domingo, 26 de julio de 2026

Diálogos políticos: ¿Por qué debemos votar?

 

El histrionismo y la demagogia son la base de la política nacional. En general, están presentes en la política de todos los países, pero allí donde las gentes son menos dadas a pensar por sí mismas, estos “argumentos” triunfan más que en aquellos otros que son “esclavos de la razón”.

Cualquiera pensaría, con este encabezamiento, que nuestros políticos son doctos argumentadores y que han superado “cum laude” el estudio de Schopenhauer y sus tratados para tener siempre razón (amén de su “arte para insultar”), pero la realidad dista mucho de ese esperanzador espejismo. Cuando las hordas de la diestra madre arremeten en el parlamento contra sus antagonistas, abusan  de la visceralidad taurina y, a base de la temática terrorista y el “¡Viva España!”, descargan su fiereza que no atiende a ningún tipo de meditación previa. Si algo es realmente planeado es su publicidad histriónica y demagógica.

¿Y qué respuestas ofrecen sus siniestras señorías? Nuestro deseo sería que, al menos uno de sus miembros, usara la lógica y la inteligencia. Pero el gobierno se siente ofendido y se ofusca en las mismas lides contestando con las mismas bilis a los que, realmente, nunca formularon preguntas.

No sé si nos gobiernan bien o mal, de hecho no sé, tampoco, si existe democracia… es más… no sé si existe país. Así, unos locos con carnet (como diría Serrat), poco importa cuál, han organizado su guerra particular olvidando que sólo al pueblo le está permitido opinar. Pero no. Prensa, asociaciones partidistas e interesadas, clero, jueces, políticos… han empezado a jugar con el único derecho inalienable del pueblo, el del sufragio, y ahora todos mandan, todos opinan, todos imponen… ¿Y el pueblo?... ¿Para qué va a votar el pueblo?

Pero sí, el pueblo ha de votar para mantener el derecho al pataleo. Y ese es el único derecho que el pueblo sacará de su “patria”, porque el otro derecho, el que parte de la justicia, es una lotería que a menudo viene trucada por unos togados que no se han sacado el sello del franquismo. Pero no piensen que el derecho al pataleo es algo pequeño porque, como poco, sigue manteniendo el norte ubicado en la brújula de la ética y siempre quedará la esperanza de que alguien quiera seguirlo y haga de este mundo algo un poquito mejor.

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