sábado, 4 de enero de 2014

EL DISCURSO (1 de 7)


¿Por qué existen personas que entran en política?
Bueno, pues supongo que la mayoría pensarán que esa es una buena forma de servir al país, al pueblo, a sus vecinos y ciudadanos, a unos ideales... Aunque muchos contemplan la política como el camino correcto para satisfacer sus ansias de poder. Y sin embargo, estos no son los peores.
¿Ya nadie se acuerda de aquellas declaraciones de Zaplana  en que dijo que él estaba en política para ganar dinero?
Y que conste que no hablo de corrupción, eso es algo que voy a intentar no hacer en este discurso. Porque hay muchas formas erróneas de hacer política sin ser necesariamente un corrupto.

Todos sabemos que, de políticos, los hay buenos y malos (como de todo), pero en un sistema alejado de las personas de la calle, todos, tarde o temprano, pierden la perspectiva. Y al final, casi bien todos, salvo los que llegaron nuevos, solo saben de su pueblo (ese que aparece sobre el papel y escrito en la parte más olvidada de las constituciones como el soberano)... solo saben de ese pueblo lo que las estadísticas de turno les dicen que es correcto decir para ganarse su voto. Y hasta en eso se equivocan.

Al final, no votamos al mejor, sino al que creemos, con tan poca perspectiva como ellos, menos malo. Y... hasta en eso nos equivocamos.

Por todo eso, yo, no estoy ligado a ningún partido político; porque no quiero estar sentenciado a la decepción de un sistema creado para hacer del voto un juego de azar donde el primer premio que la banca ha retirado es el de la democracia.


(Entre dientes): Y cuando digo banca no me refiero a la del casino.
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