viernes, 10 de septiembre de 2010

¿Qué hay de malo en ser franquista?

En un foro preguntaba alguien: “¿Qué hay de malo en ser franquista?”. Hay que excusar al autor de esta pregunta por su ignorancia dada su edad. No conoció esa etapa de nuestra historia que ha dejado enormes cicatrices en nuestra sociedad. Pero no me preocupó la ignorancia de estas nuevas generaciones que podría querer decir que, poco a poco, van dejando de sangrar nuestras heridas, sino el hecho de que llegara a hacer esa pregunta. Si se hizo tal pregunta es que alguien, alegremente, le había lanzado antes esa acusación. Si eso podía encender mis luces de alarma, aún lo hizo más una de las respuestas que le dieron: “Nada, lo ampara nuestra Constitución”. Si lo ampara nuestra Carta Magna o es que esta es franquista o bien el franquismo no está tratado en su justa medida de régimen terrorista. Y esto sí que es realmente grave ya que nuestros padres de la Constitución sí conocían la significación auténtica de aquel triste periodo de nuestra reciente historia.

Pero no nos vayamos por las ramas que ya hemos llegado al punto clave: ¿si el franquismo es denostado por doquier, hasta el punto de ser un insulto recurrente, cómo es posible que seamos tan permisivos con esa etapa histórica? Hace poco más de 30 años aún teníamos miedo de los que nos amenazaban con volver a aquella tortura. Bajo la presión de ese clima se redactó la Constitución de 1978, pero ha llovido mucho desde entonces, ¿no sería el momento de hacer algo para cerrar ese capítulo?

Bastaría con que el parlamento votara una declaración en que el franquismo fuera declarado como el régimen terrorista que era y prohibiendo toda apología del mismo. No obstante, para evitar problemas en las estructuras del país, se firmaría un indulto para todos aquellos que como funcionarios o miembros de los estamentos públicos, trabajaron para el franquismo, siempre que no hubiesen incurrido en delitos mayores. Una vez aprobada esta declaración se procedería a la ilegalización de Falange y a la obligación de que políticos como Fraga Iribarne, Mayor Oreja, Acebes, Aznar… firmaran una declaración de repulsa a los hechos consumados por el franquismo. En caso de no firmarla, además de suspendérseles de todos sus cargos políticos, con sus respectivas retribuciones, se les acusaría judicialmente por el delito de apología terrorista.

Si hemos podido mermar tanto el terrorismo de ETA, ha llegado el momento de hacerlo con el ultraderechista que aún sigue minando el espíritu de nuestro país oculto en partidos políticos de prestigio y medios de comunicación de aparente respetabilidad.

Canosos y ancianos se apoltronaron los viejos luchadores contra el franquismo. Creen acabada su misión y sólo hacen que fumarse las mieles de su derrota. Pero el franquismo ha sobrevivido entre los resquicios de una sociedad mal aleccionada a posta, para hacer inútiles los más fecundos bienes de la libertad y la democracia. Los franquistas no sólo no han muerto, sino que ya no se reconocen. Excombatientes de diferentes campos como Pío Moa o Albert Boadella, se han vendido al enemigo para contentar sus locos egos y sus fofas barrigas, en una traición que aún da más vida a una ideología que arruinó a un país y mato su espíritu.

Visto así, aún tiene más sentido la frase de ese adolescente: “¿Qué hay de malo en ser franquista?”. Suena igual a “¿qué hay de malo en ser rico?”, “¿qué hay de malo en ser juez?”, “¿qué hay de malo en ser presidente de la patronal?”… todo es legal según la constitución… todo menos hablar catalán.

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