domingo, 10 de enero de 2010

¿Es hoy más difícil ser emprendedor?


Cuando se monta un negocio o una empresa hay que hacer un plan de negocio. En ese plan se deben establecer las necesidades para el establecimiento de ese negocio y los gastos que suponen, así mismo se deben tener en cuenta las tasas e impuestos para, en último término, calcular el precio de coste total del producto a vender. De ahí conoceremos el valor mínimo al que podremos vender nuestros productos.

En el mismo plan de negocio se debe hacer una especulación fundamentada de la venta de nuestros productos, de este modo partiendo de lo anterior y calculando nuestras necesidades de beneficio, obtendremos el precio al que deben salir a la venta nuestros artículos. Cualquier fallo de cálculo podrá dejar sin sentido el resultado final, pero la falta de una base sólida para esos cálculos es el principal problema con el que se encuentra todo el que inicia un negocio.

Antiguamente era más fácil, si tenía un local en lugar determinado y veía a sus vecinos obligados a realizar largos trayectos para la obtención de un producto determinado, era señal de que la venta de ese producto allí podía ser beneficiosa. Panaderías, carnicerías, pescaderías, papelerías, kioskos… los negocios de barrio funcionaban siempre que no apareciera alguien haciendo la competencia y nos superara en aptitudes para el negocio. También entonces las soluciones eran fáciles: se podía mejorar el negocio, cambiarlo, trasladarse o sucumbir. En cualquier caso uno tenía capacidad de elección y el barrio no perdía nada en ningún caso, sólo podía ganar. Pero con la aparición de las grandes superficies todo cambió. Estas habían visto como la gente se trasladaba a los ejes comerciales de las grandes ciudades, de vez en cuando, porque había mucho más donde elegir, sin embargo pocos podían hacerlo por medios propios y los transportes públicos limitaban el transporte de las compras. Con esta idea fija los primeros centros comerciales se ubicaron fuera de las ciudades, con grandes plazas de aparcamiento y, generalmente, poniendo una línea de autocares gratuita desde el centro de la ciudad hasta el centro comercial. Primero parecía que no saldrían adelante pues debían superar una inercia del mercado muy importante, pero pronto, con algunas adaptaciones por parte de estos centros, fueron robando cuotas de mercado a los demás.

Al principio aquello supuso una competencia casi igualada entre los mercados de barrio, las tiendas de barrio, los ejes comerciales y los centros comerciales; pero los precios y los cambios de hábitos en la vida de las personas, que cada vez tenían menos tiempo libre, empezaron a decantarse del lado de esos lugares donde además te facilitaban las bolsas (que luego usabas para la basura). Mientras los ejes comerciales, por su mayor variedad de productos, aguantaron, las tiendas de barrio no pudieron competir. Pero cuando esa pérdida ya se había producido, las mismas cadenas de tiendas de los centros comerciales empezaron a invadir los ejes limitando la oferta. Hoy es muy difícil encontrar zapatos o ropa diferente de la que nos ofrecen los grandes comercios. De hecho tenemos que elegir entre marcas fabricadas por trabajo “malpagado” o infantil, realizado en algún obscuro país del tercer mundo, o productos sin marca y fabricados con materiales de baja calidad. Todo aquel producto intermedio que solía tener mejor diseño y calidad que las marcas ha ido desapareciendo porque no encuentra puntos de venta y son empresas que han cerrado sus puertas o se ha vendido a las grandes multinacionales que a su vez trasladaron la producción al tercer mundo.

El triunfo de los centros comerciales los convirtió en centros oligopólicos ya que además de eliminar una forma de venta (la de los comercios de barrio), también eliminó la variedad de los ejes comerciales. Ahora vayas donde vayas sólo encuentras unos productos caros e indeseables que ni nos son útiles ni nos gustan. Creo que la mano invisible de Smith nos la han cambiado por la mano tonta de Pijote.

Esto que vemos en el comercio local también se está dando a otros niveles. Roosevelt ya se dio cuenta de este peligro que se originaba en las grandes multinacionales y que creaban un mercado dirigido donde no existía una verdadera competencia, por eso cargó contra Rockefeller y obligó a dividir su “Standard Oil” entre las siete hermanas. Fue una difícil y costosa mediada para procurar salvaguardar el libre mercado, pero fue una medida temporal. En aquel momento fueron muchos los que culparon a esa tendencia oligopolística la causante del Crash del 29, pero más allá de la división de las empresas de Rockefeller, muy poco más se hizo. Así, a lo largo de los años, las grandes multinacionales han nacido y crecido fagocitando a la competencia, aún más desde el nacimiento de la OMC. Los grandes ejecutivos se han puesto el traje de liberales y han fagocitado a su antojo a las medianas y pequeñas empresas con capacidad para triunfar y a las que no han podido absorber las han arruinado con prácticas poco éticas.

Con este papelón hemos llegado a la segunda década del tercer milenio con una dificultad infinita para crear un nuevo negocio y sabiendo que si los grandes oligopolios detectan nuestro triunfo en las primeras etapas, nos pisarán y exterminarán. Nosotros, como responsables de nuestra pequeña empresa, responderemos con nuestros capitales personales, pero si nos erigimos en un David capaz de desbancar al Goliath de turno, los ejecutivos que ordenaron nuestra ejecución, dejarán su arruinado gigante con un maletín en la mano lleno de millones. Despues de todo, para estos individuos, tampoco son importantes sus propias empresas, sino su propio beneficio. En cambio, los empleados, accionistas y clientes de esa gran empresa quedarán desasistido y perderán todo. Las leyes de ningún país hace responsable a los grandes ejecutivos de sus decisiones dañinas, el resto de ciudadanos cargarán con las pérdidas.

Cada día que pasa es más difícil ser un emprendedor porque cuanto más se liberan los mercados menos libres son, hemos pasado de las normas gubernamentales a las normas de un mercado corrompido por los grandes ejecutivos de las grandes empresas.

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