viernes, 4 de enero de 2013

Brotes verdes

Imagen tomada de http://www.cultiva.me 



Hace un mes, cuando un amigo me dijo que esto iba a cambiar, creí que no era más que un deseo expresado en voz alta. Pero cuando insistió diciendo que, por primera vez en mucho tiempo, los poderosos se han visto señalados con el dedo, y que no les gusta ser reconocidos y aún menos señalados... Así que en breve querrán inculcarnos una sensación de optimismo para que nos olvidemos. Un optimismo que si hubiese circulado hace 2 años nos hubiese ahorrado sacrificios inútiles y hubiese salvado vidas humanas.
“¿En qué te basas?”, fue mi lógica pregunta “¿No ves la tele?” fue su respuesta en forma de pregunta casi retórica. A continuación me aclaró que se estaba refiriendo a la publicidad y no a los informativos. Nos están preparando un bonito regalo de Navidad... quizá más bien de Año Nuevo.
Me costaba creerlo, pero hay que reconocer que el anuncio de Coca Cola, además del optimismo ligado siempre a la marca, acentuaba mucho su imagen en la solidaridad de los individuos para con su prójimo. En este caso era un prójimo a pequeña escala, casi individual y lejos de los movimientos sociales, pero seguía siendo una afirmación del valor de las personas. El siguiente fue Balay que valoraba al sector más maltratado en esta crisis: el de los trabajadores. Balay centraba su valor como marca en sus empleados. Sorprendente cuando la Reforma Laboral y todos los ataques de la CEOE habían estado dirigidos, sin piedad, hacia ese colectivo.
Dos anuncios parecían muy poco, pero mi amigo acertó a decir que cundiría el ejemplo porque era económicamente beneficioso (los anuncios llegaban al corazoncito de los posibles consumidores), pero sobre todo porque ya no éramos los únicos que necesitábamos el cambio. La bomba definitiva fue el anuncio, a finales de año, de Nestlé. Estos no solo se centraban en el valor de sus empleados y su fabricación dentro del país, sino que se atrevía a dar una imagen positiva de los movimientos sociales, como los que trataban de evitar los desahucios e incorporarlos a su imagen de marca. Algo impensado solo seis meses antes.
El día 2 ya había empezado el cambio. De repente, tras firmarse el acuerdo fiscal en EE.UU. una ingente cantidad de dinero invadió los mercados haciendo subir notablemente todas las bolsas y precipitando las primas de riesgo. Al tiempo, en Catalunya, una empresa como Telefónica (precisamente la misma que despide gente por enfermedad y, a pesar de las auténticas reprimendas judiciales, se niega a readmitirlos), enviaba una carta a sus abonados reivindicando su esfuerzo por esa región, el idioma... vamos, reivindicando su catalanidad a sabiendas de que el movimiento independentista era el único que había conservado una luz de esperanza en todo el proceso de hundimiento anterior.
Sé que para algunos esto solo quiere decir que los ricos se agarran con uñas y dientes para no caer, pero existe otra interpretación. La que, en la misma conversación que dio inicio a este comentario, expresó otro amigo. El también creía en el cambio de tendencia, pero su interpretación no era tan optimista. Mi otro amigo creía que los cambios sociales recesivos ya habían alcanzado los valores deseados por el poder que sabía que, de seguir apretándonos las clavijas, se podía desestabilizar su poder. Así que era el momento de parar a tomar aire y dar por acabada la parte más oscura de esta recesión... al menos durante un tiempo. Cuando todo estuviera más calmado se podría seguir apretando las clavijas y llevar a los pueblos hacia la esclavitud que nos tiene destinada.
Ni que decir tiene que la segunda idea era más perturbadora, todo y que no se diferenciaba tanto de la primera. Porque de algún modo nos estarían ofreciendo el camino para abandonar ese profundo sacrificio, pero, por otro lado, ya habíamos dejado demasiadas cosas en el camino... más de las que se podía asumir.
Unos brotes verdes, un mundo pintado de rosa, nos va a impedir ver el daño causado por una Reforma Laboral totalmente lesiva, una reforma judicial de ámbito medieval, una reforma educativa con el rancio carácter facisto-católico de la dictadura, un hundimiento de la sanidad... ¿de verdad vamos a asumir todo eso? Amén de que la inercia independentista de Catalunya ya es un hecho imparable.
Yo digo que no podemos permitir que nos vendan una tregua cuando lo hemos perdido todo, cuando se ha quedado tanta gente en el camino, cuando los culpables lejos de pagar por ello aún se han enriquecido más. Yo digo que es el momento de que sigan con sus inyecciones de dinero hasta que sean tan vulnerables como nosotros y podamos obligarles a aceptar nuestras condiciones... las únicas que pueden ser justas.
No creáis en los brotes verdes que aparecen de repente solo porque a ellos les conviene, porque, cuando ya no les interese, se los fumarán otra vez y empezaremos de nuevo, pero desde una situación mucho peor en que ya estará todo perdido de antemano.
Yo os digo que ahora aún hay más razones para salir a las calles e inundar de mareas la sociedad, la política, la economía, la sanidad, la educación y, sobre todo, la justicia... porque vivimos en un nuevo mundo lleno de leyes y de policías, pero donde la justicia, a veces, parece dormida o desparecida y otras parece mirar por debajo de su venda y dejarse llevar por la avaricia del dinero.
Es hora de recordar el mensaje que nos enseñaron nuestros padres y que nosotros enseñamos a nuestros hijos: no aceptéis regalos, y menos dulces y caramelos, de desconocidos. 
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