martes, 7 de julio de 2009

Murió Michael Jackson... y han muerto más cosas.


Ha muerto Michael Jackson, el rey del pop. Bueno, la verdad es que falleció el pasado día 25, pero aún me cuesta creerlo. Poco sabíamos de su vida privada más allá de algún escándalillo puntual y las exageradas especulaciones con que a diario intentaban bombardear su rutilante estrella. En cualquier caso su vida privada es eso... privada, coto de sus familiares y amigos más próximos y a los demás debe conformarnos el cantante, el bailarín, el coreógrafo... el ARTISTA con mayúsculas que fue en vida.

Como todas las personas que suben a un escenario, Michael tenía sus incondicionales y sus detractores, pero ni unos ni otros pueden hacerle justicia. Creo que aquellos que nos acercábamos a su obra sin influencias subjetivas somos los que mejor podemos hablar de él en el escenario y la palabra que mejor lo calificaría es “espectacular”.

Ya en 1982 nos sorprendió a todos con un videoclip que cambiaría los conceptos que teníamos de estos, hasta entonces, vídeos promocionales. En poco tiempo cambiaron los parámetros de la música comercial y otros artistas se vieron obligados a cambiar sus fórmulas (véase el caso de Prince). Con todo, una nueva fórmula nunca es aceptada por todo el mundo. De hecho, los más roqueros, siempre mantuvieron las distancias con esta nueva forma de hacer mezcla de soul y música disco al estilo Hoollywood. Sin embargo, estos mismos que, en ocasiones se erigían en líderes argumentales en contra de su estilo, a la hora de preparar sus equipos de sonido utilizaban el “Billie Jean” o el mismísimo “Thriller” para configurar sus equipos ya que eran la mejor prueba para estos. Lo cierto es que nadie se podía resistir a su ritmo.

Como en su día ocurrió con The Beatles ha vuelto a suceder con Michael. No se puede decir que su obra sea demasiado extensa, pero tiene una indudable calidad que la hace, por ahora, inmune al paso del tiempo. Sólo esos dos mitos pueden tener más de diez canciones entre las 100 mejores de la historia y, sin lugar a dudas, “Thriller” es el mejor álbum de la historia seguido de lejos por el “Revolver” de The Beatles.

Tal vez, es muy pronto para hablar de la inmortalidad de su obra, pero no hay duda de que con su desaparición hemos perdido mucho.

Entre sus papeles han encontrado infinidad de canciones, de proyectos que ya nunca llevará a término. Hay quien habla de seguir con ellos, de llevarlos a un disco, pero ese ya no podría ser Michael Jackson, nunca sería del todo su obra porque él no hacía las canciones así. Cuando sus obras empezaban tenían muy poco que ver con lo que terminaban siendo. Sus trabajos recuerdan mucho a los trabajos de Charles Chaplin que se ponía a rodar un guión e iba quitando y poniendo cosas hasta dar por acabada la obra, y el resultado era totalmente diferente al guión original. Así era también Michael, sus obras finales estaban llenas de la fantasía propia de Nunca Jamás. Porque Michael Jackson era uno de los niños perdidos en la isla de los pentagramas del país de Peter Pan.

Lupus, anorexia, cáncer... en los pasados y en los próximos días escucharemos muchas cosas al respecto de su triste final, pero nada de eso importa. Se ha marchado un genio, uno más, y ya sólo podremos disfrutar de su legado. No nos volverá a sorprender nunca más.

Ahora las cámaras se regodean en sus despojos, en la marea de sus fans y se permiten inventar historias con el “Jacko” por aquí, “Jacko” por allá... ¿Jacko?... Ese era un término que Michael odiaba, pero él ya no está. Sin embargo, cuando escuchen una noticia donde se refieran a él con esa denominación, desconfíen, detrás de esa información, seguramente, hay alguien que no tenía demasiada afinidad por el artista y, posiblemente, algunos celos hacia la persona. Tal vez detrás se escuche la voz de ultratumba, como la de Vincent Price en Thriller, de uno de esos muertos vivientes que desea ser el niño en el bautizo, la novia en la boda y ahora el muerto en el entierro.

Este es un mal año. Decían que la crisis era económica, pero perdimos a Pepe Rubianes, Mario Benedetti, Farrah Fawcett, Karl Malden, Jorge Enrique Adoum, Samuel Richardson, Pina Bausch, Vicente Benavente Calla, Idea Vilariño, Tankei, Andrew Wyeth, Glenn Davis, Edmund Purdom, Dave Dee, Mel Ferrer, Michael Crichton y ahora Michael Jackson. Empezamos el año con una muerte que nos daba esperanzas pues obtenía el derecho a morir alguien que ya estaba, en verdad, muerta desde hacía muchos años. El caso Eluana dio la vuelta al mundo y sacudió los fundamentos del catolicismo retrógrado y el de una sociedad política italiana anclada en el pasado. Precisamente su líder, Silvio Berlusconi, nos ha mostrado hasta qué punto la muerto ha calado en lo más hondo de este año, porque él es el ejemplo de la muerte de la vergüenza. A él no le queda ni un ápice y en su villa de Cerdeña lo escenifica, incluso, con miembros de otras democracias... ¿Tendremos que sospechar de Agag y su suegro Aznar tan amiguitos del nuevo Duce?

En definitiva, un año de crisis en el que perdemos nuestros puntos de referencia y donde Michael Jackson, es seguramente, el más importante.

Imagen tomada de www.losingess.com.

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