domingo, 5 de febrero de 2012

La verdad sobre el Plan Hidrológico Nacional



España, por sus peculiaridades geográficas, siempre ha tenido problemas que no podían solucionarse con las fórmulas habituales. Sin embargo, el importante retraso tecnológico y cultural del país obligó a tomar medidas siempre tarde y mal. La supervivencia y las ansias de enriquecimiento, que por lo general no acostumbran a respetar la legalidad y menos aún cualquier tipo de ética o moral, han llevado a soluciones locales muy poco adecuadas, pero que se han perpetuado a lo largo de los tiempos. La llegada de las diferentes propuestas democráticas a este país siempre ha chocado con estas inercias locales. Bajo este panorama no es extraño que en algunas zonas se mantengan extraños “protectorados” muy difíciles de entender en circunstancias normales. Está claro que en nuestros tiempos personas como Carlos Fabra (Castellón) son un perfecto anacronismo, pero también lo son las mafias y, sin embargo, cada vez tienen más influencia dentro de la sociedad moderna. La razón es el miedo que las sociedades locales tienen al cambio que les obliga a mutar sus modos de vida. En este punto, elementos que se opongan al avance de los necesarios cambios para la supervivencia, ya sea inventando aeropuertos o expulsando a quienes no respeten la “tradición”, encuentran su ubicación perfecta. Dentro de esas sociedades locales la gente piensa que la mafia, el capo o el cacique de turno, están defendiéndolos a ellos, pero la cruel realidad es que es justamente al revés.
Pero los caciques y las mafias no son nuestro tema de hoy, sino una de esos problemas que la orografía nacional ha agravado en los últimos doscientos años: el agua. Fue la Segunda República, cuando se planteó la necesaria y nunca llevada a cabo Reforma Agraria, la que se percató de que los recursos hídricos hacían inviables algunos proyectos ideados de esa reforma. Por eso, para poder emprender todos esos cambios de forma rápida y con garantías, antes hacía falta solucionar el problema del agua, fruto de esta necesidad nació el primer Plan Hidrológico Nacional (PHN). Aunque los estudios de este primer plan fueron muy elementales, contenían una cantidad enorme de cambios que, hasta cierto punto, eran necesarios aunque no se realizara la reforma que los impulso. Esta es la razón de que, veinte años después, Franco empezara un corolario de inauguraciones  de pantanos que le dieron fama. Algunos de ellos empezadas sus obras durante la Republica y abandonadas con la guerra, otros solo expresados en los papeles de la que fue la primera democracia verdadera de nuestro país. Entonces se dijo que todo era parte de un proyecto del último cuarto del siglo XIX, pero lo cierto es que por aquel entonces y durante de la creación de la confederación hidrográfica en 1926, se preocuparon más de la regulación legal de los usos del agua que las soluciones a las carencias de este recurso. De cualquier forma ninguno de esos proyectos necesitó de la aprobación popular y cualquier resistencia a cualquiera de esos proyectos fue meramente local y por parte de los afectados directamente.
Los primeros problemas graves llegaron cuando, en plena democracia, se retornó a la conciencia política de recobrar un nuevo PHN, pero adaptado a los nuevos tiempos y nuevas necesidades, pero impulsado por una sequía severa que había asolado nuestro país en los últimos años antes de 1992. Aquel  nuevo Primer Plan Hidrológico Nacional (así resulta para algunos) estaba orientado exclusivamente a llevar agua de las cuencas norte hacia las cuencas sur, agotadas en la práctica la mayoría de alternativas útiles de pantanos. Con todo, desde aquel momento la cuenca más problemática fue la del Segura que, contranatura, era capaz de agotar ingentes cantidades de recursos hídricos. La filosofía del trasvase generó grandes problemas ecológicos en todas las cuencas donantes, así que bien pronto los grupos ecologistas se pusieron a analizar el problema a fondo. Por otro lado, grupos con intereses económicos en el problema, hicieron sus estudios paralelos que, a menudo,  tenían muy poco de científicos. Los estudios serios, dada la problemática que suponía quitar el agua de un sitio para trasladarla a otro, pusieron su interés en el uso del agua en los lugares de destino, lo que, por comparación también lo hizo en los puntos de origen. Esto chocaba con las normas establecidas en 1926 con la creación de la confederación hidrográfica, porque demostraba que, mientras la vigilancia en cuencas como la del Ebro era realmente severa con sus posibles usuarios, la cuenca del Segura, y en general todas las pequeñas cuencas levantinas, eran un autentico desmadre. Al parecer todas ellas habían quedado bajo el control final de esas extrañas figuras de las que hablamos al principio, permitiendo auténticas barbaridades con el uso del agua. Por supuesto Murcia se convirtió en el centro del huracán. Finalmente el PNH, después de la polémica generada por el funcionamiento del trasvase Tajo-Segura (proyecto de 1933, iniciado en 1966 y finalizado en 1979) que con la sequía dejaba un enorme rastro de peces muertos en todas aquellas cuencas que cedían su preciado líquido, se centró en problemas más genéricos aparcando sus obras más polémicas una y otra vez.

Fue la llegada del PP al poder, en 1996, quien abrió la caja de Pandora intentando resucitar el demagógico trasvase del Ebro. Las razones que hasta entonces habían apartado a este transvase de la lista de posibles fue el inevitable daño ecológico que supondría para el Parque Natural del Delta del Ebro (muchas veces propuesto para Parque Nacional con todas las leyes de protección que eso hubiese supuesto).  Claro que, si nos fijamos en las razones reales para este trasvase ya podremos suponer que les importaba muy poco los daños ecológicos que pudieran causar. Después de todo hoy vivimos la máxima severidad de la crisis por culpa de aquellos principios. De todas formas tampoco eran meramente ecológicas las razones que inviabilizaban ese transvase, había otras dos: la primera era de justicia, pero la segunda era de Seguridad Nacional.
Cuando, el ahora de nuevo ministro de agricultura, pesca y medio ambiente, ya decidió pasarse por el arco de triunfo, los razonamientos ecológicos también quiso quitarle el poder  a las autoridades de la cuenca hidrográfica que, durante décadas habían impedido a los agricultores de la zona la realización de sobreesfuerzos hídricos de forma severa y contundente. Incluso se había bloqueado un proyecto para hacer del desierto de los Monegros un área cultivable. Así, de un plumazo, el controvertido ministro se saltaba las cuestiones legales y se saltaba los derechos de doce millones de españoles.
La segunda razón simplemente se negó. Que dos centrales nucleares dependieran del flujo incesante de agua en esta cuenca para refrigerarse, no suponía una realidad para el decidido proyecto del ministro.
Pero qué impulsa hoy con tanta fuerza esa locura. Entonces fue la idea de vender otras locuras como Marina D’or en Castellón, o las imposibles urbanizaciones ligadas a campos de Golf en Murcia. Fracasado el proyecto de Castellón y derribada por la crisis la demanda de propiedades en Murcia, todo el mundo ve claro que la idea de montar potabilizadoras de agua de mar parece una solución más que suficiente para las necesidades lógicas del Levante español.  Pero para el PP y Arias Cañete no es suficiente, ¿por qué?


Las razones son nuevamente dos. En primer lugar está la asignación de unas grandes obras, que tardarían muchos años, a posibles empresas amigas siguiendo la tradición nacional de la que hablamos al principio. A segunda está en un extraño desarrollo agrícola que se ha dado en la provincia de Murcia en los últimos 40 años. Mientras, en 1970, la famosa “Huerta de Murcia” cubría un área muy limitada en torno a la capital provincial, y ya exprimía casi totalmente el caudal del río Segura, dejando muy poco agua a su desembocadura en la provincia de Alicante, hoy ocupa un área más de diez veces mayor, cubriendo la casi totalidad del Campo de Cartagena y los valles de Mazarrón y Totana. De hecho se habla de regadíos en la misma Lorca. Con todo, lo más hiriente es el uso del agua en el noreste del Campo de Cartagena donde se practica el llamado riego a manta o por saturación del suelo, que supone un consumo desproporcionado de este recurso. Este punto siempre se ha negado, pero los tipos de cultivos hortícolas y las imágenes por satélite no ofrecen ninguna duda. Es fácil contar más de 10 balsas mucho mayores que una piscina olímpica en un área de unos 3 kilómetros cuadrados.

Pero… ¿de dónde sale esta agua ahora que aún no está hecho el trasvase? La principal fuente es el subsuelo. De hecho esta provincia, como su vecina Almería, era muy rica en aguas subterráneas, pero a demasiada profundidad como para aprovecharse en el pasado. Sin embargo en cuanto se pudieron extraer se hizo ilegalmente y sin ningún control y hoy los acuíferos muestran una elevada salinización ya que por su sobrexplotación están siendo invadidos por agua de mar, así que su utilización está en el límite temporal antes de que sean totalmente inservibles. Agotado este recurso que ha enriquecido solo a unos pocos y ha hecho dependientes al resto, hay que buscar con urgencia nuevos recursos hídricos, de ahí que, por subsistencia, para lograrlos no se respeten los derechos ni las necesidades de los demás… menos aún sus sentimientos.
Se puede entender a los murcianos, máximos impulsores del proyecto de trasvase del Ebro, aunque es obvio que no es de justicia, pero qué interés mueve al ministro Miguel Arias Cañete.
Para más información sobre este tema:
-Información ofrecida por la Universidad de Valencia: http://www.uv.es/choliz/indicetrasvase.htm
-Información de la Universidad de Barcelona: http://www.ub.edu/geocrit/arac-69.htm

Las imágenes de este artículo han sido confeccionadas a partir de Google Maps salvo el mapa del Trasvase Tajo-Segura y la foto del ministro Cañete que han sido tomados de la Wikipedia.
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