domingo, 13 de noviembre de 2011

El voto al PP como una mezcla de Paulov y Milgram y añadiéndole el odio a la ecuación (I)

El voto al PP como una mezcla de Paulov y Milgram y añadiéndole el odio a la ecuación (I)

Hace más de 20 años, cuando el PP se llamaba AP, sentí una enorme curiosidad por conocer la clase de personas que eran capaces de votar a un partido político que pretendía dar continuidad a las estructuras franquistas. Mi extrañeza fue mayor cuando, a finales de los 90, este partido aumentó mucho su influencia. Estaba claro que su cambio de nombre no se debía a un cambio en su ideología, era más una cuestión económica (así se desprendía de muchas deudas que dejaba sin pagar), pero también estaba claro que para sus supuestos votantes aquel cambio si había significado algo. Sobre todo cuando llegaba con la definitiva pérdida de representatividad del CDS, heredero de la victoriosa UCD. También hay que hacer constar que muchos de los componentes de aquella UCD pasaron a las filas de AP con su disolución. Con todo, salvo contadas figuras como Herrero de Miñón y Rodolfo Martín Villa, pocos mantuvieron su nivel de influencia en el momento de la irrupción de la franquicia PP. Ni siquiera elementos tan marcadamente franquistas como el exministro de cultura Ricardo De la Cierva. De hecho algunos han hablado de que Aznar cambió las tendencias. Pero eso tampoco es verdad.

AP subió de algo más de un millón de votos a los 5 millones, cuando Suarez fue defenestrado de la UCD y sólo logró pasar de esos 5 a más de 8 en las elecciones del 93, cuando Suarez abandonó definitivamente la política. Hay que señalar que el partido que heredaba las consignas del franquismo solo era mayor fuerza política en tres provincias gallegas y en la mayoría de las de Castilla-León. En las siguientes elecciones el PP se movió en un pequeño margen por encima y por debajo de los 10 millones de votos, aunque en las próximas elecciones (20N) se habla de 11 millones (incluso los 12 millones los más pesimistas). Personalmente creo que batirá su record de votos, pero se mantendrá aún lejos de los 11 millones. Volverán a la mayoría absoluta del año 2000 pero solo gracias a la abstención y la ventaja que le otorgará la Ley d’Hondt ante la dispersión de voto. ¿Cómo es posible que un partido que se quitó la máscara entre 2000 y 2004 mantenga un número de votos próximo una cuarta parte de la población de nuestro país? ¿Acaso un porcentaje tan elevado como el 25% de la población sostenía la dictadura franquista? Obviamente no.

En las primeras elecciones UCD, en la persona de Adolfo Suarez, se llevó el voto del agradecimiento, pero su partido estaba lleno de figuras que todavía pensaban en clave franquista. Auténticos trepadores arribistas que tardarían muchos años en captar los nuevos mecanismos de la naciente democracia (si llegaron a hacerlo alguna vez), pero que la larga sombra de su líder les permitía mimetizarse en las cambiantes estructuras del poder. La ruptura entre UCD y Suarez fue la debacle de este partido ya que el voto se dividió entre el partido y la persona, pero sobre todo marchó hacia una AP (1982) que algo tenía que ofrecer… ¿Pero qué?

Si analizamos las provincias donde este partido venció podremos tener una idea. La provincias que se decantaron claramente por la AP de Fraga Iribarne, fueron Lugo Orense y Pontevedra, en Galicia, y Ávila, Burgos, Soria, Guadalajara y Segovia en Castilla-León. Por otra parte Ávila, en el 1986, aún confía en el CDS de Suarez, pero la CD (nombre de la coalición que lideraría AP en esos comicios) le seguía a continuación (ambos con un solo escaño, igual que el PSOE). A partir de ese momento Ávila sumaría los votos del CDS a los del PP en las siguientes elecciones, así hoy se mueve sobre los 70.000 votos y arrancando 2 de los 3 escaños de la provincia y amenazando el tercero si baja lo suficiente el segundo partido. Al final la traducción de votos a escaños en estas provincias resulta muy rentable. Menos de 30.000 votos suponen un escaño.

Pero cómo es posible que, unas personas que pudieron sufrir bajo el franquismo y a los que las políticas de derechas y neoliberales pueden llegar a perjudicarles, puedan ser capaces de votar a los populares. ¿Alguien les engaña? Claro que no, a no ser que sean ellos mismos. ¿Es el caciquismo el responsable? No, ya que la mayoría de las veces el votante llega a la urna convencido de su voto. También podría ser que los decididos pasos hacia la democracia de un político nacido en el Movimiento franquista, como fue Adolfo Suarez, hubiese podido convencer al pueblo de que sin el dictador todos podemos ser demócratas. Personalmente veo esto algo simplista, pero estamos hablando de un país dominado por las mentes simples y poco asesadas que tragan catolicismo a manta y beben Telecinco amarillo.

Así pues, la primera cuestión que hay que tener en cuenta es la poca educación democrática que tiene en general la sociedad española, y en especial la que procede de zonas campesinas. En estas áreas prevalece aquella idea tan nuestra del “¿qué hay de lo mío?”. Una persona próxima y capaz de saltarse las normas para favorecernos en algo, aunque sea a costa de llenarse los bolsillos, es preferible a un idealista que pretenda arreglarlo todo dentro de la legalidad, pero sin permitir los pequeños excesos de la ciudadanía. En las zonas poco habitadas, el voto se compra con corruptelas que, por estar compartidas por la mayoría de la población, jamás llegarían ante ningún tribunal. Los que menos sufrieron bajo el franquismo son capaces de perdonar más fácilmente por un par de favores. Y no duden de que el avezado político no duda en vender como un favor hasta el humo de un cigarrillo. Por supuesto que la falta de educación (especialmente democrática) forma parte de este proceso de “PPtización”, que además muchas veces se completa dentro de las iglesias con unos sacerdotes que hacen más campaña política que misa. Parece que muchas iglesias de nuestro país han sido invadidas por mercaderes políticos que llevan sotana y reparten sacramentos con muy poca vergüenza. Jesucristo no fue capaz de expulsar a los mercaderes por demasiado tiempo de la casa de su Padre. A esos votantes del PP solo hace falta recordarles levemente las ayudas obtenidas para afianzar su tendencia. Igual que hacía la campanita con los perros del experimento de Paulov. Y el señor de la sotana siempre mueve la campanita mientras el monaguillo pasa el cepillo.

Una vez establecido un voto original, vamos a hablar de otra fuente de voto también muy arraigada en nuestro país: el “hooliganismo político”. “Hooligan” es una palabra inglesa que normalmente habla de fanáticos violentos de un equipo deportivo. En nuestro país cambiaremos la violencia por agresividad verbal y el club de fútbol por unos colores políticos: comunistas, socialistas y ahora el PP. Si unimos a esto un sentimiento de culpabilidad encubierto, veremos que los fans del PP tienen que ser realmente fieles. Cuando los hooligans se relacionan entre sí, fortalecen aún más su decisión. Ellos son conscientes de que su voto y su apoyo hace daño a la sociedad, sin embargo siguen ejerciendolo reforzados por esos mensajes del entorno, igual que sucedía en el experimento Milgram. A diferencia de los votantes tipo Paulov, los hooligans no tienen que haberse visto favorecidos por el PP. De hecho son una capa superior que se ve fortalecida por los mensajes convencidos de la anterior así que también son decididos votantes y defensores de la tendencia. Muchos de ellos son gente mayor a los que se les ha privado la capacidad de escuchar otras posibilidades y que sienten terror ante la palabra comunismo (este terror fue hábilmente inculcado durante los 40 años de dictadura y ya forma parte de las áreas límbicas de sus cerebros). Para estas personas se ha inventado todo un mundo ficticio, como los libros de psudohistoria de Pío Moa, o emisoras de televisión como Intereconomía y que, seguramente, tienen su máximo exponente ideológico en las palabras de Federico Jiménez Losantos.

Entornos cerrados crean nuevas generaciones marcadas por la misma mancha y el hooliganismo se extiende más y más, social y geográficamente. Y a partir del año 1993 este llegó a las grandes ciudades. La más vulnerable, por su desorganizado crecimiento, es Madrid. A partir de ese momento el PP extenderá todo su potencial en todas las elecciones que vendrán. Los 9 millones de votos serán, por mal que lo haga y por indecente y demostradamente corrupto que sea su comportamiento, un número de votos del que ya no bajarán. Y aunque el fenómeno del hooliganismo existe alrededor de casi todos los partidos políticos, en ninguno es tan poderoso como en el del PP. Especialmente porque es mantenido y avivado por el capital a través de una enorme maquinaria de prensa afín, que no duda en manipular emocionalmente todas las informaciones para beneficiar a esta tendencia. De este modo, 9 millones de españoles, de los que solo unos 600.000 son realmente franquistas, apoyan a un partido que no duda en utilizar el odio entre regiones cuando le conviene.

La pregunta ahora es: ¿se darán cuenta esos 9 millones de españoles ciegos del fracaso que se nos viene encima? ¿Y cuando ya haya llegado? La respuesta es fácil: no y no. De eso se encargan y se encargarán Antena 3, Onda Cero, Tele 5, La Gaceta, El Mundo, ABC, COPE, VEO7, 10, Canal 9, La Razón… y en general la mayoría de medios de radio, televisión y prensa, porque para ello las pagan los que se van a beneficiar verdaderamente de las políticas de este partido. Solo hay un medio que el PP no domina: Internet. Aunque lo intenta, pero si hoy el voto se diera solo entre los internautas, el PP saldría brutalmente derrotado. Claro que también sería barrido el PSOE. En Internet dominan los que apoyaron al 15M y a otras tendencias muy alejadas de los grandes partidos, que no se dejan comprar por una piruleta chupada, pero es que, además, solo en la red existen las ideas adecuadas para acabar con esta crisis que esta soliviantando nuestra tradicional balsa de aceite política nacional (esto último del aceite, para quien no lo haya entendido, es ironía).

Imagen extraída de la wikipedia.

3 comentarios:

Vicent dijo...

Quería publicar la segunda parte del artículo con información muy aclaratoria antes de las elecciones, pero no será posible. Tal vez podría estar para mañana, pero ya sabemos que es día de reflexión. Así que lo dejaré para una semana después de que tome las riendas del gobierno el nuevo presidente (contando con que sea Rajoy que en las últimas horas han empezado a llegar dudas). para entonces seguro que habrá nuevos datos que permitirán dar más claridad a todos estos conceptos. Ojalá me equivoque.

Vicent dijo...

Esta mañana me he levantado pronto para hacer cosillas por casa y me he puesto la radio. Hasta seis veces he cambiado de emisora y en todas me encuentro al personal hablando de la dichosa campaña ¿Dónde está el día de reflexión?

Vicent dijo...

De todas formas, sin dar nombres, habrá que hacer porras con: "cuánto tardará la primera huelga general", "cuándo serán las próximas elecciones", "en que mes sufrirá un infarto el nuevo presidente", "cuando llegará la primera crisis de gobierno"... Y es que mayorías simples, compuestas, absolutas o gobierno de concentración, el que salga va a vender seguro su trasero y el nuestro a los mercados... y no tendrá perdón de Dios.