domingo, 12 de septiembre de 2010

Consecuencias de la Guerra de los Treinta Años

En 1618 dio comienzo una guerra religiosa (católicos contra protestantes) que sacudió toda Europa. Como suele suceder en todas las grandes guerras, antes de su estallido ya existen tensiones previas e incluso escaramuzas. En este caso la creación de la Unión Evangélica Protestante (coalición de estados alemanes protestantes: Palatinado, Anhalt, Neuburg, Württemberg, Baden, Ansbach, Bayreuth, Hasse-kassel, Brandenburg, Ulm, Strasbourg y Nürnberg) en 1608 y la Santa Liga Católica un año después, fueron el punto de partida a las beligerancias esenciales. En un principio la Liga estuvo creada por los estados alemanes católicos con excepción de Austria y Salzburgo. En 1610 estuvo a punto de disolverse porque los citados estados no tenían el interés de Maximiliano I de Babiera y no pagaron sus cuotas, sin embargo el interés del papado y, por su continuada relación a este, de España, prometiendo una contribución adicional salvaron a este. No obstante, la diferencias entre estos estados y Austria (mayores aún que contra los estados protestantes), aún pudieron llevar al traste a esta coalición.
La clave para el inicio fue Bohemia que rechaza a Fernando II, el nuevo emperador católico, como su rey y eligen al palatino Federico V que es calvinista y jefe de la Unión. Con la inestimable ayuda de Felipe III de España, Fernando II en 1920, ocupa Bohemia, Moravia y el Palatinado, iniciando una dura represión. Felipe III muere un año después y le sigue Felipe IV. A la sucesión le sigue el nombramiento del inefable Conde-Duque de Olivares como valido que rápidamente se centra en buscar financiación para la guerra en Flandes.
En 1629 Dinamarca entra en apoyo de la Unión al tiempo que logra financiación de Inglaterra que empieza a ver una seria amenaza en la ofensiva papista. Sin embargo, con la ayuda de mercenarios españoles Fernando II invade Dinamarca logrando la restitución de las propiedades eclesiásticas en los territorios protestantes.
A partir de 1629 porque Francia y Suecia entran en liza por algo más que cuestiones religiosas, para la primera los territorios del Monferrato están en juego. Suecia libera Dinamarca y gran parte del norte alemán. Baviera arruinada se retira en 1635.
Pero mientras todo esto sucede en el corazón de Europa, España y Francia han sostenido una guerra indirecta que el Conde-Duque ha resuelto aumentando la presión sobre un pueblo español ya tradicionalmente exprimido por la monarquía y la iglesia. A falta de más ingresos decide dar una vuelta más de tuerca en Cataluña y Portugal que acaba en sendos movimientos independentistas en 1640 que no dudará en aprovechar Francia. Así, entre 1635 y 1648, el enfrentamiento entre estos dos países católicos centrara las beligerancias en los Países Bajos, Alsacia y Lorena, y, claro, Cataluña y Portugal.
La paz de Wesfalia en 1648 deja a Fernando III como emperador que debe reconocer y respetar a católicos y protestantes, reconocer la independencia de Holanda y, por su parte, el rey de España pierde sus posesiones en Italia (una de las riquezas aportadas a este país por la Corona de Aragón y Cataluña). Ha terminado la hegemonía de los Habsburgo y las arcas de todos los países están agotadas. Parece que se ha llegado a un cierto equilibrio, sin embargo la beligerancia franco española sigue hasta que en 1659 el Tratado de los Pirineos acaba haciendo pagar a Catalunya por los excesos de ambos. El Rosellón, el Coflent, el Vallespir y parte de la Cerdaña son entregados a Francia. Mazarino recoge los frutos de la semilla que sembró Richelieue. En el mismo tratado se suspenden parte de las compensaciones económicas que España ya no puede pagar por la boda de María Teresa de Austria con Luis XIV y una dote medio millón de escudos de oro. A cabio Luís renuncia a sus derechos sucesorios.
Pero las disputas entre ambos países no acabarán. La España arruinada no podrá pagar ni la dote, lo que servirá de excusa al rey sol para reactivar las hostilidades que llevarán, con el tiempo, a la Guerra de Sucesión Española (1702).
Si las cosas no fueron bien para los catalanes en el lado español, aún le fue peor a los del lado francés, ya que al verse victorioso Luís no respetó sus promesas de mantener los “Usatges de Barcelona”, es más, el 2 de abril de 1700 se prohíbe el uso de la lengua catalana en actos oficiales. Lo que no ha impedido que desde entonces hasta nuestros días, cada 7 de noviembre una manifestación recorra las calles de Perpiñan recordando estos hechos.
Mientras tanto, olvidada la etapa del Conde-Duque de Olivares, muerto en 1645, en el lado español, la revuelta catalana que sigue hasta 1659, termina en cierre a regañadientes donde hay un indulto general y la restitución de los bienes a los perseguidos, por lo menos a los que tienen algún renombre. Sin embargo, junto a la situación del norte, queda un fuego oculto que saldrá a la luz en el siglo siguiente con la guerra de Sucesión. Pero el enemigo ya no será únicamente España, también lo será Francia que acababa de traicionar a los catalanes, pero en la siguiente guerra eso se repetirá con los ingleses. Lo peor aún estaba por llegar para Cataluña.
Imagen tomada de la Wikipedia
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