domingo, 1 de junio de 2008

Emigración... inmigración... (NPQ)


Las masas migratorias enriquecen a los países que las reciben, pero también supone serios problemas de convivencia. Muchos son los factores que hay que analizar, sin embargo, es muy peligroso tratar el tema desde puntos de vista limitados tanto en su ataque como en su defensa. Europa, en los últimos años, ha vivido dos puntos de vista extremos. Primero fue España cuando casi establece el “papeles para todos” durante las primeras acciones de gobierno de la era Zapatero y el segundo constituido por las actuales fórmulas neofascistas del señor Berlusconi.


El primero se encontró frente a una avalancha de inmigración que las estructuras económicas del país no podían asumir, además, mezclados con esta masa de mano de obra, llegaron delincuentes, mafias y apólogos del terrorismo. Eso sin contar con los guetos que se formaban en algunas grandes ciudades y dificultaban la integración social de sus individuos. Sin embargo, la buena situación económica convirtió todo aquel potencial de mano de obra en dinero, especialmente en el campo y el sector inmobiliario, aunque, eso sí… mayoritariamente era mano de obra sin papeles. España, con ladrillo o no, tuvo una evolución económica impensable, superando con su PIB, incluso, a países como Italia con más habitantes.


El segundo ataca directamente a la problemática social que produce la inmigración. Italia se ha visto inundada por personas procedentes de los países balcánicos y Rumanía. Exparamilitares y personas procedentes de guetos sociales, no suelen ser una mano de obra muy adecuada y, aunque a las personas se las debe tratar individualmente, la imagen conjunta es lo que genera la opinión social, por eso a los italianos, en su mayoría, les han parecido aceptables las propuestas fascistas para tratar a los inmigrantes ideadas por Berlusconi. Pero hay que tener en cuenta que Italia lleva ya muchos años desaprovechando las posibilidades de esa mano de obra debido a la fuerza que las mafias autóctonas tienen en la mayoría de su territorio. Pero ahora Italia se convertirá definitivamente en una opción descartada por los emigrantes trabajadores que llevarán su opción económica a otros lugares, mientras la emigración delictiva permanecerá más tiempo ya que posee los medios para sobrevivir en cualquier parte, además, al alargar sus condenas, terminarán por saturar las cárceles del país. Por si fuera poco, ahora vivimos una crisis económica de la que saldremos en un par de años y de la cual, los países con suficiente mano de obra, lo harán con ventaja. Italia, como resultado de esas leyes racistas, se puede ver empujada al furgón de cola de Europa en tres años.


Está claro que este no es un tema para tratar en cuatro líneas, tanto desde los puntos de vista sociológicos como económicos dan para escribir cientos de libros, pero hay algo que debe quedar claro: los emigrantes son personas que abandonan su hogar llevando una maleta llena de esperanzas y de nostalgia, pero que allí donde llegan se convierten en factores numéricos de la macroeconomía y las políticas sociales.

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