martes, 28 de septiembre de 2010

El poder de los medios.


Seguramente todos nosotros hemos pensado en algún momento cuál es el sentido de la vida. Para aquellos que se han acogido a una fe, sea la que sea, ya tienen una respuesta estandarizada que pueden, o no, aceptar, pero para el resto de los mortales tiene que existir algo más. De todas formas, aún en el supuesto de que estemos aquí porque es el deseo de un ente superior, este debía tener alguna razón para ello y es obvio esta es ajena a nosotros.

El sentido de la vida y el Universo son la misma pregunta. Y son una gran pregunta a la que hay miles de respuestas, todas válidas aunque, tal vez, ninguna cierta.

Como es lógico, una pregunta tan trascendente ha servido para llenar miles de páginas de centenares de libros de filosofía, teología, psicología, sociología, historia, matemáticas, cosmología, astronomía, ciencia ficción, novela… y muchas más fórmulas y temáticas que podrían alargar este párrafo más que los listados de “El péndulo de Focault” de Umberto Eco o las cartas de la princesa del “Bizancio” de Ramon J. Sender, pero que nos aportaría exactamente la misma monótona vaciedad inútil.

Algunos, los más espabilados, ya se han dado cuenta de que responder a esta gran pregunta exige mucho esfuerzo y el resultado, además de indemostrable, es igualmente inútil. Por eso han puenteado la lógica modificando esa pregunta esencial por otra más práctica: ¿Qué puedo sacarle yo a la vida?

No vayan a creerse que esta pregunta si es sencilla de responder, lo que sucede es que el que es capaz de saltarse la anterior y pasar a esta ya sabe lo que quiere realmente: lo quiere todo. Y para tenerlo todo sólo hace falta una cosa: poder.

Hablando de poder o poderes, los hay de muchos tipos: económicos, políticos, militares, religiosos, judiciales… pero entre todos hay uno que destaca más que los demás: el poder de los medios de comunicación.

¿Se han preguntado alguna vez cuánto cuesta un anuncio de televisión? Pues allá por el 2007, cuando TVE aún competía en este terreno, poner un anuncio de 20 segundos en pantalla podía variar mucho. Desde unos 200€ a las 8:00AM en Cuatro, hasta los 45.000€ del horario de máxima audiencia en Tele 5. Hay que decir que ninguna de las cadenas nacionales ofrecía su mejor horario por debajo de los 3000€. Como es lógico, una campaña con posibilidades no la constituye un solo anuncio a una hora determinada, sino una treintena de los mismos, con, al menos, seis o siete en el horario más caro. Todo esto repetido para todas las cadenas nacionales.

Por supuesto, el anuncio tiene que estar bien hecho y vender correctamente el producto. Sin contar que, para no cansar a los espectadores, deben hacerse tres o cuatro anuncios diferentes y relacionados. Y no nos olvidemos que el tipo de anuncio deberá estar basado en los resultados obtenidos de un estudio de mercado realizado anteriormente para evitar perder esfuerzos en intentar vender el producto a quien, de todas formas, no lo iría a comprar.

Entre pitos y flautas ya os garantizo que una campaña de lanzamiento de unas dos semanas, no bajará de los tres millones de euros. Y… ¿quién puede pagar esas cantidades? Sólo grandes empresas que piensan vender grandes cantidades de ese producto, pues sólo mediante la venta del mismo podrán pagar toda esa publicidad. Así que, al final serán los que adquieran el producto los que pagarán no sólo a este, sino también a los publicistas, las actores, los guionistas, los cámaras… y también a las emisoras de televisión que podrán financiar su parrilla con ese dinero.

Las grandes cadenas de televisión reciben millones cada día en concepto de publicidad y parte de ese dinero sirve para pagar sus propias producciones y comprar las de otras productoras. Así mismo, las televisiones también pueden comprar los partidos de fútbol de un equipo determinado. Así pues vemos programas en televisión porque las pagamos mediante los productos que adquirimos en las tiendas y se han anunciado en esas cadenas. Así que las empresas publicitarias, en último término, pueden decidir qué programas se ven y cuáles no. Por supuesto, ya sabemos que las cadenas de televisión acuden a unas empresas que dicen que programas interesan más al público y cuáles no, en lo que se denomina el “share” de pantalla. A mayor share, más interés de las empresas publicitarias y mayor precio por segundo de pantalla. Así que estas empresas de control de audiencias son las que, en último término, deciden que programas se ven. El hecho de que la credibilidad de las mismas siempre esté en entredicho es algo que hace sospechar sobre la posibilidad de que estén manipulando las programaciones y, por tanto, lo que llega hasta nuestros ojos.

Es posible que pensemos que esto no tiene ninguna trascendencia, pero cuando encendemos el televisor y, a pesar de la enorme cantidad de canales que existen hoy en día, no hay ninguno donde podamos ver un programa interesante, tiene sus consecuencias. La primera de ellas es que terminamos viendo el programa que creemos menos malo y la segunda es que subliminalmente nos están vendiendo un ideario político.

¿De verdad no se lo creen? Pues si tienen algún disco duro capaz de grabar de la TV u otro medio, como los antiguos videos VHS, graben los telediarios de todos los canales posibles, un día cualquiera. Se sorprenderán viendo como cada noticia tiene un significado diferente para cada uno de ellos. Es más, habrá noticias que sólo se verán en uno de ellos y se les dará una trascendencia que sorprenderá comparativamente con la indiferencia que le dedican los demás.

Bueno, no hacía falta llegar a molestarse con lo de las grabaciones. Los periódicos en papel ya son un buen ejemplo de esta realidad. Las noticias no se nos cuentan como tales. La información no se nos sirve sin más, todos los medios de comunicación la venden vestida sutilmente (o en ocasiones no tan sutil) con los colores de su ideología.

Puede parecer que el resto de programación no sea susceptible de llevar estos harapos, pero no es así. Hay emisoras que se pasan el tiempo metidos en programas de insustancial debate amarillo donde se dejan sin contestar las más trascendentales preguntas de la actualidad. También hay programas de humor donde se cargan las tintas precisamente en aquello que nos han intentado esconder. Así que ya sea Manolo Lama, Belén Esteban, María Patiño o Andreu Buenafuente, todos nos están vendiendo un ideario político (por remoto que parezca) y una moral. Así que los señores del share deberán tener mucho cuidado en como valoran estos programas de gran interés ideológico para las cadenas.

Alguien puede dudar ahora de la existencia de un pacto entre publicistas, controladores de audiencia y cadenas de televisión. Entre todos están cortando una tarta donde se oculta el relleno de poder más importante de un país. Y si no, por qué se critica tanto el control de los medios de comunicación que está realizando Chávez en Venezuela.

Sin lugar a dudas el pastel más importante es el poder político, pero hay más… el “deportivo”. Y las comillas no son un despiste, porque cuando hablamos de fútbol, de la “Liga de las estrellas” y hablamos de la cantidad de millones que se mueven en ella, lo de deporte parece una broma.

El fútbol depende de la televisión y de la publicidad más que ninguna otra cosa, sino como piensan que don Florentino puede financiar su astronómica galaxia ¿Recuerda cuando dijo que financiaría la compra de Cristiano Ronaldo con la venta de camisetas? Si nos ponemos en plan abusón, una camiseta puede costar 100€, de los que sólo unos 70 serían para el club en concepto de merchandising. Haciendo números redondos, supondrían más de un millón de camisetas. Cuesta creer que sea viable esta financiación. Si tomamos el estudio de la sociedad alemana Sport+Mark publicó en 2008, el Real Madrid cuenta con unos 45 millones de aficionados en el mundo, de ellos sólo un 1% pueden permitirse el comprar una camiseta cada año, lo que quiere decir que, aún con el abuso de precio, se tardaría unos tres años en financiar ese fichaje. Como además se tendrán que pagar los intereses bancarios del préstamo solicitado para ello, puede alargarse a cuatro años, siempre y cuando no se fichen más jugadores, cosa que no es así. Si esto no fuese suficiente, el Real Madrid ha bajado en los últimos dos años en aficionados internacionales a favor del FC Barcelona que ya supera los 75 millones de aficionados por menos de 40 el Real Madrid. Todo eso afecta al merchandising y nos dice claramente que, aunque es una magnífica vía de ingresos, es demasiado voluble para confiar en ella.

Por supuesto, todos los clubs cuentan con el dinero que sus socios y aficionados pagan por los abonos y las entradas. Estas si son unas cifras estables y, aunque Barça y Madrid, dado el tamaño de sus estadios, son grandes cantidades, siguen siendo insuficientes para pagar fichajes y salarios de plantillas tan virtuosas.

Nuevamente la publicidad termina siendo el recurso que salva la economía de estos clubs. Y lo hace por tres vías: los contratos directos de publicidad (camisetas, vallas, anuncios…), cantidades pagadas por las competiciones europeas (liga de capeones, UEFA league) y los derechos de imagen que pagan las cadenas de televisión… gracias a los anuncios que estas ponen durante la retransmisión de los partidos. Y esta última es la fuente de ingresos más importante que reciben los clubs. En ocasiones estos clubs también pueden ganar pequeñas cantidades en comparación con lo ya citado, con partidos amistosos o alquilando su estadio para finales de competiciones o para eventos musicales.

Es decir, que los grandes clubs también dependen de las grandes cadenas y, por tanto, también son susceptibles de ser manipulados por estas. Aunque, lógicamente, los clubs también gozan de un amplio margen, pero sin poder evitar ataques mediáticos como el que sufrió Ronaldinho por parte de los medios “afines al Real Madrid” y que terminó minando su confianza. Parece difícil de creer, pero los medios de comunicación pueden influir en la imagen de jugadores y clubs y, en ocasiones, hasta en los juicios del colectivo arbitral.

Piensen ahora, cada vez que vean uno de esos inocentes anuncios de Coca Cola, que, tal vez, ellos estarán decidiendo quién ganará la próxima liga o, incluso, quién será el próximo presidente del gobierno.

Puede que los medios de comunicación en general y la publicidad en particular, nunca nos pueda decir cuál es el sentido de la vida, pero continuamente nos empuja hacia el sentido que consideran adecuado para el transcurrir de nuestras vidas.

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