sábado, 19 de noviembre de 2011

Detalles trascendentes de la historia: final de la Primera Guerra Mundial.


Cuando la gran guerra acabó, muchos soldados alemanes del frente occidental se sintieron tremendamente frustrados. Habían vivido los últimos días de la guerra escondidos en zanjas donde el avance de uno u otro bando solo podía realizarse asumiendo un número de bajas realmente injustificable. El impase, pues, era la norma bajo la cual transcurrían los días en las trincheras. Desde su punto de vista la guerra podía haber durado eternamente. Sin embargo el estado mayor sabía que la entrada de EE.UU. en la guerra aportaba al bando enemigo una aportación de soldados casi ilimitado. Además, EE.UU. pronto llenaría Europa de esas máquinas voladoras que podían superar las trincheras. El dominio de los Fockers tocaba a su fin. Por si fuese poco los espías hablaban de un nuevo recurso creado por los ingleses: el carro de combate. En aquellos primeros instantes fueron denominados tanques ya que fueron dispuestos secretamente en vagones de tren con el aspecto de grandes bidones de agua. Las trincheras más occidentales ya habían podido comprobar la eficacia de aquellos monstruos de acero que, aunque por aquel entonces aún tenían muchas limitaciones, suponían un cambio real en el avance de la contienda. Sin duda la rendición evitó una enorme cantidad de bajas innecesarias y, posiblemente, podría evitar unas sanciones mucho más duras contra el país germano. Pero todo terminó siendo un monumental error.

De una parte muchos soldados del frente no comprendieron la razón de aquella rendición. Sobre todo cuando habían visto morir a miles de compatriotas en aquellos campos embarrados y llenos de minas. Después de años viviendo un infierno les devolvían a casa en la tristeza de una derrota en la que ellos no habían sido vencidos. Este pensamiento se grabaría a fuego en la mente de muchos de aquellos veteranos, y en especial en la de un joven cabo llamado Adolf Hitler.

Meses después Alemania fue humillada, contra el criterio de Keynes y Woodrow Wilson. Además de obligar a los germanos y sus aliados a aceptar todas las responsabilidades del conflicto, se le impusieron enormes sanciones económicas y territoriales. Lo que sobrevino después es muy interesante, pero demasiado extenso. Sólo hay que decir una cosa, y es que hasta el 3 de octubre de 2010, Alemanía no terminó de pagar los intereses de la deuda generada por aquel tratado. Otra historia es el caso de la Segunda Guerra Mundial, muchos de sus pagos aún siguen pendientes, como la deuda de Alemanía para con Grecia que seguramente solucionaría los actuales problemas económicos de estos últimos si llegara a pagarse.

Imagen extraída de la Wikipedia

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