sábado, 21 de febrero de 2015

Última entrevista al Fürher


Hoy tenemos otra entrevista en primicia desde el otro lado de la vida.
Hemos viajado hasta 1968 para captar el eco de Adolf Hitler y no hemos dudado en entrevistarle. El tema, cómo no, su Tercer Reich.

--¿Qué pensaba usted que obtendría con aquello?
--Han pasado más de veinte años. Les puedo decir que es lo que pienso ahora, pero entonces fue entonces y el tiempo lo cambia todo.
--¿Y qué piensa ahora?
--Pienso que quería salvar al mundo. Era joven y es lo que todo joven piensa, luego madura y se limita a querer conquistar el  mundo.
--¿Y conquistó el mundo?
--Conquisté el corazón de mucha gente y eso es como conquistar el mundo.
--Pero no dudó en acabar con todos los que se interponían en su camino, para rodearse de perros fieles.
--En 1923 fracasé por no haberlo hecho. Uno puede llegar a la cima, pero si mantiene a su alrededor a los mismos inútiles que ha apartado para encumbrarse, estos no dudarán en morderle para intentar recuperar lo que aún creen suyo. Mis pistoleros no estaban listos como debían y acabé con mis huesos en la cárcel. Pero de todo se aprende. Luego todo es cuestión de paciencia y atacar en el momento propicio.
--Así que la oportunidad fue la crisis del 29.
--Primero nos dejamos embaucar por Wilson para que Francia nos terminara por imponer las condiciones más duras. Luego el país se moría de hambre y nuestros líderes no eran capaces de dar de comer al pueblo. Las cuotas impuestas por Versalles  se llevaban todas las migajas. Era mi deber tomar las riendas de la nación.
--Para ello no dudo en arrastrar a Alemania al borde de la guerra civil.
--No había nada que perder. De día llené las calles con manifestantes a los que di el espíritu que les faltaba. Y por las noches mis brigadas asaltaban los reductos de dinero inmóvil para obligarlo a correr y salvar a Alemania.
--Y cuando Hindenburg se vio obligado a pactar con usted, dio el golpe de estado aboliendo la república de Weimar.
--Un presidente débil de una república débil, ¿puede existir un delito mayor?
--No sé… ¿un golpista en el poder? 
--No se engañe. Aquel era el Tercer Reich porque antes habían existido otros dos, y los tres hicieron grande a Alemania.
--A usted se le llena la boca de Alemania, pero le importaban un rábano los alemanes. Le importaba un rábano su propia gente, los de su partido, los que asesinó durante la “Noche de los Cuchillos Largos”.
--No me haga reír… los míos… aquellos no eran más que garrapatas pegadas a la piel del partido Nazi a la espera de verme flaquear para adueñarse de lo que tan duramente yo había conseguido.
--Así que lo hizo por usted.
--Lo hice por mí y lo hice por Alemania, porque yo era Alemania.
--En 1935 promulga las leyes de Núrenberg  ¿Tanto odiaba a los judíos?
--En absoluto.
--¿Entonces?
--Francia y Gran Bretaña eran los verdaderos enemigos de Alemania, los que habían impuesto unas condiciones tan calamitosas a nuestro pueblo como para impedirnos levantar la cabeza, pero por aquel entonces no estaban a nuestro alcance. En cambio, los judíos estaban por toda Alemania, se les relacionaba con el dinero porque eran muchos los que ostentaban negocios, muchos de ellos formaban grupos cerrados de relaciones personales y los alemanes, desde siempre, habían guardado un cierto recelo de ellos.
--Así que los judíos fueron el sustitutivo de franceses y británicos.
--Para mantener unido a un pueblo que pasa penurias y ha sido privado de la libertad, se le ha de dar algo a lo que odiar más que a sus gobernantes.
--¿Y la “Noche de los Cristales Rotos”?
--La guerra en España tocaba a su fin, nuestras tropas de élite estaban dispuestas para lanzarse a la conquista del mundo, pero necesitaba el apoyo decidido del pueblo alemán. Goebbels se encargaba de esa parte y él me dijo que si no se conseguían manchar de sangre las manos de todos los ciudadanos, difícilmente conseguiríamos el necesario apoyo en nuestra guerra.
--¿Por qué seguir con los campos de exterminio?
--Los judíos ya eran nuestro enemigo, no podían quedarse en la retaguardia y hacernos daño, debían ser exterminados, pero gastando el mínimo de recursos en ello. Sus posesiones debían pasar al lado del estado, no crean que fue tanto, sólo un poco más de lo que nos costó su exterminio.
--¿Por qué no se limitó a sus primeros éxitos y luego paró la guerra? Podía haber conseguido condiciones buenísimas.
--Con ese fin mande a Goering a Gran Bretaña, pero mientras el trataba de pactar con Churchill, aquí se descubrió uno de los muchos complots para derrocarme y la misión de Goering quedó comprometida. Por otro lado, era sabido que la campaña contra la Unión Soviética se tendría que llevar a cabo tarde o temprano. Rusia nos guardaba una desde la primera guerra mundial y sólo esperaba el momento para tomar su revancha.
--¿Y la mejor defensa es un ataque?
--La mejor defensa es una victoria.
--Pero al final usted perdió. Se desmoronó su castillo de naipes, su cuento de la lechera…
--De eso nada.
--Alemania ha perdido la guerra y usted acaba de suicidarse.
--Todos tenemos que morirnos algún día, pero morimos un poco menos si dejamos nuestro espíritu cabalgando sobre la Tierra y, como verá, nunca le faltarán dictadores a este planeta. Además, no dude que aquellos que fueron mordidos por la daga del sacrificio y el exterminio lo practicarán a su vez con sus enemigos.
--Arderás en el fuego eterno.
--¿Y qué más da? ¿No es un fuego eterno, que nos consume hasta nuestro fin, la propia vida?
--¿No le importa que Alemania vaya a sufrir años de miseria por esta derrota?
--No lo creo, pero si eso es así, no dude que nacerá otro Hitler para vencer o morir.
--Espere antes de partir al averno que vienen sus perros fieles Himmler y Goebbels, pero al parecer Goering, arrepentido, no ha querido venir.
--Siempre habrá perros que no lo serán de sus amos.
--Hoy ha acabado la lección que usted le podía dar al mundo, ahora es cosa de este demostrar que es lo que ha aprendido.

--Sea lo que sea… nada de bueno, se lo aseguro.
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