefirieron dejar de utilizarlo para evitar posibles demandas colectivas en un futuro. La suspensión duró más de una década porque el lobby de la sacarina logro retrasar cualquier nuevo estudio para confirmar o rectificar los anteriores. Estudios que nunca se publicaron en un medio fiable y con el detalle de sus procedimientos.

A finales de los años 80, ante la evidencia de que el aspartamo llevaba años consumiéndose en Europa y Asia sin una sola demanda. Los pocos fabricantes norteamericanos lograron que se les escuchara. Sin embargo, antes de este hecho, la industria del aspartamo y la de la sacarina llegaron a un pacto en que ahora eran una misma industria. Finalmente los nuevos estudios verificaron que el aspartamo, para ser nocivo, debía consumirse en unas cantidades elevadísimas.

Con el ciclamato de sodio, que seguramente encontrareis, no solo en muchas bebidas light, sino también en muchos dentífricos, pasó algo muy similar. Y no dudéis que detrás siguen estando los intereses económicos de una competencia muy importante, en este caso es el lobby de la sacarina y el aspartamo, ahora unidos.

El vídeo que ha logrado visualizar por Facebook menciona otro de esos estudios de los años 50 donde se suministró una cantidad ingente de esa sustancia a un determinado número de ratas de laboratorio (pobrecitos animalitos, qué culpa tendrían) y la mitad (solo) de ellos desarrollaron un cáncer. Se imaginan eso mismo con alcohol…

En la actualidad hay  estudios mucho más serios realizados por la OMS, especialmente con humanos, donde se confirma que la cantidad de 770g/día para personas de unos 70Kg de peso, no supone un peligro para la salud ¿Se imaginan esa cantidad de azúcar, bacón o alcohol?

Mi consejo, no abusar ni de estas, ni de ninguna otra sustancia. En grandes cantidades hasta el agua puede ser mortal (entre 12 y 20 litros por día para una persona entre 70 y 80 Kg, una cantidad muy poco definida). Así que tampoco se dejen tomar el pelo por los absurdos vídeos aterradores que algunos venden en Internet y, en especial, en redes sociales. Algunos de sus autores buscan relevancia gracias a los incautos y los conspiranoicos, otros simplemente están a sueldo de intereses privados, pero si quieres saber la verdad tendrás que buscar los consejos de gente seria, no conspiranoica y no vendida a algún lobby. Después de todo, si les crees corres el peligro de huir hacia un verdadero peligro para tu salud.

viernes, 14 de abril de 2023

Cultura General (1)


 

Cultura General (1)

Algunos de aquellos que ya me conocen ya saben de mi interés por aquellos libros que se utilizan como ampliación de conceptos sobre cultura general. Acostumbro a coleccionar y leer muchos de estos libros, más por curiosidad que por una verdadera intención de adquirir conocimientos. No en vano muchos de los temas se repiten en ellos hasta la saciedad, sin embargo, ninguno es igual. Por todo ello creo que ha llegado el momento de dar una utilidad a esta afición haciendo una pequeña guía sobre estos libros.

Para dar comienzo a esta guía empezaremos con la reseña de uno que, aunque pueda parecer intrascendente, tiene algunos puntos de interés.

 

OTROS 365 DÍAS PARA SER MÁS CULTO

Año: 2008

Nº de páginas: 742

Autores: David S. Kidder, Noah D. Oppenheim

Publicado en España por Planeta a través de Ediciones Martínez Roca.

El texto se ha distribuido en 365 artículos (uno por cada día de un año). Son artículos muy simples donde se informa superficialmente sobre un tema o una biografía, con mucha corrección a pesar ser un verdadero resumen. Hay que aclarar que el libro está muy orientado a persona que viven en Estados Unidos. Además, tal como se adivina por el título, es la continuación de otro libro similar, que seguramente podría contener temas más genéricos, pero que, por desgracia, no he podido tener en mis manos.

Personalmente, a este libro, como libro de cultura general, le otorgo un “6”.


sábado, 7 de enero de 2023

Un libro prescindible

 

Hay libros que solo con su presentación ya te están diciendo lo poco preparado en el tema que estaba su autor para escribirlo y publicarlo. Este es el caso de "Eso no estaba en mi libro de historia de Cataluña".

En las líneas de presentación del libro afirma que el "pa amb tomaquet" es una invención de los trabajadores murcianos que llegaron a Barcelona para emplearse en las obras del Gran Metro. Por desgracia esa es una falacia que personalmente había escuchado anteriormente pero atribuida a los almerienses. En aquella ocasión fue desmentida porque el excedente de este fruto que hoy permite hacer su "tomatada o tomacada" no existía a comienzos del siglo XX. Ya que solo desde la creación del mar de plásticos los tomates han sido producidos en abundancia en esta región.

Con el caso de los trabajadores murcianos pasa algo parecido, pues si bien la huerta murciana, mucho más pequeña que la actual, si producía bastantes tomates, el autor de este libro afirma que fueron los obreros del gran metro y, por tanto, dadas las limitaciones de transporte de la época, con tomates de los huertos barceloneses. Claro que, para guardarse en salud, Javier Barraycoa dice, de forma muy concluyente, eso sí, que "pusieron de moda". Todo ello sin un documento que lo demuestre.

Personalmente, como nieto de murcianos que llegaron a Barcelona en aquellas fechas, tengo conocimiento de que el "pa amb tomaquet" ya existía en Catalunya antes de su llegada.

Mi abuelo, que decidió no trabajar en las obras del Metro por motivos éticos, y que conocía muy bien el uso de los tomates en su tierra, descubrió el "pa amb tomaquet" trabajando en una masía de la provincia de Girona. Es decir, que no solo no fue un invento de los trabajadores murcianos, sino que, además, era algo que ya estaba muy extendido y de uso común por toda Catalunya antes de su llegada.

El libro también intenta desvirtuar la gastronomía catalana tratando la escudella como un cocido más, pero en ningún momento habla lo importante que fue esta cocina para la invención y difusión de platos tan conocidos como la zarzuela, la tortilla de patatas o la mismísima pizza.

Creo que con estos dos ejemplos ya queda clarísimo lo poco fiables que son los argumentos de este libro, la malísima preparación del autor y la funesta publicación de este libro... Y solo he tocado la gastronomía.

jueves, 29 de septiembre de 2022

Una moció de confiança qualsevol

 

Entendre la política no es una cosa gaire fàcil perquè, encara que el sentit comú pugui ser molt important, hi ha dues coses que no ens deixen veure les qüestions com cal. En primer lloc es impossible no prendre partit i per això molt pocs poden tenir una visió de conjunt no afectada per la seva ideologia. I en segon lloc hi ha massa polítics, especialment els més populistes, que estan contínuament amagant les seves veritables intencions sota cortines fum de tot tipus. Per això quan apareixen episodis com l'actual que es tan aclaridor del que passa reialment sota corda, cal emmarcar-lo per a que ningú ho passi de llarg.

Recordem els fets que conformin el cas.

Tenim al senyor Batet, portaveu de Junts, al faristol del Parlament fent el seu discurs quan per acabar llença un estúpid desafiament demanant al MHP Aragonès que es sotmeti a una moció de confiança. Aquesta es una qüestió molt espinosa donat que Junts es el soci de govern d' ERC. Tothom veuria raonable que la CUP fes aquesta proposta, de fet es el seu deure donat que no va voler participar de la guia del país i va preferir mantenir-se al marge de tot, però quan un partit te d'altres formes molt més eficaces i que fan molt menys mal a les institucions, d'obtenir el mateix efecte i encara més, resulta totalment absurd. Llevat que la voluntat del senyor Batet i els membres de Junts que estaven al corrent, sigui la de fer un mal personal a les persones que conformen el Govern, fins i tot els del seu propi partit.

Una altre cosa que es fa molt evident amb tot això es que a Junts hi ha oberta una guerra interna entre, almenys, dos sectors, i que ja no respecten res. Òbviament un d'aquests sectors ha decidit portar el país a noves eleccions i sense importar-li l'armament que li està donat a un tercer en discòrdia que, en aquest cas, seria el PSC.

Què pot fer el President al davant del les disputes internes dels seus socis?

En realitat pot fer molt poc . Junts es òbviament un partit en plena descomposició i que no s'atreveix a dividir-se en dos o més parts donat que ja ve d'altres divisions massa pròximes en el temps i que ja l'ha fet perdre molta credibilitat. Tot i això te fer alguna cosa per a que tothom s'adoni de que encara controla la part que li correspon.

Imagino que la reunió amb tots els consellers i en Jordi Turull va ser molt complicada, especialment si aquests van voler mostrar una certa unitat. No sé si ens podem refiar massa de allò que ha transcendit perquè estic segur que el més significatiu no ens ho explicarà ningú. De tota manera la postura del President ha sigut la de creure, de portes en fora, que el seu Vicepresident era coneixedor de la sorprenent petició del senyor Batet en seu parlamentària. Com aquest mai va informar al President es obvi que aquest últim ja no podia confiar en ell i el cessament quedava cantat. Ara queda al terrat de Junts el futur del Govern, amb la complicació de veure quin dels sectors surt guanyador. Personalment penso que el millor seria que una de les figures de envergadura del sector "turullista" agafés el ratlleu a la vicepresidència, però se me'n fa que aquest desafiament ha estat orquestrat pel sector "laurista" amb la doble intenció de desacreditar tots els consellers, tant de ERC com del seu propi partit, però també com una forma d'intentar posar en evidencia als membres del seu propi partit que prefereixen la estabilitat del país abans que seguir estimulant uns mites que, permeti'm que ho digui, han quedat superats i als que aquest sector no ha sabut trobar-hi substituts efectius.

Som a un moment que necessitem tenir alguna cosa tangible abans no tornem a reconstruir el Procés, però sempre hi haurà alguns que voldran posar maons per sobre de les runes i fer castells que s'ensorrin una i altre vegada sense remei. Això, òbviament, es opinable, però que el que va fer el senyor Batet l'altre dia es miserable, totalment tàctic, que va contra tot d'independentisme i que dona molt d'armament al PSC, es totalment inqüestionable. Sense dubtes, aquí poden haver hagut molts errors, però el més gran de tots l'ha comés el sector "laurista" de Junts perquè l'únic que es pot beneficiar es el senyor Illa del PSC, que ha vist això com un regal que no havia previst ni als seus somnis més humits.

 

viernes, 8 de abril de 2022

El simplismo neoliberal

 “Cuando se ofrecen dos o más explicaciones de un fenómeno, es preferible la explicación completa más simple; es decir, no deben multiplicarse las entidades sin necesidad.”
                                                                     Guillermo de Ockham.

 

El llamado principio o navaja de Ockham se simplifica mucho cuando decimos que la más simple de las soluciones tiene que ser la buena. Pero no es eso. Simplificar lo simple, simplificar lo complejo, es la clave del drama de nuestros tiempos. Y es que la clave de lo que nos decía Ockham está en “la explicación completa”. En sus tiempos, la aplicación de su principio, nos diría que era preferible aceptar el sistema copernicano al ptolemaico, pero cómo explicas hoy las cuestiones más elementales de la política, si hasta la más simple de ellas implica decenas de factores, la mayoría de ellos no visibles a simple vista. Por si esto no fuese suficiente, la gente pretende saberlo todo sin ahondar en los temas, como conclusión aceptan explicaciones sumamente sencillas y sumamente incompletas. Fruto de esta simplificación extrema y abreviada, ha nacido una preferencia por la aceptación de las teorías de la ultraderecha. Claro que la incultura, la indignación mal dirigida, el control de los medios de comunicación, los patrioterismos, las religiones y la falta de una ética general, nos han llevado a este dramático punto.

Cuando elementos de un partido de ultraderecha, como VOX, nos dicen que el paro es consecuencia de que los inmigrantes aceptan cobrar menos y les quitan el trabajo a los obreros del país, estamos ante una de esas simplificaciones que, en apariencia lo explican todo, pero que en realidad no explican nada y, además, son mentira. VOX se olvida oportunamente de quién contrata a esos inmigrantes y de los trabajos que realizan. Al mismo tiempo vemos como ese mismo grupo vota en contra de salarios dignos y de controlar esos contratos.

Si con solo esto usted no ve la contradicción argumental de VOX, este texto no se ha hecho para usted, pero, sinceramente, debería replantearse usted eso de ir a votar en las próximas elecciones, porque su voto solo puede hacer más daño a su país y, de ganar el partido que usted pudiera escoger, podríamos estar ante un drástico aumento de los dramas sociales. Afortunadamente, esos mismos medios de comunicación que han blanqueado la alternativa escogida por usted, ocultarían gran parte de esa realidad y encontrarían a nuevos responsables entre aquellos que aportan posibles buenas soluciones al problema escogido por usted.

Para los que sí habéis entendido las contradicciones de estas formas de “no pensar”, solo decir una cosa: no aceptéis, sin una crítica profunda, aquello que os ofrece la neoliberal teoría de “El Poder de lo Simple”.

lunes, 24 de enero de 2022

Los mitos dentro del Estado

 Los estados son estructuras políticas casi tangibles, pero tienen el problema de estar sustentados en muchos mitos como el de nación o naciones. Para un idealista eso no resultaría un problema, pero, por desgracia, los idealismos son modas y los patriotismos meros fanatismos extremos. Los interesados en mantener ese status quo o aquellos que pretenden enfrentarse a él, usan y abusan de la historia y la tradición para dar robustez a sus mitos, como si la historia no pudiese cambiarse a placer, como si no existieran modos de inventar héroes y tergiversar los hechos en un sentido u otro. Al final, para que un mito sea real, es necesario que se base en los deseos, necesidades y miedos de las personas que viven el presente.

De las tres fuerzas que verdaderamente sustentan el presente de un mito constituyente, el deseo es el más mutable, porque puede ser inducido desde fuera a la mayoría de individuos. Las necesidades son la fuerza más tangible y la que, en un estado de derecho no fraudulento, debería predominar. Y el miedo es la más fuerte y la más débil de todas. Los mitos sustentados mayoritariamente en el miedo, parecen invencibles, pero en realidad, un pequeño error, un atisbo a lo que hay debajo, y provocaría que el mito se desvaneciese en un instante.

Cuando hablamos de la voluble historia y de la tradición, en realidad estamos dando una excusa muy robusta a la fuerza de los deseos. Sin embargo, ninguna de las dos cosas nos aporta realmente nada. De hecho, historia y tradición conforman una parte muy pequeña de aquello que llamamos cultura y que si podríamos aceptar dentro de lo que llamamos necesidades. Y es que, aunque muchas de las necesidades están llenas de mitos como la justicia, la cultura, el idioma, la economía, los derechos humanos, etcétera, son los mitos que sustentan el bienestar de los ciudadanos. No en vano, aquello que llamamos “Estado del Bienestar”, ha sido a lo largo de la “historia” el mejor ejemplo de estabilidad en la conformación de estados.

Siempre que estemos frente a procesos de disidencia o secesión dentro de los estados modernos, tendremos que saber dejar de lado lo que es la mítica del deseo y centrarnos en la de las necesidades y, hasta qué punto se pudo abusar de la del miedo. Y, por supuesto, la explicación jamás la encontraremos en aquellos que no participaron de la disidencia porque obviamente pudieron ser la fuente del problema.

Apliquen esto a Ucrania, Palestina, el Sáhara… Pero también a Escocia, Catalunya, Córcega… Porque se ha escrito mucho y se sigue escribiendo demasiado, pero equivocando intencionadamente la temática. Y es que en estos temas los deseos, los prejuicios y la propaganda, parecen importar más que las necesidades de las personas, de los pueblos y de los estados.

viernes, 21 de enero de 2022

A vueltas con los antivacunas, negacionistas y similares

 


En las últimas semanas han aparecido algunos artículos, la mayoría producto de los enterados del parchís de turno, pero hay alguno, incluso, de un inmunólogo israelí, que en su momento apostó por la teoría de lo inevitable y que, ahora, se ha convertido en un héroe para los anti vacunas que aún entienden peor que él la realidad de lo que estamos viviendo.

Para entrar correctamente en el tema os resumiré un artículo que leí en 1982 y otro de comienzos de los años 90 que junto a una amplia bibliografía sobre virus y similares, me han permitido ver esto desde un punto de vista propio.

El artículo del 82 hablaba de estrategias frente a grandes epidemias pulmonares (recordemos que en aquellas fechas se empezaba a hablar de una nueva enfermedad cuya forma de contagio aún se ignoraba, pero que algún tiempo después conoceríamos como SIDA). Según el artículo, si el contagio se extendía rápidamente y era imposible de parar, la mejor estrategia era alargar el máximo tiempo posible la epidemia, frenando al máximo los contagios, con el fin de que el virus redujera su virulencia de forma natural o, incluso, dar tiempo a crear vacunas (parciales o completas) y estrategias para el tratamiento de la enfermedad. No voy a entrar en las explicaciones, mayoritariamente de tipo matemático, que daban el autor o los autores. Sin duda es el fiel reflejo de lo que hemos visto estos dos años.

Por otro lado, el artículo de los años 90 hablaba de lo que podía significar el Cambio Climático en la recuperación de enfermedades, especialmente de origen vírico, que nuestro sistema inmunitario no podría recordar. El artículo era más amplio y también hablaba de la pérdida de efectividad de los antibióticos frente a las enfermedades bacterianas que también podrían darse, pero lo que más me interesó fue la proyección, nuevamente, de una enfermedad de transmisión aérea.

Cuando a comienzos de siglo el SARS 1 (otro coronavirus) se convirtió en una amenaza de pandemia, con muchos casos alrededor del Mundo que, afortunadamente, fueron controlados con medidas anti contagio. Ya tuvimos un claro aviso de que tarde o temprano pasaríamos por una primera pandemia de cierta gravedad.

En contra de lo que muchos piensan, aquel aviso no fue tomado a la ligera por la comunidad científica, pero su estudio desveló algunos detalles que generaron bastante inquietud. Una de las cuestiones más interesantes fue que, tanto chinos como norteamericanos, estuvieron, durante década y media, buscando una vacuna efectiva contra el SARS 1. Finalmente se crearon muchas estrategias para encontrar una vacuna efectiva, pero entre 2014 y 2017 se fueron cerrando todas las líneas de investigación sin haberlo logrado.

Así que, cuando apareció el SARS 2 no hubo que partir de cero. Lo malo es que también sabíamos que si queríamos una vacuna rápida que pudiera lograr que el virus no diezmara la población del planeta, tendríamos que aceptar que su protección no llegase al deseado 99%.

El gran peligro de cualquier virus de fácil transmisión en nuestros días es la globalización. Que miles de personas se desplacen a diario de un lugar a otro de la Tierra, facilita mucho el desplazamiento de cualquier enfermedad. Así es como el COVID-19 llegó a casi todas partes. Algunos países con menos trasiego, como Nueva Zelanda, lograron, a través de medidas profilácticas y confinamientos a la más mínima, que el virus tuviese una baja incidencia, otros, a pesar de tener agresivas políticas de vacunación, debido a prácticas religiosas contraproducentes en un estado pandémico, no lograron frenar la saturación de sus hospitales.

¿Quiere eso decir que las vacunas no sirven o que los gobiernos, en general, lo han hecho muy mal? Rotundamente no. Y es que la estrategia correcta sigue siendo la que explicaba el artículo de 1982. Hay que ralentizar los contagios al máximo posible, vacunar a toda la población y mantenerla en los mejores parámetros de inmunización posibles, para reducir eso que llaman carga vírica, pero también para que el mayor número de gente tarde a entrar en contacto con el virus dando tiempo a la posibilidad de que el virus se adapte a la especie humana ya que nuestra especie lo tiene más complicado para adaptarse al virus.

Algún día, es posible que se invente un virus definitivo contra la COVID, igual que, tal vez, se logre contra la gripe, el SIDA o el Ébola, pero, de momento tenemos que hacer servir las vacunas que tenemos y que, aunque sea relativamente, las estadísticas demuestran que han reducido entre 6 y 10 veces la letalidad de una enfermedad que podría haber acabado con la humanidad. Desgraciadamente hay muchos países donde no se están pudiendo poner todas las vacunas necesarias y que podrían limitar efectivamente la transmisión de la enfermedad.

En plana sexta ola se habla de que, a partir de primavera podríamos dejar de considerar el nivel de gravedad de COVID. Sin embargo, tenemos que ser conscientes de que, a pesar de que en España estamos teniendo el índice de contagios más elevado de toda la pandemia, las muertes registradas están en torno a unas 100 diarias  cuando, con menos contagios, hace unos meses los decesos estaban por encima del millar diario. Aquí ha tenido muchísimo que ver la vacunación, ya que la mayoría de los que hoy mueren son personas con algún tipo de depresión inmunitaria o sin vacunar. Puede que las nuevas variantes del virus se escapen más a la inmunización de la vacuna, aún así se logra una menor carga vírica, con lo que hay un aumento de las sintomatologías leves.

Como conclusión, la teoría de lo inevitable es un absurdo propio de personas que no deberían autodenominarse inmunólogos. Los confinamientos y las medidas profilácticas, han retardado los contagios, las vacunas han reducido la gravedad de los casos y la evolución natural del virus está dando como resultado una enfermedad más asimilable por los sistemas sanitarios. No olvidemos que las epidemias de gripe cada año se llevan entre 800 y 10.000 vidas en nuestro país.

¿Quiere esto decir que ya estamos a salvo? Ni muchísimo menos, pero sin las vacunas posiblemente tendríamos que plantearnos vivir (en caso de haber sobrevivido) en un mundo postapocalíptico. Aunque tenemos que tener en cuenta que, aunque a partir de esta primavera amanezca una nueva normalidad, el COVID seguirá siendo una de las muchas espadas de Damocles que cuelgan sobre nuestras cabezas.

 

domingo, 24 de octubre de 2021

El patio de los abusones

 

Un buen día en la tribuna de oradores del Congreso un reputado diputado del PAR, reconocido por su fina educación, estalló con un “¡váyanse a la mierda!”. A todos nos sorprendió el improperio, especialmente saliendo de la persona que lo había proferido. Se trataba de José Antonio  Labordeta. Meses después, cuando abandonó su escaño y supimos que tenía un cáncer terminal, nos contó de donde venía aquel grado de hartura que le llevó a soltar aquel improperio contra la bancada de unos diputados del PP que no se callaban durante su turno en el estrado.

Don José Antonio, cuando bajaba desde su elevado escaño hacia la tribuna de oradores, tenía que hacerlo por el pasillo que pasaba por aquellas bancadas de energúmenos y que le proferían insultos que no salían en ningún medio. Y el menos molesto era el de “rojo”. Estos individuos, que a menudo habían aprobado sus estudios (cuando los tenían), con la ayuda del enchufe (ahora conocemos mejor a los nuevos Casado, Ayuso, etcétera) y lucían currículos inflados desmedidamente, seguían comportándose como los abusones de un patio de colegio, pero que, en lugar de maltratar la educación, a la que ya mataron, ahora se cepillaban la democracia ensuciando con sus groserías el mismísimo Parlamento.

Esos abusones fascistas siempre han estado en todas partes, en todos los niveles de la administración, de hecho la mayoría de jueces de este país, están entre sus filas. Personajes que apenas hubieran tenido que ser mediocres abogados, ahora juzgaban en función de su peculiar ideología, adaptando la ley según les parecía el acusado. Pero esto jamás hubiera tenido importancia si los señores Pujol y Ardanza no hubieran abierto la puerta a Aznar para que colara a toda esta purria en los niveles más elevados de todas las administraciones. Cuando el PP dejó la Moncloa en 2004, el mal ya estaba hecho y los abusones de los que hablamos (no solo los del parlamento) ya se habían adueñado del país entero. Todo lo que después ha ocurrido nació de aquel lamentable error del PNV y CiU. Si los franquistas nunca habían tragado ni a vascos, ni a catalanes, ¿por qué habían tenido que abrirles las puertas del gobierno?

Eso poco importa ya, la cuestión es que están en todas partes y al PSOE no parece importarles. De hecho le molesta mucho más que los catalanes se hayan hartado definitivamente y quieran librar del presidio en que se ha convertido España.

Decía en una entrevista Joan Tardà, que a él también le había pasado en alguna ocasión lo que a Labordeta, pero que no todos en el PP eran así. Se pudo entender, aunque él no lo dijera, que muchos diputados del PP no son verdaderos políticos, solo son individuos que están ahí para calentar un escaño, votar lo que les dice su partido y llevarse una morterada de dinero a casa. Muchos de esos individuos son incapaces ni de saber comportarse. Desgraciadamente hoy, con la llegada, primero de Ciudadanos, y luego de VOX, estos individuos que solo están para abrir la boca para comer e insultar, han ido en aumento con la intención de asesinar el poco parlamentarismo que queda. Otra cosa que comentaba Tardà era que los insultos también los había tenido que escuchar en las calles de Madrid, pero que estos se habían visto compensados por los saludos de ciudadanos que, incluso, le habían pedido hacerse selfis con él, contándole cosas como que su abuelo había luchado por la república o alabando su trabajo en el parlamento. Según Tardà había valido la pena.

En cualquier caso, las palabras de Tardà confirmaban la existencia de estos abusones de patio de colegio en el parlamento. Unos abusones que se vieron amedrentados por la llegada de un diputado de Podemos, con dos metros de altura, rastas y la imagen de uno de los malotes de Tarantino. Y es que para las primitivas mentes de esos abusones, Alberto Rodríguez les intimidaba tanto como ellos pretendían intimidar a los demás. No es por ello tan extraño que hayan recurrido a sus matones de fuera del parlamento, en la policía y la judicatura, para acabar con él. Y es que los matones son tan simples que también se les huele el miedo.

Lástima que en el PSOE aún estén haciendo el canelo y la señora Batet haya cedido a la primera de cambio a las presiones en el patio de los abusones.

jueves, 21 de octubre de 2021

¿Qué es la democracia?

 

La democracia es, por definición, el gobierno del pueblo. Y, por muchas vueltas que le queramos dar, esto es algo muy concreto. Ya sé que desde la invención del término, en la Grecia clásica, se ha venido teorizando sobre ello. Los mismos filósofos Platón y Aristóteles trabajaron ese término político, a mi modo de ver, para devaluarlo.

Todavía en nuestros días hacemos clasificaciones de democracias o sistemas democráticos como si eso fuse posible, cuando en realidad nos están hablando de grados de acercamiento a una verdadera democracia. Lo que me llega a preguntarme si existe realmente alguna democracia auténtica. Términos como democracia indirecta o representativa, democracia participativa, democracia directa, democracia líquida, democracia continua, o el más divertido, inventado por Franco para ocultar su régimen criminal: democracia orgánica; todos estos términos que incluyen la palabra democracia, solo nos ocultan que el pueblo, o una parte de él, son privados de su derecho a verse verdaderamente representados en las decisiones políticas que son de su interés.

Pero, si aceptáis esta versión, supongo que os surge la sana duda de pensar que, tal vez, no exista una forma real de implementar una verdadera democracia.

NOTA:  Antes de seguir hay que dejar claro que, aunque República y Democracia no son sinónimos, las mal llamadas Repúblicas que no vienen avaladas por un sistema que pretende ser democrático, no pueden ser llamadas auténticas repúblicas, ya que el término de origen latino  también indica que debe ser del pueblo (res publica: lo público). Por otro lado, una democracia que no venga amparada por un sistema en que su jefe de Estado no sea de elección popular, ya posee una carencia básica en lo que respecta a su definición como tal. Así pues, República y Democracia deben ser, por definición, términos inseparables. De todas formas, aunque un sistema de gobierno venga amparado por estas dos palabras, aún tendrá que cumplir muchos más preceptos para ser el verdadero gobierno del pueblo.

Como yo también comparto las dudas que os he inducido, vamos a buscar las fórmulas que nos puedan permitir crear un gobierno del pueblo lo más fiable posible.

Lo que está claro es que un sistema democrático deberá ser plebiscitario, es decir, que en él se consulte lo más trascendental al pueblo y de la forma más directa posible, que es el voto directo y “universal”.

Pongo entre comillas el término universal porque de su definición, que no es tan inocente como pueda parecer, también van a aparecer gradaciones democráticas.

Lo esencial para cualquier democracia es que cada uno de los individuos se sienta escuchado y representado. Pero todos somos conscientes de que, cuanto más grande sea el grupo poblacional y el territorio a abarcar por una democracia, menos representativa y lejana a los individuos será esta. Por tanto una verdadera democracia deberá separar muy bien los asuntos globales de los locales, y saber dar la responsabilidad decisoria a los afectados sin injerencias de aquellos a los que el problema no les incumba en sentido alguno. Así pues es necesario que un sistema democrático se adapte a la afectación territorial del problema, por ello debe existir un gobierno de proximidad y otro, u otros, más generalistas para ser más representativos. Para ello es muy importante que cuanto más generalista sea el gobierno, menos temas trate y más territorio abarque. Y cuanto más local, más temas trate y más cercano a los individuos sea. Un error clásico de sistemas que se hacen llamar democráticos, es que el control total del dinero esté en el gobierno más generalista, acumulando demasiado dinero, poco conocimiento de los ciudadanos, a los que representa muy mal y manteniendo bajo su control demasiados temas que deberían ser controlados en proximidad, por lo que se realiza una ineficaz administración. Claro que, si un sistema centralizado es malísimo, caer en el anarquismo por diluir en exceso la autoridad de las administraciones públicas tampoco es bueno. Las administraciones deben estar bien definidas, pero evitando que aquello que atañe en local sea administrado desde la distancia. Los ciudadanos deben poder controlar sus administraciones correctamente.

Por esto, y por muchas cosas más, algunas de las cuales veremos más adelante, no se puede aceptar como democrático un sistema en el que se vote. De hecho estoy harto de escuchar esa perversa falacia de la boca de personas que no quieren saber nada con una verdadera democracia o, simplemente, son unos ignorantes irracionales ¡No! ¡Votar no es igual a democrático! Como mucho, votar, si es que se hace medianamente bien, implica el término “plebiscitario” (por si antes no había quedado entendido). Porque es cierto que en toda democracia se vota, pero no es el voto el que hace la democracia, sino el valor y representatividad de ese voto.

Una cosa que tenemos que tener muy clara es que cuando hablamos de democracia estamos hablando de una forma de poder… Y esta palabra, “poder”, puede cambiarlo todo.

En realidad estamos usando “poder” como “gobierno” y esto, por desgracia, tampoco es cierto.

En cualquier supuesta democracia existen dos poderes electos: el ejecutivo y el legislativo; y un tercer poder que también debería ser electo y, en realidad, en el mejor de los casos, es representativo: el poder judicial. En torno a los valores democráticos de estos tres poderes se ha hablado mucho y lo único que sacamos en claro es que estos poderes deben quedar bien separados y diferenciados para poder hablar de democracia. La cuestión, como no, es la de evitar el abuso de poder. Pero como vamos a ver, esta separación acostumbra a estar bastante pervertida, empezando por los poderes legislativo y ejecutivo.

Por ejemplo, en el estado español, en las elecciones generales votamos a los miembros del parlamento (el poder legislativo), pero al mismo tiempo, en función de los diputados obtenidos, los partidos políticos negociarán hasta obtener un gobierno representativo (poder ejecutivo). Por los pelos aceptaremos que ese gobierno ha salido de nuestros votos porque la negociación se hace en base al resultado de las elecciones para el legislativo (las Cortes o el Parlamento, como nos guste más llamarlo).

Hasta aquí podemos aceptar la bondad democrática de estos dos poderes, pero, desgraciadamente, en momentos de necesidad, el gobierno puede aprobar toda una serie de leyes sin pasar por el Parlamento, los llamados decretos ley o, coloquialmente, “decretazos”.

Entiendo que los estados pueden tener emergencias que obliguen a la aprobación de una ley sin cumplir el esencial precepto democrático del parlamentarismo, lo que me cuesta entender es que esa ley no tenga una fecha en corto de caducidad y que su renovación no implique pasar por el Parlamento o por una validación de un referéndum, que es mucho más democrático.

Y es que en una democracia donde legislativo y ejecutivo pueden generar alguna duda sobre su independencia, lo único que podría evitar esa pérdida de valores democráticos sería una continuada rueda de referéndums vinculantes sobre los temas más importantes y sin ningún tipo de restricciones más allá de los territorios de interés.

En un estado presidencialista, como EE.UU., el ejecutivo es votado separadamente del legislativo. En cambio en Francia, a pesar de ser presidencialista su Presidente es el Jefe de Estado y posee muchos poderes ejecutivos, pero también existe un gobierno salido de las elecciones del legislativo. Con todo, en ambos casos puede darse la contradicción de que un partido domine las elecciones legislativas y otro las presidenciales obligando a negociaciones muy beligerantes en la construcción del poder del estado durante el tiempo en que se da esa contradicción ¿Es eso democrático? Personalmente creo que no entra en contradicción con lo que debe ser una democracia, pero si un incordio para todos. Claro que, a lo mejor, la democracia se basa en eso, en que el poder tenga que actuar con muchas limitaciones para que el pueblo pueda ser el verdadero guía de ese estado.

Otra cosa más problemática es el poder judicial. Y es que los jueces, individualmente, ya ostentan poder, pero estos acceden a la carrera judicial mediante un examen y, en principio, nadie los elige. Claro que quienes conceden los aprobados y asignan las plazas, están haciendo una elección donde el pueblo no pinta nada. Sin embargo podemos imaginar a estos jueces como meros funcionarios. El problema llega cuando se han de elegir los miembros de los altos tribunales y la cúpula del poder judicial que es quien elabora la plantilla de muchos de estos tribunales, especialmente el Tribunal Supremo. En cuanto a este “poder judicial”, el “Tribunal de Cuentas” y  el “Tribunal Constitucional”, son elegidos representativamente por el poder legislativo, con el agravante de que están muy mal definidas las fórmulas y se admite que, jueces cuyo mandato caducó, sigan en el puesto. Si a esto añadimos que un partido político con cierta representatividad, aún en la oposición, puede generar un bloqueo, por cuestiones ideológicas o de beneficio personal de sus miembros, para que la renovación no se produzca, ya tenemos una total falta de representación popular en el poder judicial y, por tanto, no es un poder democrático. Es más, en la actualidad se está dando el caso de que los altos tribunales están plagados de una mayoría de jueces con una ideología muy alejada de lo que tendría que ser una representación popular, y no solo eso, sino que ejercen la justicia mediante una continuada interpretación de las leyes al límite y de forma no ecuánime, beneficiando esa ideología y a quienes la profesan, y en contra de quienes se alejan ideológicamente. Esto, en un sistema judicial no pervertido, constituiría múltiples delitos de prevaricación. Sin embargo, aquí, a base de quedar impunes estos malos jueces, se ha creado un bandolerismo judicial que se atreve con todo, incluso a ejercer un marcado intrusismo dentro de los campos que son propiedad del legislativo y, especialmente, el ejecutivo. Así el poder judicial, que es el menos democrático de todos, ha secuestrado al resto de poderes, eso sí, con el beneplácito de partidos políticos que tampoco respetan los valores democráticos.

Pero imaginemos un país donde los jueces son buenos y justos, el gobierno no formula decretos y, cuando lo hace, antes de un año lleva esos decretos a un referéndum popular. Si ese país fuese España, aún le faltarían muchas cosas para poder ser una democracia plena.

En primer lugar existen más poderes que los tres mencionados, pero cuyos mecanismos funcionan a través de ellos. Vamos a conocer los más importantes:

-La Prensa: Toda democracia debe poseer una prensa libre, no dogmática y no controlada por ningún poder económico. Además, esa prensa debe ser capaz de subsistir sin la necesidad de ningún tipo de subvención. Está claro y demostrado que en nuestro país no es así y encima ejerce una gran presión para manipular a la opinión pública.

-Los Poderes económicos: en esencia son las grandes empresas, la banca, las organizaciones empresariales, las empresas energéticas y, aunque parezca una contradicción, los sindicatos. Todos estos “señores” intentan influir en los poderes legislativo y ejecutivo. De hecho, la banca, tiene a los partidos políticos más importantes en deuda económica con ellos. Es más, PP y PSOE jamás podrán pagar esa deuda, así que no es de extrañar que, a menudo, las solicitudes de la banca sean escuchadas, sí o sí.

-Los lobby’s: uno pensaría que son los mismos señores del punto anterior, y en parte así es, pero aquí hablamos de grupos más concretos como el sector de la tauromaquia, el sector de la electricidad, el sector de las telecomunicaciones, los amigos de la marihuana, grupos a favor y en contra del Cambio Climático, los veganos… o grupos mayoritariamente extranjeros como las farmacéuticas, las petroleras, los transgenetistas, las tabacaleras…

-La Iglesia: desgraciadamente, en nuestro país determinados grupos ligados a la iglesia católica acostumbran a sobrepasar todas las líneas rojas, habidas y por haber, y en casi todo momento. De hecho, la existencia de un antidemocrático concordato con este grupo de poder, nos ha llevado, tradicionalmente, a niveles de corrupción totalmente insostenibles, a la par que imposibilitan el natural ejercicio de la democracia más elemental. Es más, son muchos los curillas que se atreven a hacer auténticos mítines políticos desde sus púlpitos para favorecer a determinados partidos (tradicionalmente los menos democráticos). Y esto ignorando que su sueldo sale de las arcas del Estado y, por tanto, del bolsillo de todos los ciudadanos, sean creyentes o no.

-El Ejército: en otros países este es un cuerpo al servicio del estado, pero en el nuestro, dada su extraña alianza con la anterior dictadura y la nula actividad renovadora de más de 40 años de supuesta democracia; siguen escuchándose voces amenazantes provenientes de coroneles y generales que intentan sofocar cualquier conato de auténtica y honesta democracia.

-Policía: para qué voy a hablar de la policía, si no has oído bastante de ella tampoco habrás leído nada de lo que he escrito antes de este punto y por lo tanto no importa.

Después de todos estos grupos de poder, hay un segundo punto trascendental para no considerar a España como una democracia y es su sistema electoral. Por un lado el sistema electoral es muy poco representativo ya que hay provincias donde un escaño necesita de muy pocos votos y en otras, generalmente las más populosas, donde su precio en votos es muy elevado. Uno pensaría que esto sirve para representar mejor a las minorías, pero por desgracia esto no es cierto y, en parte, el culpable es el sistema de contaje y reparto de la Ley Electoral donde, a través de la regla o sistema d’Hondt, se premia a los partidos más votados y se castiga a los menos votados con el fin de “hacer más gobernable el país” por encima de una correcta representatividad y la supuesta protección de las minorías.

Este último punto tendría una fácil solución, aunque algo relativa, para el estado español. La solución pasaría, primero por dar más atribuciones y dinero a los ayuntamientos y CC.AA., y por otro eliminar diputaciones provinciales, delegaciones del gobierno y el Senado. Esto reduciría enormemente el número de cargos políticos en pos de una más correcta vertebración del estado y además permitiría asumir una ampliación del Parlamento para hacer que todas las provincias tengan el mismo valor de los votos de cara a obtener representantes. El valor de votos por diputado tendría que establecerse de antemano, sumándose los remanentes nacionales por partido para la obtención de diputados adicionales, asignados por el propio partido y dejándose como escaños vacios y sin pagarse, por aquellos que la abstención así lo ha decidido. De este modo ya no se beneficiarán más económicamente determinados partidos que han hecho campañas decididas a provocar desafección por la política ¿Cuántas veces no se ha beneficiado política y económicamente el PP de esta estrategia? De hecho, entre 2004 y 2018 pudo haber desparecido hasta en cuatro ocasiones de no ser por la abstención en determinadas provincias que le dieron los escaños suficientes para pagar, vía subvenciones, los intereses de sus préstamos (no entraremos en los hipotéticos chanchullos económicos).

Otra cosa que ha manifestado un concepto erróneo de democracia es la constitución de los sindicatos de trabajadores. Sí, esos que antes hemos tratado como un poder económico. Y es que la fuerza laboral es un importante y necesario activo para las empresas y, por tanto una fuerza económica no exenta de poder. Pero en el actual sistema los sindicatos no son totalmente una representación de los trabajadores. La primara razón es que los sindicatos más importantes siempre han estado ligados a partidos políticos en mayor o menor medida. De hecho la CNT, a principios del régimen del 78, fue atacada hasta su no legalización, precisamente por no acercarse a ninguna de las fuerzas políticas que aceptaron la renuncia de los trabajadores a sus derechos por los crímenes del franquismo. Bueno, como ya os habrán contado, la cuestión es más complicada y entrar en ella no nos ayuda en nada para lo que trato de explicar.

Los actuales sindicatos se mantienen a través de las subvenciones estatales, basadas en la representatividad de estos en las empresas donde se llevan a cabo elecciones sindicales; y por las cuotas de afiliación que pagan muchos trabajadores. En general, vemos que los sindicatos suelen tener más fuerza cuanto más grandes son las empresas, pero también es bien visible que los sindicatos victoriosos son, casi siempre, UGT y CC.OO. a pesar de que los trabajadores, en la gran mayoría de los casos, otorgan un rotundo suspenso a su actividad. Tenemos sindicatos, sería aterrador que no los hubiera, especialmente en un país donde los directivos acostumbran a basar sus triunfos en pisotear a los trabajadores.

El cambio que yo propongo es más sicológico, pero creo que sería efectivo. La idea se basa en que cualquier persona o entidad se debe a sus clientes y estos son, inapelablemente, aquellos que le pagan. Uno debe su trabajo a quien le paga por él, pero resulta que el dinero llega a los sindicatos, por un lado de las administraciones públicas y por el otro de las cuotas de los afiliados. El drama es que la gran mayoría de trabajadores paga sus cuotas sindicales a través de un descuento en la nómina, con lo que el dinero llega a los sindicatos a través de las empresas y estas pueden llevar un perfecto control de a qué sindicato está afiliado cada trabajador, lo que además puede suponer un atentado a sus libertades en caso de mala fe por parte de dicha empresa (algo nada descartable si somos correctamente suspicaces).

Mi propuesta es que los trabajadores paguen la cuota completa directamente al sindicato, sin intermediarios y sin que la empresa tenga que tener constancia de ello, pero sí el Estado que devolverá hasta el último céntimo al trabajador. A cambio, el estado obligará a todos los trabajadores, incluidos los directivos de empresas, a estar afiliados a algún sindicato. En las empresas que, por su tamaño, se realicen elecciones sindicales, estas seguirán dándose y los trabajadores podrán votar a un sindicato diferente del que estén afiliados. También se obligará, a aquellos delegados sindicales que por convenio han obtenido el derecho a cambiar todas sus horas de trabajo por horas sindicales, a una productividad administrativa en sus labores sindicales, forzando a los sindicatos a que los delegados sindicales, que estén en esta situación, sean los más efectivos en sus tareas sindicales. De este modo también se evitarían muchas suspicacias consiguiendo una mayor confianza de los trabajadores hacia los sindicatos.

Otro lamentable asunto que merma la democracia de nuestro país son las actividades de policías, fiscalía y jueces de instrucción. Dado que en todas esas instituciones existen buenos elementos, por muchos malos que existan realmente, bien poco se puede hacer estructuralmente si antes no cambian el resto de estructuras del estado. De todas formas, hasta que la mayoría de irregularidades que se dan en estos cuerpos no estén solucionadas, hablar de democracia en España solo sirve para contar chistes agrios (no confundir con ácidos).

Ya hemos hablado de la monarquía y de la república, y si es obvio que una monarquía jamás será democrática, añadir que un presidente estatal, en lugar de una Casa Real, supondría cientos de millones de ahorro para el estado.

Uno de los más agrios temas de España es el de las CC.AA. Los partidos antidemocráticos siempre nos hablan de las duplicidades que esto supone. Claro que lo que ellos ocultan es que estas duplicidades se dan porque el estado central sigue controlando temas que no deberían ser de su competencia. Su idea es mantener un excesivo cuerpo funcionarial en Madrid y un flujo hacia la capital de dinero que debería quedarse en Ayuntamientos y CC.AA. Recordemos que es más fácil echar mano a la caja cuando esta está más llena que cuando está vacía. Solo hace falta ver como hemos visto un PP que lleva toda la vida escondiendo extrañas maniobras financieras y que ha sido en plena crisis, con las vacas flacas y las arcas vacías, cuando se ha echado cuenta de esas extrañas maniobras (véase mi habilidad para no utilizar la palabra robar que tantas ampollas levanta).

NOTA: Cuando alguien te diga que “todos roban” o que “todos los políticos son malos”, debes saber que, o bien estás delante de un manipulador que pretende generar desafección política o de un tonto que se ha dejado manipular y pretende compartir su carencia de sabiduría sobre aquello que debería importarle y mucho. En cualquier caso evidenciar que si alguien dice que “todos roban” hay que aclararle que está afirmando que él mismo es un ladrón, pero que te ofende porque tú no robas. En cuanto a lo de que “todos los políticos roban” aclararle que todos somos políticos, le guste o no, eso sí, unos más ignorantes que otros. Si no queremos que la política nos moleste tanto, lo que tenemos que hacer es preocuparnos por saber más sobre todo lo que nos afecta y, sobre todo, que trabas podemos encontrar. Esta parte de las trabas es lo que muchos inconsecuentes no quieren ver y por ello son víctimas propiciatorias del populismo.

El pueblo debe estar educado, en especial en temas de política y administraciones públicas. Recuerdo que en tiempos de Zapatero se trató de poner en marcha la asignatura “educación para la ciudadanía y los DD.HH.”. Aquel era un buen comienzo, pero que fue muy poco entendido. Aunque lo que este estado necesita es un conocimiento real para toda la ciudadanía y, sobre todo, que esta tenga empatía suficiente para aceptar todas las diferencias y no solo las que se le publicitan (siento si no se entiende lo que quiero decir con esto, pero aún preparo un texto sobre el tema y estoy encontrando muchos problemas para superar los enormes tabús que hay a su alrededor).

Arreglando todo esto, España tendría una oportunidad para ser una democracia, eso sí, después de haber aceptado la creación de una ley de autodeterminación.

Finalmente recordar que si bien la democracia perfecta es una utopía, siempre podemos aproximarnos tanto como para que la sensación de todos los ciudadanos de un estado sea la de ser tenidos en cuenta y ser respetados dentro de él, y no que solo se sientan bien los cuatro que se acostumbran a beneficiar de los demás sin quererlo reconocer. Para ello la división en CC.AA., si se hubiera hecho bien, otorgando a estas todas las competencias debidas, hubiera sido un gran avance en democracia, igual que lo sería un estado federal, pero la máxima democracia nos orientaría hacia un estado confederal al estilo de Suiza.

Así que no, la democracia no se basa simplemente en votar, sino en el principio de que todos somos iguales de verdad, sin “orwellismos granjarios”, con derechos y deberes, sin engaños, con toda la información al alcance, respetando a individuos y minorías, y acercando las instituciones a todos los individuos. Que se dejen de monsergas patrioteros, ventajistas, populistas, proselitistas y hartos de prebendas, la democracia es otra cosa.