domingo, 21 de agosto de 2011

¿Se marcha el Papa?

Hoy se marcha el Papa y algunos quieren hacer una fiesta para celebrarlo ¿Celebrar… qué? La visita se ha llevado 50 millones de euros de las arcas del Estado, más la firma de un compromiso de que este le seguirá pagando ese impuesto revolucionario con el que la iglesia nos ha estad exprimiendo durante siglos y desde mucho antes de que este trozo de piel de toro fuese llamado España.

El Papa se ha marchado descansado y fortalecido después de haber forzado nuevamente el cuerpo democrático de nuestra risible monarquía parlamentaria. De esta violación nacerá una nueva miseria en el vientre del pueblo, pero no podremos abortarla sopena de excomunión.

Nos contaron la milonga de que esos gastos eran una inversión pues el evento reportaría pingües beneficios para todos. Pero los mochileros solo han dejado algo de su dinero en algunas tiendas de souvenirs, licorerías y heladerías. Sin embargo muchos acompañantes han copado las plazas hoteleras. Ahora, durante los próximos días, muchos de esos mochileros dormirán en plazas por toda la península, hasta que les llegue el momento de volver a sus patrias.

Grandes beneficios… pero solo para la iglesia, la que siempre gana en nuestro país. Porque el pueblo de Madrid ha sufrido cambios en las rutas de sus transportes públicos, noches sin dormir. Aunque Intereconomía las califique de cánticos de alegría contagiosa. Tan contagiosa como las hostias que repartió la policía contra todos aquellos que manifestaran su repugnancia por el evento… o lo pareciera. Porque el calor bajo los cascos policiales seguramente debía ser intenso.

Las imágenes finales del evento y su entorno no han dado lugar a dudas. Una horda, teóricamente pacifica invadió la capital hispánica. Pero las hordas pacíficas no existen, un solo elemento beligerante de cada mil es suficiente para dirigir la manada a la violenta aberración. Con ese espíritu cientos de peregrinos bloquearon la manifestación laica poniéndose de rodillas a rezar al paso de la misma (la policía se negó a abrir el paso, como era su obligación). Y nadie obliga a un laico a llamar las cosas por su nombre y no blindar su lenguaje en la hipocresía. La respuesta, al final, tampoco fue hipócrita, pero seguían fuera de lugar. Y hubo violencia. Bien es verdad que esta empezó generada por algunos energúmenos que estaban dentro de la manifestación, pero los católicos no se caracterizaron por poner la otra mejilla. Algunas filmaciones pillaron a un sacerdote practicando el pugilismo e incitando a varios peregrinos a seguir su ejemplo.

¿Cómo, teniendo todo Madrid para ellos, se permitió a los peregrinos saturar la puerta del Sol, durante la manifestación? Eso no se puede entender sin la colaboración de algunos guías sacerdotales y medios de comunicación como Intereconomía.

Me pregunto si a los conserjes de colegios que obligaron a volver a su trabajo en pleno agosto, se les compensará adecuadamente por perder lo mejor de sus vacaciones. No ha sido inocuo para algunos ciudadanos el albergar de baratillo a toda esta horda igualmente inocua.

¿Dónde está el paraíso?

Los mercaderes de la iglesia se adueñaron de todo, del verdadero templo de Dios. Y fue el verdadero Dios el que envió un calor sofocante, pero viendo que ni así dejaban en paz a su verdadero pueblo, envió violenta una tormenta contra los que usurpan su iglesia. Pero tal es el poder de los príncipes de la iglesia en los valles terrenales que se permitieron desoír su mensaje y enlustrar la mejor de sus hipócritas sonrisas. Después de todo se marcharían de España otra vez con las alforjas llenas. Poco importa que el pueblo español necesite tanto ese dinero, para ellos es más importante atesorar como siempre se ha hecho, como siempre se hará, hasta el fin de los días. O hasta que Dios vuelva a hacerse hombre y los expulse de nuevo de ese paraíso terrenal que se han forjado con el hambre, la miseria y el genocidio de todos los pueblos a lo largo de los siglos.

Esa es la iglesia católica, que no la de Dios. Una iglesia con copyraight, con derechos de autor, de paso y de pernada. Una iglesia que no acepta que los hombres lleven a Dios en su corazón sin aflojarles primero la cartera. Una iglesia elaborada en el ámbito de los símbolos y donde las palabras de amor se han trasformado en un tótem de poder. Una iglesia que borró de la historia cuanto se le opuso y que ahora y siempre se niega a acatar la verdadera voluntad de Dios: la de los corazones.

Dios desterró a su ángel preferido a los infiernos. El hombre debe desterrar a los príncipes de la iglesia que igualmente han pervertido sus creencias para convertirlas en un arma de poder con la que fustigarnos a todos.

Ha llegado el momento el momento de expulsar a los meros intermediarios, a los mercaderes de nuestra espiritualidad, de los templos de los hombres.

Imagen tomada de www.20minutos.com

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