domingo, 15 de mayo de 2011

Pasado, presente y futuro de los equipos de Mou.



Después de acabar con el poco prestigio que le quedaba a la entidad blanca, ahora Mourinho, con la colaboración de la directiva, destrozara la plantilla como ya hiciera en los clubs que el luso entrenó con anterioridad (el Oporto es una excepción). Cuando Xose deje el Real Madrid, que será la temporada después de que gane la Champions o después de cinco temporadas de fracasos (es lo más que está dispuesto a aguantar antes de buscar nuevos caladeros), el club deberá enfrentarse a una carísima renovación de su plantilla y a un año, al menos, de aclimatación psicológica para que sus jugadores sepan dónde se encuentran y quiénes son realmente. El entrenador que le siga tiene garantizado el fracaso.
Mourinho nunca se ha  distinguido por la calidad futbolística de sus equipos, ni siquiera por la eficacia, sin embargo si se han distinguido por la claridad de sus objetivos bajo el lema del “todo vale”. Un fútbol fresco donde la velocidad, un sistema defensivo eficaz y la calidad de algunos jugadores aún no muy conocidos, le llevó a lograr con el Oporto, primero la UEFA y un año después, la Copa de Europa. Después nada nuevo bajo el cielo. En el Chelsea, club al que entreno por más años, fue un compendio de fracasos con, tal vez, la plantilla más cara del momento. Durante un tiempo el millonario Abramovich le buscó todos los jugadores que quiso, creando una plantilla mercenaria que, aunque logró algunos éxitos locales, tuvo que compartirlos con Liverpool y Manchester United, además, mientras estos dos clubs seguía luciendo en Europa, el Chelsea solo conseguía sacar la mala cara de Mou.
El Chelsea siempre fue un equipo que jugaba al límite de la legalidad (y más allá) y que, en los  partidos importantes terminaba por conseguir que alguno de sus jugadores perdiera los papeles. Tal fue la respuesta de un joven Del Horno ante un desconocido Messi que le regateo tres veces seguidas en la banda, junto a otro jugador del Chelsea que le hacía el apoyo al lateral (en defensa los equipos de Mourinho son muy completos) y respondió con una agresión ante todos los ojos del mundo (incluso, tiempo después, e jugador vasco pediría disculpas por ella), pero Mou siempre sostendría que aquello era teatro. Desde aquel instante siempre contestó a las grandes derrotas con indignación y acusando a los árbitros de equivocarse y a los rivales de falta de “fair play”… ¡Precisamente él! Tal vez gracias a eso logró muchos arbitrajes extrañamente consentidos con el juego bronco que sus jugadores empezaron a desarrollar en el campo. Así fue como, hace dos temporadas, logró un arbitraje tan permisivo en el partido de ida de semifinales de Champions, contra el Barça (el del Camp Nou), que evito una merecida goleada de escándalo que dejase sentenciada la eliminatoria y esta tendría que decidirse en Londres. No es de extrañar pues que, aunque el arbitraje de la vuelta fuera igualmente permisivo (el Chelsea jugaba en casa), el portugués magnificara los dos errores que, de no cometerse, le hubiesen favorecido a su equipo. La realidad es que en aquel épico partido Drogba hubiese tenido que ser expulsado ya en la primera parte y no hubiese habido lugar a especular con los grandes errores que toda la vida reivindicará la memoria selectiva y envidiosa del entrenador luso.
Aquel fracaso debió ser definitivo, no sabemos si para Mou o para Abramovich, pero lo cierto es que hoy, dos años después, y también dos entrenadores, aún están intentando reconstruir el Chelsea. Gracias a Mou las inversiones del millonario ruso se han ido por un agujero.
Así que la pasada temporada Mourinho aterrizó en Milán donde el Inter le esperaba con una buena plantilla elaborada durante años. El portugués le dio unas pinceladas y el visto bueno a la partida de Maxwell y la figura Ibraimovich. A cambio recibió a un Eto’o que sería sacrificado a unas funciones que nunca quiso hacer en el Barça. Tal vez por eso el camerunés es uno de los pocos jugadores que, tras la marcha del portugués, no ha necesitado ningún tipo de rehabilitación psicológica para recuperar su buen futbol. La suerte de Mou en Italia es que a nadie le extraña el futbol cicatero y de control en la parte posterior del campo. Una liga donde nació el Cadenaccio y donde casi todo lo marrullero está bien visto, Mourinho no podía fracasar. Pero ahora tenía una espinita clavada, porque Mou había sido considerado el mejor  entrenador del mundo por sus hazañas en el Oporto, sin embargo Guardiola le había arrebatado esa aureola el año anterior. El primer equipo español que había ganado Liga, Copa y Champions. Precisamente teniendo España, junto con Inglaterra, la liga más larga y difícil de Europa. Lo que no entendía (o no quería entender el portugués) era que la fascinación por el Barça no estaba en los resultados obtenidos, sino en el fútbol desarrollado. El público no va al campo a ver peleas de gladiadores, quiere, en general, un espectáculo acorde con el precio que valen las entradas. Tuvo, sin embargo, la diosa fortuna a bien concederle un duelo con ese Barça en las semifinales de Champions. En Milán un árbitro portugués hizo la mitad de la faena permitiendo  (con más errores de los que Mourinho pueda inventar en su derrota al frente del Chelsea) a los milanistas un 3 a 1 increíble. La vuelta en Barcelona, a pesar de la expulsión de Motta, fue igualmente tolerante con los italianos, e incluso se llegó a anular un gol válido de Bojan que, a la postre hubiese supuesto la eliminación de los interistas.
Pero Mou lo logró y, no teniendo bastante con ello dejo su sucia impronta en la ciudad que le había enseñado a ser entrenador, pero seguramente no de éxito, siempre negaremos que sus sucias maniobras las aprendiera donde no se conocen.
No es de extrañar las declaraciones absurdas del portugués cuando vio a tres blaugranas en la final por el balón de oro. No entendía como sus jugadores interistas, ganadores de todo, habían quedado tan lejos de aquel galardón. Y es que Mou entiende de resultados, pero no tiene ni idea de fútbol.
Pero el Inter jugó la final de Madrid contra el Bayer de Munich entrenado por su verdadero maestro, Louis Van Gaal. Sin duda fue de este holandés que, aun ganando dos ligas consecutivas, logro vaciar las gradas del Camp Nou. De Van Gaal Mou aprendió sus desplantes a la prensa, los malos modos y a crear un futbol efectivo donde el espectáculo no importa: “Todo vale”. Está claro que Mou amplió esos conocimientos y los llevó incluso fuera del terreno de juego para presionar a los estamentos arbitrales antes y después de los partidos. El sabe que las sanciones hacen daño a los equipos limpios, son muy duras para aquellos que no están acostumbrados a funcionar con ellas, pero cuando un equipo cuenta con ellas resultan muy livianas, su dureza no aumenta y siempre quedan recursos. Por eso el actual sistema de sanciones, por duras que estas parezcan, no preocupa al entrenador portugués cuyos modos afirman sin tapujos que el “fair play” es para los demás.
Con todas estas premisas nadie dudaría de que Mourinho llegara al futbol español. Sin embargo, todos creímos que buscaría un club de media tabla al que algún millonario inyectaría millones a manta para adecuar el club a las intenciones del portugués. No sabemos si fue la crisis o las prisas del entrenador por enfrentarse al Barça, pero aceptó la oferta millonaria de Florentino Pérez. Seguramente si el presidente blanco hubiese tenido unas pocas más de luces el luso hubiera llegado al Madrí a mitad de precio… pero en la casa blanca ya hace algún tiempo que turbias intenciones habían metido mucha prisa. Afortunadamente para Mou, Florentino, que en esta situación tiene puesto algo personal, ha confabulado a todos los medios de comunicación a su alcance para manipular la información a su favor haciendo creer que lo es a favor del Real Madrid. Esta dependencia de los medios de comunicación ha permitido al portugués tener un altavoz fenomenal para sus confabulaciones. Y tan fieles han resultado esos medios que, a pesar de los desplantes del portugués, han seguido babeándole en los píes incluso durante los más rotundos fracasos, siendo fieles trasmisores de sus falacias y aranas, y aún inventándose nuevas. Pero no se engañen, que estos medios no trabajan para Mou, ni siquiera para el madridismo, lo hacen para el cesar Florentino que ahora mira a Mou con el pulgar hacia arriba. El día que el emperador de la casa blanca gire su mano los perros de la prensa recordarán todas las afrentas y devorarán al portugués.
Ya no vamos a hablar de lo que ha sido esta temporada en el Madrid, su historia y su obsesión contra el Barcelona, dónde debió ocurrirle alguna tragedia que ignoramos, lo anticipa todo. Si amplificamos esto a cinco partidos disputados entre ambos equipos, sería fácil pensar que ambos clubs están ahora al borde de una guerra. Pero esa violencia es algo que el Barça y el fútbol no se pueden permitir.
Siguiendo con las extrapolaciones el Madrid también debe empezar a pensar lo que le espera. Pronto se desharán de Ramos, Granero, Pedro León, Canales, Kaká y es posible que Mou presione para eliminar también a CR7, Benzemá y Özil. A cambio traerá a jugadores que destaquen en ligas broncas como la alemana o la italiana y aporte otros jugadores cuya mejor cualidad es saber obedecer sin hacer demasiadas preguntas. Como pasaba con Vaan Gaal, el secreto del futbol de Mou no está en los jugadores, sino en el sistema. Después alguna pequeña libertad controlada de algún jugador puede hacer amagos de espectacularidad que el entrenador se atribuye como suyos aún a sabiendas de que no es así.
Y cuando Mou se vaya, ya veremos sin con algunos tristes premios o sin ellos, el Madrid vivirá años de eterna mala suerte. Tendrá que reconstruir su plantilla física y anímicamente porque este tipo de entrenadores deja solo tierra quemada allá por donde pasa.

Imagen tomada de http://www.eurochampions.es

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