viernes, 23 de diciembre de 2011
Errores de concepto en la arquitectura del poder
jueves, 23 de junio de 2011
Principio del poder
| Imagen de la manifestación del 19J en Barcelona a las 20:35 en Plaza Urquinaona. Cuando la cabecera hacía más de 30 minutos que había llegado a Pla del Palau. |
martes, 28 de septiembre de 2010
El poder de los medios.

Seguramente todos nosotros hemos pensado en algún momento cuál es el sentido de la vida. Para aquellos que se han acogido a una fe, sea la que sea, ya tienen una respuesta estandarizada que pueden, o no, aceptar, pero para el resto de los mortales tiene que existir algo más. De todas formas, aún en el supuesto de que estemos aquí porque es el deseo de un ente superior, este debía tener alguna razón para ello y es obvio esta es ajena a nosotros.
El sentido de la vida y el Universo son la misma pregunta. Y son una gran pregunta a la que hay miles de respuestas, todas válidas aunque, tal vez, ninguna cierta.
Como es lógico, una pregunta tan trascendente ha servido para llenar miles de páginas de centenares de libros de filosofía, teología, psicología, sociología, historia, matemáticas, cosmología, astronomía, ciencia ficción, novela… y muchas más fórmulas y temáticas que podrían alargar este párrafo más que los listados de “El péndulo de Focault” de Umberto Eco o las cartas de la princesa del “Bizancio” de Ramon J. Sender, pero que nos aportaría exactamente la misma monótona vaciedad inútil.
Algunos, los más espabilados, ya se han dado cuenta de que responder a esta gran pregunta exige mucho esfuerzo y el resultado, además de indemostrable, es igualmente inútil. Por eso han puenteado la lógica modificando esa pregunta esencial por otra más práctica: ¿Qué puedo sacarle yo a la vida?
No vayan a creerse que esta pregunta si es sencilla de responder, lo que sucede es que el que es capaz de saltarse la anterior y pasar a esta ya sabe lo que quiere realmente: lo quiere todo. Y para tenerlo todo sólo hace falta una cosa: poder.
Hablando de poder o poderes, los hay de muchos tipos: económicos, políticos, militares, religiosos, judiciales… pero entre todos hay uno que destaca más que los demás: el poder de los medios de comunicación.
¿Se han preguntado alguna vez cuánto cuesta un anuncio de televisión? Pues allá por el 2007, cuando TVE aún competía en este terreno, poner un anuncio de 20 segundos en pantalla podía variar mucho. Desde unos 200€ a las 8:00AM en Cuatro, hasta los 45.000€ del horario de máxima audiencia en Tele 5. Hay que decir que ninguna de las cadenas nacionales ofrecía su mejor horario por debajo de los 3000€. Como es lógico, una campaña con posibilidades no la constituye un solo anuncio a una hora determinada, sino una treintena de los mismos, con, al menos, seis o siete en el horario más caro. Todo esto repetido para todas las cadenas nacionales.
Por supuesto, el anuncio tiene que estar bien hecho y vender correctamente el producto. Sin contar que, para no cansar a los espectadores, deben hacerse tres o cuatro anuncios diferentes y relacionados. Y no nos olvidemos que el tipo de anuncio deberá estar basado en los resultados obtenidos de un estudio de mercado realizado anteriormente para evitar perder esfuerzos en intentar vender el producto a quien, de todas formas, no lo iría a comprar.
Entre pitos y flautas ya os garantizo que una campaña de lanzamiento de unas dos semanas, no bajará de los tres millones de euros. Y… ¿quién puede pagar esas cantidades? Sólo grandes empresas que piensan vender grandes cantidades de ese producto, pues sólo mediante la venta del mismo podrán pagar toda esa publicidad. Así que, al final serán los que adquieran el producto los que pagarán no sólo a este, sino también a los publicistas, las actores, los guionistas, los cámaras… y también a las emisoras de televisión que podrán financiar su parrilla con ese dinero.
Las grandes cadenas de televisión reciben millones cada día en concepto de publicidad y parte de ese dinero sirve para pagar sus propias producciones y comprar las de otras productoras. Así mismo, las televisiones también pueden comprar los partidos de fútbol de un equipo determinado. Así pues vemos programas en televisión porque las pagamos mediante los productos que adquirimos en las tiendas y se han anunciado en esas cadenas. Así que las empresas publicitarias, en último término, pueden decidir qué programas se ven y cuáles no. Por supuesto, ya sabemos que las cadenas de televisión acuden a unas empresas que dicen que programas interesan más al público y cuáles no, en lo que se denomina el “share” de pantalla. A mayor share, más interés de las empresas publicitarias y mayor precio por segundo de pantalla. Así que estas empresas de control de audiencias son las que, en último término, deciden que programas se ven. El hecho de que la credibilidad de las mismas siempre esté en entredicho es algo que hace sospechar sobre la posibilidad de que estén manipulando las programaciones y, por tanto, lo que llega hasta nuestros ojos.
Es posible que pensemos que esto no tiene ninguna trascendencia, pero cuando encendemos el televisor y, a pesar de la enorme cantidad de canales que existen hoy en día, no hay ninguno donde podamos ver un programa interesante, tiene sus consecuencias. La primera de ellas es que terminamos viendo el programa que creemos menos malo y la segunda es que subliminalmente nos están vendiendo un ideario político.
¿De verdad no se lo creen? Pues si tienen algún disco duro capaz de grabar de la TV u otro medio, como los antiguos videos VHS, graben los telediarios de todos los canales posibles, un día cualquiera. Se sorprenderán viendo como cada noticia tiene un significado diferente para cada uno de ellos. Es más, habrá noticias que sólo se verán en uno de ellos y se les dará una trascendencia que sorprenderá comparativamente con la indiferencia que le dedican los demás.
Bueno, no hacía falta llegar a molestarse con lo de las grabaciones. Los periódicos en papel ya son un buen ejemplo de esta realidad. Las noticias no se nos cuentan como tales. La información no se nos sirve sin más, todos los medios de comunicación la venden vestida sutilmente (o en ocasiones no tan sutil) con los colores de su ideología.
Puede parecer que el resto de programación no sea susceptible de llevar estos harapos, pero no es así. Hay emisoras que se pasan el tiempo metidos en programas de insustancial debate amarillo donde se dejan sin contestar las más trascendentales preguntas de la actualidad. También hay programas de humor donde se cargan las tintas precisamente en aquello que nos han intentado esconder. Así que ya sea Manolo Lama, Belén Esteban, María Patiño o Andreu Buenafuente, todos nos están vendiendo un ideario político (por remoto que parezca) y una moral. Así que los señores del share deberán tener mucho cuidado en como valoran estos programas de gran interés ideológico para las cadenas.
Alguien puede dudar ahora de la existencia de un pacto entre publicistas, controladores de audiencia y cadenas de televisión. Entre todos están cortando una tarta donde se oculta el relleno de poder más importante de un país. Y si no, por qué se critica tanto el control de los medios de comunicación que está realizando Chávez en Venezuela.
Sin lugar a dudas el pastel más importante es el poder político, pero hay más… el “deportivo”. Y las comillas no son un despiste, porque cuando hablamos de fútbol, de la “Liga de las estrellas” y hablamos de la cantidad de millones que se mueven en ella, lo de deporte parece una broma.
El fútbol depende de la televisión y de la publicidad más que ninguna otra cosa, sino como piensan que don Florentino puede financiar su astronómica galaxia ¿Recuerda cuando dijo que financiaría la compra de Cristiano Ronaldo con la venta de camisetas? Si nos ponemos en plan abusón, una camiseta puede costar 100€, de los que sólo unos 70 serían para el club en concepto de merchandising. Haciendo números redondos, supondrían más de un millón de camisetas. Cuesta creer que sea viable esta financiación. Si tomamos el estudio de la sociedad alemana Sport+Mark publicó en 2008, el Real Madrid cuenta con unos 45 millones de aficionados en el mundo, de ellos sólo un 1% pueden permitirse el comprar una camiseta cada año, lo que quiere decir que, aún con el abuso de precio, se tardaría unos tres años en financiar ese fichaje. Como además se tendrán que pagar los intereses bancarios del préstamo solicitado para ello, puede alargarse a cuatro años, siempre y cuando no se fichen más jugadores, cosa que no es así. Si esto no fuese suficiente, el Real Madrid ha bajado en los últimos dos años en aficionados internacionales a favor del FC Barcelona que ya supera los 75 millones de aficionados por menos de 40 el Real Madrid. Todo eso afecta al merchandising y nos dice claramente que, aunque es una magnífica vía de ingresos, es demasiado voluble para confiar en ella.
Por supuesto, todos los clubs cuentan con el dinero que sus socios y aficionados pagan por los abonos y las entradas. Estas si son unas cifras estables y, aunque Barça y Madrid, dado el tamaño de sus estadios, son grandes cantidades, siguen siendo insuficientes para pagar fichajes y salarios de plantillas tan virtuosas.
Nuevamente la publicidad termina siendo el recurso que salva la economía de estos clubs. Y lo hace por tres vías: los contratos directos de publicidad (camisetas, vallas, anuncios…), cantidades pagadas por las competiciones europeas (liga de capeones, UEFA league) y los derechos de imagen que pagan las cadenas de televisión… gracias a los anuncios que estas ponen durante la retransmisión de los partidos. Y esta última es la fuente de ingresos más importante que reciben los clubs. En ocasiones estos clubs también pueden ganar pequeñas cantidades en comparación con lo ya citado, con partidos amistosos o alquilando su estadio para finales de competiciones o para eventos musicales.
Es decir, que los grandes clubs también dependen de las grandes cadenas y, por tanto, también son susceptibles de ser manipulados por estas. Aunque, lógicamente, los clubs también gozan de un amplio margen, pero sin poder evitar ataques mediáticos como el que sufrió Ronaldinho por parte de los medios “afines al Real Madrid” y que terminó minando su confianza. Parece difícil de creer, pero los medios de comunicación pueden influir en la imagen de jugadores y clubs y, en ocasiones, hasta en los juicios del colectivo arbitral.
Piensen ahora, cada vez que vean uno de esos inocentes anuncios de Coca Cola, que, tal vez, ellos estarán decidiendo quién ganará la próxima liga o, incluso, quién será el próximo presidente del gobierno.
Puede que los medios de comunicación en general y la publicidad en particular, nunca nos pueda decir cuál es el sentido de la vida, pero continuamente nos empuja hacia el sentido que consideran adecuado para el transcurrir de nuestras vidas.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Cocaine decisions

Chop a line now...
Cocaine decisions...
You are a person with a snow-jon
You got a fancy gotta go job
Where the cocaine decisions
that you make today
Will Mean that millions somewhere else
Will do it your way
Cocaine decisions...
You are a person who is high class
You are a person not in my class
And the cocaine decisions
that you make today
Will mean nothing later on
When you get nose decay
I don't wanna know
'Bout the things that you pull
Outta your nose
Or where they goes
But if you are wasted
From the stuff you're stickin' in it
I get madder every day
'Cause what you do 'n' what you say
Affects my life in such a way
I learn to hate it every minute!
Cocaine decisions...
You are a doctor or a lawyer
You got an office with a foyer
And the cocaine decisions
that you make today
Will not be discovered till
it's over 'n' done
By the customers you hold at bay
Cocaine decisions...
You are a movie business guy
You got accountants who supply
The necessary figures
To determine when you fly
To Acapulco
Where all your friends go
Cocaine decisions...
We must watch the stuff you make
You have let us eat the cake
While your accountants
tell you Yes Yes Yes
You make EXPENSIVE UGLINESS
(How do you do it? -- Let me guess...)
Cocaine decisions...
Cocaine decisions...
Cocaine decisions...
Las “cocaine decisions” de Frank Zappa no nos daban miedo en aquellos tiempos. Eran decisiones que se tomaban lejos, que se vivían lejos y no nos afectaban… pero eso ha cambiado. En aquella época la “nieve”, como se conoce la cocaína en algunos ambientes, tenía un precio elevado y, salvo unos pocos hijitos de papa, con poco poder de decisión y menos ganas de hacerlo, eran muy pocos los consumidores de este estupefaciente en nuestro país. La cosa empezó a cambiar, durante los años ochenta, con la entrada de dos grupos nuevos de consumidores: la gente guapa de las revistas del corazón y lo yuppies. En ambos casos era la conclusión de fiestas desenfrenadas que extendían el horario de vigilia más allá de lo que el cuerpo podía aguantar. Mientras la gente guapa no tenía ninguna trascendencia más allá de las revistas del corazón, los yuppies empezaron a ser los responsables de las primeras “cocaine decisions”. Fue la era de los pelotazos, cuando se creó en nuestro país un nuevo mito sobre la riqueza, cuando se empezó a hablar en términos como “la edad a la que ganó su primer millón de dólares”. Los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados) eran realmente jóvenes avarientos sin principios que trabajaban duramente, estafando si era necesario, pero sin descanso. Estos nuevos valores de la economía furtiva, pasaban días enteros sin descansar y, para poder aguantar, esnifaban una cara raya que les mantenía despiertos, pero que alteraba su personalidad y, en último término, su percepción de la realidad. En esos estados alterados, estos individuos tomaban decisiones que afectaban a terceros y que, en muchas ocasiones, eran de una gran trascendencia, su mal percepción podía general graves daños: eran las “cocaine decisions” que habían llegado hasta nosotros.
Ya sabemos cómo terminó la era del pelotazo, pero las “cocaine decisions” no se terminaron ahí porque la droga siguió llegando y, cada vez, en mayores cantidades y precios más bajos. La nieve entró en los bajos fondos dónde fue un estupefaciente más, pero también escaló por las paredes de los castillos empresariales y, lo que es peor: entró en los parlamentos.
Todo son rumores, nadie da nombres, pero las “cocaine decisions”, según los periodistas, pueden estar gobernándonos. Nos dicen que los lavabos de las cortes y el senado están llenos de esa droga. Nos cuentan que el 80% de los billetes de 50€ tienen restos de “coca”. No hay duda de que en el parlamento se debaten ideas y se toman decisiones bajo la alterada percepción de un estupefaciente… ¿A nadie le asusta? Parece que a los periodistas no, porque afirman conocer a políticos consumidores y no son capaces de divulgar sus nombres para que nos podamos librar de ellos.
En los últimos tiempos el panorama deportivo está lleno de escándalos por consumo de drogas que acaban en brutales sanciones para los infractores. A nadie le parece mal, de hecho valoramos la limpieza de esas sustancias en la competición deportiva, sin embargo, el infractor sólo provoca daños irreparables a su persona, en cambio los políticos…
¿No sería lógico y necesario, crear controles de doping en los parlamentos, ayuntamientos, senado, juzgados, gobierno… para asegurarnos la limpieza de los poderes que nos afectan?
¿Deberíamos empezar a coger firmas?
