miércoles, 26 de septiembre de 2007

El perdón.


--¡Padre, he pecado!
--Desahógate hijo mío.
--¡Padre he pecado!
--Pues confiésate y Dios te perdonara.
Del otro lado de la reja del confesionario le llego un sollozo amortiguado y el corazón del padre Matías se ablandó.
--¡Hijo, no llores que no existe pecado que Dios no pueda perdonar si verdaderamente estas arrepentido! Dios puede perdonar lo que los hombres no pueden.
--Esta vez no será así. He venido a que usted me perdone.
El padre Matías se hubiera reído si no intuyera algo terrible en el tono de la joven voz que le hablaba desde el otro lado.
--Hijo mío, yo solo soy un hombre y solo el perdón de Dios te puede abrir la puerta de los cielos.
--No padre, ahora solo su perdón importa.
La postura de aquel joven era cada vez más preocupante y empezaba a darle algo de miedo, así que decidió seguirle el juego.
--Te escucho.
--Dios ya no va poder perdonar a nadie, padre.
--¡Dios puede perdonarnos a todos!
--¡He dicho que no! – Gritó el joven golpeando la rejilla.
El grito hizo que todas las miradas de la iglesia se giraran hacia el confesionario. El padre Matías le pidió calma y la voz recobró el volumen de confesión.
--Dios ya no perdonará a nadie porque ha muerto.
El padre Matías no sabía si echar al joven de allí o seguirle un poco más la corriente. Optó por lo segundo.
--Dios es inmortal…
--Eso creía yo también. —Cortó el joven. —Por eso lo maté y ahora sé que yo he de morir también.
El padre Matías no pudo soportar más aquella herejía, así que abrió la malla dispuesto a expulsar de allí a aquel individuo cuando se encontró frente a frente con la cara del diablo.
La cara del diablo era la de Matías, el hombre y no el sacerdote, pero no era Matías. El diablo no necesitó decir nada más, pero aquellos ojos profundos como un agujero negro le decían que todo era verdad.
--¿Y ahora que va ser de la humanidad?
--¿La humanidad?... La humanidad seguirá como siempre hasta que le toque desaparecer por sus propios errores, pero yo voy a morir.
--Sin Dios tú eres el amo de todo.
--No entiendes nada… si Dios muere yo muero, si yo muero Dios muere. No existe bien sin mal ni mal sin bien, si no fuese así ningún hombre pecaría ya que el pecado es la elección que cada hombre hace entre el bien y el mal.
--¿Y si Dios y tu morís como podremos elegir entre el bien y el mal?
El diablo pareció pensar un momento lo que tenía que decir, y al final dijo:
--Ha llegado el momento de que la humanidad se haga adulta y se separe de sus padres. Sus acciones ya no van estar regidas por el bien y el mal, ahora debe pensar por sí misma que es lo que debe hacer para su propia supervivencia. Ahora el hombre va a ser su propio Dios.
La mente del padre Matías volaba… al fin preguntó:
--¿Por qué has venido?
--Ya te lo dije… a pedir tu perdón… a pedir el perdón de la humanidad por milenios enteros como representante del mal.
El padre Matías dio una vuelta por la iglesia con la mirada y vio como cada uno de sus feligreses estaba repetido y hablaba con su doble como él lo hacía con el diablo.
--¡Perdóname! – Rogó. –Yo fui el mal porque el bien ya existía. Fui el mal pero sin maldad.
--¿Y que será del infierno?
--Lo mismo que del cielo… ¡Perdóname!
--¿Qué fue del cielo?
--Nunca existió… ¡Perdóname!
El padre Matías hizo el signo de la cruz en el aire aún sabiendo que ya no tenía sentido.
--¡Yo te perdono!
El diablo se esfumó al tiempo que un enorme peso cayó sobre los hombros de Matías, el hombre, y ese mismo peso recayó sobre toda la humanidad.
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