sábado, 9 de julio de 2011

Rubalcaba intenta negociar con el movimiento 15M una nueva ley electoral... y se equivoca.



Rubalcaba crea un programa electoral con más de 9 meses por delante. Su propuesta estrella parece un guiño al movimiento 15M, pero tiene trampa. Una trampa que se vio dentro del propio movimiento de los indignados. Posiblemente, para muchos, parezca razonable la idea de las listas abiertas, pero resulta que en un sistema tan amplio nos vemos obligados a admitir el tema de las circunscripciones, y como todos sabemos esa fórmula, lejos de ser más representativa favorece más a las derechas. En el caso de Catalunya beneficiará, y mucho, a CiU. También beneficiará a PSOE. En el resto de España, aunque parezca increíble, el beneficiado será el PP, pero el PSOE no le irá a la zaga.
Después, Rubalcaba, para asemejar nuestro sistema al alemán, que dice gustarle mucho (esperemos que también le guste la construcción de una federación), quiere llevar los restos a una circunscripción nacional. Esto hará recuperar algo de su pérdida a IU, pero llevará los votos nacionalistas al saco de PP y PSOE. Está claro que la fórmula del ya ex vicepresidente no es verdaderamente muy representativa de la realidad social, más bien parece un subterfugio para mantener esa tendencia al bipartidismo cargándose, de paso, la rivalidad de las diferentes nacionalidades que posee nuestro Estado.
Ya explique en otras ocasiones que, a la hora de reunificar los votos que no dan acceso directamente a un escaño, debe tenerse en cuenta un principio básico de justicia: la distancia ideológica. No es lo mismo convertir el remanente de votos dirigidos a ERC en votos de IU que hacerlo en votos del PP. Entre un paso y el otro hay una sustancial pérdida de democracia. Por eso debo insistir en que el problema no es el método de voto, sino la distribución.
Para una correcta democracia las papeletas de cada partido deberían especificar los saltos, de partido en partido, que prefieren para trasvasar sus votos remanente en caso de no alcanzar el siguiente escaño. Esa fórmula también evitaría la creación de partidos fraudulentos con la intención de fraccionar un tipo de voto y permitir, gracias a la ley d’Hondt, aumentar las “sacas” de los partidos grandes y en especial el PP, sobre todo en la comunidad valenciana.
También habría que exigir la reducción de la barrera electoral que en la actualidad es del 5% y resulta excesiva.
Por último, para demostrar que las listas abiertas no son la solución deseada, el presidente Mas quiere instaurar ese sistema en las elecciones autonómicas españolas. También las elecciones al senado son abierta, sin embargo los electores, en un porcentaje que habitualmente supera al 95%, votan a los mismos candidatos que propone el partido al que han votado para el congreso. Está claro que no son las listas abiertas lo que nos aporta más democracia, sino el que todos los votos cuenten y valgan lo mismo. Para ello cualquier barrera que generemos, llamémosle así o llamémosle circunscripción, nos arrebata un trocito de verdadera democracia hasta llevar al poder a personas que realmente no nos representan.
Es cierto que un sistema más democrático hace más difícil alcanzar mayorías absolutas, pero… ¿no se supone que nuestro sistema es PARLAMENTARIO? ¿Tal vez hemos perdido la capacidad de dialogar y convencer con buenos argumentos?
Yo ya conozco la respuesta y os la contaré… pero eso será después de la publicidad.
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