miércoles, 11 de julio de 2007

Julián


Tengo un osito de peluche que se llama Julián.
No, no soy un niño. Los cuarenta ya no los cumplo y, aunque generalmente me da vergüenza reconocerlo, es importante que sepáis que Julián me habla.
Julián siempre empieza a conversar de la misma manera:
--Los bosques están desapareciendo por culpa de los malos escritores.
Cuando Julián dice eso un papel en blanco está sobre mi escritorio y un montón de bolas de papel desborda la papelera. Por ello, herido, me enfado:
--Eso no es cierto.
Y acompaño mi respuesta de una mirada al centenar de carpetas llenas de textos que reposan sobre el armario.
--¿A eso le llamas, tú, bueno?
Llegado este punto ya pongo en duda el hecho de que Julián hable, porque si de verdad soy un mal escritor y lo que hay encima del armario no vale nada, es, o bien que no tengo imaginación, en cuyo caso Julián no existe, o bien escribo fatal, en cuyo caso poco importa que Julián exista o no.
Miro a Julián a los ojos y él, inmóvil, calla. Es entonces cuando recuerdo cuando llevé a editar mi primera novela. De eso hace ocho años ya y no he tenido respuesta. Bueno, sí, hay una novela muy famosa, de un escritor muy famoso que ganó un premio muy importante y que se parece mucho.
Vuelvo a mirar a Julián... nada. Cómo va a publicar nadie una novela que algunos años después será un plagio.
Julián parece sonreír.
Era un adolescente cuando mi profesora de literatura castellana me acompañó a una editorial para enseñar mis poemas y se rieron de ambos.
No levanto la mirada, pero escucho como Julián se ríe también.
Espero unos segundos y miro a Julián de reojo y sonrío. Pongo a un lado la hoja de papel. Extraigo el teclado del ordenador de debajo de la mesa y enciendo.
Julián se ha callado y observa con atención.
El PC termina de encenderse, activo el “WordPad” y empiezo a escribir.
Julián calla.
Durante más de media hora doy rienda suelta a mi limitada imaginación. Ahora abro el “internet explorer”... pongo la dirección de mi blog para publicar, introduzco unas claves... “copy & paste”... ¡ya está!
Julián sigue inmóvil.
Esta vez no he gastado papel, de hecho también estoy guardando mi obra en un archivo del disco duro del PC. Pero lo mejor de todo es que seguro que en este momento ya lo están leyéndo otras personas.
Tengo la tentación de reírme de Julián, pero llega mi hijo pequeño y se lo lleva cogido de la oreja para iniciar una sesión de boxeo infantil y creo que hoy le acompañaré.
¡Prepárate Julián que hoy me toca reír a mí!
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